28 marzo 2007

Cuando Seas Grande

Creo que todos en algún momento de nuestra niñez o juventud fuimos abordados con esa preguntita: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Sin duda una pregunta trillada, pero que tiene su trasfondo, su importancia, o de plano cuando te la hacen te quieren hacer “patinar”, solo para analizar tu respuesta. Ah pero cuando uno es niño “no contaban con su astucia”, porque de niño uno contesta rápido, conciso, sin rodeos y contesta con el corazón, lo que a su pequeño criterio considera que es la ocupación más fascinante del mundo.

Ya Miguel Mateos en su canción “Cuando seas grande” nos lleva un poco adentro de todo este rollo de lo que para algunos pesa el tomar una decisión en cuanto a la vocación; por cierto esa canción era como un himno en mi generación, fue de las primeras “rolitas” que sacamos con la mini-banda de la que forme parte en aquellos tiempos, que tiempos aquellos por cierto. Pero la cuestión es si en realidad recordamos lo que nosotros en nuestra infancia / juventud llegamos a contestar ante aquel cuestionamiento.

Recuerdo que mi mama, a pesar de aquel mural de bochos de Volkswagen que dibujé en la pared, decía que tenia mucho talento para dibujar, así que en alguna ocasión llegue a contestar que iba a ser dibujante.

Después, cuando Papa por las tardes se ponía a trabajar desde casa haciendo planos catastrales, yo me sentaba junto a él, en una esquina del restirador de dibujo, tomaba una regla y me ponía a hacer mis propios trazos, por lo que en algún otro tiempo conteste a la famosa preguntita que yo iba a ser ingeniero.

Desde niño fui muy afecto a las naves espaciales, extraterrestres y todo lo que tuviera que ver con el espacio. Observaba con fervor en la televisión los documentales acerca de las misiones de los Apolos, así que en alguna otra ocasión llegue a contestar que de grande yo iba a ser astronauta.

Creo que de joven me deje de hacer esta pregunta, y cuando alguien mas me preguntaba, yo atinaba a contestar lo primero que se me venia a la mente, tal vez con el afán de quitármelos de encima, llegue a contestar que Arquitecto, Ingeniero, Físico y Maestro; aunque ya para ese tiempo como que me llamaban la atención las computadoras.

Al fin de cuentas termine por estudiar una carrera en el campo de los Sistemas de Información, Informática, o como le quieran llamar; como que siempre estuvo la matemática presente, pero también siempre estuvo presente el otro “gusanito” por ahí, el del dibujo, el arte, la literatura, pero muy guardado, muy en reposo.

Independientemente de todo, aquí lo fascinante no es el fin al que llegamos, sino las opciones que nos dibujábamos en un principio, cuando uno es niño, cuando el soñar no cuesta nada y la verdad esta siempre en la punta de la lengua. Esas respuestas son y serán siempre las mas sorprendentes, las mas fascinantes; son esas que se quedan guardadas en nuestros recuerdos, o en algún papel, dibujo, fotografía u otro recuerdo... de nueva cuenta, de esos que se encuentra uno en el ático.

Por cierto, el de la foto, acertaron, soy yo cuando tenia como 3 años. Nótese el estilo, muy de traje pero con sombrero. El traje y la elegancia fueron herencia de mi padre y mi abuelo, que aunque pobres, pobres, pero siempre de saco y corbata. Y el sombrero norteño, herencia de mi familia materna, muy del campo, de la sierra de Chihuahua, de la canción norteña, de la vida sencilla. Pero en ese tiempo no soñaba con ser Abogado o con ser Vaquero, alomejor pensaba en un híbrido, una mezcla, a juzgar por la foto, la cual también me encontré en el ático.
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23 marzo 2007

Mis problemas, al cubo

Volviendo a echar mano del baúl de los recuerdos, me encontré con un juguete “retro”, uno que me hizo pasar tardes enteras tratando de resolverlo, tratando de entenderlo, de descifrarlo, y que hacia que mis problemas se multiplicaran al cubo, al menos solamente mis problemas matemáticos, porque estoy hablando del famoso Cubo de Rubik.

¿Cuántos de nosotros tuvimos uno de estos? Recuerdo que llego a mi casa por medio de mi hermano mayor; lo compro en una tienda en El Paso Texas (Estados Unidos, vivimos en la frontera) y era la maravilla. Él, como buen matemático, le hizo varios intentos pero creo que nunca logro armarlo.

Eran los años ochentas, y recuerdo que el cubo llegó a estar en todas partes. Mi hermano no me dejaba sacar el cubo de casa, así que nunca lo pude llevar a la escuela, pero ni falta que me hizo porque siempre hubo alguien que lo llevara. Inclusive nos “zorreabamos” las clases (salir de clases y de la escuela sin permiso) para irnos al Parque Borunda, o a la Acapulco (un puesto de limonadas y paletas) o solo ahí en las bancas del parque para poder resolver el cubo.

En mis traslados de escuela a casa, llegue a ver en el camión (colectivo) a varios otros estudiantes con el cubo entre sus manos, dando vueltas a la izquierda, derecha, enfrente, para atrás, rascándose la cabeza y volviendo su mirada a alguna pequeña hoja con notas escritas. Alguna vez vi a un muchacho en el parque y me atreví a preguntar que era lo que estaba leyendo mientras intentaba armar el cubo, me mostró la hoja, una hoja con formulas matemáticas que supuestamente daban por resultado el armar el cubo, no en el menor tiempo pero al fin y al cabo armarlo en su totalidad.

Jamás lo pude armar, intente de todo, pero nunca pude armarlo, a lo mas que llegue fue a completar una cara, y casi una segunda cara, pero jamás pase de ahí. La verdad no fue frustrante, fue fascinante, y seguí soñando con armarlo algún día.

Y ese día llego, varios años después, cuando en algún viaje a la tienda, seguramente para comprar pañales, lo vi de nuevo; estaba en la sección de juguetes educativos y rompe-cabezas. Recuerdo la cara de mi mujer al verme llegar con la caja de pañales en una mano y el cubo Rubik en la otra – pareces niño con juguete nuevo - y en parte tenia razón, así me sentía.

Mi sorpresa fue mayúscula al darme cuenta que el cubo viene ahora, con un pequeño panfleto informativo con la historia del cubo, pero sobre todo, con formulas e instrucciones para poder armarlo. Estuve intentando, con ayuda del panfleto, todas las tardes al llegar de mi trabajo, en las noches de insomnio, en el baño, en todas partes; me hartaba, lo dejaba en cualquier lugar y al poco tiempo regresaba por él para seguir en mi intento. Tarde siete días, que al contrario de lo que se pensara, se me hicieron como un par de horas, y por fin lo logré, lo había vencido. Ahí estaba pues el cubo completamente armado, reposando sobre la repisa arriba de la chimenea, como un preciado trofeo.

Hoy en día, el cubo anda por ahí en algún cajón, y creo que de nueva cuenta, desarmado. Pero cada vez que lo veo me trae muy buenos recuerdos, de nuevo son esos recuerdos que me hacen pensar que un niño, un joven, e inclusive un adulto, puede encontrar tardes de entretenimiento, de ejercicio mental y de pequeños retos con ponerse en las manos el ahora famoso cubo de Rubik y darle de vueltas; un gran rompe-cabezas, un buen juguete, una reliquia... de esas que se encuentra uno en las polvorientas cajas del Ático.
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16 marzo 2007

Invitación al karaoke

Amigos, en esta ocasión los quiero invitar a la sesión de “Karaoke” que mi amiga Mile tiene en su bar “La Goma”. (Haz clic en el nombre del bar para ir allá) La cita es desde ahora, así que si pueden darse una vuelta, pasen por el Bar La Goma y dejen su canción favorita, acompañada de un tequila, una cerveza, una copa de vino o cualquier otra bebida preparada que sea de su gusto, servida por la mejor “Bartender de Luxe”, ah por cierto, hoy es viernes de 2 x 1.

Para los que el click no funcione, aquí esta la dirección del bar:

http://milenasplace.blogspot.com/

Vamos dejando varias canciones, para ir aumentando el acervo, sirve que así me aprendo algunas letras (siempre dejo las canciones a medias porque no me acuerdo de las letras) para la siguiente sesión bohemia a la que asista. Los quise invitar porque yo fui uno de los “parroquianos” que tanto insistió en que se instalara el “karaoke”, y ahora que Mile ya lo puso pues hay que aprovecharlo.

Espero ver sus canciones por allá en el Bar, y a cantar que la música es uno de los mejores alimentos del alma, y más cuando la canción es la favorita por alguna razón, esa razón muy especial, y mejor si la canción es retro, de esas que se encuentra uno en discos de vinilo en alguna caja polvorienta en el Ático...
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09 marzo 2007

La generación Atari

En una tarde nublada, mientras observaba perdidamente el horizonte, el atardecer rojizo desde la ventanita del ático, mi mirada se separo de aquel espectáculo por un segundo y fue cuando lo vi, lo alcancé a ver por un agujero en una vieja caja de cartón, era un “joystick”, si, un joystick (control) de aquel viejo y pionero sistema de video juegos japonés, que me hizo recordar “yo fui de la generación Atari”.

Yo fui de esa generación que se admiró (o se conformó) con los “avances” tecnológicos de la época y que permitieron a un chico adolescente pasar las horas frente al televisor jugando a una gran variedad de video juegos. Era extraordinario poder hacer mover un cañón, un ave o un extraterrestre con solo mover el famoso “joystick” de un lado a otro. Y eso del cañón, ave o extraterrestre lo sabía uno, no por la apariencia, sino porque las instrucciones de la cajita lo decían, porque los gráficos no daban para mas, pero estaban ahí, como por arte de magia y con eso nos bastaba en el momento.

Con gusto y nostalgia recuerdo todos esos juegos, desde el más simple juego de algo que parecía tenis llamado “Breakout”, pasando por los inolvidables “Space Invaders”, “Asteroids”, “Combat”, y por supuesto, sin dejar fuera al ‘Pac-Man”, aunque este ultimo es mas de la generación “Arcade” de gráficos mas avanzados, pero al fin y al cabo lo podías jugar igual desde la comodidad de tu hogar.

Y a falta del jueguito en casa, no faltó aquel tendero emprendedor que echando mano de la imaginación se invento su propia maquina de “arcade”. Un simple cajón de madera que albergaba un televisor pequeño y obviamente el Atari, (o algún clon) pero por fuera solo dejaba ver la pantalla del televisor y bien fijado a la caja, un joystick para que el invento y la diversión estuvieran completos. Obviamente, la parte económica estaba presente con su ranura a un lado para insertar las monedas requeridas, y un botón que rara vez devolvía las monedas atrapadas. Recuerdo mucho estas maquinas hechizas en las paleterias y puestos del Parque Borunda de mi Ciudad Juárez, siempre había estudiantes de todas las escuelas, obviamente de pinta (faltando a clases) para hacer torneos en aquellas incipientes maquinas.

Llegó mi época de preparatoria (o bachillerato como le llaman en otras partes) y en ese tiempo fui asiduo a un lugar de “maquinitas” (maquinas de video juegos) con los más novedosos juegos, la tecnología avanzaba y los gráficos mejoraban. Llegaban así juegos como “Q-bert”, “Centipide”, “Mrs. Pac-Man”, “Dig-Dug” (mi favorito) y muchos otros más. Las maquinas de arcade habían avanzado y ya no eran inventos mal hechos, sino todo un portento de la tecnología de punta a prueba de pubertos pateadores y berrinchudos. Aquí también me gaste bastantes monedas a la hora de salida de la escuela, pero valieron la pena.

El tiempo fue pasando y mi afición por los video juegos fue decayendo pero como en caída libre. Llegaron otros proyectos, otras etapas, y aquello se fue quedando arrumbado. Hoy en día mi afición por los video juegos es casi nula. Veo los nuevos video juegos, y obvio que me sorprende bastante la calidad de los gráficos, los controles ya no se parecen nada a aquellos famosos joysticks, todo es más moderno, más fácil, pero precisamente, deja menos a la imaginación, es como ver una película, y no se, para mi no es lo mismo. Será que soy un nostálgico incurable, pero si me dan a escoger, yo me quedo con aquella época, esa de los joysticks raros, del intercambio de cassetes, de los arcades de madera mal hechos del Parque Borunda ... de la generación Atari.
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04 marzo 2007

De cuando yo fui Don Ramón


¿Cuántos de nosotros no soñamos de niños (y quizás no tan niños) en ser actores de televisión o del cine? Yo fui uno de ellos, no lo niego, en algún tiempo me atrajo bastante la idea, pero creo que nunca hice ningún esfuerzo sobrehumano por llegar a hacerlo mas en serio. Pero ninguno de esos momentos se compara con aquellos de mi infancia, en los que yo con gracia y con muchas ganas interpreté a Don Ramón, aquel personaje de la serie de televisión de “El Chavo del Ocho”.

De adolescente siempre participe en las pastorelas o hacia mis “shows” de imitaciones en algún festival de la iglesia, y en prepa, estuve cerca de formar parte de un pequeño y relampagueante grupo improvisado de teatro, si no fuera porque no pase la última y definitiva prueba de concentración, mirar fijamente a los ojos a un compañero elegido al azar sin parpadear, sin titubear. No aguante mucho tiempo antes de morir a carcajadas en el intento, debo decir que me toco el compañero más gracioso de mi clase, no me pude contener y por ende fui asignado al equipo técnico: luces, sonido, telón; al menos seguí cerca del teatro. Pero nada como aquella época, que a mis escasos cinco años, me sentía el mejor de los actores interpretando a Ron Damon (como lo llamaba El Chavo)

Resulta que unos vecinos amigos míos, eran bastante creativos y les gustaba mucho la onda del teatro, y un buen día decidieron armar su propia versión de El Chavo del Ocho, ahí, en la cuadra, en plena calle, bueno, en el porche de mi casa que estaba de muy buen tamaño y que daba a la calle. El chico que organizaba, calculo yo, tendría unos cuatro, tal vez cinco años mas que yo, lo que aun lo calificaba como un genio creativo y con mucha visión. Con anticipación se asignaron personajes, y debido a mi físico (era un flaco en aquel tiempo) me tocó interpretar a Don Ramón. No recuerdo de donde diablos sacamos el vestuario, pero todos conseguimos caracterizarnos bastante bien. El guión, en parte era premeditado y en mucha parte improvisado, lo que iba saliendo, y ahí estábamos todos poniéndole voz y carácter al personaje. Recuerdo que en medio de aquella sesión, ya teníamos bastante publico, gente que iba caminando por ahí, nuestras familias, vecinos, de todo; y al contrario de ponernos nerviosos, nos dio mas ánimos para seguir adelante con aquel juego, ese de pretender ser actores de televisión.

La experiencia fue inolvidable, gratificante, pero sobre todo divertida. No sé a cuantos de aquel grupo de niños “actores” les haya seguido el gusanito de entrar en la actuación, pero lo que si puedo decir es que a la fecha me sigue sorprendiendo la imaginación y la facilidad con la que un niño se puede divertir, y la creatividad que puede llegar a tener para saltar obstáculos y hacer lo que quiere, con pasión, con ganas.

Por mi parte, nunca llegué a ser actor, creo que nunca lo pretendí, inclusive aquella ocasión de mi examen improvisado en la prepa, no me sentí mal de no haber logrado entrar al grupo, tal vez no era para mí en el momento. Pero aquellos recuerdos de mi niñez en aquella casa de la calle Tlaxcala esquina con calle Colombia, esos siempre serán recordados y guardados en mi corazón con mucho cariño y con mucho orgullo. Aquellos recuerdos de cuando, con mi playera negra sucia, pantalón de mezclilla viejo, sombrero de pescador y bigotes pintados, represente orgullosamente a Don Ramón.

Y alguno de ustedes ¿nunca quiso ser actor cuando fue niño?

(Nota: Por cierto, para todos aquellos que somos de Ciudad Juárez, Don Ramón era nuestro paisano, me imagino que algunos lo habrán notado por su clásico acento fronterizo, digo, digo, digo...)
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