18 septiembre 2026

La Vejiga Salvadora

 

"Up, up, and away... to the toilet"

Nos encontrábamos de regreso a casa en un viaje de cuatro horas por carretera.  Horas de playlists, de podcasts y de platicas profundas y a la vez de nada con mi mujer.  De regreso de salvar al cachorro de algunas vicisitudes en su inicio por la vida adulta, así que veníamos con esa sensación del deber cumplido.


Así pasaron las horas entre el crujir de galletas, el olor chocolatoso de mochas lattes y las melodías de "Ramble On" o "No voy en Tren" de fondo.  Ese último podcast de Yordi estaba interesante, pero me canso su voz sosa y su actitud a veces ingenua rayando en lo pendejo.  Decidí entonces dejar a mi DJ de inteligencia artificial de "spoofy" (así le digo yo de cariño a Spotify) que me sorprendiera con sus sugerencias musicales


Por un momento mientras mi vista se perdía entre el camino y esos cerros cafés con mucha arena y pocos arbustos, meditaba en los alcances de la inteligencia artificial – ¿Qué crees que sea peor, la inteligencia artificial o la estupidez natural? - le preguntaba yo a la flaca mientras el DJ me ponía a bailar las manos al ritmo de "Play That Funky Music".  Ella no me contesto, venia más dormida que despierta.  Me valió madres, yo seguí "conversando" con ella, un dialogo muy monologo; interesante ejercicio.


Los cafés y las aguas del camino no tardaron en hacer efecto en mis entrañasFaltando aproximadamente una hora para llegar a destino, mi vejiga digo "no más" y como policía de pueblo me decía amablemente: "oríllese a la orilla".


Mientras evitaba retorcerme muy obvio, intentaba buscar alguna estación de servicio en la aplicación del celularParecía hecho a propósito, estábamos en el tramo más inaccesible del camino.  Con todo y eso, a un par de millas más adelante se encontraba el ultimo pueblito antes de entrar a la mancha urbana.  Sin pensarlo dos veces, tomé la salidaLa aplicación de mapas del móvil me delató, pues empezó a darme rutas alternas sin parar; poco le falto para regañarme.  La cantaleta de voz dulce despertó a mi flaca y llego el reclamo - ¿Porque nos salimos? ¿No te pudiste aguantar?, falta muy poco.  Creo que ella entendió mis razones al ver la distancia considerable que había entre mi trasero y el asiento del auto.  Pasaron un par de minutos desde la salida que parecieron eternos y la estación de servicio por fin estaba ahíLlegué, paré, entré, busqué, desagüé, exhalé, soplé, fui feliz. 


Después de tan necesaria desviación, retomamos la carretera principal.  No habían pasado ni dos millas cuando de pronto una patrulla del Sherif local bloqueaba la carretera, forzándome a tomar la salida adjunta.  La tomé, pero muy avivadamente me quise volver a meter a la autopista, en ese momento llego otra patrulla a bloquearme dicho acceso.  Con señas le preguntaba al poli que para donde más le daba, el solo me hizo otra seña con sus manos que interprete como "atrás"Ahí fue cuando a la distancia pude ver un embotellamiento de carros y trailers junto a una gran columna de humo negrodenso y hasta unas llamaradas altas, vivas, con hambre de seguir consumiendo


Un poco de olor a diésel quemado se coló entre las rendijas del aire acondicionado.  Hubo un momento de confusión, siempre se ataranta uno ante lo imprevisto.  En ese momento pensé – si no me hubiera parado vaciar mi vejiga, tal vez estaríamos ahora mismo atascados entre todos esos carros, o quizás estaríamos debajo de la columna de humo entre las llamas... ve tu a saber.  Se me puso la piel chinita y hasta frio me dio.


Me orille a la vereda del camino y le preguntamos a la voz dulce de la aplicación de mapas que nos dijera "pa donde".  Muy amablemente nos dio la mejor ruta; era la única para sortear el obstáculo.  Nos atrasaría un poco pero, era inevitable y necesario.  Seguí las indicaciones y para mi sorpresa, nos llevó por unos caminos rurales de paisajes muy pintorescos: pequeñas granjas con tractores oxidados, caballos y vaquitasVarios árboles frondoso hacían una especie de sombrilla por ambos lados del camino.  Un canal de riego recorría la misma ruta y un gran cerromás verde que café, nos regalaba una sombra reconfortante; un verdadero oasis en medio del desierto. 


El tiempo se detuvo y a la vez se fue volando.  Cuando menos pensé ya estábamos de regreso en la autopistaY en ese último tramo no pude evitar pensar "¿Acaso podría decirse que mi vejiga nos salvó la vida?  No puedo estar tan seguro, el hubiera no existe.  Al menos el accidente nos hizo tomar esa desviación que evitó varias horas de atasco, corajes, y nos regaló una capsula analgésica de paisajes pintorescos, muy necesaria para desacelerar, observar, respirar hondo y disfrutar de la vida que nos quede.  Después de todo y por si las dudas, le agradecí a mi vejiga que haya sido tan oportuna con unas buenas chelas ya en casita, esperando al siguiente road trip para escuchar sus consejos o de plano llevarme una bolsita...

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12 septiembre 2026

La única carrera a la que no me inscribí

 

"Bright and early for their daily races, going nowhere, going nowhere"

Faltaba muy poco para la meta, lo sabía por las porras y los gritos de "sigue, sigue, ya mero".  Sentía esas miradas fijas en mi camino, en mi zancada, así que seguí corriendo.  Mas adelante vi una bocacalle y con ella la última vuelta para llegar a la meta.  Ya nomas eso y listo – me dije a mi mismo.  Al doblar la esquina ¡oh sorpresa!, no había nada.  Como en un mal sueño, todo estaba gris, solo había banquetas y paredes de concreto, nada de gente viendo o alentando, solo vacío.  Y supe que seguía en la carrera todavía porque las señalizaciones estaban ahí, solo que no había el bullicio de unos metros antesY así sin más, en ese momento decidí salirme de la carrera.  Tomé por una vereda y me fui a mi casa, sin voltear atrás ni por equivocación.  Fue en ese momento que me harté de esta pinche carrera de ratas, y me di cuenta de que era la única carrera a la que no me había inscrito voluntariamente.

Pero la sensación de hastío no llego al doblar la esquina, esa ya venía tomando fuerza de tiempo atrás.  La doblada de la esquina junto con la sensación de "ya mero llegas" fueron solo un acelerador de la decepción.  La vuelta y el vacío fueron el golpe en seco de realidad.  Varios años de las mismas juntas, los mismos jefes, los mismos compañeros, solo con diferentes caras, diferentes nombres, diferentes compañías.  Son siempre los mismos demonios disfrazados de gente decente; "en todos lados se cuecen habas".


La sensación posterior a cada junta era casi la misma e iba siempre en ascenso – que chingados hago aquí – y no por sentirme superior, me sentía genuinamente confundido.  Pero había que hacer lo que manda el manual, la sociedad, las buenas costumbres.  Y así, haciendo lo correcto pasan diez, veinte, cincuenta años, y en una de esas mañanas de café quemado y chisme de oficina, te das cuenta de que jamás vas a alcanzar la zanahoria que cuelga delante tuyo, y que no te has movido ni un centímetro en cualquier dirección.


Aquí entra la pregunta lógica: ¿Y ahora qué sigue?  Hay caminos diferentes, otras opciones, menos responsabilidades, medios tiempos, pero también menos sueldo.  El mundo actual así lo exige; necesitamos de una divisa para adquirir cosas, desde lo más básico hasta cualquier cosa como gustosviajes y diversión.  ¿Es acaso la idea actual de trabajo una forma disfrazada y moderna de esclavitud?  No soy filosofo ni sociólogo, la respuesta se la dejo a los eruditos mientras yo me acomodo el grillete porque ya me está doliendo un poco.


Mientras tanto habrá que seguir buscando esas opciones para mantener el equilibrio en dos pies, entre jodas y pagos, entre viajes y responsabilidades, entre días grises y sol de medianocheMantener ese equilibrio necesario para terminar de recorrer la cuerda floja, porque la hazana se recorre con los ojos vendados.  El desenlace lo tienes claro, el tiempo que dura es el incierto.


Por ahora, ya me di cuenta de que la zanahoria es inalcanzable, así que solo me queda reducir la fuerza de mis zancadas mientras encuentro la forma de desmantelar la maldita rueda...

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