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02 agosto 2007

Lunes Patrióticos en Ciudad Juárez.


De los recuerdos del Juárez de antaño, tengo presente mis años de escuela secundaria y aquellos Lunes patrióticos de honores a la bandera.

Fue una época en la cual, además de los ya mencionados honores a la bandera en la escuela, también rendíamos los honores por las tardes en la Plaza de Armas de mi querido juaritos, todo esto creo que era gracias a la amistad entre nuestro maestro de la banda con algunos miembros de la administración municipal en aquel entonces.

En veces a producto de ave, emplumada y pico-corva (para los que no le entendieron quise decir “a huevo”, “a fuerzas”), y en veces por convicción propia, ahí estábamos los miembros de la banda, listos al pie del cañón para esas ceremonias dobles, pues por las tardes había que estar listo en la plaza de armas antes de las seis de la tarde, muy peinaditos y arregladitos, uniforme kaki (muy odiado por estudiantes, amado por las madres) y corbata, instrumentos limpios, ah y también la corneta, todo en orden.

Lo bonito de esa época, aparte del folklore que nos tocaba ver en el centro de la ciudad, era la cultura cívica y social que nos inculcaron nuestros padres y maestros. De esta época recuerdo muy bien a mi maestro de Ciencias Sociales, que a su vez era el maestro de la Banda de Guerra, creo que aparte de mi padre, fue la persona que más nos inculco un poco a querer y a apreciar a nuestra ciudad, usando trabajos de investigación mas enfocados a nuestra comunidad, a nuestra ciudad, a personajes locales, etc, etc.

Es así como con mucha gallardía, tocábamos las marchas de honor mientras la bandera era arriada por la escolta de la escuela, todo esto entre el sonido de las bocinas de los autos, la muchedumbre curiosa, el borrachito de la esquina, el “guero mustang”, la señora de las semillas, los boleros de enfrente de la plaza, el señor de las paletas, los pedigüeños de enfrente de la catedral, los merolicos y predicadores de la plaza, y muchos de ellos, saludando respetuosamente a la bandera y las que nunca podían faltar, las palomas alrededor del asta bandera, siempre presentes, en parvada, aleteando, haciendo su peculiar ruido.

No recuerdo con exactitud por cuanto tiempo hice esto, pero ahora lo recuerdo con gusto, con ilusión – eran otros tiempos – me dice mucha gente, y si, tal vez tengan razón, éramos unos chamaquitos de escasos doce o trece años de edad, pero lo que me da mas gusto es que desde esa edad ya teníamos ese espíritu de equipo, ese espíritu patriótico, y ese espíritu de servicio. Gracias a nuestros padres, gracias a nuestros maestros, gracias a la Banda de Guerra, gracias a mi Ciudad Juárez por permitirme estas experiencias, de ver con ojos propios la realidad del centro de la ciudad, pero a la vez también su lado patriótico, su lado cívico.
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02 abril 2007

Flashback Musical Juarense

Este video me lo encontré navegando por ahí, en mi búsqueda “desesperada” por encontrar música del grupo Amanecer, quienes son orgullosamente de nuestro querido Ciudad Juárez. Me gustan varias canciones de ellos, pero esta es una de las mejores, sobre todo la armonía, las percusiones, el bajo, etc, etc, etc. Ah y además el video fue hecho completamente en Ciudad Juárez, así que aquí va parte del entorno de nuestra ciudad, muy poco pero suficiente.

Para los que no los conocían, pues he aquí al grupo Amanecer de Ciudad Juárez Chihuahua, y para los que ya los conocían, pues he aquí un flashback musical, para que recuerden esas noches en los antros de Juárez, o en los conciertos de Amanecer, o a la morrita / morrito de la secundaria, prepa, etc, o cualquier recuerdo que les traiga. Espero que lo disfruten... y como dijera JuanGa “Arriba Juárez !!!”.



P.D. Si alguien tiene mas rolas de ellos, no sean gachos y ponganse la del Puebla no? Saludos.
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27 noviembre 2006

De peluqueros y moralejas

El otro día, un sábado para ser preciso, me dispuse como casi cada mes a acudir a la peluquería (o barbería) para mi corte de pelo. Así es, yo soy uno de esos especimenes raros que todavía se corta el cabello en peluquería de esas antigüitas, con el símbolo de colores azul, rojo y blanco en forma de caramelo, y con las sillas de esas hidráulicas que suben y bajan y que tienen un cintillo de piel a un lado, con el que afilan la navaja para retocar patillas y algunos lados.

De esas tan clásicas que casi todos los peluqueros son ya viejitos, exceptuando a algunos, de hecho, el peluquero con el que me corto el cabello la mayoría de las veces es mas o menos de mi edad, él es el dueño del lugar, el cual heredo de su padre, quien se dedicó al mismo oficio, y a quien yo tuve el placer de conocer, una finísima persona, de esas con las que platicas a gusto, largo y tendido, que le puedes platicar de todo, que veía la vida con animo, de manera positiva, pero que ya no esta con nosotros, el cáncer le gano la batalla hace ya algunos años.

Mis temas en común con el peluquero son de todo un poco, desde los tiempos de antes, el Juárez de antes, hasta llegar al mero “mole”, el fútbol. Supe por alguna platica que él jugaba en una liga con sus antiguos amigos de la infancia de por ahí de la colonia Hidalgo, que jugaban en los famosos “hoyos” de tierra (paréntesis: los hoyos de tierra son residuos del antiguo cause que tenia el Rió Bravo, y que quedaron del lado mexicano después de la devolución de El Chamizal de Estados Unidos a México) y en veces en campos empastados junto al estadio Benito Juárez. Yo alguna vez jugué en esos campos así que la platica se ponía buena, que si las Chivas, que si el América, que si el Cruz Azul, que hoy hace mas calor que en otros años, que ya hace bastante tiempo que no nieva como antes ¿se acuerda? ... en fin, de todo un poco.

Hace como dos semanas, como mencione anteriormente, llegue pues a mi cita sin programar con el peluquero. Tuve suerte, no había espera y mi peluquero estaba disponible, así que llegue, saludé y me senté, comenzó el corte y comenzó la platica, fue ahí cuando me entere que ya no jugaba fútbol, al preguntar el porque, la respuesta me dejo algo helado: por cuestiones de salud, esta enfermo de cáncer. Yo no supe ni que contestar, me dijo que lo tomaba con calma, que estaba ya en tratamiento, que todavía no se le había caído el cabello, pero que iba un paso a la vez, me dijo que esperaba regresar a las canchas si todo salía bien y que no me sintiera mal, que le echara ganas, porque “ya ve que nadie tenemos la vida comprada”.

Me quede pensando mucho, como les dije, es una persona muy joven todavía, con esposa e hijos, pensé lo difícil que pudiera ser para su familia el llevar una situación así. Pero también pensé que como bien dijo él “nadie tenemos la vida comprada” y por lo mismo tenemos que disfrutar de ella, forjar metas y alcanzarlas, hasta las más insignificantes, ese curso de italiano o de francés que siempre quisiste, hazlo, o esa reparación que siempre has querido, órale, dale, hazlo, o ese viaje que has querido realizar pero no has podido por falta de tiempo, órale, sin pensarla, hazlo. Sé que existen detalles y situaciones, trabajo, responsabilidades que pueden detenernos, pero todo se puede ordenar para que las cosas vayan saliendo. Mientras estemos en este mundo, tratemos pues de vivir la vida, de disfrutarla y de seguir adelante, hasta que nos toque rendir cuentas y hacer el viaje, porque uno nunca sabe el día y la hora en la que nos den ese boleto de “one way”. Espero que tengan una buena semana, y recuerden, a darnos tiempo de disfrutar de la vida, aunque sea un poco.
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15 noviembre 2006

Memorias de un Cafe

Lugar de reuniones, lugar de discusiones, lugar de citas, lugar de recuerdos, añoranzas, alegrías, tristezas, o simplemente de disfrutar de una buena taza de americano, expreso o capuchino en la mejor compañía, la de alguien mas, ese ser querido, o la de uno mismo.

Recuerdo que el café “La Nueva Central” en Ciudad Juárez, fue varias veces punto de reunión familiar, pero sobre todo con mi padre; que el niño necesitaba zapatos nuevos, “nos vemos en el café a las tales horas y de ahí vamos a la tal zapatería” (que por cierto casi todas se encontraban a los alrededores de la catedral, ¿que onda con eso?), que necesito un libro tal o una monografía (también llamadas “planillas”) de tal, y de nuevo era “nos vemos en el café a las tales horas y de ahí nos vamos a las librerías de por la Avenida Lerdo y 16 de Septiembre”; total que el café era el punto de reunión, porque a veces la aventura comenzaba y terminaba en ese mismo lugar.

Ahí en ese café se juntaban los personajes más representativos, coloridos y variados de nuestra Ciudad Juárez. Era común toparse por ahí desde el profesor Armando B. Chávez, ilustre maestro y cronista de la ciudad por varios años, el licenciado Terrazas, al licenciado Cuellar (el verdadero fundador de la Carrera Internacional de la Amistad) algún ex alcalde, diputado o senador, ahí discutiendo de política, economía y de otros temas comunes con gente como el voceador de la esquina, el vendedor de lotería, el bolero de enfrente a catedral y el relojero que tenia su oficina junto al despacho de mi papa en el edificio Sauer (16 de Septiembre esquina con Avenida Juárez), e inclusive algunas veces, hasta mi papa tomaba parte en esas discusiones. Ahí todos eran un poco de filósofos, políticos y economistas, pero todos amalgamados en una sola especie, ahí nadie sobresalía, todo punto de vista era tomado de la misma manera y con el mismo respeto. Me imagino que así habrá sido en la época de los grandes pensadores en la antigua Grecia, en fin.

Con estas y algunas otras escenas recuerdo a este lugar, con una nostalgia, como con un cierto cariño y respeto, pero creo que esto se debe mas a la gente que ahí se reunía. Desde que mi viejo se adelanto en el viaje de ida sin vuelta, no había vuelto a poner pie en ese lugar hasta hace un par de años, una mañana de feriado que de la nada decidí volver a ese lugar. Por fin llegue, entre y me senté en la barra, el lugar tiene una especie de “isla” en medio, donde se sirve el café, tiene pan de dulce, refrescos y te toman la orden, porque también tienen cocina la cual se encuentra al fondo del lugar tras un par de clásicas puertas de cocina con una ventana circular cada una. La barra tiene asientos circulares, de esos típicos de un “dinner” americano. Pedí un café normalito, negro, sin nada, yo mismo lo endulce con media cucharadita de azúcar, no mas por el momento.

Mientras meneaba el café con la cuchara mi mente divagaba, creo que retrocedía en el tiempo, y como de película, me veía yo por ahí en una de esas mesas con mi papa, yo desesperado y él tomando tranquilamente su café y leyendo el diario. Mi semblante cambia, una sonrisa invade mi rostro mientras vienen a mi todos esos recuerdos. De pronto veo entrar al relojero, así es, el mismo del que obtuve mi primer reloj de pulso en mi vida, un reloj de verdad, sin carátula, sin marca, solo tenia la pantallita de los dígitos, pero funcionaba al fin y al cabo, y yo, era feliz con mi reloj marca “patito”, era un regalo de mi padre, era lo máximo.

Asi llegaron y se fueron esos recuerdos con el ultimo sorbete de mi taza de café, fue un momento pequeño, pero fue un buen momento, en tiempo real duro poco pero en mi mente duro bastante, lo suficiente como para reflexionar y regresar a mi vida diaria con un poco mas de energía. Esa fue la ultima vez que visite el café, pero no creo que sea la ultima, se que me espera otra sesión de café con pan dulce y recuerdos, de respirar profundo, con calma, de imaginar y de recordar, de cargar las pilas.

Es curioso como un solo lugar puede traernos tantos recuerdos de infancia, de juventud o simplemente buenos recuerdos. Tal vez existan mas personas que recuerden este café, o algún otro café, o cualquier otro lugar, edificio, etc, cada quien tendrá ese lugar de referencia, un puente entre esta dimensión y la otra, entre el mundo actual, supuestamente real y el ático de los recuerdos. Es simplemente la nostalgia que nos invade en ocasiones y nos hace regresar a nuestro pasado, y a veces funciona aquello que dice “nunca hay que olvidar de donde vienes, para saber a donde vas”.
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27 octubre 2006

A dos de tres caidas sin limite de tiempooooo!

El otro día, me encontraba hurgando de nuevo entre un montón de cachivaches polvorientos cuando de pronto la veo... si, era una mascara del Santo, el enigmático "enmascarado de plata", así es, yo tuve una mascara del Santo cuando era niño, y fue que me puse a filosofar acerca del tema. La lucha libre siempre ha estado presente en la cultura mexicana, traspasando estratos sociales, edades y demás fronteras que pudieran limitarla. Creo que todos, o muchos de nosotros, de una manera u otra hemos sido participes de este espectáculo, de esta lucha de fuerzas entre el bien y el mal caracterizadas por los rudos contra los técnicos, mascara contra cabellera, relevos australianos, a dos de tres caídas sin limite de tiempo.

¿Quién no recuerda los muñequitos de luchadores o conoció a alguien que tenia uno? Si, esos que tienen sus brazos extendidos con las manos abiertas y un brazo mas arriba que el otro (la clásica pose de guardia en la lucha libre). Esos muñequitos baratitos que vendían afuera de los mercados, tiendas y hasta afuera de las iglesias pero que hacían las delicias de los niños por horas y horas, pretendiendo ser los mejores luchadores en la mismísima Arena Coliseo, o ya de perdida, en el Gimnasio Municipal. Yo tuve varios de esos, y recuerdo que hasta les fabrique su "Ring" con un pedazo de tabla cuadrado, con cuatro clavos grandes en cada esquina y unas ligas a manera de cuerdas, suficiente para entretenerme por un buen rato.

¿Y de las películas de luchadores? Esas merecen un post aparte, otra cosa, con el Santo y Blue Demon siempre bien trajeaditos y con su mascara súper-apretada que les quedaban los labios así como que "parando la trompita" como dijera Pepe el Toro. Y esos carritos de lujo, siempre convertibles para que lucieran su capa, y que decir de sus habilidades para de unos buenos golpes de hacha, degolladoras y patadas voladoras vencieran triunfalmente a momias, monstruos, vampiros y hombres lobo, y mujeres lobas también. ¿Quién no se aventó una película de esas, mientras no tenia nada que hacer, alguna tarde de ocio en su casa?

Y que decir de las mascaras, esas que son elaboradas con tanto ingenio y con tanta creatividad que ya son parte de ese folklore que caracteriza a nuestra cultura mexicana. Recuerdo la de El Santo (obviamente), Blue Demon, Mil Mascaras, el Huracán Ramírez, Fishman, Tinieblas (sin aluche), y más reciente Lizmark y Octagon, y de luchadores locales como Flama Roja, el Legionario, Rokcy Star, Cinta de Oro, Gallo Tapado, el Samurai, y muchos otros mas que mi memoria me traiciona y no me deja recordar con certeza.

Recuerdo que un día, tendría escasos cinco años, le dije a mi papa que no dejaría pasar otro día mas sin que me comprara mi mascara de El Santo, me prometió que ese mismo día me la llevaría a casa. Lo estuve esperando lo que yo sentí fue una eternidad, hasta que por fin llego, y si, para mi fortuna, llego con la mascara de El Santo. Brinque como loco, me la puse de inmediato, me quite la camisa y salí al balcón de mi casa a hacer algunos "movimientos" de lucha libre, creo que mi mama tomo algunas fotos, ojala las encuentre algún día para mostrar las pruebas de dicho momento eufórico.

Para mi gusto, hubo una época de gloria o segundo aire de la lucha libre en nuestra frontera, y recuerdo bien ese momento. La televisión jugaba un papel importante en este show y ahí estábamos pegados todos, chicos y grandes para ver las luchas, pero sobre todo los programas previos donde los luchadores se hacían de palabras, exhibían sus carencias de estilo y hacían locura y media para preparar la siguiente función de lucha libre. Quien no recuerda al famoso referee después convertido en luchador Julio Quiroga, al grito de "No estoy loco chato, no estooooy locooooooo" y que en una ocasión se agarro a topes en la cabeza con un chivo en pleno programa de televisión. O las discusiones entre Flama Roja y Rocky Star, el primero el rudo de rudos y el otro el ídolo de las masas por su juventud, actos acrobáticos y sencillez al hablar, o a aquellos luchadores que eran del "otro bando", el Baby Sharon y el Bello Armando, mostrando sus pelirrojas cabelleras y ese tono de voz tan "particular" al hablar. Creo que algunos estarán de acuerdo conmigo, independientemente del escándalo, era todo un show.

En una ocasión, mi papa, un tío y yo nos metimos de gorra a una función de lucha en el Gimnasio Municipal de mi natal Ciudad Juárez; mi papá era amigo del electricista del gimnasio y pudimos entrar por la puerta de servicio. Ya sentados por ahí, empezó la función, recuerdo que el lugar estaba llenísimo y hacia bastante calor. Todo transcurría normal hasta que de pronto, sentí que una mujer que estaba sentada junto a mí comenzaba como que a "manotearme", yo la verdad no le puse mucha atención al asunto, pudo haber sido accidental. El manoteo siguió y después era mas frecuente y más fuerte, todo esto sucedía en fracciones de segundos, yo no sabia que hacer, solo atinaba a no voltear a verla, por pena. El siguiente ya fue mas como golpe, así que voltie con intención de reclamarle, y oh sorpresa!!!! La susodicha mujer estaba con la cara toda descompuesta, los dedos retorcidos y se movía, mas bien se convulsionaba sin control; la mujer estaba teniendo un ataque epiléptico ahí a un lado mío, y yo que pensaba que nomás me estaba fastidiando. Aquello era un momento cómico-trágico, no sabia si reír o llorar o gritar. Mi tío y mi papa de un brinco se pusieron uno en cada lado de la mujer, le estiraban los dedos, le controlaban los brazos y mi tío vigilaba que no se fuera a asfixiar con su propia lengua, una escena muy surrealista, irónicamente, como para película de luchadores. De la nada salieron unos paramédicos y una señora que presumimos era la mama de la mujer convulsionada, muy afligida la señora nos daba las gracias por haber "atendido" a su hija. No es difícil adivinar que después de ese momento me jure no volver jamás a las luchas. Si volví una vez, mas a fuerzas que de ganas, a una función de lucha a beneficio de la sociedad de alumnos de mi escuela secundaria, yo tenia vela en el entierro y no me quedo de otra, solo que en esa ocasión estaba en ring side, casi como un VIP, pero como dijera la nana esa del comercial de los frijoles de Apizaco, esa es otra historia.

Por todo esto y mas es que pienso que la lucha libre siempre ha estado por ahí, ligada o infiltrada a nuestra cultura. La prueba es que la lucha libre sigue, tal vez con menos pasión pero ahí sigue, muriendo y renaciendo como el Ave Fénix, ídolos van, ídolos vienen, hasta el gabacho se quiere arrimar al "fenómeno" este de las luchas mexicanas, que hasta hicieron la película esa de Nacho Libre.Todo estos recuerdos y pensamientos filosóficos vienen pues como resultado de encontrar tales objetos en el ático... órale.

Y tu, ¿Cuál mascara tenias?, ¿Tuviste muñequitos de luchador? Aviéntate tu historia, desde la tercera cuerda....
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18 octubre 2006

De Burritos y Burreros

Clásica escena de un hogar en Ciudad Juárez a la hora de la comida, por allá en los mil novecientos shhhhmmmgggttt y tantos:

- Maaaaa, tengo mucha hambre...
- Aguántate un poco, ya casi esta lista la comida...
- Pero tengo hambre...
- Toma, comete este burrito de tortilla con sal...
- ¿Burrito? ¿Qué es un burrito?

Así comenzaba mi introducción a este platillo tan original del norte de México, pero sobre todo, de mi Ciudad Juárez: Los Burritos. Los hay de todos los guisos habidos y por haber, pero su base es la tortilla de harina, aunque yo también agregaría como base una embarrada (no es albur) de frijoles refritos. Los hay de carnes como asado de puerco, chile colorado, barbacoa sola o "terciado" (o sea con guacamole), de fajitas, de mole, de picadillo, de chicharrón, de "winni" (salchicha) y los vegetarianos de chile con queso, de huevo a la mexicana, de chile relleno, de nopales (muy común en semana santa), etc, etc, etc. Y mejor le paro antes de que despierte tanto a mi tripa y salga volando ahora mismo por uno.

El burrito puede ser tan sencillo como el descrito al comienzo de esta historia: una simple tortilla con sal enrollada, o tan sofisticado y hasta "gourmet" que pueda incluir una mezcla de algo asi como mariscos, con cierta salsa extraña, etc., pero eso si, siempre envuelto en la tortilla de harina; esta es la característica, el requisito para que sea llamado burrito.

Como verán y ya sabrán, la variedad es amplia, asi como los lugares que se dedican a la venta exclusiva de este platillo. En Ciudad Juárez hay varios lugares, unos muy antiguos, unos que son considerados clásicos y unos mas nuevos, pero todos con el mismo fin, ofrecer los mejores burros al cliente.

El idilio con los burritos comenzó en mi época de secundaria y los "Burritos Tony", ahí por el Parque Borunda, (para los borrachotes, junto al bar Papillon... hora feliz y carne asada los Viernes, pero esta es otra historia.) Estos son en verdad unos burritos memorables, por ahí supe que el fundador comenzó vendiendo burritos en un canasto a las afueras de la secundaria del parque, luego en un camión, y después consiguió el local ese junto al parque. Aquí la especialidad eran los burritos de lengua, no, no piensen mal, de lengua de res en salsa de tomate, muy buenos. Ahora ya con un gusto mas critico, puedo decir que tal vez no eran los mejores, inclusive la tortilla como que la servían un poco fría, pero en ese tiempo lo que importaba es que eran la excusa perfecta para salirnos de clases, ya sea por la puerta principal o brincándonos la barda.

Poco después, ya en la prepa, llegaron los burritos de "El Burrito Crisóstomo", ahí en la esquina de Vicente Guerrero y Adolfo de la Huerta, los que para mi gusto, siguen siendo los mejores burros que pueda conseguir en Juárez. La novedad que estos burros trajeron fue que las tortillas de harina eran hechas a mano y ahí mismo, en vivo y a todo color, por varias señoras, estilo que asi sigue hasta la fecha. Estos burritos, además de estar buenísimos, tenían además la particularidad de ser servidos por un individuo tan chistoso, que a veces mis compañeros y yo íbamos solo para escuchar las tonterías que decía:
-Me da dos burritos de chicharrón..
-Salen dos de suegra ¡
-Me da uno de lengua...
-¿Uno de lengüita tu y yo solitos?
-Me da uno de barbacoa...
-Sale uno de doberman!
-Me da uno de "winnie"...
-Ay, ay, ay chiquillo.... ahorita te lo doy...

... y demás leperadas que contestaba el tipo este, pero que hacia las delicias de los clientes mientras hacían fila o degustaban sus burritos ahí parados.

Para los trasnochados, recuerdo que después de una noche de disco por la Avenida Juárez, se podía rematar con una buena dosis de burritos en el "Tin Tan", junto a la cantina del mismo nombre, ahí por la Avenida 16 de Septiembre. La especialidad de este lugar eran los burros de chile relleno, por cierto, también buenísimos, tal vez en parte por el hambre y los efectos del alcohol, pero su merito tienen, estos son unos de los burros con mas tradición y antigüedad en la ciudad.

También existían en aquellos tiempos los burritos "El Choque", ahí en la Plutarco Elías Calles e Insurgentes, para mi gusto muy parecidos a los del Crisóstomo, pero muy buenos. Ya con el tiempo fueron llegando mas, "El Burro Medallas", "El Burrito A-Travieso", "Burritos Robles", "El Choque" que abrió otra sucursal ahí cerca del Tec de Juárez, cerca del puente "al revés", también sin olvidar a todos aquellos puestecitos cerca de las escuelas, oficinas, bares, etc.

Todos en Ciudad Juárez (y tal vez en algunas otras partes de México, inclusive hasta del mundo) tienen una historia que contar acerca de este platillo tan peculiar, tan sencillo pero tan sabroso: el burrito. Nuestras vidas pueden ser muy complicadas, muy apuradas, muy sofisticadas, pero siempre habrá espacio para un buen burrito.

Y tu, ¿de qué vas a querer tu burrito y de donde?

Cuéntame tus historias de burritos...
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12 octubre 2006

Bajan en la siguiente parada !

Entre tanto recuerdo nostálgico y retro (obviamente sacado del ático), no podían faltar historias o anécdotas del camión, rutera, colectivo, guagua, o como le gusten llamar, y si esto se combina con el impredecible clima de Ciudad Juárez creo que las historias son todavía mejor; hay como en botica: de todo un poco.

Mi experiencia personal hace que me remonte hasta los tiempos en los que las famosas "ruteras", termino con el que se les conoce a los hoy camiones de transporte publico, eran simples camionetas tipo van, algunas mas sofisticadas con el techo modificado para que los pasajeros pudieran ir parados durante el viaje, sin tener que doblar el cuello cual si fueran contorsionistas de circo, aunque en realidad si que era un circo viajar en ellas.

Con el pasar de los años esas camionetas comenzaron a ser sustituidas por camiones de los utilizados en las escuelas americanas. Pero no todo fue así, antes también existían camiones mejorcitos, algunos eran antiguos camiones de transporte publico americano (para variar) pero pues era mejor que ir apretujado como sardina en aquellas camionetas tipo "van".

En mi época de secundaria y de preparatoria fui un usuario asiduo del transporte publico. Recuerdo en mis años de secundaria, que llegaba tempranito a la parada del camión, siempre intentando llegar temprano a mi escuela y antes que nadie a mi salón, pero muchas veces también, procurando abordar siempre el mismo camión. Este era conducido por un señor ya grande, muy serio pero muy amable, de pocas palabras, el típico señor "de antes", con el pelo relamido hacia atrás con brillantina (tipo la wildrot), su bigote de Viruta y Capulina, y siempre con la misma estación de radio sintonizada: Radio Cañón. Ahí escuchaba yo esos boleros de Javier Solís que tanto le gustaban a mis papas, sin olvidar esos comerciales de productos "milagrosos" para curar todo tipo de males: "... obtenga ya sus pastillas Redusan, de sus laboratorios Camacho", así por el estilo eran las frasecitas del comercial de radio, en fin.

Ya durante la prepa fue disminuyendo mi uso de dicho transporte, a veces mi hermano me llevaba, a veces alguien pasaba por mí, a veces tenia que caminar un buen tramo hasta llegar a la parada de camión de la ruta que me dejaba mas cerca de la escuela. Fue durante esta etapa donde viví tan peculiar situación, de esas para contársela a los nietos.

Recuerdo muy bien una mañana, eran los primeros días del año, regresaba de vacaciones de invierno y teníamos exámenes semestrales, yo no podía faltar, así que era la misma rutina matinal: escuchar el despertador, apagarlo, escucharlo de nuevo a los nueve minutos, apagarlo de nuevo y esta vez si me levantaba, darme un baño, ponerme el uniforme, desayunar algo muy pero muy rápido y listo, hacia la puerta. Esta rutina era tan común que la hacia medio dormido y hasta con los ojos cerrados y esa mañana no fue la excepción. El problema fue que al querer salir, la puerta no abría, fue entonces cuando me di cuenta que estaba nevando! Y que probablemente ya tenia algunas horas nevando por aquello de no poder abrir bien la puerta.

Pensé en no dar un paso afuera y quedarme en casa, pero eran exámenes semestrales, asi que hablé a la prepa, no me contesto nadie, era demasiado temprano tal vez, le hable a un compañero, estaba en las mismas, no sabia que hacer. Total que me decidí, me había levantado muy temprano y yo tenia que ir a como diera lugar a la escuela ese día. Me arropé bien y me fui caminando hasta la parada del camión, la caminata fue de unos quince minutos, fui acumulando nieve sobre mí. Llegando a la parada, esperé lo que pareció una eternidad, cinco minutos y ningún camión, diez minutos y la misma suerte. Como a los quince o veinte minutos por fin paso un camión, para mi desgracia una "rutera" (de las camionetas que describí anteriormente) y venia llenísima, pero me dije – al menos voy a viajar calientito – y me subí, no sin antes sacudir los centímetros de nieve que ya había acumulado, ahora entiendo al famoso "Frosty".

No vi a nadie que pareciera estudiante, durante el camino pensaba si había hecho lo correcto, pero a la vez venia a gusto porque ya no estaba en la nieve, todo esto hace que por poco se me pasara mi parada, así que grite el típico ¡Bajan! y de ahí caminar media cuadra hasta las puertas de la escuela. Sucedió lo que me imaginaba y la lógica me dictaba que sucedería. Ahí en la puerta principal se encontraba Oscar el conserje, únicamente con un suéter y una bufanda (tengo que describir al tipo este: como de dos metros, enorme, así como Trucutu, buenísima onda con los alumnos, en fin), haciendo señas con sus brazos de "No", refiriéndose que no habría clases, exámenes o actividad ese día en la prepa. Me sentí frustrado - me debí haber quedado en casa ese día - pero ya estaba ahí, mi pregunta fue ¿cómo me voy a regresar? - Pues por el mismo medio, ¿cómo que como? – me contesté a mí mismo. Al final de cuentas, un compañero de la Banda me dio un aventón de regreso a mi casa, su mama estaba sorprendida de cómo me había atrevido a irme así a la escuela nevando .... hasta la fecha, ni yo mismo me lo explico.

Creo que fue la única vez que me atreví a salir así en la nieve, creo también que fue la ultima vez que nevó de esa manera en la ciudad. Hace poco vi en un noticiero local que el meteorólogo pedía fotos o video de una famosa y copiosa tormenta de nieve que hubo en Enero del Ochenta y tantos ... por mi mente paso la idea – pregúntenmelo a mi – solo que no tenia fotos, mucho menos video. Ahhh pero eso si, también pensé, el transporte publico ahí estuvo al pie del cañón, llueva, nieve o relampaguee.

Compártanme sus historias de camiones, o de aquellas nevadas, si alguien se acuerda, o de lo que sea; retroalimentación.
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27 septiembre 2006

Aquellas tardes de caricaturas

Un atardecer sin nubes, de esos rojizos, que se disfrutan simplemente con ver y que a la vez llaman a una reflexión, me hizo ir a buscar, no se que, al ático. Y ahí en un baúl, me encontré con aquellas tardes de caricaturas, aquellos personajes de dibujos animados que representaban desde héroes invencibles, hasta animales de fábula con historias tan simples pero tan graciosas, lo suficientes para un niño, lo suficientes para espantar fantasmas y demonios, y hacer aquellas tardes bien divertidas.

Habiendo pasado mi infancia en Ciudad Juárez, tengo que mencionar que un sinónimo de tardes de caricaturas es decir Niko Liko. Un personaje sin igual en la frontera, era una especie de payaso, que en vez de llevar maquillaje, llevaba una mascara blanca y sobre ella la simulada pintura y nariz cual payaso de circo, usaba un traje rojo con bombin del mismo color y guantes blancos. Este personaje hacia las delicias de todos los chiquillos (y chiquillas ... no me vayan a crucificar por omitirlas) en aquel tiempo.
Como olvidar pues aquellas tardes de caricatura, viendo el canal 5, a Niko Liko, sus concursos, sus anuncios de aquellas giras artísticas por los lugares circunvecinos: Janos, Ascensión, Casas Grandes, Praxedis G. Guerrero, Porvenir, Guadalupe, etc., etc., etc.

Pero lo que me trajo aquí fueron las caricaturas. Aquí conocí a Don Gato y su pandilla, al Pulpo Manotas, al Inspector Ardilla y su fiel ayudante Moroco Topo, La Hormiga Atómica, etc. Aquí también me revente al Correcaminos y el Coyote, Bugs Bunny, El Pato Lucas, Porky, también a Los Súper Amigos. De todas esas siempre sobresale alguna favorita, por cualquier razón, o sin razón, pero siempre anda ahí una que te sigues acordando con detenimiento, o algún episodio que lo tienes por ahí revoloteando, que te impresiona la precisión de los detalles con los que lo recuerdas.

Para mí, esas caricaturas fueron las de Triton. Eran unas caricaturas japonesas (como casi todas las demás pero nunca nos dimos cuenta) que contaban la historia de un niño de la Atlántida, y que fue el único sobreviviente de un trágico terremoto que acabo con todo aquello. El chavito se cría con los delfines que lo rescatan desde bebe, y ya de mas grandecito se pelea y le da en su máuser a todo aquel malo que se le atraviesa (sin albur chiquillos) con la ayuda de sus amigos los delfines y de un puñal – me refiero al pequeño cuchillo puntiagudo, no a un amigo de el - es mas, hasta la rolita del intro cantaba (con todo y que era en Japonés) yo junto con mis vecinitos de la cuadra (Iván, Homero, Cesar, Oscar, Javier ..... anybody out there?).




De nuevo reitero que la razón por la cual era mi favorita, ni yo mismo la se, las tramas a veces eran confusas y medio oscuras (como buena caricatura japonesa), pero así fue. Alguna vez hasta me hicieron sentir viejo porque cuando comentando en una reunión acerca de esto, ninguno de los presentes pudo identificar la caricatura referida. Así que para aclarar el punto, aquí les proporciono el intro de la caricatura con todo y la rolita, para refrescar la memoria de aquellas tardes de caricaturas en Ciudad Juárez; con decirles que el escuchar el intro todavía me pone la piel de gallina, creo que mi mente se transporta.

Y tu, cual caricatura recuerdas mas y porque?
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21 septiembre 2006

Viajeros en el tiempo (Continuación)

Preámbulo: Durante mi época de preparatoriano, nuestra escuela fue invitada a un concurso de bandas de guerra a nivel regional en la ciudad de Chihuahua, yo como miembro de la misma, me vi involucrado en aquel viaje. Después del viaje, la espera y la actuación, se llego el momento de anunciar a los tres primero lugares.
(Para leer el post anterior completo hacer clic aquí)

... y el primer lugar es para... el CBTIS 122 de Chihuahua, Chihuahua (seguido de gritos, aplausos y demás). El lugar se tornó un pandemonium, los alumnos de dicha escuela gritaban y saltaban como locos, obvio - decía yo para mis dentros – nosotros tocamos mejor, ni se lo esperaban.

Todo fue confusión después de aquello, se supone que lo que seguía era la premiación, mas eso no estaba en nuestros planes. En esos momentos nuestro instructor se levanto de su asiento furioso, con su rostro rojo como si fuera un volcán en erupción; solo alcanzamos a escucharlo vociferar “vamonos de aquí a la chingada”. El director de nuestra escuela quiso mediar, insistió en que nos quedáramos. Por unos segundos nos quedamos quietos, helados por fuera pero calientitos por dentro. Haciendo caso a nuestros corazones, seguimos a nuestro instructor hacia fuera del gimnasio, salimos con nuestra frente muy en alto pero por la puerta de atrás.

Ya afuera del edificio, el instructor nos ordena formación, obedecíamos con una disciplina ciega y fiel, pero bien definida. Se puso al frente y comenzó a dirigir la primera marcha, recuerdo bien que nos pidió “y tóquenle con guevos, que se escuche hasta Juárez”. Tocamos tan fuerte que nuestros corazones se salían por aquellos instrumentos, jamás escuche una banda tocar tan fuerte y tan bien. De pronto, en un gesto de solidaridad increíble, la banda de guerra del CBTIS 114 de Juárez se unía a nuestra peculiar protesta, seguidos también del Teresiano (Nombre por el que se le conoce al Colegio Latinoamericano en Juárez), creo que se perdieron su premiación, pero creyeron injusto el resultado. Los tres instructores se pusieron de acuerdo en ese momento, y comenzamos a tocar bajo las mismas ordenes. No recuerdo cuantas marchas fueron, tres o cuatro o tal vez mas, pero nunca había visto algo igual, pareciera que detrás de esa demostración existieran horas y horas de ensayos y coordinación, pero no, todo salió desde el fondo del alma, creo que por eso salió tan bien. Son detalles que no se olvidan, seria tal vez una insignificancia, pero para mí era una muestra mas de la solidaridad humana, nos pegaron en el orgullo (al fin y al cabo ellos también eran de Juárez), sabrá que fue.

El momento es para recordarse toda una vida, pero fue solo un momento y terminó. Regresamos al hotel, y durante el camino nadie hablaba, algunos lloraban, pero era un silencio sepulcral, al poco tiempo (horas) lo íbamos a superar. Esa tarde decidimos dar un paseo por la ciudad, caminar por las calles del centro, simplemente curiosear, despejar nuestras mentes. Después de un par de horas, a lo mucho, de caminar por ahí, regresamos al hotel al anochecer, no sin antes surtirnos de todo lo que nuestro presupuesto pudiera alcanzar en alcohol. No falto el fósil o el vivo con una licencia falsa para demostrar mayoría de edad, así que sin problemas adquirimos cervezas, tequila, ron, vodka y nada mas, aunque la verdad no me sorprendería que la variedad hubiese sido más extensa.

Esa noche ahogamos nuestras penas y frustraciones en todo ese alcohol, algunos más rápido que otros. Jugamos cartas, tomamos, contamos chistes, tomamos un poco mas, imitamos – aunque creo que ese desorden lo orquestaba yo solito – y ... tomamos algo mas. No faltaron aquellos novatos valientes que queriendo demostrar audacia tomaron demasiado rápido y con un estomago vació, y terminaron invocando a Juan y a Hugo junto al tobogán acuático de porcelana blanco, o escusado, retrete, tolido o como le quieran llamar.

El broche de oro para esa noche fue un show gratis que nunca nos imaginamos estuviera en el programa. Resulta que casi al final nos concentramos todos en una misma habitación, otros pocos siguieron en la habitación de al lado jugando cartas. La cosa es que entre la borrachera, chistes y demás, alguno de nosotros se asomo por la ventana y dijo “miren, miren miren”. La estructura del hotel era en forma de “H”, aquella habitación se encontraba en uno de los extremos de aquella “H”, por lo que la ventana tenia vista a la ventana de otra habitación, unos veinte o treinta metros separada de la nuestra. Ahí, se encontraba una pareja en plena faena, dando rienda suelta a sus instintos carnales. Aquello era como una película porno y lo mejor, era gratis, y sin tener que esconderse de los papas. Apagamos rápido la luz de nuestro cuarto para que los protagonistas no descubrieran que tenían publico. Llevábamos tal vez unos 10 o 15 minutos viendo aquello cuando de pronto, un compañero del cuarto de al lado entro de repente al nuestro, y encendió la luz, todos volteamos y gritamos al unísono una sarta de mentadas, reclamos y demás. En una fracción de segundos, nos cayo el veinte de lo que acababa de pasar, casi al mismo tiempo, todos volteamos de nuevo a la ventana, y ahí estaba la pareja como venados lampareados con cara de sorprendidos, con su mirada fija hacia la nuestra. En eso la mujer nos gritó algunos improperios, visiblemente molesta, y se alcanzo a tapar con lo que pudo, mientras el fulano veloz como un rayo se dispuso a bajar la persiana y cerrarla. La risa en esos momentos fue al unísono, yo creo que se escucho a varias cuadras a la redonda. Obviamente los compañeros de la habitación de al lado llegaron a ver que era lo que estaba pasando, es por demás decir que nos reímos fácil por un par de horas más. Creo que todavía me duelen las costillas de tanto que me reí aquella noche, que recuerdos; después de todo si tuvimos nuestra ceremonia de premiación, nada ortodoxa, pero la justicia es divina.

A la mañana siguiente, la cruda, el desayuno y el regreso. Nuestro humor volvió a mejorar durante el camino, volvimos a cantar una que otra sandez, contar chistes, dormir, etc. Nuevamente el arribo a nuestro destino seria de noche, pero esta vez al son de “Ciudad Juárez es, numero uno, Ciudad Juárez es, the number one” del JuanGa. Por fin llegamos, de nueva cuenta, al estacionamiento de la prepa. Cansados y todo pero felices de estar de regreso, y con una aventura mas que contar, una de esas inolvidables, que por angas o mangas, se llevan siempre guardadas por ahí en el ático de los recuerdos.
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17 septiembre 2006

Viajeros en el tiempo ... estudiantil

Que pensaron? Mac y Douglas en “El Túnel del Tiempo” o “Bill & Ted’s Excellent Adventure”? Pues no, se trata de uno de aquellos famosos e inolvidables viajes estudiantiles. De los pocos viajes que tuve oportunidad de realizar durante aquella época de estudiante, sin duda alguna sobresale en particular, el que a continuación intentare narrar.

Corría el año de .....mmm, mejor digamos que me encontraba yo en el segundo año de la prepa, formaba parte de la Banda de Guerra de la escuela, y fuimos invitados a un concurso de Bandas a nivel preparatoria, organizado por la UACH en la ciudad de Chihuahua. Nuestra escuela acepto la invitación, y después de un largo tiempo de preparación, ensayos, mentadas, etc., se llego la hora de emprender el viaje. Como en muchas ocasiones, nuestro punto de reunión en aquella ocasión fue el estacionamiento de la prepa, ahí comenzó la aventura. Gracias a los recursos abundantes de nuestra escuela, el viaje lo hicimos en un camión rentado, el clásico camión amarillo de escuela gringa (recuerdos de “Pesadilla en la Calle del Infierno”). Por ende, debido a la gran potencia en caballos de fuerza del vehículo colectivo, un viaje que en aquellos tiempos se realizaba en casi 4 horas, lo hicimos en 7 largas horas, gracias en parte a una descompostura del mismo a media carretera, en medio del desierto, por espacio aproximado de dos horas.

A pesar de todas estas peripecias, nuestro animo nunca decayó durante el viaje. Pasamos ese tiempo en el camino meditando, algunos leyendo, bromeando, contando chistes, imitando maestros (que raro, yo ni sé de esas cosas) platicando, riendo, escuchando música (traíamos tres intentos de DJ’s, de los cuales dos terminaron trabajando de DJ’s, uno de ellos inclusive en el famoso Eletric-Q) y también cantando, sobre todo cantando. Recuerdo que entre todas las canciones que cantamos, traíamos en el repertorio aquella canción de “la yerba se movía” en versión modificada, la cual recitábamos: - y con comodidad, nos tiramos al pasto y ANDELEEEEEEEEEE -... en fin, con cualquier tontería nos divertíamos, a pesar de la adversidad.

Por fin llegamos a nuestro destino, cansados, de noche, pero por fin estábamos ahí. El camión nos fue llevando por las calles de la ciudad, y a lo lejos vimos el anuncio de un hotel que en aquel tiempo era el mas nuevo y de lo mejor en Chihuahua, el hotel San Francisco. Tremendo chasco nos llevamos cuando el camión se siguió de largo, y se detuvo un par de cuadras mas adelante. El nombre del hotel no lo recuerdo, pero no hace falta. Era un edificio viejo, de unos cinco pisos a lo mucho y poca iluminación en los pasillos. Nos registramos en recepción, se hizo la distribución de los cuartos y sobres de ellos! Que cuartos aquellos!, muebles Pancho 13 (no alcanzo para los Luis XV), ventanas panorámicas (a los edificios de atrás) y hasta baños romanos – por aquello de que estaban casi al aire libre- que tenían unas ventanas de esas que se abren hacia adentro de manera inclinada, pero tan oxidadas que eran de apertura permanente; podría jurar que la ultima vez que se abrieron fue durante la toma de la ciudad por las tropas villistas.

Llegó pues el día de la competencia, y había que comenzarlo con el mejor de los ánimos. Me di un regaderazo en aquel “baño romano” y durante ese tiempo me puse a cantar aquella canción de “Ahora te puedes marchar” al más puro estilo de Luis Miguel. Creo que mi animo y similitud de voz fue en extremo porque aquella mañana cuando baje a desayunar, me enteré de que medio hotel y media cuadra habían escuchado mi interpretación, poco les falto para pedirme autógrafos en el restaurante. Eso si, el desayuno, después de todo, fue en el hotel San Francisco, invitado por el director de la escuela; hasta el momento, salvo el hotel, no nos podíamos quejar.

Unas horas mas tardes, nos dirigimos al gimnasio Rodrigo M. Quevedo; por fin llegaba el momento de la competencia. Los participantes procedíamos de varias ciudades de la región, sabíamos que la competencia seria reñida, había bandas de bastante calidad, pero nosotros teníamos confianza en hacer un excelente papel. Llegó nuestro turno, recuerdo bien los nervios del momento, fueron tres o cuatro marchas obligatorias y dos libres, y después de unos veinte minutos, terminaba nuestro cometido; creo que todo salió a la perfección, mejor imposible. Inclusive después de nuestra actuación, recuerdo que un militar que no era parte del jurado, se acerco y nos felicito por nuestra actuación. Eso nos dio tranquilidad y confianza, pero me temo que un poco en demasía.

Por fin se llegaba el momento de anunciar a los ganadores. Y creo que todo fue mas o menos así: - el tercer lugar es para ... el Cbtis 114 de Ciudad Juárez (seguid de aplausos); el segundo lugar es para ... el Colegio Latinoamericano de Ciudad Juárez (seguido también de aplausos)-. Hago aquí un paréntesis, porque en ese momento, por mi mente pasaba la idea – Que padre, los tres primeros lugares para escuelas de Juárez, que barrida -, mis manos sudaban, todos estábamos con los nervios de punta, - y el primer lugar es para .... para .... (continuara)
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07 septiembre 2006

Recuerdos de la Prepa Vol. I

"El patio la gran ceremonia,
la patria la luz tricolor,
después la traición
de quien roba y deshonra
y nos vende el derecho y la voz"


El otro día escuchando esta canción de Alejandro Filio me vino el recuerdo de mi época de estudiante (tal vez por aquello de los famosos lunes de "honores a la bandera", lo de la traición, el robo y la deshonra es otra historia), e inevitablemente vino a mi mente aquella época de la gloriosa Prepa del Chamizal de Ciudad Juárez. Son tantas las anécdotas que pueden existir que decidí dividirlas en tres partes. En esta primera trato de concentrar mi atención y mi memoria en su estructura física, los edificios, aulas, etc., y lo que eso fue dejando en mi memoria, mas allá de los simples muros y ladrillos.

En mi época, la escuela estaba compuesta por tres edificios de aulas (un edificio para cada año escolar), la dirección, la biblioteca, y la sala audiovisual, sin dejar fuera sus respectivos laboratorios, baños, estacionamiento y canchas de basketball, y algo que en algún tiempo intento ser canchas de fútbol y de atletismo.

El edificio de los primeros (1º y 2º semestre) fue una herencia de los primos del norte, los "gabachos", ya que originalmente fue una escuela de cuando toda esa zona era todavía territorio americano. Esos salones eran otro rollo, típicos de película de Ferris Bueller, con ventanas grandes y pizarrones largos en ambas paredes, la de enfrente y la de atrás. Recuerdo que el edificio tenia unos baños en los cuales, había una pequeña puerta de acceso a un pasillo compartido entre los baños de mujeres y de hombres, me imagino que para uso de los plomeros. Dicha puerta estaba cerrada con candado y toda la cosa, pero dice por ahí la leyenda urbana, que algunos jóvenes lograban abrir la puerta y colarse por dicho pasillito, y así poder espiar a las jovenzuelas. También cuenta la leyenda, que para poder entrar a dicho pasillo, había que hacerlo de rodillas, por lo que el pantalón de los atrevidos, se empolvaba de las rodillas y la frase a manera de pretexto que se usaba era que "fui a jugar canicas". En fin, esta historia nunca la pude corroborar.

Los otros dos edificios de aulas eran más modernos por llamarlos de una forma. Ambos edificios de dos plantas, aunque el de los terceros se asemejaba mas, para mi gusto, al típico edificio de aulas de escuela publica del estado (como todas las secundarias y los bachilleres que surgieron durante esos años) Recuerdo mi salón en el edificio de los terceros, el ultimo por el que pasaría en la Prepa, con vista al Río Bravo y a la fila del puente internacional ... muy panorámica. Los pisos del salón estaban tan pulidos, que patinábamos en ellos, fingiendo las competencias de patinaje de velocidad en hielo de las olimpiadas de invierno. En fin, cualquier cosa era valida para matar el tiempo mientras llegaban los maestros. Eran tiempos de estudio, tiempos de espera, tiempos de ideales, de indecisión, tiempos alegres.

El estacionamiento principal merece su propia historia. De acceso tipo herradura, se puede decir que fungía de todo: era punto de reunión, patio de casa, lugar de juego y esparcimiento, de mini-fiestas, de manifestaciones, y algunas veces hasta de broncas espectaculares. Lugar de encuentro y desencuentro, de amores y desamores, y hasta de borracheras clandestinas, siempre estaba concurrido, a pesar de los esfuerzos de las prefectas por mantenernos en las aulas. Todos disfrutamos del estacionamiento, aun los que no llevábamos automóvil a la escuela, eso era lo mejor de aquella época.

Al fondo del estacionamiento se encontraba la sala audiovisual, una especie de pequeño teatro, que para mi gusto, estaba bastante sub-utilizado. El lugar tenia su escenario, butacas, inclusive camerinos, telón, y hasta su salita de controles. Recuerdo que una compañera de primer semestre al verlo, le nació la idea de montar una pequeña obra de teatro, la cual realizo únicamente con la ayuda de los compañeros del salón. La obra de teatro fue "Tres Sombreros de Copa" de Miguel Mihura. Dadas mis cualidades histriónicas, me vi relegado al cuarto de controles y audio; así es, yo fui ese que decía "Si, bueno, si, si, Damas y Caballeros, esta es la primera llamada, primera llamada", apagaba y prendía luces, y solo me faltó abrir el telón, porque era manual, en fin. Ese foro también era utilizado para mítines políticos estudiantiles, y shows de fono mímica para los clásicos concursos de reina y rey feo. En alguna ocasión se utilizo para funciones de cine a beneficio de algún grupo representativo de la escuela; me hacia recordad a aquel cine Indio Fernández (también en Juárez), que de día tenia sus funciones a beneficio con películas de caricaturas o de karate, y de noche eran funciones para adultos, en fin.

De los edificios restantes no hay muchos recuerdos, mas no por eso restan en importancia. La biblioteca la recuerdo poco, debido a que fue terminada en mi ultimo año en la escuela, y las oficinas administrativas las recuerdo por las veces que me llevaron ahí para esclarecer alguna bronca o situación, así que muy gratos no han de ser esos recuerdos. Y de los baños "nuevos", lo único que puedo decir es que no servían para "jugar a las canicas", solo para lo que eran, en fin.

Pues ahí la tienen, en pocas palabras, tal vez omitiendo algunos lugares, pero esa era la prepa a la que yo asistí, la Prepa del Chami como se le conoce de cariño. Después ahondare en el otro aspecto: el humano, tanto de alumnos como de maestros y personal. Por lo pronto, si crees que algo omití, expláyate, o quizás pudieras compartirnos algo de tu propia prepa.
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23 agosto 2006

Alguna vez pediste rait?

… y no me refiero al veneno ese “Raid Matabichos” .. Inmundicia asquerosa, me refiero a aquel antiguo arte de empuñar la mano y levantando el dedo pulgar, pedir viaje gratis entre los automovilistas, también llamado aventón. Y digo antiguo arte porque la verdad, en estos tiempos no he visto a nadie hacer eso, salvo algún vagabundillo homeless en las carreteras gabachas, pero no más.

Así es estimados lectores, yo fui uno de esos mocosos aventados que por mucho tiempo se traslado de la escuela a su casa por este medio tan peculiar. Todo empezó en la época de la secundaria, asistía yo a la famosa y vieja secundaria del parque, fue como para el segundo año. Ahí nos aglomerábamos toda la bola de pubertos en el semáforo de la 16 de Septiembre y Américas, siendo mas preciso, nos escondíamos en una escalinata que había en la banqueta junto a la estación de bomberos, a su vez junto al estadio 20 de Noviembre. Era el escondite perfecto, así mandábamos a un guey (electo al azar según esto) a que hiciera la tarea de pedir el “rait”, con la consigna de que fuera una troca o pickup, la cosa es que fuera auto grande para así poder llevarnos a todos. Sorpresa la que se llevaban los automovilistas que accedían a la petición del compañero, al ver la horda de lepes chaquetos dirigirse todos en friega como enjambre de abejas hacia la caja de su camioneta. Algunos si de plano nos paraban en seco, otros les valía madre y nos llevaban a todos. Al poco tiempo cambie de crucero con un grupo más pequeño de amigos, éramos como 4 o 5 y ahora pedíamos el “rait” en la calle Vicente Guerrero, esquina con Gregorio M Solís, ahí en los 4 altos, junto al local de las hoy extintas “Motos Moyote”. Ya después en la prepa, lo hice por muy poco tiempo, tal vez durante el primer año y muy poco, no había lugares estratégicos y preferíamos caminar o ahora si, usar el sistema de transporte colectivo... mejor conocido como la ruta, la burra, etc.

Creo que la mayoría de los que nos dedicábamos a eso si contábamos con los recursos mínimos para pagar el camión, inclusive algunos rechazaban que sus padres fueran por ellos a la escuela, aun y cuando estos si podían hacerlo, con tal de irse de “rait” a sus casas. Creo que eran las primeras demostraciones de rebeldía, o de no se que, pero la cosa era decir “yo soy de los que se va de rait a su casa”.

Reflexionando en aquellos hechos, ahora me doy cuenta de la peligrosidad del asunto, un arrancon brusco, una caída desde el auto en movimiento, o hasta un secuestro. En aquel tiempo lo que más nos preocupaba era que nos fueran a dejar muy lejos de la casa, o en el caso mas extremo, que nos fuera a tocar un joto porque esos gueyes si te llevaban hasta la puerta de tu casa para saber donde vivías (esta versión me la contó alguien mas, no es testimonio)

Hoy los tiempos han cambiado tanto que la verdad no me imagino a alguno de mis hijos haciendo eso mismo. Para empezar, el trafico no es igual, ahora hay mas autos y todos van a una velocidad mayor, las distancias son mas grandes y la seguridad... ufas, la seguridad es otro tema a tratar por separado. Que tiempos aquellos cuando íbamos y veníamos de “rait”, disfrutando del tiempo de convivencia y sin saber de problema alguno. Y tu? Tu no eras de los que se iba de rait? Cuéntanos (déjate caer)...
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