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11 abril 2018

Ilusiones Pasajeras



La realidad hoy en día se pone en duda, en todas partes, en todos los aspectos.  Esa saturación de realidad virtual y esa explosión de redes sociales nos hacen cada día más difícil la tarea de diferenciar entre lo que es real y lo que es una ilusión.  Ese es el propósito de dichas herramientas, pero, ¿o nos muestran una desviación de la realidad existente o más bien nos destapan una realidad que no queremos ver?  Sobre todo cuando se trata del tema de la amistad.  Pensamos que contactos es igual a amistades, “likes” es igual a interacciones, a aceptación, a cariño verdadero.  Pero no es así, todo eso es solo una ilusión, una imagen pintada de una realidad mucho más cruenta y que nos reusamos a ver, pero que más aun, nos reusamos a aceptar.  Nos gusta vivir engañados, y cuando llega la desilusión, el golpe es mas duro.

En redes todos somos muy valientes, muy cariñosos, muy amigos, muy populares, muy chingones; el modelo más cercano a una cuasi perfección.  Y cuando se trata de amistad pues ¡ni se diga! Y buscamos tener el mayor número de contactos o “amistades” en tal o cual red; entre más tengamos, mejores seremos.  Y lo peor del caso es que nos creemos esa mentira, y sentimos que somos re amigueros, populares y aceptados por muchísima gente.  Pero en el fondo sabemos que no es así, que a la mayoría de esos contactos ni los conocemos en persona, o tenemos años que no los vemos, y ni si quiera nos agradaban cuando se sentaban a dos filas de la tuya en aquel salón oscuro de la escuela secundaria.  Pero hay que alimentar a la ilusión, agregar contactos y dar muchos likes.  Porque a mayor número de likes otorgados, mayor la probabilidad de que sean los likes recibidos.  Y la remuneración es inmediata, me siento “in” y tengo ya mi dosis de validación por esa hora, o quizás minuto, dependiendo que tan atrofiada este mi atención.

Me pregunto qué pasaría si invitase a alguno de esos contactos a tener una interacción en el plano real, compartir un café, una cerveza o un té orgánico, lo que sea con tal de tener una buena platica y comparar ideas más allá de un meme o de un video pendejo.  La respuesta la tengo, pero me niego a buscarla, más que nada a aceptarla.  Y es por eso que preferimos quedarnos así, en esa ilusión de amistad.  SI la misma interacción real no es garantía de amistad, ya sea en el trabajo, en la escuela, en donde sea que tengamos esa falsa relación de casualidad, de interés, ahora en el mundo virtual las probabilidades descienden aún más de encontrar sentimientos verdaderos.

A veces, para tratar de darle sentido a la maraña de sensaciones, me gusta metaforizar la vida y sus interacciones personales con un simple viaje en tren, “el subte”, “el metro” o como le quieran llamar.  Un tren que da vueltas y a veces pasa por las mismas estaciones, o a veces cambia de ruta.  Y suben y bajan muchas personas por cada estación a lo largo del viaje.  El carro en el que viajas es tu momento presente, tu círculo cercano.  Las estaciones son etapas de tu vida.  Y en la estación Universidad suben muchos, algunos se quedan en la otra orilla del carro.  Los ves a la distancia, los saludas asintiendo con tu cabeza, recibes respuesta de algunos, pero de otros no, inclusive una mala mueca te llevas.  Con algunos hasta juegas cartas y platicas a carcajadas, beben de todo, comparten de todo mientras dura el viaje.  Luego en la estación Obrera, bajan unos y suben otros cuantos.  La historia pareciera repetirse.  Y aquellos con los que conviviste de cerca durante parte del viaje te duele dejarlos en tal o cual estación.  ¡Ni modo, tenían otro destino!  Y te dices esto mientras los ves hacerse más chiquitos por la ventana hasta que el tren da alguna vuelta y desaparecen por completo. 

Y es probable que a algunos de ellos te los vuelvas a encontrar en otras estaciones más adelante, pero la situación es diferente, ya no hay lugar cerca de ti, los ves de lejos, asientes con la mirada, con suerte hay respuesta, muchas veces solo hay un teléfono celular de por medio bloqueando la interacción.  Y los ves bajar de nuevo, y en veces ni cuenta te das que ya se bajaron solo después de que el tren prosigue su marcha.  Hay algunos, muy pocos, que se van a quedar contigo durante todo o casi todo el viaje.  Y para esos hay pocos lugares, como esos asientos dobles orientados frente a frente.  Son pocos pero locos, ¡son tus locos!  Los demás son casualidades, ya sea porque les toco la misma ruta, o porque necesitaban cambio y te pidieron prestado, y si tal vez se quedaron durante alguna estación, pero no más.

Habrá aquellos que se queden contigo hasta la penúltima estación, y querrán seguir, pero tienen que transbordar, es otra su estación final, siempre lo es. Y ya al final, te encuentras tu solo en ese vagón, sin más luz que la que alcanza a entrar por las ventanas mientras el tren se sigue moviendo.  Y en esta estación si te la rifas solo, porque así tiene que ser.  Y tal vez te des tiempo para meditar un poco acerca del recorrido y las estaciones, y la gente que subió y bajo, y lo que aprendiste, si es que algo te quedo.  Entonces podrás echarte a reír y a llorar mientras revives todo aquello en cuestión de segundos.  Y después, se acabó el viaje.


Así es la vida ¿o no?
Unos suben, otros bajan, “ay que chido la pasamos”, “eres muy especial”, “no tienes idea cuanto te quiero”, y luego se bajan y ¡tan tan!  Y tal vez los volvamos a ver a la distancia, y nos alegremos y también nos duela, pero el tren sigue su marcha, no se detiene por nadie una vez que esta en movimiento hasta llegar a su estación final.  Such is life!
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13 febrero 2018

Historias de “amor”, de “amistad” y de ganchos al hígado



(Noche de juerga, después de varias cervezas con “Y”)
  • -       Neta, neta, yo si te considero mi compa, mi camarada!
  • -       No pues salud por esa!


(Pasado algún tiempo, y luego de alguna desavenencia de faldas)
  • -       Tu alguna vez mencionaste que a los hombres no se les miente como a las mujeres..
  • -       Y así es….
  • -       Entonces dime, ¿le mentirías a un amigo, a un compa?
  • -       ¡Por supuesto que no!
  • -       Entonces ahora entiendo porque me mentiste con respecto a ti y “X”, porque no somos compas… Me hubieras hablado claro desde un principio y nos hubiésemos ahorrado todo el drama, pero gracias por la aclaración.

(Gancho al hígado)

(Algún tiempo atrás, conversación con “X” derivada de un distanciamiento)
  • -       Me duele que estemos distanciados…
  • -       A mi también..
  • -       ¿podemos hacer que todo sea como antes?
  • -       ¡Claro que si!
  • -       J


(Poco después durante una conversación con “X”)
  • -       Hola ¿cómo estas?, ¿qué tal tu día?
  • -       Muy bien, fíjate que bla bla bla…  ¿y el tuyo?
  • -       Eh… (tecleando en el móvil) bien bien….
  • -       Ahhh, ok....
  • -       click, click, click… este… pues si … si, fíjate… ¿y tu?
  • -       Ya te dije… pero bueno, no te quito mas tu tiempo, después hablamos ¿no?
  • -       Este… si si claro… (siguen las risas con el móvil, igrnorando completamente)

(Ouch! Otro gancho al hígado… que tan difícil es sumar 2 mas dos)

(Alguna otra ocasión en el espacio-tiempo)
  • -       Ahhhhh quiero estar así toda la vida!
  • -       Yo también!
  • -       Te voy a amar siempre!
  • -       DItto


(Esta demás decir que al poco tiempo después)
  • -       Como me chocas! Te odio, te aborrezco!
  • -       Eres bien correspondida…
  • -       No entiendo como apareciste en mi vida.  Lárgate!

(Otro gancho mas al hígado, me cuentan hasta diez y no me levanto)


Según Aristóteles, existen tres tipos de amistad, dos son accidentales y la tercera es mas intencional.  La primera es la de utilidad, es donde las personas están involucradas mas por recibir algún beneficio, ya sea alguna de las partes o ambos. La segunda es la basada en el placer o actividades comunes, como los amigos de juerga, o los amigos de la actividad deportiva.  La tercera es la amistad de lo bueno, porque en esta se aprecia lo bueno y virtuoso de la vida y no es por razones de sacar provecho del otro…

Creo que Don Aristóteles no estaba tan errado, porque es difícil contar los amigos verdaderos, ahora si que del “tercer tipo”… casi casi como una bizarra analogía con extraterrestres, porque son difíciles de ver, mucho mas contar con ellos.

Ojala aprendiéramos todos a valorar a nuestros amigos y el tiempo que algunos de ellos invierten en nosotros.  Como dejar de lado el móvil y demás actividades y de verdad escuchar con atención al amigo que nos habla… claro, siempre y cuando la amistad este ahí, sea real, exista!  De otra manera, seguiremos surfeando el aparato celular, o utilizando a la gente "por mientras", hasta que el amigo accidental se haya ido, ¿o me equivoco?

Posdata: 
Todo este cuento es producto de la fantasía utópica del autor.  Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.  
¡Feliz no día!
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20 septiembre 2011

La maquina devoradora de sueños


De nuevo llevo tiempo sin recordar nada de lo que sueño, ya se me esta haciendo costumbre. Cual deporte extremo, cada noche preparo mi mente, con mi ultimo pensamiento, para preparar el ambiente propicio para los sueños, pero de nuevo, el intento es fallido. A la mañana siguiente, la mente esta en blanco y con un cansancio excesivo por el esfuerzo de levantarse a comenzar un nuevo día. Aparte de no recordar los sueños, es como si no recordara que de alguna manera descanse… se me olvida por completo y la somnolencia se hace presente.

Es como si tuviera una maquina devoradora de sueños al lado mió, que cada noche, en cuanto emprendo el viaje al mundo onírico, dicha maquinita se prende y comienza a tender sus redes, pero es mañosa, pues engaña a mis sueños de tal manera que, estos piensan que triunfantemente, conforme pasa la noche y se van desarrollando, van a llegar a un final feliz y sobre todo, a ser plasmados en mente y muy probablemente también en papel para ser inmortalizados. Pero no es así, la trampa esta al final, casi en la meta, antes de llegar, la maquina levanta su red, atrapa los sueños y se los devora cual aspiradora automática de cuatro caballos de fuerza.

Y al despertar, de nuevo estoy solo, yo sin mis sueños, o bueno, con un acompañante ya familiar: el cansancio. Y lo voy arrastrando durante el día; con sueño y sin sueños, que ironía. Al menos la maquinita imaginaria esa no atrapa los sueños de vida, de proyectos o de ilusiones… ¿o será que la muy hija de puta también me engaña a mi haciéndome creer que solo se roba los de la noche, los de la mente y subconsciente y en realidad viene por los míos? Donde la atrape…. Creo que pondré el despertador para tenderle yo una trampa… una noche de estas….
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29 mayo 2011

De acentos y paciencia


Sus ojos azules y su acento marcado delataban su origen extranjero.
Sus ganas, determinación y sonrisa delataban su calidad de persona.
Gente molesta haciendo fila, esperando turno, renegando de su ineptitud.
Ella con una sonrisa amable y una historia lista para contar aligeraba la espera.

Es increíble como un momento con el potencial de convertirse en algo muy estresante pudo dar un giro de ciento ochenta grados hacia una experiencia de aprendizaje.

Su nombre: Danielle, su oficio: cajera. Se notaba a leguas que no tenia mucha experiencia; pareciera que todo le salía mal ese día. La fila de clientes seguía creciendo pero ella con una extraña paciencia seguía tratando de hacer lo que mejor podía pero siempre con calma, para unos desesperante, para mí fue muy tranquilizante.

Y llego mi turno y llego su historia. Gracias a un producto abandonado por el cliente anterior salio una platica muy fructífera, pero sobre todo una lección de paciencia, de ganas y tesón por enfrentar la vida, por buscar una oportunidad y ya estando ahí luchar por conservarla.

Imagine muchas cosas de Danielle; no se cocía al primer hervor, pero se notaban las ganas de estar ahí. Que tanto pudiera ir cargando aquella mujer para llegar a un país que no era el suyo, buscar un trabajo, una oportunidad, y lograrlo, como fuera pero lograrlo, tal vez buscando un futuro mejor, o un mejor ingreso, que se yo, todos los inmigrantes tienen su historia y ella no era la excepción.

Sin problemas pasamos su “aduana” y con una sonrisa medio apagada me dio su “gracias”, mientras que mi respuesta fue con una sonrisa genuina gracias a esa lección de paciencia y control ante la adversidad y clientes de muy mal humor que acababa de aprender. Aquella mañana fue una combinación de muchas cosas, desayuno, excelente compañía, tiendas departamentales y aquella señora que con un acento muy especial me hizo aprender algo más de la paciencia…
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20 marzo 2011

Un poco de grasa


Dar vueltas en su cama se estaba convirtiendo en una práctica común. Cual si fuera charal en aceite hirviendo, brincaba de un lado para otro de ese viejo colchón sin poder conciliar el sueño. Sentía que se ahogaba mientras las cuatro paredes y el techo se le venían todos juntos como un derrumbe de terremoto y de pronto, su mente se detuvo en un recuerdo, en una actividad que siempre solía darle tiempo de pensar en soledad, de reflexionar y de lustrar; darle grasa a sus zapatos.

Paco se puso de pie, no importaba que fueran las 3:38 de la madrugada, tenia que aplicar la terapia para calmar sus ansias, para pensar, mientras trataba de sacar brillo a aquellos zapatones viejos, como si de pasada pudiera sacarle brillo también a su alma apagada y gris.

Con periódicos viejos tendidos en el piso, comenzaba el ceremonial. Primero limpieza profunda con un cepillo de dientes de cerdas suaves y un poco de jabón de calabaza; no mucha agua pero si que hiciera espuma. Un trapo húmedo para retirar el jabón y una pasada con cepillo neutro para eliminar los últimos residuos. Mientras tanto, pensaba en todo lo que no había podido limpiar, lo que no había podido hacer, lo que lo tenia así en ese cuarto… cuantas cepilladas necesitaría para eliminar todos esos residuos, tal vez mas que las aplicadas a un par de zapatos.

Luego venia la ceremonia del fuego. A la lata abierta de grasa negra, Paco le aplicaba fuego hasta que hiciera una pequeña llama, dejándola por unos cuantos segundos antes de sofocarla. Eso dejaba la grasa derretida y lista para ser aplicada con mayor facilidad. Luego se amarraba un trapo como momificando su dedo índice y medio, y pasándolo por la grasa derretida y por unas gotitas de agua, comenzaba a frotar los zapatos en infinidad de círculos. El proceso se repetía y la mente de Paco seguía vagando, como si los círculos lo llevaran a otras etapas de su vida; lo regresaran tratando de recordar lo que había sucedido, tratando de encontrar la razón. Pero la razón ya no bastaba, era como buscar culpables, y eso no le solucionaba nada. Era como pensar con que o como es que se habían ensuciado esos zapatos, cosa que no los iba a limpiar. Así que mientras sacaba brillo a esos zapatos viejos intentaba sacarle brillo a su mente, despejarla, pero no encontraba luz; era como si la grasa negra le tapara toda la vista a la luz, y por más que le frotara en minuciosos círculos y con agua, el brillo no llegaba.

Cuando menos se dio cuenta, los zapatos estaban listos, una ultima cepillada con ese cepillo especial de cerdas delicadas y ¡voila! – habían quedado como nuevos, brillantes, relucientes, como en antaño, listos para inspección, formación, en línea, etc. Y mientras los acomodaba con mucho cuidado en el armario, junto a su antiguo uniforme, decidía pues que esa seria la ultima vez que lo portaría, la ultima vez que lustraba sus zapatos… y así como nada le daban las cinco con quince, hora de despertar…
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28 enero 2011

Un ensayo perfecto, volumen IV


El instante era el apropiado, había que culpar a la luna por su brillantez y esplendor; la noche serena y fría, y unas cuantas nubes esparcidas eran el marco perfecto.

El solo sabía que era “ahora o nunca”, y así lo hizo. Le tomo el rostro con sus manos, y la guió lentamente hacia el, hasta que la tuvo lo suficientemente cerca, y sin pensarlo mas, unió lentamente sus labios con los de ella. Comenzó con ternura, y poco a poco se fueron llevando hasta sentir como todo iba tomando su lugar. Alrededor no existía nada en esos momentos; era como si todo hubiera desaparecido, ni ruido, ni transeúntes, ni autos ni sirenas ni vendedores, nada, eran solo ella y el, y sus bocas explorándose, buscándose, regocijándose el uno con el otro en ese momento perfecto. Todo encajaba perfecto, es como si se hubieran pertenecido siempre. El sabor de sus labios era simplemente perfecto, un néctar exquisito del cual requería probar mas, pero con la mesura adecuada para no acabárselo de golpe. No había prisa, todo a su debido tiempo y ritmo; había que disfrutarlo. Al cabo de unos momentos que parecieron eternos, sus labios dieron tregua para fundirse después en un abrazo eterno, fuerte, de corazones unidos en un solo latido, de pensar, imaginar, planear, compartir, pero en silencio, todo esto en el lenguaje de los brazos, y miradas eternas y quietas, manos que se unen, dedos delineando rostros, caricias tiernas, escalofríos y sonrisas cómplices.

Si, tal vez debería de culpar a la luna, porque si me culpara a mi mismo, con gusto purgaría mi condena, porque seria culpable de principio a fin, y no me arrepentiría en lo absoluto; al contrario, seria un ladrón reincidente…
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13 diciembre 2010

Reflejos retrovisores


Ahí estaba ella, su imagen reflejada por el espejo retrovisor del auto, mientras él emprendía su marcha. La distancia comenzaba a sumar y aquella imagen se hacia lentamente mas pequeña. Poca era la distancia recorrida y ya le desgarraba el alma, como si fuese dejando un rastro de sangre lenta, espesa y roja detrás de su auto. La herida se abría al momento en que la incertidumbre entraba por la puerta, ignorando cuando la volvería a ver. De lo único que estaba seguro era del momento que acababa de pasar junto a ella, en inolvidable entorno, como de ensueño, de alguna historia cautivante, publicable o prohibida. Pero el tiempo siempre apremia, los relojes desgraciadamente marcan horas, que a veces duelen por su significado; para unos las doce podrán significar la gloria, para otros el infierno, quien le manda marcar horas a esos malditos artefactos. El auto seguía su marcha, la distancia seguía sumando y la imagen era ahora casi inteligible, un pequeño manchón en aquel rectángulo – si no supiera que ese puntito es ella me volvería mas loco - se decía a si mismo mientras esperaba la luz verde del semáforo. ¿Qué se supone que debía sentir en ese momento? Mejor aun, ¿Qué se supone que debía hacer en ese instante? Ironías de la vida, que pasan de un instante sublime a un instante amargo, como son las despedidas, por eso él las odiaba, las evitaba, como lo acababa de hacer minutos antes de comenzar a monitorear aquel punto en su retrovisor como si fuera un radar de navegación aérea. Los sentimientos son extraños, como extraña es la vida cuando te presenta situaciones que no sabes descifrar entre oportunidades o escaparates. ¿No sabes o no quieres? Cada quien sabe la respuesta porque ambas posibilidades son validas, inclusive una tercera, o cuarta, o quinta, las que fueran. Y como todo, no puede durar para siempre, el instante se acaba al doblar con su auto la esquina y con ello hacer que el puntito desaparezca del retrovisor...
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23 octubre 2010

Un ensayo perfecto, volumen II


Abrió los ojos y el panorama no podía ser mejor, un mirador estratégico desde donde se podía apreciar casi toda la ciudad, unas nubes a medio pintar y un viento lo suficientemente intenso como para despeinar, o para empujar a su amada hacia sus brazos.

Y ahí estaba ella, con su mirada tierna viéndole a el, diciéndole tantas cosas sin necesidad de palabra alguna. Solo atinaron a fundirse en un abrazo que después fueron dos, tres, cinco hasta perder la cuenta. El viento y los dedos de él jugaban con el cabello de ella, mientras el único ruido que irrumpía aquel silencio era el del viento arremolinado en los escasos arbustos, algún auto a la distancia, y también podría jurar que el de los audibles latidos de sus corazones.

No lo podía creer, la tenia ahí, frente a él, a escasos centímetros de distancia, en un abrazo eterno, con la ciudad a sus pies y con el viento a su favor. Por su mente pasaban tantas horas de desvelo, tantas palabras no dichas, tantos sentimientos no expresados, mientras ella solo atinaba a, sorpresivamente, sostenerle la mirada como en señal de un muto entendimiento, de identificación, de sincronía. Era como un ensayo perfecto para una primera cita, pero que se daba en la más pura espontaneidad.

Su corazón latía muy de prisa, era el momento preciso. Ella sabía lo que él sentía, pero tenia que decirlo, tenía que expresarlo. Tardando lo que pareciera una eternidad, y sintiendo cada vez mas su aliento, cerró los ojos y se fue acercando a ella. Cuando ese micro instante de eternidad de alguna manera anuncio su fin, él de nuevo abrió los ojos. Ella no estaba, solo estaba el viento, aunque podría jurar que todavía sentía su aroma en el ambiente…
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16 agosto 2010

Diario de un frustrado suicida, volumen IV

Estaba decidido. El agobio era mucho, los intentos varios y los resultados nulos. Y esta vez no seria poético; sin hacerse señalar el lugar exacto de su corazón para partirlo literalmente en dos, o tomando el veneno mas eficaz para una partida lenta, ni el salto de un edificio que terminaría en un contenedor de basura. Esta vez lo esperaba otro método de fabricación austriaca para lograr el tan anhelado cometido. La vieja Glock 17 le esperaba con el cargador repleto – por si las dudas – decía el frustrado suicida. Todo estaba preparado, todo estaba servido, y todo estaba listo. Previa nota preparada y corregida por cuarta ocasión (la cual todavía mostraba los borrones y tachaduras de tales enmiendas), lo demás era lo de menos, era la hora, que no era ninguna hora especifica, pues de nuevo, pensaba que sin cursilerías seria mucho mejor, pues cualquier elemento de planeación podría traerle sentimientos de arrepentimiento y esta vez estaba decidido a no fallar. Ya era personal. Y así, sin mas preámbulos, empuño la escuadrita, la apunto sobre la sien, y mientras comenzaban a pasar los retratos de su vida en milésimas de segundo, jalo del gatillo…. “click…..click….. click…..”. Es hora de volver a tachonear la nota…
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23 septiembre 2008

El amor y la vida en cuatro viñetas

Existen regados por la casa mas de veinte “cuadernillos” como el que ahora les voy a presentar. Todos marcan distinto precio, ¿basándose en que? No tengo la más mínima idea, pero hasta precio tienen. Pero este en particular me llamo la atención mucho, desde que vi su título y comencé a hojearlo.

Es increíblemente tierno, pero sabio a la vez, como un niño a su corta edad, puede observar la vida, hacerla suya, hacerla simple, y asimilar de que se trata el asunto. Insisto, creo que nosotros los adultos somos los que la complicamos demasiado. Con todo y eso, no deja de sorprenderme como el amor y la vida son vistos desde la perspectiva de un niño y creo que así debería de ser visto por todos, mas menos problemas, mas menos diferencias, que se yo, algunos me dirán que soy un iluso... You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one...

Disculpándole las faltas de ortografía de mi chaparra (como le digo de cariño a mi hija mayor de 7 años) les presento y traduzco lo que yo quise titular “El amor y la vida en cuatro viñetas” pero que ella tuvo a bien llamar How Jimmy got married and had a baby:

“Como fue que Jimmy se casó y tuvo un bebe”


“Jimmy tenia una novia” – “Ellos se amaban mucho” – “Tuvieron citas” – “Practicaron el casarse (aquí me imagino que se refiere a los ensayos de boda no a lo que están pensando, jejejej)”


“Finalmente ambos se conocieron mejor” – “Por fin se casaron y...”


“y tuvieron un bebe y amaron mucho a su bebe” – “Fin”

¿Mencione que mi chaparra dice que quiere ser escritora e ilustradora? ¿y que el papa esta como pavo real que no cabe? Estos son los cuentos, luego les muestro los poemas...
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22 julio 2008

Matías Reloaded 2.0.1


Durante todo el camino a su departamento, Matías no podía apartar de su mente todo lo acontecido en aquel café, pero había una cosa en particular que le resonaba con bastante fuerza: la morocha detrás de él en la fila, de cabello largo y mirada tierna, después sentada en aquella mesa esperando a alguien ¿o tal vez a nadie? ¿Que tenia ahora esa enigmática mujer que le llenaba tanto el pensamiento? ¿Será que te habrá gustado la morocha Matías? – se decía a sí mismo mientras buscaba las llaves de su departamento, y al revisar sus bolsillos en el momento, se daba cuenta que su billetera, de nuevo, estaba ausente.

¡Carajo! Otra vez lo mismo – decía Matías mientras se palpaba rápida e inútilmente los demás bolsillos de pantalón y camisa, buscando la billetera al más puro estilo de una revisión policíaca, mientras trataba de traer a su mente él ultimo momento en el que la había visto. El recuerdo lo llevó de nuevo a esa misma mesa del café, y a la morocha – Seguro que si ahora mismo salgo para allá, todavía las pueda encontrar – y comenzó a correr con todas sus fuerzas rumbo al café.

Minutos mas tarde, Matías llegaba ya sin aliento a un café mucho más lleno de lo que lo había dejado momentos antes. A empujones y mil disculpas, se abría paso hacia la mesa en cuestión, la cual era imposible de divisar entre aquel mar de gente. Por fin, y mientras trataba de recuperar el aliento, logró llegar a la tan ansiada mesa diciendo – Perdona mi atrevimiento de nuevo pero es que.. – cuando en ese momento, su mirada se da cuenta de algo, la morocha ya no estaba. – Me imagino que buscaras esto, pero espera ¿cómo sé yo que eres tú el verdadero dueño de la billetera? – le preguntaba una chica de cabello rubio, ojos claros, que definitivamente no era la morocha que él esperaba, la de hacia un rato... ¿podría ahora llamarla su morocha?

Mientras Matías trataba de descifrar ese doble impacto en su ya de por sí desgastada mente (y corazón incluido), al tiempo contestaba automáticamente las preguntas de rigor que la rubia le hacia para cerciorarse de que él fuese el verdadero dueño de la billetera. La desilusión en el rostro de Matías era evidente, pues su mirada estaba perdida en la billetera, pero su mente vagaba por el espacio, por la nada – ¿Qué pasa, té falta algún papel importante, dinero? – a lo que él responde – bueno, falta lo suficiente para un par de lates pero eso es todo, lo importante esta aquí todavía intacto, o al menos eso creo.

Había mas preguntas que respuestas en la mente de Matías, pero las cosas eran así. Había recuperado su billetera, de alguna manera intacta, pero también al mismo tiempo su alma estaba algo golpeada, muchos porques y comos daban vueltas como ruedas en sus rengloncitos retorcidos. ¿Acaso, de nuevo había dejado ir una oportunidad? ¿Pero, si hubiera sido oportunidad, porque se dieron las cosas así? ¿Por qué los lates incompartidos? ¿Será cierto eso que se dice que no existen las casualidades?

Dándole las gracias a la chica rubia por haberle devuelto su billetera, Matías decide retirarse, y apresurar su paso para intentar llegar al menos al segundo tiempo de su partido de fútbol. La vida tenia que seguir, era como su nuevo mantra, ese que curiosamente se repetía mientras pasaba el umbral de las puertas del café por enésima ocasión en el día. De pronto mientras caminaba, a lo lejos ve una figura recientemente familiar. Se detiene por unos segundos para confirmar; la morocha del café, la de los lates, subiendo al transporte colectivo numero veintitrés...
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10 junio 2008

El destino llega temprano


La hora de la cita se acercaba, seis de la mañana en punto, en aquel edificio de fachada de ladrillos oscuros al fondo de la calle, quinto piso, justo en el centro de la ciudad, que a esas horas de la mañana, pareciera perfecto para un retrato sin obstáculos ni movimiento. Calles vacías, algún perro por ahí, el vapor de los colectores saliendo por las alcantarillas de las calles... las seis y sereno.

Paco apresuraba el paso, aunque iba a buen tiempo, no quería llegar tarde ni por equivocación, sabia lo relevante que era la puntualidad en ese nuevo entorno, un paradigma de disciplina y valores. Bajó del autobús en la estación más cercana, a dos cuadras del edificio, apretó el paso, y identificarse con el guardia de la entrada, su respectiva “bolseada”, la indicación a los elevadores, y al quinto piso. Al llegar, se dirige a una especie de escritorio de información, le reciben su nombre, le dan varias formas a llenar, le indican que su nombre seria llamado junto con el de otras personas (entrarían en grupos) y se sienta en una especie de sala de espera.

Mientras Paco llenaba las formas de historiales clínicos, sus nervios iban creciendo, y varias veces pasaba por su cabeza la ya famosa frase “que estoy haciendo aquí”, pero luego meditaba unos segundos y seguía adelante son su tarea. Compartía la sala con otros chicos que se encontraban ahí, mas dormidos que despiertos, todos con miradas esquivas, nerviosos, callados, cada cual en su mundo. Trataba de vencer los nervios viendo la pantalla de televisión que había en la esquina de aquella sala; solo noticieros a esa hora de la madrugada; a tratar de entender algo de lo que ahí se decía.

Llego la hora: un joven ataviado en traje de enfermero sale y nombra a cinco personas, entre ellas el nombre de Paco. El grupo es guiado a una sala tipo consultorio de doctor, de dimensiones más grandes de lo normal. Se les pide que hagan varias cosas, sacar la lengua, decir “ahhhhhh”, voltear la cabeza a la izquierda, a la derecha. Hasta aquí todo iba bien para Paco, parecía que sus nervios desaparecían por completo mientras llegaba una extraña confianza, se podría decir que en esos momentos estaba más seguro que nunca de la decisión tomada.

Así pasaron varias pruebas, hasta que llegó una instrucción que paralizo a Paco hasta la medula de sus huesos; había que agacharse en cuclillas, dar un par de pasos asi “como pato” y después incorporarse sin ayuda de sus manos. Inmediatamente vino a la mente de Paco la vieja lesión en su rodilla y un pánico le invadió por completo. – Se me hace que hasta aquí llegue – se dijo a sí mismo. En un momento de lucidez, logro vencer los nervios y decidió seguir las instrucciones tal cual, y esperar a un descuido del evaluador para apoyarse con una mano si fuera necesario para poder incorporarse.

Mientras él le rezaba a los mil santos, el enfermero les indicaba que por falta de tiempo, la prueba la harían en grupo, todos al mismo tiempo; sus ruegos habían sido escuchados. Al ser dada la orden, el grupo se agacho en cuclillas, Paco sintió que su rodilla reventaba, pero podría aguantar, disimuló el rictus de dolor de su rostro con una sonrisa boba. Después de unos segundos que parecieron eternos, se escucho la orden de incorporarse. Paco sufría de a poco al intentarlo, sentía que su rodilla daría de si en el intento, pero, milagrosamente otro chico del grupo el cual estaba colocado en el otro extremo del salón, hizo un movimiento en falso y cayó. Esto causo la atención inmediata del evaluador, mientras Paco aprovechaba para apoyarse con la más mínima ayuda de las yemas de sus dedos y lo más discreto posible; prueba superada, Paco estaba de pie y salía bien librado de la prueba.

Lo que paso después de ese momento ya no importaba, Paco solo atinaba a firmar formas y más formas de manera automática, lo único que quería era salir de ese lugar con su autorización y su alta medica. Al paso de unos quince o veinte minutos, por fin estaba fuera de aquel edificio, con su alta medica en la mano. Paco podía respirar tranquilo, y con una sensación de logro; lo hecho, hecho estaba. Comenzaba así para él, un camino difícil que se había trazado, comenzaba la aventura, comenzaba su supuesta independencia, comenzaba el camino de aquel sueño guajiro, que como en la película de “Full Metal Jacket” llegaría a ser el primer niño de su cuadra con una o más muertes a cuestas y certificadas. No había vuelta atrás, comenzaba una nueva aventura, y apenas si el reloj marcaba las siete y media de la mañana... no cabe duda que el destino llega temprano.
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12 marzo 2008

Cartas Perdidas


Amore mio:

Ya sé que no te gusta que te diga así, pero a la distancia no me puedes regañar, además, créeme que cualquier castigo seria insignificante comparado con estar acá. Todo va bien hasta hoy, aprovecho unos momentos en esta noche para escribirte, la verdad, estoy exhausto, las jornadas durante el día son largas, pesadas, y por las noches, a pesar del cansancio, pocos pueden conciliar el sueño.

Justo en este momento, a lo lejos se escucha una explosión, ya no sabemos de que se trata, una bomba casera, o fuego de artillería. Inclusive hay algunos que han llegado a educar su oído tan finamente que pueden distinguir si el silbido del disparo de una bala viene de un rifle nuestro o del enemigo. Yo no me he interesado tanto en ese extraño arte, es como si viviera en un estado de negación, y una bala es una bala, venga de donde venga.

Durante las noches en que me toca montar guardia, y mientras miro el cielo estrellado, me acuerdo mucho de ti, recuerdo esas noches que pasábamos juntos mirando las estrellas, buscando figuras en las constelaciones y la luna, esa luna que siempre nos cobijaba, que era nuestra cómplice en noches de pasión, por el balcón de tu casa; esa luna que siempre compartimos tu y yo. Miro mis manos sucias y ásperas y extraño las tuyas, esas hermosas manos blancas y tersas sobre las mías, esas manos que siempre tenían una caricia para mi tanto en momentos de alegría como de tristeza.

Muñeca, no tienes idea como mi perspectiva del mundo a cambiado tan bruscamente desde que llegue a este lugar. Hemos hecho una especie de comunidad como hemos podido, porque esto no deja de ser un infierno; ahora entiendo el dicho que he visto escrito en los cascos de varios de mis compañeros que reza “war is hell”. Esta improvisada comunidad me permite estar un poco mas en contacto con el mundo real, con mis sentimientos, con mi verdadero yo, pero a la vez es muy difícil, porque entre mas conoces a tus compañeros, más difícil es perderlos, y no sabes, me he sorprendido a mí mismo siendo tan fuerte como para soportar la muerte y el sufrimiento, Así es esto, uno tiene que seguir adelante, aunque no deja de ser difícil, no deja de doler, es por eso que no quiero perder mi capacidad de asombro jamás.

Solo espero el momento en que vuelva a estar contigo, verte, abrazarte, besarte, olvidarme de todo esto y regresar a nuestro mundo, a nuestras noches, a nuestras lunas, a dejar que sea este el mundo de fantasía el que dejo atrás, y el nuestro pase a ser de nuevo mi mundo real, el del hoy, el de siempre. Tu paciencia y tu espera son la fuerza que me mantiene adelante.
Hasta siempre... tuyo

Tu loco de la luna.

Esta carta es producto de la imaginación, cualquier semejanza con la realidad, es mera coincidencia. Con esto no pretendo criticar ni herir susceptibilidades, al contrario, solo quiero darle un pequeñísimo lado humano al espectro más grande y terrible de la humanidad: la guerra. Mis respetos para todos, desde ambos lados de las trincheras...
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05 febrero 2008

Mendigando razones


Agazapado en la ultima de las mesas, cruzo mis brazos y escondo mi rostro ahí por unos instantes mientras me preparo a seguir la jornada diaria, una fina estrategia diseñada con el paso del tiempo, tomando técnicas de aquí y de allá, para poder lograr el objetivo final: unas cuantas monedas, billetes o buena voluntad – ahora no traigo nada amigo, se la debo – las palabras salen sobrando, ojala se las ahorraran todos estos tacaños hijos de puta.

Me dirijo pues a realizar mi rondín por las mesas del restaurante de comida rápida en turno, mientras paso por uno de los ventanales y miro mi reflejo mas a fuerza que de ganas. Ante mi veo la imagen sucia y desprolija típica del vagabundo de televisión – pero que jodido estoy ¿a que hora me salió tanta barba y tanta cana? Si me viera mi madre ahora con estos pelos, y mi viejo, militar al fin y al cabo, se ha de estar retorciendo en su tumba-. Todo esto pasa fugazmente por mi maltratada mente, para luego volver a la realidad, “el show debe de continuar”.

Me acerco a la primera mesa, para encontrarme con un mocosuelo de unos veintitantos, el típico “yuppie” enfundado en un traje fino y corbata a la moda. Recito mi letanía previamente ensayada, de esas para convencer, el muy cretino ni siquiera voltea la vista, sigue entretenido en una conversación desde su “blackberry” y solo alcanza a decirme un “no” con el dedo índice – ¡mocoso soberbio! – pienso para mis adentros, porque en mis condiciones actuales no me puedo dar el lujo de expresar de dientes para afuera mis más recónditos pensamientos – si supieras que yo me comía mocosos como tu en el desayuno – y es verdad, ¿a cuantos “vivos” como este no llegue a despedir en una corta temporada? Si yo era el especialista en limpiar las filas de mi empresa de mozalbetes como este, con todo y cuentos de mujer y cinco hijos, no me quitaba ni el sueño ni el hambre, mucho menos la ambición... pero ahora, heme aquí del otro lado de la cerca, que maldita ironía de la vida.

Después de cinco mesas mas y algunas monedas, me regreso a mi rincón favorito del local en turno para contar el botín: Cincuenta y siete centavos – ¡puta madre!, ahora si que vienen codos estos comensales, para algo alcanzara – y me dirijo hacia el “counter” para pedir al menos un café con algún pastelillo. En el camino me siguen varias miradas, unas de lastima, otras mas lascivas, pero al final de cuentas, las miradas me valen madre, porque lo que mas me pesa es esa figura que veo de nuevo reflejada en el ventanal.

¿En que momento llegue a convertirme en esto? Si yo tenia dinero, poder y a manos llenas. La ambición, la maldita ambición, el querer siempre mas, ser el primero en todo y con todos. ¿De que me sirve ahora todo eso? De nada, la vida me jugo chueco. De que me sirve atormentarme recordando las épocas de gloria y de abundancia... – el que sigue – grita de pronto la señorita de la caja – un café chico por favor – mientras deja caer las monedas junto a la caja registradora. Y después de unos segundos y de la contabilización de las monedas, la señorita cajera responde – lo siento mucho señor, pero con esto no le alcanza, el café cuesta setenta y cinco centavos – y de aquí el silencio sepulcral mientras recoge sus monedas y se dirige de nuevo a su rincón favorito. Demasiado tarde me doy cuenta que la vida es mas que dinero y poder, mas allá de doscientos millones o de cincuenta y siete centavos, demasiado tarde...
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24 diciembre 2007

Cuando la noche es buena


Para Miguel, todo era preocupación y estrés. El haber trabajado la noche buena era algo no grato, y había que sumarle a eso la lista de pendientes que tenia por hacer, después de un día largo y normal de trabajo, tener que pasar al mercado a hacer compras de “ultima hora” entre aquel mar de gente. –Es increíble como este día es cuando la gente se pone mas mal – decía Miguel mientras recorría los pasillos entre empujones, miradas lascivas y murmullos ofensivos. Lo que le faltaba, el ultimo encargo, un azafrán para sazonar la cena, no podía ser encontrado en todo aquel supermercado – no puede ser posible que no encuentre un mugroso azafrán – se decía a si mismo cuando de pronto al darse la vuelta, un viejecito de mirada cansada pero muy noble, y con una sonrisa en su rostro le contesta – un azafrán precisamente como este, buen hombre – y le acerca con sus manos la cajita con la preciada especia. – Muchas gracias señor – entre murmullos fue lo único que Miguel pudo decir mientras se retiraba escuchando las ultimas palabras de aquel viejecito decir – que tenga una noche buena.

Aquella experiencia sin duda le había hecho reflexionar sobre la velocidad a la que siempre llevamos nuestras vidas, y los pequeños detalles que se pasan de largo por ir mas aprisa cada vez. Esa experiencia puso un cierto alivio en su alma, y mientras lo pensaba, le trajo una gran sonrisa a su cara y a su corazón, mientras iba ya camino a casa. Mientras esperaba la luz verde en un crucero, se acerco hasta su auto un niño vendiendo luces de bengala, de figura desprolija pero con una sonrisa sincera en su rostro. El pequeño le dice – señor ¿me podría comprar una bengala para sus hijos? Ayúdeme, no he vendido nada esta noche y tengo que llevar algo a mi casa para cenar. Aquellas palabras retumbaron en Miguel, solo unos minutos antes un personaje extraño le había mostrado la sencillez de la vida, y ahora este chiquillo le venia de nuevo a mostrar otra parte de la vida que se pierde en la rapidez de nuestras complicaciones. Después de una fracción de segundos de pensar, Miguel le dice al pequeño – Te diré algo, toma este billete, solo dame una bengala y quédate con el cambio – El rostro del niño se ilumino de tal manera, que era difícil no poder verlo de lejos. – Muchas gracias jefe – le dijo aquel niño, le entregó su bengala a Miguel y se fue corriendo, brincando de felicidad mientras decía – esta si que es una noche buena – y sin mas, se perdía entre la oscuridad.

En una colonia periférica de la ciudad, Pepe, aquel niño vendedor de luces de bengala, caminaba rumbo a su humilde casa, pero con una gran esperanza dentro de él, y un billete que le significaría una cierta alegría a toda su familia. Pero Pepe no quiso llegar a su casa sin antes dar gracias por ese milagro ocurrido en Noche Buena. En su camino, se detuvo en una iglesia, entro para dar gracias a Dios por que su familia tendría algo que cenar esa noche. Algunas de las personas que estaban ahí lo miraban con desprecio, otros con ternura, otros con curiosidad, mientras Pepe llegaba hasta el nacimiento, se hincaba a dar gracias al niño Jesús, y una voz en el sonido decía “... y paz a los hombres de buena voluntad”.

Tal vez fue algo que le sobraba a Miguel, tal vez fue el estar en el momento correcto. Mas bien, fue una cadena de hechos, todos estos provocados por una buena obra, por la buena voluntad de algunos, porque todo esto se contagia, la sonrisa y la felicidad se comparten. Les invito a compartir esta Navidad una sonrisa, un buen detalle, algo de paciencia, una caricia, un abrazo, un saludo, algo que trascienda mas allá de un simple regalo material, porque eso es lo que más se atesora en nuestros corazones.

Les dejo un fuerte abrazo, les deseo lo mejor para esta Navidad y para siempre, y sigamos continuando con esa cadena de buena voluntad ¿no creen?
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