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21 abril 2021

Un piso “como el agua” y “destruyendo hoteles”

 

No sabia por donde empezar.  Después de mil videos instructivos en YouTube y de trazos mentales, empecé por el principio:  la esquina más alejada.

Y es aquí donde comenzó mi idilio con la música de ese par de flacos:  Charly y el Camarón.  

Comencé de esa manera ensamblando todo el piso de mi nueva casa; con mucho cuidado, como con mucho cariño mientras usaba el martillo de goma para terminar de unir perfectamente esas tablas, mientras Charly me contaba como pasaba el tiempo destruyendo hoteles. 

Me encontraba contando tablones y haciendo cálculos con las medidas, al mismo tiempo que descubría que Pedro Aznar participaba de “Tu Amor” con Charly García.  Al primero lo descubrí gracias a Filio, al segundo ya lo conocía de tiempo antes.  Luego me mortificaba el darme cuenta con la lentitud que mi obra se movía, pero me regocijaba escuchar que no voy en tren, voy en avión.  Es así como me decidía aventarme dos o tres hileras extras de tablones laminados, total, tenía muy buena compañía.

Y así fue durante todos esos días, durante todo ese proyecto, que cabe mencionar me dolió solo físicamente, sobre todo a mis maltrechas rodillas futboleras.  Porque a mi alma, a esa la alimentaba con toda esa nueva experiencia, esos colores artificiales de caoba, y esos olores de madera prensada.  Y esa música, esas letras que parecían darme un mensaje de esperanza cuando quise abandonar mi tarea en mas de una ocasión.  El dolor de mis rodillas parecía hacerle coro a las seguiriyas de Camarón.  Cuando llegaba “como el agua” a mis odios, mis manos buscaban la botella como por embrujo – hora de un break. 

Mis ropas “de talacha” toda maltrecha y maloliente me parecían muy ad hoc cuando escuchaba a Camarón decir que se partía su camisita.  Al menos la mía seguía en una sola pieza todavía.  Pero también tenia tiempo para maldecir mi suerte.  Gracias a ese trastorno obsesivo compulsivo que me hacía buscar la perfección en las uniones de los tablones y en las esquinas del piso, mis rodillas lloraban como el cante de Camarón.  Pero luego llegaba de nuevo Charly y me decía “rezo por vos”; no me quedaba otra que seguir en la labor.  Ni modo, “sin llorar” como decimos por acá.

Y así entre rola y rola termine el piso, completita quedo la casa y contentita quedo mi señora, o al menos eso creo.  Al final de cuentas salí ganando mucho, y me sentí afortunado.  Me ahorré montones de dinero en aventarme yo mismo la tarea a lo DIY, aprendí mucho de la instalación de los pisos laminados, el scrap (desperdicio) fue mínimo, mi casa estuvo mucho mas cerca de estar lista pero lo mejor, me hice fan de Charly García y de Camarón de la Isla.  Ahora cuando los escucho de nuevo, es imposible alejar de mis sentidos el olor de la madera falsa, el polvo, dolores de rodilla, pero también esa alegría de corazón, esa satisfacción de haber logrado algo con mis propias manos. ¡Win-win!

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15 febrero 2019

Y sigue la mata dando, y la “humanidad” decepcionando


Y lo pongo entre comillas porque dude en calificarlos de humanidad.  Todos o algunos, a los que les caiga el saco.  Y sé que no todos son así, pero ¿será que nuestra misma naturaleza humana nos orilla a esas prácticas? A la puñalada trapera, a la mentira en exceso con fines de lucro, a la hipocresía, a la envidia, a la amistad falsa, sentimientos falsos y al aparente único propósito de aplastar a los demás si es que se cruzan en el camino del éxito.  La traición siempre ha existido, pero no nos acostumbramos a ella, sobre todo el que la recibe.  Duele siempre.  Y lo pueden atestiguar tanto vivos como muertos.



Y de nuevo culpo a mi eterno afán de pertenecer.  Ese maldito afán que todavía no puedo descifrar bien de donde viene, pero lo más importante, como lo puedo controlar, amaestrar, o mejor aún, eliminar para siempre.  Los humanos somos seres sociables por naturaleza… dicen por ahí.  ¿Sera que se sufre más solo que mal acompañado?  Lo dudo mucho.  Pero si es verdad que la interacción humana es muy necesaria y es hasta cierto punto muy sana para nuestro bienestar como sociedad, como seres humanos, emocionalmente y físicamente.



Pero de aquí se agarran algunos muy “jijos” para aprovecharse.  No se qué extraña satisfacción les da esto, pero alguna sensación gratificante les tiene que dar.  “Se aprovechan de mi nobleza”, de las carencias, traumas y necesidades del débil, de esa necesidad de sentirse amado, de pertenecer, de ser “cool”, de ese “tocuh”, aunque parezca casual.  Y llegan sigilosos, como víboras, y te dicen que comas del fruto prohibido.  Se dicen tus amigos, amantes, incondicionales, lo que sea que te suene bonito.  Te llevan a las nubes, y cuando más arriba estas.. ¡Pum! Pa’ bajo y de chingadazo.  El golpe al final de esa caída libre puede ser tan doloroso que acaba vidas enteras, aunque llegues a los noventa y tantos.



Ya no importa tanto lo que digan a tus espaldas, las invitaciones que nunca llegaron, las ofensas que nunca se dijeron de frente, los sobrenombres secreto a voces, las opiniones reales, la radiografía de tus errores.  Que importa, nada.  Lo único que importa es saber que nunca pertenecí, que sigo siendo el mismo rarete como aquel adolecente al que le gustaban las historias de la revista Duda, la historia y la música de tangos, el cubo rubik y mis inventos disparatados.  Pero bueno, ya está.  Nunca he pertenecido, ni perteneceré, nunca fui parte de nada, de ninguno de esos grupos o normas sociales establecidas.  Nunca los entendí, no sé porque siempre quise pertenecer.

Ahora me quedo conmigo mismo, como siempre debió ser, hasta el final….


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16 febrero 2018

Cartas al viejo, volumen N

Viejo, buen día, donde quiera que tu energía esté…
La nostalgia me trae hasta acá buscando respuestas a cosas que no tienen solución, control y demás.  La música también, como siempre me trae acá; por cierto ¿te acuerdas de tus domingos bohemios de vino, opera y tango?  Pues la llama ha pasado y de a poco he comenzado con esa tradición; el vino si es tinto, pero el tango, en vez de Gardel e Irusta, es solo Piazzolla, y en vez de Opera (aunque a veces escucho a Pavarotti y su genial Nessun Dorma) ahora es Camarón de la Isla y Paco de Lucia, ¿te acuerdas de ellos? Le tenía que variar un poco a la tradición para darle un toque más personal, tú me comprenderás.
Te cuento que cada que veo el béisbol en la tele, me lleno de nostalgia y me acuerdo de ese pequeño lazo que nos permitía entablar una conversación un poco más larga e inteligente.  Me doy cuenta ahora que no me interesaba tanto el béisbol, si no el vínculo que formaba contigo.  Por cierto, los Dodgers volvieron a la Serie Mundial el año pasado, pero ¿Qué crees? ¡Perdieron! Así es el béisbol, como la vida, no siempre se gana, por más que parezca que lo tienes todo ¿no crees?
Tantas preguntas que hacer, tantas respuestas que no podré escuchar.  Apenas ahora me cae el veinte y entiendo tu sabiduría, muy a tu estilo, pero hasta ahora… demasiado tarde, lo sé.  ¿Cómo lidiaste tú con nuestras preguntas incomodas? ¿Cómo enfrentabas a mama en la manera de corregirnos? ¿Qué paso por tu cabeza cuando tuviste que decidir por X o Y? ¿Qué te orillo a tal decisión?  ¿Alguna vez domaste a tus demonios? ¿Qué te decían? ¿Te decían lo mismo que a mí? ¿Serán los mismos, así como en la película de Bruce Lee?  ¿Cómo saber cuándo una amistad es verdadera o solo de utilidad? ¿Cómo evitar seguir cayendo en la falsedad? ¿Cómo tener los pantalones suficientes para mandar algo o a alguien al carajo?
Sabes, últimamente, cada que me veo al espejo, veo cada vez más tu imagen… con todo y sus demonios… si, también esos…. Y me da miedo, y pienso y tiemblo y busco respuestas en los mismos lugares que casi estoy seguro tú también recurrías.  Y me doy cuenta también que no están ahí, pero lo paseado….
 Como me gustaría que siguieras aquí, para presumirte los logros de mis enanos y solo los de ellos.  Los míos no porque: 1) no los hay y 2) los que hay no importan.  Me gustaría que te vieras reflejado en ellos, y ellos a su vez se reflejaran en ti, con su justa apretada de nariz y su raspada de barba.  Creo que estarías muy orgulloso de ellos, en fin.
Ya volveré a hacerte otra misiva de estas, por lo pronto te dejo celebrar tu cumpleaños, con pastelito incluido y todo.  Te escribo después, aquí seguimos “haciéndole al monje” como tu solías decir.
Con cariño, de tu hijo que te extraña…
P.D.  Por favor, si te topas con mis demonios, diles que... les mando saludos
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13 febrero 2018

Historias de “amor”, de “amistad” y de ganchos al hígado



(Noche de juerga, después de varias cervezas con “Y”)
  • -       Neta, neta, yo si te considero mi compa, mi camarada!
  • -       No pues salud por esa!


(Pasado algún tiempo, y luego de alguna desavenencia de faldas)
  • -       Tu alguna vez mencionaste que a los hombres no se les miente como a las mujeres..
  • -       Y así es….
  • -       Entonces dime, ¿le mentirías a un amigo, a un compa?
  • -       ¡Por supuesto que no!
  • -       Entonces ahora entiendo porque me mentiste con respecto a ti y “X”, porque no somos compas… Me hubieras hablado claro desde un principio y nos hubiésemos ahorrado todo el drama, pero gracias por la aclaración.

(Gancho al hígado)

(Algún tiempo atrás, conversación con “X” derivada de un distanciamiento)
  • -       Me duele que estemos distanciados…
  • -       A mi también..
  • -       ¿podemos hacer que todo sea como antes?
  • -       ¡Claro que si!
  • -       J


(Poco después durante una conversación con “X”)
  • -       Hola ¿cómo estas?, ¿qué tal tu día?
  • -       Muy bien, fíjate que bla bla bla…  ¿y el tuyo?
  • -       Eh… (tecleando en el móvil) bien bien….
  • -       Ahhh, ok....
  • -       click, click, click… este… pues si … si, fíjate… ¿y tu?
  • -       Ya te dije… pero bueno, no te quito mas tu tiempo, después hablamos ¿no?
  • -       Este… si si claro… (siguen las risas con el móvil, igrnorando completamente)

(Ouch! Otro gancho al hígado… que tan difícil es sumar 2 mas dos)

(Alguna otra ocasión en el espacio-tiempo)
  • -       Ahhhhh quiero estar así toda la vida!
  • -       Yo también!
  • -       Te voy a amar siempre!
  • -       DItto


(Esta demás decir que al poco tiempo después)
  • -       Como me chocas! Te odio, te aborrezco!
  • -       Eres bien correspondida…
  • -       No entiendo como apareciste en mi vida.  Lárgate!

(Otro gancho mas al hígado, me cuentan hasta diez y no me levanto)


Según Aristóteles, existen tres tipos de amistad, dos son accidentales y la tercera es mas intencional.  La primera es la de utilidad, es donde las personas están involucradas mas por recibir algún beneficio, ya sea alguna de las partes o ambos. La segunda es la basada en el placer o actividades comunes, como los amigos de juerga, o los amigos de la actividad deportiva.  La tercera es la amistad de lo bueno, porque en esta se aprecia lo bueno y virtuoso de la vida y no es por razones de sacar provecho del otro…

Creo que Don Aristóteles no estaba tan errado, porque es difícil contar los amigos verdaderos, ahora si que del “tercer tipo”… casi casi como una bizarra analogía con extraterrestres, porque son difíciles de ver, mucho mas contar con ellos.

Ojala aprendiéramos todos a valorar a nuestros amigos y el tiempo que algunos de ellos invierten en nosotros.  Como dejar de lado el móvil y demás actividades y de verdad escuchar con atención al amigo que nos habla… claro, siempre y cuando la amistad este ahí, sea real, exista!  De otra manera, seguiremos surfeando el aparato celular, o utilizando a la gente "por mientras", hasta que el amigo accidental se haya ido, ¿o me equivoco?

Posdata: 
Todo este cuento es producto de la fantasía utópica del autor.  Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.  
¡Feliz no día!
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25 julio 2016

Sin garantias

No voy a mentir ni me voy a adornar.  No vi una luz al final de un túnel ni escuche voces ni música angelical ni nada por el estilo.  Solo sentí que me llevaba pifas, me cargaba el payaso, me dio frio y pensé "no estoy listo".... pero quien carajos está listo! Nadie lo está y quien lo este, que preste de esa madre para andar igual.


La experiencia en la sala de urgencias no fue un parteaguas ni una epifanía, nada por el estilo.  Solo fue un recordatorio de lo efímero que es el tiempo que pasamos por este mundo, y lo desechable que puede ser la vida, sobre todo la propia en comparación a lo demás.  Si vas a pasar tarde o temprano a formar parte de la composta para la poca vegetación que estamos dejando a las futuras generaciones, ¿para que mortificarse en pendejadas y pensar si lo van a velar a uno, si le van a llorar?  Tal vez sí, pero un ratito; venga el cafecito con piquete y a seguirle que esa renta no se va a pagar sola.  Si así va a ser, ¿porque vivir atado a las reglas?  De ahora en adelante, a vivir como se me dé la gana cuando se me dé la gana, por el tiempo que quede, que dicho sea de paso, no está garantizado.  A darle pues adelante, a donde sea que fuere, que mañana no sabemos...
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14 enero 2016

Pues no me la saqué


Había cierto “algo” en el ambiente que hasta el aire respirado se sentía más pesado.  No tarde mucho tiempo en averiguarlo.  La pesadumbre de todos los días se hacía mayúscula con la noticia del día.  De entre tanta basura que publican los diarios como notas principales, la de hoy pesaba más que cualquier juicio moral, política exterior, candidato vociferante, deterioro económico, despanzurre indiscriminado (entiéndase guerra):  Hubo tres boletos ganadores del sorteo de la lotería “Powerball” en el gabacho, con premio multimillonario record; pero el ganador no fui yo.

Esta última frase casi se podía leer en las mentes de todos los automovilistas, pasajeros del bus, trabajadores, transeúntes y demás personas, y sin necesidad de ser adivino, mentalista u otra charlatanería de esas.  La plática está en todas partes.  En la radio, hasta los programas deportivos hablaban del tema – “…y a que evento deportivo iría usted si se hubiese ganado el Powerball?” – y los gabachos, ¡ni se diga!

Uno de los tantos “memes” que ahora son ya carteros de moralejas, leía en su mensaje, semejando a un boleto de lotería y desplegando palabras en vez de números, y resumiendo la sensación colectiva: “debes-de-volver-al-trabajo”.  Un misterio total es la psique del ser humano, que nos lleva en ocasiones a una fuerza desmedida frente a la adversidad, a conquistas inimaginables en todos los planos y por otra parte no dejamos de ser tan soñadores, y uno de esos sueños, es el de algún día abandonar la famosa “rat race” o carrera de ratas de laboratorio, ganándonos el premio mayor de la lotería. 


Una carrera de ratas, analogía extraña y certera de lo que hoy en día conocemos como trabajo u ocupación, ganarse la vida, el pan con el sudor de la frente, corretear la chuleta.  Ya sea para engrosar la billetera de alguien más, o para la ilusión de engordar la propia en el mundo emprendedor, formal o informal, en esta vida como la conocemos, tenemos que andar en esa carrera; así nos hacen, así nos forman.  Y de lo que nos gusta, de lo que en realidad amas, para lo que si soy bueno… eso debe esperar - ¿Para cuándo? – para otra vida será… Por lo pronto tenemos que seguir corriendo, sin llegar a ninguna parte ¡Ah!  Pero eso sí, sin llegar tarde;  viviendo de la ilusión, corriendo del trabajo a la casa y viceversa en nuestras cajas metálicas con rueditas, reprimiendo nuestros anhelos, ilusiones y sueños, hasta el próximo sorteo….
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29 noviembre 2011

Dream # 4 or My life as a security guard


Here I stand every morning, greeting all these employees with a pseudo military salute, maybe not with a burst of enthusiasm but with a smile than can carry on for a while. Similar to the mail man, rain or shine, we stand our ground and sit and watch, drink coffee, lots of it, change guard, change post, smile and wave, and protect…from what? I don’t have a clue, but we protect; at least that’s what our contract says, and it is fine with me.

Whether is dark or bright, I wake up every morning to the smell of fresh coffee, thanks to my programmable coffee maker. I have to admit that such modern treasure has make my life easier, that and my old fashioned, flip cell phone; and that is all the technology I can handle, I guess my brain is somehow old fashioned, but I survived a war, I can survive this.

And off we go every morning, me and my old revolver, to protect and serve those turkeys to whom me and my buddies are invisible, just like ornaments, taken for granted. We endure the harsh climate and long boring hours but no one seems to care, because we are supposed to be there and that’s all. And I am still fine with that.

When my duty is over, off we go again, back to that little place I sympathetically call home; a ten-something by twenty-something feet room that holds just the necessary things I need to live: a kitchen, a table, two chairs, a small fridge, a small and old microwave oven that sometimes the buttons don’t work, an old couch (and sometimes smelly), a small bed, an old tube TV, a live bamboo stick in the corner and an aquatic turtle that I recently got from my kids. At least I have two more living things with me so that I don’t feel lonely, even tough both of them can’t talk, but at least I know they are alive, I guess.

Nighttime is so different at my own world; they go by faster and better with some Jack Daniels, or whatever the paycheck can afford. I’m not going to lie; I do miss the nights with a nice steak and Glenlivet while staring at the fireplace until falling asleep. Now is some shitty liquor and peanuts, with a little luck.

And just sometimes, like tonight, my old world comes out to haunt me with a vengeance and make me feel two-foot small. My decisions fly in front of me like a nice illusionist special effect, laughing at me and specially, feeling sorry for me, and they make sure they deliver the message, a message I cannot take any longer… and that’s when my good old friends Smith and Wesson smile at me with that shiny teeth and dark mouth hole. There sure is light at the end of that tunnel, a big “bang” light…
And I am still fine with that...
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29 agosto 2011

De rituales, modas y mochilas


Había de todo como en botica: los había con café late en mano, ya sea en su envase ecológico original de la conocida transnacional de la sirenita verde o los que llevaban su contenedor de acero inoxidable. Y no faltaron las emperifolladas, algunas de traje sastre, otras de faldas impías (¡válgame la Virgen de Covadonga!) muy impías. Los trajeados (solo les falto su tren subterráneo) y los casuales, en mezclilla o en pantalones de explorador. Hasta la elite deportiva se dio cita, los y las hubo en sus mini shorts maratonistas, las de sus pantaloncillos de yoga y los de los conjuntos deportivos tan viejos que el material pareciera hecho de las bolsas anti-ecológicas del supermercado.

Y a la distancia me detengo unos segundos a observar el ritual anual de los padres de dejar a los críos en el primer día de clases. Pero yo iba en mi modo multitasking, cosa que no se me da, especie en vías de extinción y que apenas si se detiene a socializar con las ya mencionadas especies. Yo trataba de partirme en tres (ya no se si en partes iguales o no, que mas daba) para despachar, acomodar y desparramar a mis tres enanos en sus respectivas filas de salón de clases. Por un momento un rayito de luz ilumino mi cacahuatito de materia gris y opte por dejar a los dos mas grandes que buscaran solos su fila mientras me concentraba con el pequeño (si les digo el chico me alburean) en encontrar su fila – divide y vencerás - reza el dicho.

Así que cual la tortuga Crush, me dispuse a aventar a mis enanos al ruedo escolar con la pura bendición, pero ¡Oh sorpresa! El más pequeño me reparaba como caballo y no quería ni formarse ni avanzar ni seguir a sus compañeros, y no era su primer año en la escuela. A todos nos llega algún momento de ansiedad en los segundos previos, y el no fue la excepción. Como pude le explique y a regañadientes y casi empujones lo lleve hasta su salón. Ya estando ahí, lo vi entrar en confianza lentamente, pero me quede un poco más tranquilo. Caso raro, al menos para mí, pues nunca me había pasado con ninguno de los enanos, siempre habían entrado gustosos en su primer día de escuela, pero bueno, tiene que haber de todo para enriquecer la experiencia y las historias por contar.

Y en esta ocasión, por fin logre mi tan anhelada idea de ilustrar (si así se le puede llamar a mis resultados) cada post o al menos los que el tema lo permita. Esto es un proyecto/sueño que he tenido casi desde que inicie mi blog y vuelvo a retomar con nuevos bríos como una asignatura pendiente de vida que tengo: el dibujo. Quiero dar las gracias a mi ahora maestra en este arte y gran amiga bloguera Majana por su valiosísima colaboración, aportación y motivación para ir avanzando en este proyecto. Mi mas sincero y eterno agradecimiento.

Veamos que nos depara el camino, en historias y dibujos….
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05 marzo 2011

Postal de tiempo


Estando ya por la zona, tenia que aprovechar el viaje. Mi corazón sentía que ése seria un buen día, y que mejor que comenzarlo con esa imagen, con ese reencuentro.

Tomaba entonces rumbo por Carlos Villarreal hacia el poniente, con intención de doblar por Panama para tomar la otra calle pero en la plática se me paso, así que decidí seguir hasta toparme con la calle Colombia. Ahí subí rumbo norte, por aquel callejoncito angosto, pasando algunas otras avenidas hasta llegar a la Tlaxcala.

Y ahí la vi, por fin había vuelto; de nuevo me encontraba frente a la vieja casona aquella de calle Tlaxcala esquina con Colombia. Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo como si se tratara de una corriente eléctrica aplicada. A pesar de que se veía un poco cambiada por años de reparaciones y remozamientos, seguía siendo la misma. Su barandal, la pequeña escalinata, el porche, su jardín enorme y el portón del patio trasero del lado del callejón, una puerta que nunca se abría ni para guardar el coche del viejo, nunca supe porque, nunca pregunte, que más daba.

Y llegaron los recuerdos como remolino, con mucha fuerza como la del viento, que de igual manera se va. En ese jardín yo represente a “Ron Damon” del Chavo del Ocho con mis vecinitos. En ese porche yo espere a mi viejo por una eternidad a que llegara a casa con mi ansiada mascara de “Santo, el Enmascarado de Plata”, y me la puse, y me tome en serio mi papel, y sin camisa y con mascara hice unos malabares, mi madre aplaudía, mi viejo tomaba fotos con aquellas camaritas cuadradas (todavía de rollo) y con el flash en forma de cubito que daba vuelta.

En la sala de esa vieja casona mi hermana y yo paseábamos en triciclos. Alguna extraña sensación nos producía el rechinar de aquel hermoso piso de madera, así que pedaleábamos y zapateábamos con más ganas, cosa que a mi madre no le causaba tanta gracia. En esa misma sala ayudábamos a montar y adornar el árbol de navidad, mi hermano inmortalizo una de esas ocasiones con una Súper 8; era genial vernos un tiempo después proyectados en la pared del comedor al ritmo del sonido inconfundible del carrete del proyector, era como estar en el cine.

Todo eso transcurría mientras el auto pasaba por aquel callejón, mi mente viajó en el tiempo, se detuvo y regreso, en los segundos que duro el viaje del auto frente a aquella casa. Pero la imagen se me quedó grabada, como una postal de tiempo, así vieja y agrietada con líneas blancas, amarillenta y con borrones en las esquinas, pero con tantos recuerdos dentro, que comenzaron a llenar mi corazón aquel día, uno que resultaría ser redondo en todos los aspectos. Fue genial comenzar ese día tan excelente con aquella postal…
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31 octubre 2010

La ayudita


Suelo tomarlo negro, pero esa tarde, el desfile urbano ameritaba un cortado, y así lo pedí: cortadito “half and half”. Y todavía no terminaba de darle vueltas con la cucharilla cuando aparecía el primero de los transeúntes asiduos a aquel lugar. El desfile estaba por comenzar y yo, como siempre, tenía boleto de primera fila.

Haciendo sonar sus muletas a la distancia, Don Alex hacia acto de presencia en mi retirada mesa, como descubriendo a propósito mi escondite favorito y sin recordar mi cara o fingiendo, como en todo, un primer encuentro. Su letanía, previamente conocida, rezaba algo por el estilo: deportado por la “migra”, tuvo un accidente y perdió su pierna, vive del alquiler y “honradamente” pide una ayudita para salir adelante.

No lo niego, es difícil no estrujar el corazón con estas escenas… si no fuera la cuarta o quinta vez que don Alex hace su aparición triunfal en mi rincón favorito. Y para colmo me tomaba a medio sorbo. Mientras bajo mi taza solo alcanzo a repetir la ya también trillada frase de “ahora no traigo nada, mire, apenas para el café, y hasta la propina me reclaman”. Don Alex cambia el semblante, da las gracias casi en caravana, y se retira.

Yo creo que no tarde en darle dos sorbitos más a mi cortado cuando al poco tiempo llega Doña Brígida. Pero es que esta “seño” es punto y aparte. Siempre tratando de pasar desapercibida con una sonrisa y un ventanal que hace que Ronaldinho tenga la dentadura más perfecta sobre la tierra. Nunca falla; la doña siempre pasa de largo, esboza la sonrisa a manera de saludo, cortésmente la devuelvo y es así como se da la invitación indirecta. Siempre regresa con una voz aguardentosa y con una letanía diferente. No suele hacerlo pero la situación la ha forzado, esta desesperada y pide con mucha pena, una ayudita, lo que sea mi “santa” voluntad. De nuevo hago gala de mis nulas artes histriónicas con el famoso “ahora no traigo”, la doña me devuelve la sonrisa fracturada y se retira.

A estas alturas, pienso que mi tarde de café no seria igual sin este desfile sin igual, como a manera de excusa, para no renegar, pues la vida es así, y tiene de todo. ¿Quien no me dice que algún día este yo del otro lado de la acera? Así que prosigo con mi tacita, a tragos mas largos pues la temperatura de mi elixir ha cedido un poco y me lo permite, pero aun así lo voy estimando, pues el desfile aun no ha terminado.

Y es así como después de varios sorbitos de café, el desfile anunciado, y los vendedores de flores que siempre y tal vez por no dejar me ofrecen esa solitaria rosa, llega cerrando el desfile el típico “borrachito” de siempre. Haciendo el su mejor esfuerzo por articular palabras y yo el mío por entenderlas, se podría decir que logramos casi un dialogo. La misma pregunta, la misma respuesta, y la misma salida. A este amigo solo le falto el sombrerito para levantarlo educadamente y emprender la graciosa huida del lugar, no sin antes dar dos tropiezos.

Me termino el último sorbo de aquel café tan entretenido, y dejando la tan anunciada y escueta propina, paso a retirarme de mi rincón favorito, ese desde donde veo la vida en otra perspectiva. Y por supuesto, que sin querer retirarme, es que pienso que tal vez el que requiere la ayudita más que nadie soy yo, pero no en monedas… la de cosas que tiene la vida. Y mientras me retiro, ya estoy pensando en la siguiente visita a mi rincón, y el esencial desfile de las ayuditas.
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28 mayo 2010

Masticando la vida


El día pintaba bien; cielo medio nublado y la temperatura agradable, excelente para salir a buscar algo de comer, de paso caminar y tomar algo de aire fresco, no tan puro pero si fresco y no tan artificial como el del claustro de concreto que solemos llamar “la oficina”.

Cruzo la calle y camino a paso apresurado, con la presión normal del tiempo limitado para degustar el famoso “lunch”, pero en segundos reparo, medito y decido relajar mi paso – no me voy a morir mas viejo por acelerar mi paso ahora - así que me decido caminar lento, meditativo, mientras observo a mi alrededor.

Y mientras observo mi camino es cuando lo descubro: un mosaico variado de gomas de mascar aplastadas sobre la banqueta. Mosaico de colores, sabores y olores, dependiendo del tiempo de vida del “recuerdito” plasmado en ese camino peatonal de concreto.

Algunos lo podrán llamar mala educación, mal gusto, falta de conciencia, cochinada; y si, tal vez lo sea, pero no dejo de pensar que detrás de esa Pléyades de “chicles” se esconden historias urbanas de personas que por descuido, por desidia o por convicción, dejaron ya plasmado ese recuerdo en las mentes vagas de los peatones que circulamos por esos caminos tan exclusivos y excluyentes a la vez.

Detrás del típico “motita” color rosa se aloja la historia de un estudiante que se deleita en su manjar mientras cuenta las horas para salir de clase y llegar a su casa. Y que decir de la goma de tonalidad verdosa sabor y todavía olor a menta, en la cual un apresurado candidato intenta llegar a tiempo a su entrevista de trabajo, tratando de mantener un aliento fresco. Una goma blanca esconde al fumador en proceso de rehabilitación, que la usa y la desecha casi a la misma velocidad a la que lo hacia con los cigarrillos para vencer esa ansiedad que lo llama desde la banca de al lado donde unos cuantos esperan el siguiente autobús mientras disfrutan del humo de sus tabacos.

De esta manera, de miles de historias están tapizadas muchas de las banquetas que a diario recorro, y de nuevo pienso, tal vez es de mal gusto, es inconciencia, es cochinada de la gente que las tira al suelo, pero hoy decidí verlo con mas calma, con un toque mas humano. No nos vendría nada mal darle ese toque humano a nuestras vidas, sobre todo con lo que escuchamos, presenciamos y vivimos en los últimos tiempos en nuestra comunidad y alrededor del mundo, porque a veces también nosotros vamos caminando por ahí masticando la vida.
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23 mayo 2010

De orígenes y otras fumadas

No es un secreto, me considero un ciudadano universal, del mundo, aunque mi pasaporte diga una cosa, mi lengua y mi cultura digan otra y mis gustos y aficiones digan otra más. Algunos podrán llamarlo des-ubicación, desapego, malinchismo, traición, etc. Yo no le llamo de ninguna manera, simplemente lo vivo, lo estudio, y ahora me doy cuenta que tal vez tenga una razón de ser.

No tiene mucha ciencia, mi origen es mestizo, como el de muchos en estas coordenadas geográficas pero ¿el verdadero origen? ¿Habrá por ahí alguna mezcla rara, alguna cultura diferente que jamás imaginara ser descendiente? Posiblemente, y para mi sorpresa, pudiera serlo.

Siempre he buscando otras culturas, siempre me he identificado con algunas otras más, como que les entiendo, o al menos trato de ponerme en sus zapatos, y sin ser intelectual desechable o viajero incansable. En ocasiones me encuentro leyendo, viendo algo por televisión extranjera o escuchando alguna experiencia de alguien más y me digo “como no tengo un tele-transportador como los de Star Trek en estos momentos”. Y una de estas culturas que de alguna manera he admirado o me ha interesado es la Judía. Acepto que no conozco el alfa y omega de ellos, al menos algunas cosas pero lo que si les admiro es lo que algunos les llegaron a envidiar al grado de discriminarles y haberles tratado de eliminar de la faz de la tierra. Su tesón por salir adelante a pesar de tener mil cosas en contra, su interés por las letras, por las ciencias, por la música, y porque no, su sistema para ayudarse en lo económico.

Resulta que en cierta ocasión, escarbando por ahí en los terrenos de San Google, mientras buscaba información acerca del pueblo natal de mi mama, me encontré con un escrito que me sorprendió. Pero lo que mas me dejo con la mandíbula caída es que, muchas de las cosas que el autor del escrito expone de manera teórica e hipotética, pudieran tener algo de certeza, y esto lo refuerzo con algunas de las historias que mi madre me ha contado, de situaciones, costumbres y hasta simples nombres de pila originarios de su pueblo.

El señor Edward Rensin, autor del escrito, menciona además del antecedente histórico, lo que un tío le platico acerca de las personas del pueblo. Uno de los puntos más convincentes para mí, es el origen del nombre del pueblo. Según la historia oficial, el nombre del pueblo, “Uruachi”, proviene de la lengua raramuri (lengua de la etnia Tarahumara, común de la región) y que significa “lugar de palmas” o “lugar de piedras negras”. Mientras se ponen de acuerdo, creo que no predominan ni predominaron nunca o las palmas o las piedras negras. En cambio, la teoría del senior Rensin afirma que pudiera provenir del hebreo “Uruachim” que significa hermandad, la hermandad de judíos peninsulares que huyeron de la “santa” inquisición y buscaron el rincón mas apartado de la nueva colonia.

El segundo punto que me parece cobra fuerza en su teoría es el de los nombres de pila de los habitantes y lo que tiene que ver con la religión. Lo más común en la Nueva España era que todo pueblo fundado por los conquistadores, pasaba por la bendición de los religiosos, quienes consagraban las fundaciones con la edificación de un templo o catedral, según sea el caso. El pueblo de Uruachi tiene iglesia pero esta se construyo mucho después, ya en el siglo XX y nunca tuvo un párroco asignado. Rensin afirma que esto fue como castigo de la iglesia a los judíos que ahí se asentaron y por ende no necesitarían de los ritos católicos. Esto lo corrobore con charlas con mi madre, en las cuales cuenta que nunca hubo sacerdote católico en el pueblo. La gente tenia que esperar meses, en ocasiones años para recibir los distintos sacramentos a la siguiente llegada del sacerdote de paso. Lo mas importante, es que cuenta mi madre y algunos de sus familiares, que en un cierto caso particular, a falta de sacerdote, un senior del pueblo de nombre Simon N, llevo a la pareja a desposarlos a una cueva lejana, en la que el hacia las veces de oficiador, y usaban una especia de “cuero de chivo” para la celebración “secreta”. ¿Cualquier semejanza con el rito judío del matrimonio es mera coincidencia?

En el articulo se mencionan mas puntos, unos que considero también bastante validos, otros con menos peso, pero no por eso deja de ser verdaderamente sorprendente. Obvio que esto no me afecta en absoluto mi posición actual frente al mundo; sigo siendo la misma persona con la misma actitud, con las mismas creencias y con el mismo pasaporte, pero no deja de sorprenderme como es que los seres humanos somos una extraña telaraña tejida tan cuidadosamente, que no hay cabos sueltos.

Mientras esta teoría es o no verdadera, me quedo con lo que me toca, el amor por la música, algo de las letras, el estudio e investigación constantes de lo que a mi paso se atraviese y mi afición por ser ciudadano del mundo. Y mientras me pongo a cantar y bailar el Hava Nagila, les digo Shalom!

(Link al escrito antes mencionado por si no lo pescaron a la primera: http://www.jewishsightseeing.com/2009-SDJW-Quarter2/20090621-jewish-sunday140.html#Kulanu)

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25 marzo 2009

De cartas y beisbol

Querido viejo:

Te acuerdas que alguna vez mencionaste que te hubiera gustado ver una especie de “copa del mundo” de béisbol? Pues ya la hay, le llaman Clásico Mundial de Béisbol, y tenias razón, los gringos no figuran, de hecho se han llevado cada paliza. Como siempre, como me lo contaste, Cuba es protagonista,(y para muestra nomás checate la jugadita esta en video) y nuestro querido México lo fue en la primera edición, en esta les fue de la chi… patada, aunque creo que fue mas por el grupo en el que les toco. Creo que no te sorprendería mucho saber que Japón es ya bicampeón, tienen a la mayoría de sus jugadores acá en las grandes ligas. Lo que si te hubiera sorprendido es saber que Holanda le gano y elimino a Republica Dominicana, así es, a los mismísimos dominicanos que traían un equipo de ensueños, un “line up” de juego de estrellas, ya los quisiera cualquier equipo de grandes ligas para un domingo, pero puede mas la maña que la fuerza, y eso lo demostraron los dos equipos que llegaron a la fina: Japón y Corea, jugando el “in-field” como los grandes y bateando con inteligencia y puro “canilleo”, sin necesidad de esteroides y Mark McGwires, como debía de ser el béisbol, como tu me lo enseñaste.



Todo esto viene porque en estos días que prendí el televisor y vi todo esto, me entro la nostalgia, el pensar que pasaría si estuvieras aquí, pero sobre todo, porque necesito un consejo, necesito de tu guía, y la verdad en ocasiones me siento perdido, sin rumbo, y sin saber que hacer o que va a pasar. Creo que la paciencia debe de prevalecer, pero mientras eso pasa, mientras lo logro, tengo que bancarme mi soledad, y esa desorientación que siempre tuve y que nunca supe sobrellevar. Te dejo por ahora viejo, y por fas échame una manita, desde donde estés, aunque creo que este proceso de toma de decisiones siempre me lo quisiste enseñar y siempre fui muy malo para aprenderlo. Espero no estarte defraudando, por tanta cosa, pero sobre todo, por no seguir jugando béisbol…
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03 noviembre 2008

De Domingos y El Pingüino


Es común toparnos los lunes con la pregunta clásica de ¿y que hiciste el fin de semana? Y de aquí se generan historias, aventuras, anécdotas y demás. Pero como siempre, en el contexto del ático, hurgamos entre los recuerdos empolvados, y mi mente se traslada unos años atrás, a esos domingos con la familia, y a lo que yo en alguna ocasión denomine los domingos de ir a “El Pingüino”.

Cuando era niño, la rutina dominical era más sencilla, predecible y en veces tan aburrida como partido de béisbol de domingo por la mañana en la cuarta entrada. Esto se traducía en levantarse temprano, arreglarse, desayunar unos huevos rancheros o hot cakes, luego disponerse a ir a misa hasta la mismísima catedral, y de ahí, a tomarnos un juguito de naranja y con suerte una rica momia de “El Pingüino”.

Dicho lugar era un estanquillo, fonda, changarrito que estaba ubicado en uno de los locales de la parte exterior del Mercado Juárez, sobre la calle Agustín Melgar (la que desemboca en el Hotel San Antonio) casi hacia esquina con la 16 de Septiembre. El local se dedicaba a la venta de jugos de naranja (naturales), pero que además tenia en el menú los típicos antojitos mexicanos: tortas, enchiladas, gorditas, tacos y flautas (taquitos enrollados) pero mis favoritas eran las “momias”, una especia de torta de salchichas enrolladas en tiritas de tocino, un poco de frijoles, lechuga, mayonesa y listo.

Jamás he probado torta más suculenta en mi vida, recuerdo esas tortas tan caseras con tanta nostalgia, que a mi olfato llega hoy ese particular olor de la grasa caliente combinado con el tocino y la salchicha, grasa tan satanizada hoy en día, grasa que nos hacia grandes, nos hacia felices.

Como olvidar aquellos nostálgicos años paseando en la vagoneta "Volkswagen Variant" azul celeste de papá por las calles del centro de la ciudad, cuando todavía se respiraba ese aire de cierta tranquilidad, cuando había menos coches, cuando todavía era seguro pasear por las calles del centro, cuando se podía ver todavía al mítico “güero mustang” pasear con su volante en mano como el loco de la balada de Piazzolla, cuando todavía existían lugares como El Pingüino en nuestra ciudad. Lugares como este en el que se escuchaban interesantes platicas, tal vez filosofía barata, pero filosofía al fin y al cabo, pero se respiraba ese aire sincero, de amor por la ciudad, por las tradiciones, por lo nuestro.

Recuerdo el lugar adornado con cuadros de carteles de antiguas corridas de toros, y de fotografías de antiguos y famosos matadores. Recuerdo con gusto las historias de los personajes que por ahí pasaron, de uno llamado “el redondo amigo” del cual reseñaba Don Rulis (Don Raul, el propietario del lugar) que cada vez que él llegaba, tenían que aplicar jabón en el marco de la puerta para que pudiera entrar y salir. Recuerdo a mi papa reír a carcajadas como nunca se le veía hacerlo, como cuando veía las películas de Cantinflas, la risa se contagiaba sin mayor remedio.

Hoy los tiempos han cambiado irremediablemente, el mercado no es el mismo, y El Pingüino ya no existe, o si todavía existe ni si quiera estoy enterado. Ahora mis respuestas a la pregunta de lo acontecido en mi fin de semana, varían entre visitas familiares y salidas a comer a algún restaurante o cadena transnacional de comida rápida, también llamada comida chatarra. Pero he de confesar, que prefiero y añoro mil veces la chatarra de aquellas sabrosas “momias” acompañadas de una buena salsa, un buen jugo de naranja y una amena platica, que las hamburguesas de tal o cual cadena y el frenesí de hoy en día.
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29 octubre 2008

En que momento...


- Voy tranquilamente caminando por la calle, de pronto pasa un auto, a toda velocidad y por la ventanilla arrojan una bolsa con basura.
- Me dispongo a tomar la fila (hacer línea) del puente internacional, de por sí ya larga, y veo el paso de numerosos autos que con desdén solo atinan a meterse en la fila para asegurarse un lugar mas adelante que los demás idiotas que si obedecemos las reglas.
- Camino por una calle la cual suelo recorrer con frecuencia. Dicha calle es ahora una importante parada de autobuses y al mirar al suelo, me doy cuenta que la banqueta se encuentra infestada de una incontable cantidad de gomas de mascar aplastadas y sucias, cuando antes la calle estaba impecablemente limpia.
- Llego al estacionamiento del supermercado y estaciono mi auto, cuando veo que alguien se estaciona en el lugar reservado para la gente discapacitada. Y la persona que se baja de dicho auto no se ve precisamente muy discapacitada a simple vista.

Ejemplos así hay miles tal vez, inclusive podríamos durar horas enumerando casos como los anteriormente mencionados, pero todo va a lo mismo.

¿En que momento perdimos la brújula, la dirección, la educación, la prudencia? Y hablo en plural porque creo que ninguno se salva; aquí nadie tira la primera piedra, absolutamente nadie, pero caray! hay unos que hacen de este descaro una vida eterna, un hobbie, un deporte y le juegan a ser campeones.

¿Por qué carajos la única manera de avanzar en la vida es aplastando al que esta enfrente? O en dicho caso, a cualquiera que se me ponga enfrente. Ya no es un chiste barato y aburrido de maestra de primaria, ya es una realidad que los jóvenes, no de ahora sino de un ayer no muy lejano, veían como un gran logro el poder llegar a ser pseudo agentes del orden o narcos, o cualquier cosa que se relacionara con lo ilegal, con la obtención de poder de la manera mas fácil, con la impunidad.

Para muestra de lo anterior, solo basta un botón: abrir las paginas de los diarios de cualquier ciudad, pero tristemente y en especial, de nuestra Ciudad Juárez y se comprueba lo dicho. Es de suponer que esa generación, esos niños de antes que a manera de chiste contestaban que querían ser narco, sicario, ratero o similar, pues ya crecieron, ya se graduaron y ya están “ejerciendo” sus respectivas carreras hoy en día.

Cada quien tiene su historia, de lucha, de sacrificio o de trampas, un testimonio de vida. Recuerdo cuando éramos niños, mis amigos de la cuadra nos divertíamos con lo que fuera, la imaginación sobraba para divertirnos inclusive ya entrada la noche, sin correr ningún riesgo. Algunos años después, no olvido como uno de aquellos niños (ya no tan niño) del barrio, apareció de pronto en un auto ultimo modelo, con ropa muy a la moda, y con una sonrisa sarcástica, oscura y falsa, casi casi como si mostrara el típico diente de oro mientras los demás nos peleábamos por echar un vistazo adentro del auto aquel. Sabíamos que no era magia, sabíamos que algo hacia que no estaba bien, pero era la única manera que tenia para demostrar que si se podía, y claro, ninguno pudimos hacer nada mas que observar y callar.

Es verdad que cada quien tiene la libertad de elegir, pero ¿por qué carajos elegir joder a los demás? De nuevo repito esa gran frase del Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”; en esto se encierra todo, aquí esta la solución a los problemas.

La próxima vez, habrá que aguantarnos la prisa y disminuir la velocidad cuando se deba, respetar el cruce escolar, hacer la fila como se debe, pagar la multa en vez de dar mordida, guardarnos la basura y tirarla hasta que lleguemos a un contenedor, avisarle al de enfrente que se le cayo su cartera y dársela, denunciar la injusticia cometida con el vagabundo, el anciano, con la vecina golpeada, con la mujer acosada, de cualquier índole, de cualquier estrato social, de cualquier genero, de cualquier origen, porque en todos esos pequeños detalles, por simples que parezcan, esta la impunidad, esta lo ilegal, esta el horror, todo eso que tanto repudiamos. El famoso prójimo somos todos, hasta los pecadores (mis queridos hermanos conservadores, dije “todos” o ¿acaso Jesús excluía gente por su origen o filiación?) Esto desgraciadamente también incluye a los “malillas” que han volteado de cabeza nuestra sociedad.

Empecemos por barrer nuestra calle para después poder reclamarle al vecino que barra la suya o reclamarle al gobierno que traiga la barredora, si los que la ensuciamos todo el tiempo somos nosotros mismos... ¿no lo creen así?
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