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06 diciembre 2021

Carta abierta a mis amistades pasajeras

Estimados pasajeros (temporales y accidentales):

 

“Favor de asegurarse que lleva consigo todas sus pertenencias, traumas, taras y demás demonios ; la empresa no se hace responsables de ningún trastorno olvidado en nuestros vagones.  Favor de mantenerse sentado y cómodo durante el trayecto, puede que le toque alguna turbulencia de honestidad que llegase a causarle alguna molestia.  Mantenga sus manos, pies, lengua e ideas alejados de las ventanas de este transporte y úselos solamente en su propio espacio y tiempo.  Abróchese bien el cinturón, fájese el pantalón, agárrese bien, y “aguante vara”.  Ahora si, disfrute de su viaje y esperamos (o tal vez no) verlo de nuevo en este su transporte preferido”




 

Siempre me he imaginado mi vida en una línea , si no recta, en esas que te marcan en las líneas del transporte subterráneo, con una primera y una ultima estación.  Y de igual forma, la gente que te acompaña en alguno o varios momentos de tu vida, como los pasajeros.  Haciendo una analogía muy ruda de la idea de los tres tipos de amistad según Aristóteles, los pasajeros también se pueden repartir en esas tres categorías, o quizás hasta mas, pero nos limitamos a las que aquí confieren:  los pasajeros accidentales, los polizontes y los regulares, los que siempre están ahí, y estarán, hasta que terminen su viaje.  Y quizás, los que van con el tren hasta la ultima estación por el propio gusto de llegar al final de viaje, porque les gusta el transporte, o porque se les da la gana.

 

Ahora si mi estimado pasajero(a), rompo el turrón y te informo que esta carta abierta te va a reclamar varios puntos, sin importar si son validos o no, para mi lo son y con eso me basta.  Alguno de ustedes ha pagado boleto para subir, otros se metieron de polizontes y nunca nadie les cobro un cinco o les invito amablemente a abandonar el vagón, así que ahora simplemente te pasaremos la tarjetita, para que la leas a tu paso, a tu ritmo, sin que sientas que te la leyeron.

 

Y es aquí donde la analogía no checa muy bien, pues el metro es un transporte por el que pagas una cuota y te provee de un servicio, te lleva del punto A al punto B.  Una amistad es diferente, no debería de ser un servicio, un quid pro quo, pero muchas veces lo es, esta definido, pero bueno, de la misma manera nos acomodamos ya sea en las primeras bancas o hasta atrás, o donde haya lugar, inclusive parado, agarrado del tubo o como sea.

 

A ti que solo usaste el transporte como servicio, te doy las gracias por haberlo hecho, por haber tenido la confianza de otorgarme esa transacción de negocio, y de corazón te digo, espero haberte otorgado un servicio de calidad.  A ti, te doy gracias por tu sinceridad, porque al menos fuiste derecho; boleto-servicio, pago por viaje, quid pro quo.  A ti, amigo de la escuela que me ayudaste en algún examen, amigo del amigo de mi barrio que me ayudaste a completar el equipo de futbol o de beisbol o de lo que haya sido, o a ti amigo del ámbito laboral que de alguna manera te saque de un apuro con alguna fecha limite en el trabajo y lo remuneraste en alguna barra de mala muerte o en algún restaurante muy “popof”. 

 

Pero a ti, polizonte, aquel que se quiso meter y finalmente se metió de “a grapa” en el vagón, pero fingiendo ser de primera clase, pidiendo la champagne y el caviar como si te lo merecieras, y reclamando otros tantos servicios que sabias que ni siquiera te merecías, a ti, no me queda mas que mentarte la madre a la distancia disfrazado de un saludo efusivo cual beso de Judas.  Al menos yo cobre 30 monedas por un servicio, en cambio tu, tu te “fuiste rickis”.  

 

Y es que por mas estoico que me quiera mantener, no puedo evitar sentir dolor, coraje y demás gama de sentimientos.  Duele saberse usado de trampolín, solo para uno o varios favores usando la carta de la “amistad”; una amistad por conveniencia, al fin y al cabo así la definió pues Don Aristóteles.  Y no conforme con eso, te voltean la tortilla y se sienten con la autoridad moral de aplicarte el “ghosting”, y a tus espaldas despotrican de ti, les das “huevita”, cosa que fingían muy bien mientras te pedían el o los favores.  Pero saben como mantenerte ahí, en ese lugar, exigiendo el servicio, con esa cara de pasajero de primera clase, con la sonrisa y el guiño.  Y me pregunto, cual es el afán, que mas ganas? Si ya llegaste a tu destino, porque querer seguir ahí? Acaso te da tranquilidad de conciencia,?  Acaso quieres confesar o al menos aceptar tu falta, acercarte al primer vagón, pagar tu cuota y bajar?  Pero no es así, al final, regresar a tu lugar de primera clase, y si te llegas a bajar por voluntad, lo haces igual que como entraste, de polizonte, por la puerta trasera.

 

Y no soy hipócrita, estoy seguro que yo lo habré aplicado igual en mas de una ocasión, pero esta es mi ruta, este es mi vagón y ahora este es mi turno.  

 

Me duele el orgullo o es tal vez el ego, pero de igual forma me duele.  Me duele haberme creído parte de tu mundo, un mundo que ahora veo muy lejano, muy irreal, al que sé bien que no pertenezco, nunca pertenecí ni perteneceré jamás.  Al menos el viaje me sirvió para concientizarme de esto ultimo.  Un mundo en el nunca compartiremos una buena charla en algún café, mucho menos en la sala de tu suntuosa casa.  Consiente estoy de que jamás te volveré a ver.  Si no te bajaste ya del vagón, seguro el guardia ya se encargo de “invitarte a bajar”.

 

A pesar de todo esto que ahora despotrico, a ti, también te doy las gracias, porque no me fui en blanco y también me ayudaste a aprender algo, una lección quizás.  Entre mas me acerco a la estación final, mas hago recuento de las estaciones anteriores, y ahora ya checo quien entra y quien sale, quien paga y quien no, o al menos lo intento.  

 

Esto es todo estimado pasajero, para evitar seguir supurando hiel damos por terminada la misiva.  Solo nos queda agradecerle su preferencia, por cualquiera que haya sido su motivo.  Y a usted polizonte, solo esperamos que no le quede ni el suficiente tiempo ni la intención de volver a alcanzar de nuevo nuestro transporte en alguna de las estaciones de mas adelante; en ese caso, nos vamos a ver en la penosa necesidad de negarle el servicio, cerrarle la puerta en la nariz y aplicarle la típica frase “ya va lleno joven!”.

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15 febrero 2019

Y sigue la mata dando, y la “humanidad” decepcionando


Y lo pongo entre comillas porque dude en calificarlos de humanidad.  Todos o algunos, a los que les caiga el saco.  Y sé que no todos son así, pero ¿será que nuestra misma naturaleza humana nos orilla a esas prácticas? A la puñalada trapera, a la mentira en exceso con fines de lucro, a la hipocresía, a la envidia, a la amistad falsa, sentimientos falsos y al aparente único propósito de aplastar a los demás si es que se cruzan en el camino del éxito.  La traición siempre ha existido, pero no nos acostumbramos a ella, sobre todo el que la recibe.  Duele siempre.  Y lo pueden atestiguar tanto vivos como muertos.



Y de nuevo culpo a mi eterno afán de pertenecer.  Ese maldito afán que todavía no puedo descifrar bien de donde viene, pero lo más importante, como lo puedo controlar, amaestrar, o mejor aún, eliminar para siempre.  Los humanos somos seres sociables por naturaleza… dicen por ahí.  ¿Sera que se sufre más solo que mal acompañado?  Lo dudo mucho.  Pero si es verdad que la interacción humana es muy necesaria y es hasta cierto punto muy sana para nuestro bienestar como sociedad, como seres humanos, emocionalmente y físicamente.



Pero de aquí se agarran algunos muy “jijos” para aprovecharse.  No se qué extraña satisfacción les da esto, pero alguna sensación gratificante les tiene que dar.  “Se aprovechan de mi nobleza”, de las carencias, traumas y necesidades del débil, de esa necesidad de sentirse amado, de pertenecer, de ser “cool”, de ese “tocuh”, aunque parezca casual.  Y llegan sigilosos, como víboras, y te dicen que comas del fruto prohibido.  Se dicen tus amigos, amantes, incondicionales, lo que sea que te suene bonito.  Te llevan a las nubes, y cuando más arriba estas.. ¡Pum! Pa’ bajo y de chingadazo.  El golpe al final de esa caída libre puede ser tan doloroso que acaba vidas enteras, aunque llegues a los noventa y tantos.



Ya no importa tanto lo que digan a tus espaldas, las invitaciones que nunca llegaron, las ofensas que nunca se dijeron de frente, los sobrenombres secreto a voces, las opiniones reales, la radiografía de tus errores.  Que importa, nada.  Lo único que importa es saber que nunca pertenecí, que sigo siendo el mismo rarete como aquel adolecente al que le gustaban las historias de la revista Duda, la historia y la música de tangos, el cubo rubik y mis inventos disparatados.  Pero bueno, ya está.  Nunca he pertenecido, ni perteneceré, nunca fui parte de nada, de ninguno de esos grupos o normas sociales establecidas.  Nunca los entendí, no sé porque siempre quise pertenecer.

Ahora me quedo conmigo mismo, como siempre debió ser, hasta el final….


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14 agosto 2018

Desolaciones, Volumen I



Trillado está el dicho o frase que trata de mandar el mensaje que en tus momentos más oscuros es cuando descubres con quien o quienes cuentas en realidad, quienes se quedan en las malas contigo y no solo en las buenas.  Estoy pasando por uno de esos momentos, de lo más oscuro que haya pasado, y sí, estoy descubriendo con quien cuento.  Y los puedo contar con los dedos de una mano, tal vez con la otra, pero al final de cuentas, son pocos.

No sé qué sea más duro, sentirte mal, de la rechingada, o sentirte solo, que tu suplica desesperada por afecto no es más que eso, una súplica desesperada, un grito en el desierto, una súplica por atención en un momento desesperado, de desolación, de abandono, de desahucio. 

Y no es el momento de juzgar a los demás, sobre todo a aquellos que fueron en su momento muy cercanos a ti, pero no lo puedes evitar, y quieres gritarles y reclamarles: Que bien, yo si estuve en tus peores momentos, ¿Lo Recuerdas? Una noche que parecía interminable en la que presté hombro, oídos y corazón para que desahogaras tus penas en “el peor momento de tu vida” como lo describiste, y yo si estuve al pie del cañón, en cambio, para ti, lo más fácil fue pegar la huida, porque nadie dijo que las broncas ajenas son fáciles, podrían ser más difíciles que las propias porque se enfoca uno demasiado y tal vez te dejas empapar; “broncas gratis” dirían en el barrio, pero ¿Sabes algo? Me duele, y me duele mucho, tal vez más que mis males físicos, estoy dolido, estoy jodido, me siento sin aliento y sin esperanza alguna en la humanidad, en los valores del amor y la amistad que queremos pregonar y a los que tantas veces le fallamos.  Sí, no somos perfectos, pero no deja de doler.

Tal vez una buena platica y un buen oído, sobre todo esa empatía que te hace sentir comprendido no sane un hueso o un tejido celular de tu cuerpo, pero si actúa como una compresa calientita para el alma, que tal vez sea la más necesitada e inclusive podría ser la clave para el comienzo de una sanación total e integral.  Eso tal vez sea lo que más necesita una persona en esas circunstancias, no es tanto el mal físico, sino la desolación y sensación de derrota que uno carga al ver todo negativo.  Eso es lo que extrañé.

Ahora estoy tratando de juntar las piezas, seguir tratamientos, lo que sea, hacer mi parte, porque la otra, yo no tengo el control, y quisiera una garantía, pero no existe; quisiera una seguridad, pero no la hay.  Solo hay palabras de aliento y solidaridad de aquellos que se la rifan y de alguna manera te quieren alivianar con unas palabras o simple compañía, simple solidaridad.  Y esas llegaron, en su debido momento, de gente que esperaba y también que no esperaba, y de los cercanos, que sabes que nunca te fallan, aunque no puedan hacer nada más por ti.  En fin… me duele, y mucho, pero esto es así.  Tu estas bien, yo estoy mal, así me toco ahora, por no sé cuánto tiempo más, pero como no tengo esa seguridad del futuro, hay que vivir el presente, día a día, mientras se pueda.  De cualquier forma, gracias por haberme dado la oportunidad de estar ahí cuando lo necesitaste, porque me di cuenta que yo también, dentro de todo mi ego, puedo ser solidario.
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11 abril 2018

Ilusiones Pasajeras



La realidad hoy en día se pone en duda, en todas partes, en todos los aspectos.  Esa saturación de realidad virtual y esa explosión de redes sociales nos hacen cada día más difícil la tarea de diferenciar entre lo que es real y lo que es una ilusión.  Ese es el propósito de dichas herramientas, pero, ¿o nos muestran una desviación de la realidad existente o más bien nos destapan una realidad que no queremos ver?  Sobre todo cuando se trata del tema de la amistad.  Pensamos que contactos es igual a amistades, “likes” es igual a interacciones, a aceptación, a cariño verdadero.  Pero no es así, todo eso es solo una ilusión, una imagen pintada de una realidad mucho más cruenta y que nos reusamos a ver, pero que más aun, nos reusamos a aceptar.  Nos gusta vivir engañados, y cuando llega la desilusión, el golpe es mas duro.

En redes todos somos muy valientes, muy cariñosos, muy amigos, muy populares, muy chingones; el modelo más cercano a una cuasi perfección.  Y cuando se trata de amistad pues ¡ni se diga! Y buscamos tener el mayor número de contactos o “amistades” en tal o cual red; entre más tengamos, mejores seremos.  Y lo peor del caso es que nos creemos esa mentira, y sentimos que somos re amigueros, populares y aceptados por muchísima gente.  Pero en el fondo sabemos que no es así, que a la mayoría de esos contactos ni los conocemos en persona, o tenemos años que no los vemos, y ni si quiera nos agradaban cuando se sentaban a dos filas de la tuya en aquel salón oscuro de la escuela secundaria.  Pero hay que alimentar a la ilusión, agregar contactos y dar muchos likes.  Porque a mayor número de likes otorgados, mayor la probabilidad de que sean los likes recibidos.  Y la remuneración es inmediata, me siento “in” y tengo ya mi dosis de validación por esa hora, o quizás minuto, dependiendo que tan atrofiada este mi atención.

Me pregunto qué pasaría si invitase a alguno de esos contactos a tener una interacción en el plano real, compartir un café, una cerveza o un té orgánico, lo que sea con tal de tener una buena platica y comparar ideas más allá de un meme o de un video pendejo.  La respuesta la tengo, pero me niego a buscarla, más que nada a aceptarla.  Y es por eso que preferimos quedarnos así, en esa ilusión de amistad.  SI la misma interacción real no es garantía de amistad, ya sea en el trabajo, en la escuela, en donde sea que tengamos esa falsa relación de casualidad, de interés, ahora en el mundo virtual las probabilidades descienden aún más de encontrar sentimientos verdaderos.

A veces, para tratar de darle sentido a la maraña de sensaciones, me gusta metaforizar la vida y sus interacciones personales con un simple viaje en tren, “el subte”, “el metro” o como le quieran llamar.  Un tren que da vueltas y a veces pasa por las mismas estaciones, o a veces cambia de ruta.  Y suben y bajan muchas personas por cada estación a lo largo del viaje.  El carro en el que viajas es tu momento presente, tu círculo cercano.  Las estaciones son etapas de tu vida.  Y en la estación Universidad suben muchos, algunos se quedan en la otra orilla del carro.  Los ves a la distancia, los saludas asintiendo con tu cabeza, recibes respuesta de algunos, pero de otros no, inclusive una mala mueca te llevas.  Con algunos hasta juegas cartas y platicas a carcajadas, beben de todo, comparten de todo mientras dura el viaje.  Luego en la estación Obrera, bajan unos y suben otros cuantos.  La historia pareciera repetirse.  Y aquellos con los que conviviste de cerca durante parte del viaje te duele dejarlos en tal o cual estación.  ¡Ni modo, tenían otro destino!  Y te dices esto mientras los ves hacerse más chiquitos por la ventana hasta que el tren da alguna vuelta y desaparecen por completo. 

Y es probable que a algunos de ellos te los vuelvas a encontrar en otras estaciones más adelante, pero la situación es diferente, ya no hay lugar cerca de ti, los ves de lejos, asientes con la mirada, con suerte hay respuesta, muchas veces solo hay un teléfono celular de por medio bloqueando la interacción.  Y los ves bajar de nuevo, y en veces ni cuenta te das que ya se bajaron solo después de que el tren prosigue su marcha.  Hay algunos, muy pocos, que se van a quedar contigo durante todo o casi todo el viaje.  Y para esos hay pocos lugares, como esos asientos dobles orientados frente a frente.  Son pocos pero locos, ¡son tus locos!  Los demás son casualidades, ya sea porque les toco la misma ruta, o porque necesitaban cambio y te pidieron prestado, y si tal vez se quedaron durante alguna estación, pero no más.

Habrá aquellos que se queden contigo hasta la penúltima estación, y querrán seguir, pero tienen que transbordar, es otra su estación final, siempre lo es. Y ya al final, te encuentras tu solo en ese vagón, sin más luz que la que alcanza a entrar por las ventanas mientras el tren se sigue moviendo.  Y en esta estación si te la rifas solo, porque así tiene que ser.  Y tal vez te des tiempo para meditar un poco acerca del recorrido y las estaciones, y la gente que subió y bajo, y lo que aprendiste, si es que algo te quedo.  Entonces podrás echarte a reír y a llorar mientras revives todo aquello en cuestión de segundos.  Y después, se acabó el viaje.


Así es la vida ¿o no?
Unos suben, otros bajan, “ay que chido la pasamos”, “eres muy especial”, “no tienes idea cuanto te quiero”, y luego se bajan y ¡tan tan!  Y tal vez los volvamos a ver a la distancia, y nos alegremos y también nos duela, pero el tren sigue su marcha, no se detiene por nadie una vez que esta en movimiento hasta llegar a su estación final.  Such is life!
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16 febrero 2018

Cartas al viejo, volumen N

Viejo, buen día, donde quiera que tu energía esté…
La nostalgia me trae hasta acá buscando respuestas a cosas que no tienen solución, control y demás.  La música también, como siempre me trae acá; por cierto ¿te acuerdas de tus domingos bohemios de vino, opera y tango?  Pues la llama ha pasado y de a poco he comenzado con esa tradición; el vino si es tinto, pero el tango, en vez de Gardel e Irusta, es solo Piazzolla, y en vez de Opera (aunque a veces escucho a Pavarotti y su genial Nessun Dorma) ahora es Camarón de la Isla y Paco de Lucia, ¿te acuerdas de ellos? Le tenía que variar un poco a la tradición para darle un toque más personal, tú me comprenderás.
Te cuento que cada que veo el béisbol en la tele, me lleno de nostalgia y me acuerdo de ese pequeño lazo que nos permitía entablar una conversación un poco más larga e inteligente.  Me doy cuenta ahora que no me interesaba tanto el béisbol, si no el vínculo que formaba contigo.  Por cierto, los Dodgers volvieron a la Serie Mundial el año pasado, pero ¿Qué crees? ¡Perdieron! Así es el béisbol, como la vida, no siempre se gana, por más que parezca que lo tienes todo ¿no crees?
Tantas preguntas que hacer, tantas respuestas que no podré escuchar.  Apenas ahora me cae el veinte y entiendo tu sabiduría, muy a tu estilo, pero hasta ahora… demasiado tarde, lo sé.  ¿Cómo lidiaste tú con nuestras preguntas incomodas? ¿Cómo enfrentabas a mama en la manera de corregirnos? ¿Qué paso por tu cabeza cuando tuviste que decidir por X o Y? ¿Qué te orillo a tal decisión?  ¿Alguna vez domaste a tus demonios? ¿Qué te decían? ¿Te decían lo mismo que a mí? ¿Serán los mismos, así como en la película de Bruce Lee?  ¿Cómo saber cuándo una amistad es verdadera o solo de utilidad? ¿Cómo evitar seguir cayendo en la falsedad? ¿Cómo tener los pantalones suficientes para mandar algo o a alguien al carajo?
Sabes, últimamente, cada que me veo al espejo, veo cada vez más tu imagen… con todo y sus demonios… si, también esos…. Y me da miedo, y pienso y tiemblo y busco respuestas en los mismos lugares que casi estoy seguro tú también recurrías.  Y me doy cuenta también que no están ahí, pero lo paseado….
 Como me gustaría que siguieras aquí, para presumirte los logros de mis enanos y solo los de ellos.  Los míos no porque: 1) no los hay y 2) los que hay no importan.  Me gustaría que te vieras reflejado en ellos, y ellos a su vez se reflejaran en ti, con su justa apretada de nariz y su raspada de barba.  Creo que estarías muy orgulloso de ellos, en fin.
Ya volveré a hacerte otra misiva de estas, por lo pronto te dejo celebrar tu cumpleaños, con pastelito incluido y todo.  Te escribo después, aquí seguimos “haciéndole al monje” como tu solías decir.
Con cariño, de tu hijo que te extraña…
P.D.  Por favor, si te topas con mis demonios, diles que... les mando saludos
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13 febrero 2018

Historias de “amor”, de “amistad” y de ganchos al hígado



(Noche de juerga, después de varias cervezas con “Y”)
  • -       Neta, neta, yo si te considero mi compa, mi camarada!
  • -       No pues salud por esa!


(Pasado algún tiempo, y luego de alguna desavenencia de faldas)
  • -       Tu alguna vez mencionaste que a los hombres no se les miente como a las mujeres..
  • -       Y así es….
  • -       Entonces dime, ¿le mentirías a un amigo, a un compa?
  • -       ¡Por supuesto que no!
  • -       Entonces ahora entiendo porque me mentiste con respecto a ti y “X”, porque no somos compas… Me hubieras hablado claro desde un principio y nos hubiésemos ahorrado todo el drama, pero gracias por la aclaración.

(Gancho al hígado)

(Algún tiempo atrás, conversación con “X” derivada de un distanciamiento)
  • -       Me duele que estemos distanciados…
  • -       A mi también..
  • -       ¿podemos hacer que todo sea como antes?
  • -       ¡Claro que si!
  • -       J


(Poco después durante una conversación con “X”)
  • -       Hola ¿cómo estas?, ¿qué tal tu día?
  • -       Muy bien, fíjate que bla bla bla…  ¿y el tuyo?
  • -       Eh… (tecleando en el móvil) bien bien….
  • -       Ahhh, ok....
  • -       click, click, click… este… pues si … si, fíjate… ¿y tu?
  • -       Ya te dije… pero bueno, no te quito mas tu tiempo, después hablamos ¿no?
  • -       Este… si si claro… (siguen las risas con el móvil, igrnorando completamente)

(Ouch! Otro gancho al hígado… que tan difícil es sumar 2 mas dos)

(Alguna otra ocasión en el espacio-tiempo)
  • -       Ahhhhh quiero estar así toda la vida!
  • -       Yo también!
  • -       Te voy a amar siempre!
  • -       DItto


(Esta demás decir que al poco tiempo después)
  • -       Como me chocas! Te odio, te aborrezco!
  • -       Eres bien correspondida…
  • -       No entiendo como apareciste en mi vida.  Lárgate!

(Otro gancho mas al hígado, me cuentan hasta diez y no me levanto)


Según Aristóteles, existen tres tipos de amistad, dos son accidentales y la tercera es mas intencional.  La primera es la de utilidad, es donde las personas están involucradas mas por recibir algún beneficio, ya sea alguna de las partes o ambos. La segunda es la basada en el placer o actividades comunes, como los amigos de juerga, o los amigos de la actividad deportiva.  La tercera es la amistad de lo bueno, porque en esta se aprecia lo bueno y virtuoso de la vida y no es por razones de sacar provecho del otro…

Creo que Don Aristóteles no estaba tan errado, porque es difícil contar los amigos verdaderos, ahora si que del “tercer tipo”… casi casi como una bizarra analogía con extraterrestres, porque son difíciles de ver, mucho mas contar con ellos.

Ojala aprendiéramos todos a valorar a nuestros amigos y el tiempo que algunos de ellos invierten en nosotros.  Como dejar de lado el móvil y demás actividades y de verdad escuchar con atención al amigo que nos habla… claro, siempre y cuando la amistad este ahí, sea real, exista!  De otra manera, seguiremos surfeando el aparato celular, o utilizando a la gente "por mientras", hasta que el amigo accidental se haya ido, ¿o me equivoco?

Posdata: 
Todo este cuento es producto de la fantasía utópica del autor.  Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.  
¡Feliz no día!
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09 febrero 2018

Comparaciones



No existe punto de comparación.  Él es un caballero de armadura brillante, siempre presto a rescatar a la princesa de las garras del dragón.  Yo soy el bufón de la corte, siempre presto a arrancar una carcajada al mejor postor, siempre por conveniencia, pocas veces por convicción.  Él es elegante, cortés, galante.  Siempre tiene las palabras adecuadas, casi perfectas para toda ocasión, sobre todo para derretir a las mujeres.  Yo ni si quiera me puedo acercar a una mujer sin empezar a temblar, tartamudear, hacer el ridículo.  Él es fuerte, seguro de sí mismo, conocedor; pisa fuerte y de andar armonioso, de buen vestir y buen decir.  No hay princesa que requiera su ayuda, aunque no la necesitara.  Yo voy por ahí con pasos desiguales, sosos.  Soy débil, física y mentalmente; inseguro y mal vestido.  Las cosas que me apasionan no son del interés de nadie más.  Soy un “geek”, un rarete, un verdadero “misfit”; siempre orsai, sin pertenecer a nada; siempre en busca de la espiral profunda para tirarme buscando ser absorbido como por un agujero negro, esperando una especie de salvación divina de cualquier denominación o personificación, como mendigando cariño logrando solo obtener lastima.  Jamás habrá punto comparación; solo los ilusos pueden llegar a acuñar tal concepto en sus mentes torcidas… así como yo…
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18 enero 2018

04 enero 2018

Cenizas



Camino sobre mis cenizas, como cigarrillo consumiéndome a cada bocanada; me desmorono y las cenizas caen frente a mí. 

Y las piso, porque avanzo en automático, hay que seguir moviéndose, vamos "pa'lante".  Y es ese mismo movimiento el que me hace consumirme con más rapidez.  Las cenizas llegan mientras el fuego se siga avivando con el aire que genera mi avanzada, ergo el consumo es continuo. 

¿La agonía? no la siento ya… no sé qué duele más, si consumirme en fuego o pisotear con rabia mis propias cenizas, ya no hay distinción. 

Mis cenizas me sirven de guía, de camino, aunque no tengan plan definido.  ¿Seré cigarrillo o puro?  Parece que no me consumo tan rápido como pensaba y las cenizas son cada vez más espesas, el camino se hace engañosamente mas acojinado, cubre las grietas y me estorba, me hace sombras. 

Otro agujero más en el que caigo sin poder verlo, mi pan de cada día, es "parte del show".  Me estoy acostumbrando a mis cenizas cada vez más, ya siento que amo ese olor, esa textura gris, ese polvito fino que se genera al pisarlo.  Entre más fuerte la piso, más brumoso se torna. 

Venga, sigamos consumiendo el cigarrillo, puro o carrujo, que mientras haya cenizas hay camino y hay viaje...
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26 junio 2017

Sin sentido

Esta es una carta sin sentido, donde solo quiero garabatear lo que siento, explotar y despotricar contra todo y contra todos, porque odio todo sin sentido, muy anárquico, a lo porro, porque me da la gana y punto.
Y es sin ningún sentido porque se que esto, aunque digan que es catártico y cura, lo pongo en tela de duda, a menos que sea porque gasto mi energía en pensar lo que voy a escribir y me deja con pocas ganas de seguir renegando.

¿De que carajos me sirve renegar? ¿Para que quejarme? si se que nada va a cambiar, nada se va a resolver, o me va a ir peor.  Pero como, ¡válgame dios! si usted es “Mister Magoo”, Don Magoo,  el que siempre tiene una sonrisa afable y un chiste a la mano y otro bajo de la manga, para hacer reír al mas rudo.

Siempre fui el bufón de la bolita en turno, era mi manera de entrar, de pertenecer, aunque no fuera un circulo de mi total agrado, la cosa era no quedarse fuera, ¿Que no es así? ¿Que no se trata de eso?  Siempre fui ese que hacia reír a los demás ridiculizándose a si mismo.
¿Y ahora? Ahora estoy solo rodeado de gente, la soledad en el tumulto, inexplicable pero tan cierto como lo latente del sentimiento desesperado de entrar por la puerta falsa en ese pasillo de puertas varias, supuestas opciones múltiples de este gran chiste llamado “vida”.  Y ahora, nadie es amigo, todos se han olvidado, ya no hay buena oferta humorística, me quede atrás, me volví obsoleto.  Ahora cada quien tiene la lana suficiente, gracias al producto de sus excelentes y productivas vidas de adulto, para pagar sus propios bufones de bolsillo en forma de mil gadgets o aplicaciones para su móvil, o terapias costosas y pseudo exitosas.  Pero lo otro, lo otro nunca fue real, fue pasajero, como la vida misma.  Y se queda uno vacío en el rincón, como juguete viejo en el ático, porque ya no hay lugar para el en la vida real, en la actualidad, el modernismo, en lo de ahora, lo “in”.  Como habría yo de pertenecer a ese mundo “in” si siempre me siento “orsai”, fuera de lugar.


Sigamos pues observando, procesando, digiriendo y vomitando todo esto, mientras se pueda, mientras alcance, aunque todo sea sin sentido…
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