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21 abril 2021

Un piso “como el agua” y “destruyendo hoteles”

 

No sabia por donde empezar.  Después de mil videos instructivos en YouTube y de trazos mentales, empecé por el principio:  la esquina más alejada.

Y es aquí donde comenzó mi idilio con la música de ese par de flacos:  Charly y el Camarón.  

Comencé de esa manera ensamblando todo el piso de mi nueva casa; con mucho cuidado, como con mucho cariño mientras usaba el martillo de goma para terminar de unir perfectamente esas tablas, mientras Charly me contaba como pasaba el tiempo destruyendo hoteles. 

Me encontraba contando tablones y haciendo cálculos con las medidas, al mismo tiempo que descubría que Pedro Aznar participaba de “Tu Amor” con Charly García.  Al primero lo descubrí gracias a Filio, al segundo ya lo conocía de tiempo antes.  Luego me mortificaba el darme cuenta con la lentitud que mi obra se movía, pero me regocijaba escuchar que no voy en tren, voy en avión.  Es así como me decidía aventarme dos o tres hileras extras de tablones laminados, total, tenía muy buena compañía.

Y así fue durante todos esos días, durante todo ese proyecto, que cabe mencionar me dolió solo físicamente, sobre todo a mis maltrechas rodillas futboleras.  Porque a mi alma, a esa la alimentaba con toda esa nueva experiencia, esos colores artificiales de caoba, y esos olores de madera prensada.  Y esa música, esas letras que parecían darme un mensaje de esperanza cuando quise abandonar mi tarea en mas de una ocasión.  El dolor de mis rodillas parecía hacerle coro a las seguiriyas de Camarón.  Cuando llegaba “como el agua” a mis odios, mis manos buscaban la botella como por embrujo – hora de un break. 

Mis ropas “de talacha” toda maltrecha y maloliente me parecían muy ad hoc cuando escuchaba a Camarón decir que se partía su camisita.  Al menos la mía seguía en una sola pieza todavía.  Pero también tenia tiempo para maldecir mi suerte.  Gracias a ese trastorno obsesivo compulsivo que me hacía buscar la perfección en las uniones de los tablones y en las esquinas del piso, mis rodillas lloraban como el cante de Camarón.  Pero luego llegaba de nuevo Charly y me decía “rezo por vos”; no me quedaba otra que seguir en la labor.  Ni modo, “sin llorar” como decimos por acá.

Y así entre rola y rola termine el piso, completita quedo la casa y contentita quedo mi señora, o al menos eso creo.  Al final de cuentas salí ganando mucho, y me sentí afortunado.  Me ahorré montones de dinero en aventarme yo mismo la tarea a lo DIY, aprendí mucho de la instalación de los pisos laminados, el scrap (desperdicio) fue mínimo, mi casa estuvo mucho mas cerca de estar lista pero lo mejor, me hice fan de Charly García y de Camarón de la Isla.  Ahora cuando los escucho de nuevo, es imposible alejar de mis sentidos el olor de la madera falsa, el polvo, dolores de rodilla, pero también esa alegría de corazón, esa satisfacción de haber logrado algo con mis propias manos. ¡Win-win!

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16 febrero 2018

Cartas al viejo, volumen N

Viejo, buen día, donde quiera que tu energía esté…
La nostalgia me trae hasta acá buscando respuestas a cosas que no tienen solución, control y demás.  La música también, como siempre me trae acá; por cierto ¿te acuerdas de tus domingos bohemios de vino, opera y tango?  Pues la llama ha pasado y de a poco he comenzado con esa tradición; el vino si es tinto, pero el tango, en vez de Gardel e Irusta, es solo Piazzolla, y en vez de Opera (aunque a veces escucho a Pavarotti y su genial Nessun Dorma) ahora es Camarón de la Isla y Paco de Lucia, ¿te acuerdas de ellos? Le tenía que variar un poco a la tradición para darle un toque más personal, tú me comprenderás.
Te cuento que cada que veo el béisbol en la tele, me lleno de nostalgia y me acuerdo de ese pequeño lazo que nos permitía entablar una conversación un poco más larga e inteligente.  Me doy cuenta ahora que no me interesaba tanto el béisbol, si no el vínculo que formaba contigo.  Por cierto, los Dodgers volvieron a la Serie Mundial el año pasado, pero ¿Qué crees? ¡Perdieron! Así es el béisbol, como la vida, no siempre se gana, por más que parezca que lo tienes todo ¿no crees?
Tantas preguntas que hacer, tantas respuestas que no podré escuchar.  Apenas ahora me cae el veinte y entiendo tu sabiduría, muy a tu estilo, pero hasta ahora… demasiado tarde, lo sé.  ¿Cómo lidiaste tú con nuestras preguntas incomodas? ¿Cómo enfrentabas a mama en la manera de corregirnos? ¿Qué paso por tu cabeza cuando tuviste que decidir por X o Y? ¿Qué te orillo a tal decisión?  ¿Alguna vez domaste a tus demonios? ¿Qué te decían? ¿Te decían lo mismo que a mí? ¿Serán los mismos, así como en la película de Bruce Lee?  ¿Cómo saber cuándo una amistad es verdadera o solo de utilidad? ¿Cómo evitar seguir cayendo en la falsedad? ¿Cómo tener los pantalones suficientes para mandar algo o a alguien al carajo?
Sabes, últimamente, cada que me veo al espejo, veo cada vez más tu imagen… con todo y sus demonios… si, también esos…. Y me da miedo, y pienso y tiemblo y busco respuestas en los mismos lugares que casi estoy seguro tú también recurrías.  Y me doy cuenta también que no están ahí, pero lo paseado….
 Como me gustaría que siguieras aquí, para presumirte los logros de mis enanos y solo los de ellos.  Los míos no porque: 1) no los hay y 2) los que hay no importan.  Me gustaría que te vieras reflejado en ellos, y ellos a su vez se reflejaran en ti, con su justa apretada de nariz y su raspada de barba.  Creo que estarías muy orgulloso de ellos, en fin.
Ya volveré a hacerte otra misiva de estas, por lo pronto te dejo celebrar tu cumpleaños, con pastelito incluido y todo.  Te escribo después, aquí seguimos “haciéndole al monje” como tu solías decir.
Con cariño, de tu hijo que te extraña…
P.D.  Por favor, si te topas con mis demonios, diles que... les mando saludos
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31 diciembre 2011

Se fue otro más


Y así sin más, con la rapidez de un rayo de bicicleta, la destreza de una tortuga en la arena y la nobleza de un político después de las elecciones, se nos termino otro año mas. Parece que fue ayer que pensaba en listas y deseos y demás cosas, alzábamos copas y después, entre resacas, sales minerales y demás remedios, tratábamos de recordar aquello que pensábamos (algunos le llaman propósitos) mientras comíamos apresuradamente las mentadas doce uvas.

El año vino como siempre, cargadito como en botica. Hubo de todo, y al hacer un recuento inconciente me doy cuenta que me faltaron muchas cosas, otras si se lograron, pero falta mucho por hacer. Y la carrera no es anual, o no se mide así, pero bueno, utilicémoslo como parámetro y no como flagelo. O como dijera Don Teofilito (el abuelo de todos) lo que se logró, se logró, y lo que no, pues no.

Tengo cosas que agradecerle al año que se va. Días cargados de gloria, alegría, amor, atardeceres o simples vistas al techo. Pero también los hubo llenos de oscuridad, rabia, odio, tristezas, en grados extremos y normales… todo parte del show.

Y decido quedarme con los buenos, pues son el verdadero propósito, lo demás, es simple aderezo que nos hace dar cuenta que la vida no es justa, y así fue hecha, para esforzarnos mas, y para saborear mejor precisamente esos buenos momentos, los inolvidables, los que dejan huella, los que trascienden y nos hacen felices cada vez que los recordamos, y hasta temblamos de gusto.

No me queda más que desearles a todos aquellos que pasan por aquí, por voluntad, equivocación, salto de ligas y demás, lo mejor para el siguiente año 2012. Que si se va a acabar el mundo o no, eso es lo de menos, lo importante es que aun nos queda tiempo para recomenzar, reconstruir, retomar y revivir… pero sobre todo, si es que estas leyendo esto… para vivir!!!!

Un abrazo.
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26 noviembre 2011

Escuchando a mi soledad


De pronto me detengo, y pienso (no se si en voz alta): siempre que estoy solo, me sorprendo a mi mismo hablando, conversando, discutiendo… si, solo. Pero siempre es con un acento diferente; al menos así lo intento, al menos así lo escucho.

Y por mi aislamiento desfilan personajes imaginarios: españoles, argentinos, chilenos, alemanes, hindúes, chinos, árabes, australianos; reales o imaginarios, deportistas o caricaturas…pero eso si, siempre todos extranjeros.

Y ninguno soy yo, o todos son yo.

Mi mente en retiro, voluntario o involuntario, se detiene de nuevo. Y analiza, piensa y medita. Y se vuelve a sorprender. ¿Será acaso locura en etapa inicial? – Eso es algo imposible para mi de discernir; además, siempre me he considerado un loco, de buenos sentimientos, no un loco peligros ni de atar, pero si un loco.

Y llega otra pregunta: ¿Será una simple practica de locución (o intento de) o estoy huyendo de algo? ¿Acaso huyo de mi mismo, y por eso la presencia vocal de tales personajes? Recuerdo en alguna ocasión, cuando era mas joven, que alguien en alguna reunión me dijo – debe ser bastante complicado imitarte a ti mismo – y no estaba equivocado.

A veces siento que mi vida se fue así, imitando voces, tratando siempre de ser otro personaje, tratando de agradar a los demás, pero abandonando el mío, o huyéndole. Por algo no me dedique a eso, pero por algo ahora vuelven esas voces diferentes.

Por lo pronto, le encuentro espacio a ese todavía pasatiempo, y horas de practica, en la soledad, en esa que dicen que es mala consejera, pero que al fin y al cabo tiene mas respuestas que un oráculo y te enseña que es la única que te va a sacar adelante, tu y ella, nadie mas…
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31 octubre 2011

De ánimas y ánimos


Noche de brujas… lo se, nada cultural; es lo que se estila por estos rumbos. En veces habrá que aplicar el típico “a la tierra que fueres, haz lo que vieres”. Días en que de acuerdo a las leyendas mundanas y demás creencias populares y regionales, las animas andan por ahí vagando.

Y la mía no podía ser la excepción, también anda por ahí vagando, una anima sin ánimos, perdida y haciendo mas ruido que cualquier espíritu chocarrero. Es cierto, lo mío es la atención, creo que no mucha como la sed de otros, creo que con el tiempo he aprendido a callar y observar de vez en cuando, smile and wave” como animalito en exhibición (o Pingüino de Madagascar), pero de vez en vez, mi yo interno sale con fuerza, a gritos, chistes, risas, imitaciones y canciones…y a ese también lo estoy aprendiendo a dejar ser.
Pero últimamente, el ánima vaga triste, sola y gris, como humo, haciendo figuras distintas en silencio, y a la distancia después de unas cuantas formas más, desaparece sin dejar rastro; y si hay viento o tormenta, es mucho peor; desaparece rápidamente, en un intento de forma que no dura ni la víspera.

Y me paseo entonces entre chicos y grandes. Espectros y personajes tan diversos desfilan frente a mí. Personajes de la infancia, de caricaturas y de películas de terror; todos juntos en una irónica armonía desfilan por ahí. Y es en el momento en que lo hacen frente a mí, que yo proyecto mi propia anima, mi propio personaje y lo mando a marchar junto con ellos. Y no necesita disfraz, es ya un espectro, un personaje de caricatura (muy chistoso por cierto), es una anima desanimada, de tonalidad entre azul y gris, muy ad hoc para encajar en la clásica película de terror o en el espectro gracioso de parodia cómica…caray! al menos hay opciones ¿Qué no?

Tengo que ir pensando que para el próximo año, o me pinto de otro color, o me consigo ahora si mi disfraz de Obi Wan Kenobi, o su versión mexa de Obi Juan Canabis o algo así, desempolvando la imaginación y lo que hay debajo de esa anima desanimada y gris…
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21 octubre 2011

Hoy podría ser un día normal


Hoy podría ser un día normal, pero no es así, me rehúso a pensar que pueda ser un día común y corriente. Porque en cualquier otra parte del mundo o de aquí mismo, alguien celebra un cumpleaños, alguien organiza una fiesta, alguien hace de este día un evento especial, o recuerda algo, celebra un aniversario más… ¿de que? Puede ser de todo: un aniversario mas de bodas, un aniversario mas de vida, un aniversario mas de muerte, un aniversario de inauguración de algún negocio, evento, o hasta el aniversario de un logro o de una carrera, o hasta de un beso, de una mirada, de una conexión, el principio de algo, esa primera vez que las manos se entrelazan, junto con las miradas y los labios mientras la brisa fuerte choca sus caras. Puede ser también el aniversario de un rompimiento, de un adiós, de una tristeza profunda, de perder un pedazo del alma, o al menos así sentirlo. De un camino lleno de hojas por un parque bajo la lluvia mientras los recuerdos llegan como en cascada de hielo y estremecen. De todo… aniversario de un viaje, de un paseo memorable, de una tarde fresca en un mirador, de un paseo en carretera, de la ida a un concierto, tal o cual evento que tanto anhelabas, un aniversario más de algo.

Si… hoy podría ser un día normal, demasiado corriente y común, pero no lo es, y no lo es por el simple hecho de que para alguien mas, puede ser un día importante; trescientos sesenta y cinco días, ocho mil setecientos sesenta horas, quinientos veinticinco mil seiscientos segundos… de algo que celebrar, de algo que recordar, de algo que compartir.

Hoy me despierto con esa curiosa consciencia, y me resisto a creer que hoy pueda ser un día normal, entonces alzo mi copa y celebro nada, solo por que en alguna otra parte de este mundo, de este universo, de esta dimensión, para alguien mas, puede ser un día especial… y eso, aunque sea nada… hay que celebrarlo, vale la pena, ¿no lo crees?
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03 octubre 2011

Más música.

Después de un receso muy largo en estos menesteres, me volvieron las ganas de la música, no propia, no todavía, pero si de un cover de una banda que no hace mucho acaban de anunciar su disolución, para mi gusto una muy buena banda de ese rock diferente, progresivo y … para sorpresa, son americanos!

Se trata pues de este cover de la banda REM y su rola The One I Love. Se aceptan críticas, total, no soy profesional, pero aquí seguimos dando lata.



Si por alguna razon no pueden tocar la cancion aqui arriba en el player, hagan click en el link de aqui abajo para ir directamente a goear a escucharla
http://www.goear.com/listen/fb3c284/the-one-i-love-cover-de-rem
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02 septiembre 2011

Dibujos y Deportes

Quiero aprovechar esta ola de energía y de luz que de alguna manera me llego. El sol salio, y un pequeño haz de luz brilló y entró por una rendija a los rincones del ático. Se que el sol se mete todas las tardes, y vendrán temporadas de lluvias, de hecho ya veo las nubes venir, pero por lo pronto, a gastar energía, creatividad, lápiz y plumón.

Si mal no recuerdo, mis primeros dibujos allá cuando era un niño, fueron de eventos deportivos. En una plática reciente, hice memoria de cómo dibuje mi primer evento deportivo: la final de la Copa del Mundo de Argentina 78. Recuerdo perfectamente haber dibujado la jugada del gol Holandés, a recomendación de mi hermana, ella hinchaba por Holanda, yo lo hacia por Argentina.

Después vinieron mas partidos de fútbol, y luego, de béisbol, mi segunda pasión, la que viene de familia, la que me trae infinidad de recuerdos. Vi muchos otros deportes, de temporada o de ocasión, pero estos dos siempre los llevo en mi corazón por muchas razones.

Y no podía faltar, que al retomar esta vieja afición, me reencontrara con esos deportes también. Y aquí están los resultados, espero que les gusten, los reconozcan y tengan el valor de dejarme una crítica, del tipo que sea:


“Joltin Joe”, aunque fue de tiempos mas antiguos, siempre lo admire gracias a las historias de mi viejo. Tenía carisma, talento y cierta elegancia. Admire a muchos otros de su época, pero pues también, es el mas “dibujable”…


“El Toro de Etchohuaquila”. Tuve el privilegio de verlo jugar en un par de ocasiones. Que historia de vida la que traía a sus espaldas, y que levanton le vino a dar al deporte de la pelota, cuando más lo necesitaba.


Y ahora pasamos al fútbol, y se que hay muchos otros, pero este se me vino a la mente. Un trotamundos del fútbol. Ha recorrido una gran cantidad de equipos, en México ha pasado por tantos que ni me acuerdo de todos, y se ha cansado de meter goles. Irreverente, osada, de sangre fría… es un verdadero loco. Metió un soberbio gol de penal en la pasada Copa del Mundo que a la póster llevaría a su país a estar entre los mejores cuatro del mundo.

Y bueno, estos fueron en mucha parte, por inspiración, porque por ahí recordé algo, alguna postal mental y de ahí nació la idea. Veamos que me sigue dejando la inspiración. Se que esto no va a durar para siempre, así que aprovecho la racha… antes de que vengan las nubes. En peligro y me alcanzo a preparar con un poncho o un paraguas...
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05 marzo 2011

Postal de tiempo


Estando ya por la zona, tenia que aprovechar el viaje. Mi corazón sentía que ése seria un buen día, y que mejor que comenzarlo con esa imagen, con ese reencuentro.

Tomaba entonces rumbo por Carlos Villarreal hacia el poniente, con intención de doblar por Panama para tomar la otra calle pero en la plática se me paso, así que decidí seguir hasta toparme con la calle Colombia. Ahí subí rumbo norte, por aquel callejoncito angosto, pasando algunas otras avenidas hasta llegar a la Tlaxcala.

Y ahí la vi, por fin había vuelto; de nuevo me encontraba frente a la vieja casona aquella de calle Tlaxcala esquina con Colombia. Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo como si se tratara de una corriente eléctrica aplicada. A pesar de que se veía un poco cambiada por años de reparaciones y remozamientos, seguía siendo la misma. Su barandal, la pequeña escalinata, el porche, su jardín enorme y el portón del patio trasero del lado del callejón, una puerta que nunca se abría ni para guardar el coche del viejo, nunca supe porque, nunca pregunte, que más daba.

Y llegaron los recuerdos como remolino, con mucha fuerza como la del viento, que de igual manera se va. En ese jardín yo represente a “Ron Damon” del Chavo del Ocho con mis vecinitos. En ese porche yo espere a mi viejo por una eternidad a que llegara a casa con mi ansiada mascara de “Santo, el Enmascarado de Plata”, y me la puse, y me tome en serio mi papel, y sin camisa y con mascara hice unos malabares, mi madre aplaudía, mi viejo tomaba fotos con aquellas camaritas cuadradas (todavía de rollo) y con el flash en forma de cubito que daba vuelta.

En la sala de esa vieja casona mi hermana y yo paseábamos en triciclos. Alguna extraña sensación nos producía el rechinar de aquel hermoso piso de madera, así que pedaleábamos y zapateábamos con más ganas, cosa que a mi madre no le causaba tanta gracia. En esa misma sala ayudábamos a montar y adornar el árbol de navidad, mi hermano inmortalizo una de esas ocasiones con una Súper 8; era genial vernos un tiempo después proyectados en la pared del comedor al ritmo del sonido inconfundible del carrete del proyector, era como estar en el cine.

Todo eso transcurría mientras el auto pasaba por aquel callejón, mi mente viajó en el tiempo, se detuvo y regreso, en los segundos que duro el viaje del auto frente a aquella casa. Pero la imagen se me quedó grabada, como una postal de tiempo, así vieja y agrietada con líneas blancas, amarillenta y con borrones en las esquinas, pero con tantos recuerdos dentro, que comenzaron a llenar mi corazón aquel día, uno que resultaría ser redondo en todos los aspectos. Fue genial comenzar ese día tan excelente con aquella postal…
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17 enero 2011

Bitácoras inconclusas ver 1.1


Hurgando por ahí en algunas hojas perdidas, me encontré un intento de bitácora de viaje, el cual pareciera no tener un orden, pero curiosamente el sentimiento esta plasmado, y lo entiendo como si fuera ayer:

Jueves - comienzo en desorden para no variar. Cansado hasta el cansancio mismo. Divertido, luego no tanto, pero contento al final. Jamás pensé que un musical de Finding Nemo estuviera tan espectacular y me conmoviera hasta las lágrimas… ¿Qué es lo que pasa conmigo? A veces reniego de ser así, pero bueno, debo de terminar por aceptarme.
La faena terminó temprano, un poco de descanso, luego mas caminar, buscar souvenirs, encontrar mas señales, mas caminar, mas regresar, mas dormir…

Y jamás regrese a terminarla. ¿Por qué? No lo se… simplemente no pude terminarla, pero creo que así esta mejor. El antes y el después lo dejo al aire, a la suerte, al tiempo, y ya veremos que pasa. Por ahí seguirán saliendo mas bitácoras inconclusas y las seguiremos analizando…
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22 diciembre 2010

Pequeños eslabones de luz tenue


Como todo un buen grinch de la época, me disponía a espetar toda clase de improperios en contra de los festejos, la música, las aglomeraciones en las tiendas y todo eso que adorna cuanto te rodea por estas fechas navideñas. Ideas sobraron y fueron plasmadas, mas no publicadas, tal vez no hoy, tal vez mas adelante, tal vez nunca. Pero algo sucedió en el camino que me hizo desistir y cambiar un poco la perspectiva; algo me hizo creer, algo me hizo llorar y me hizo intentar de nuevo.

No fue ninguna revelación milagrosa, fue un hecho simple y real: la sonrisa de un niño. Y en ese chiquillo me vi reflejado unos años atrás, cuando junto a mi hermana correteaba ilusiones y las buscaba bajo un árbol de navidad viejo y color plata, en aquella gran sala de pisos de madera, rechinando mientras paseábamos en nuestros triciclos ahí adentro, ante la mirada inquisidora de mi madre y la postura pasiva, permisiva y relajada de mi viejo en su sillón de siempre mientras leía “El Fronterizo”.

Y de ahí me voy siguiendo, lo que me dio por llamar “pequeños eslabones de luz tenue”, hacia aquellos momentos en los que fueron llegando otros chiquillos a casa e igual buscaban ilusiones debajo de un árbol ya mas frondoso y verde, y que compartía con ellos, aun que ya no me gustaran los juguetes: mis queridos sobrinos, mis ensayos de no-hermanitos menores o de los enanos propios por venir.

O aquellas Noches Buenas de adolescencia donde salía después de cenar a las casas de mis amigos, y hacíamos una especie de tour navideño, degustando de todo un poco a cada casa que íbamos, repartiendo abrazos, conociendo primas ajenas (a la prima se le arrima) pero siempre sintiéndonos bienvenidos en todos esos hogares. En esos momentos no exista el fuera de lugar ni en el fútbol. Y que decir de aquella pre-cena navideña un veintitrés en un Whataburger a las cuatro de la mañana, cargándonos un buen pedo después del tour de las luces y varios “seises” de cerveza barata y Mickey’s Malt Liquor. Tal vez no una lección de civismo y buenas costumbres pero fue bastante divertido.

Y así podría seguir enumerando ocasiones en las que reí a carcajadas en esas fechas y si, lo acepto, fui feliz cual pavo vivo después del Día de Acción de Gracias. Independientemente del valor religioso que cada quien le de a esta época (yo tengo uno), muy valido por cierto, es aquí cuando me llega ese pequeño hilo de luz al final de la cadena de eslabones y creo… si, dije “creo”, que el verdadero milagro de la Navidad es ese: el amor incondicional sin afán de demostrar, una amistad sincera, un abrazo en cada hogar, una sonrisa, una risa a carcajada abierta y en complicidad. Habrá que sacar cada quien mas historias de estas y reciclarlas a partir de ahora, en el presente, y haber que sale.

Listo, creo que después de todo no soy un grinch como pensaba.

¡Felices Fiestas a todos! Mis mejores deseos y, habrá que creer….
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16 diciembre 2010

De nostalgia y viejos beisboleros


Era una tarde de verano que esperaba con uñas y dientes. Siempre las esperas de mis tíos y primos provenientes de Los Angeles eran así, por la expectativa que generaba lo que nos pudieran traer del “otro lado” pero sobre todo por el tan ansiado y clásico juego de béisbol. Para mi era especial, porque era de los pocos momentos en los que podía compartir mucho tiempo con mi papá practicando uno de sus deportes favoritos y esperando darle aunque fuera una satisfacción en aquella tarde del rey de los deportes: el béisbol.

Tengo grabado en el olfato de mi memoria aquel aroma de los guantes y pelotas viejas dentro de aquel maltrecho y viejo costal militar. El cargarlo era un orgullo y en aquella tarde mezclé su contenido con el olor a guantes nuevos y pelotas recién sacadas de la caja que mis primos traían para aportar al juego de pelota “mexican style”.

Se hicieron rápidamente dos equipos entre todos aquellos chiquillos, primos, familiares y vecinos del barrio. Cada uno de los equipos contaba con manejadores de lujo. A mi me toco en el equipo de mi tío Armando, hombre de pocas palabras pero de mucha pasión por el béisbol, como el abuelo, me dejaba fluir, no se gastaba en recomendaciones. El otro era dirigido por mi tío Juan, mas platicador y dicharachero, de cierto modo mas regañón en sus indicaciones – de la que me salve – me decía para mis adentros mientras tomaba mi guante viejo y me dirigía a una posición que no desconocía: el “fielder” o jardinero derecho.

Y en el centro del diamante, en la lomita de los disparos, estaba flamante nuestro pitcher estrella, el que según mis tías había sido el “Sports Billy” de la familia. Con un dejo de seriedad en su bigote tupido y cabello entrecano, todavía en un pantalón de vestir y camisa de rayas arremangada, gorra recién adquirida que mostraba las silgas entrelazadas “LA”, ahí estaba mi viejo – yo les “pitcho” a todos para no cambiar posición – nos advirtió para así hacer la rotación mas sencilla.

Y el viejo a sus cincuenta y tantos aguantó estoico las casi nueve entradas lanzando a “Doña Blanca” a una velocidad moderada pero constante y a pelota controlada para favorecer a los bateadores. Tengo tan grabada esa imagen en mi memoria, pues como el ave fénix, el viejo surgía de entre sus cenizas para volver a florecer y ocupar el pedestal permanente en el que un chico de escasos nueve o diez años tiene siempre a su padre, a pesar de sus errores y vicisitudes.

Y me llegaba el turno al bat, y sentía como el viejo me zumbaba la pelota más que a los demás, me exigía de manera indirecta… y lo logre. En un turno de dos-nada, me lanzo una recta brava y no se como pero le mande la bola “caselachingada”, me volé una barda imaginaria pues le di la vuelta a las bases a paso lento. Y mientras los contrarios aventaban sus guantes al suelo, el viejo soltó una sonrisa a medias como para despistarla, le dio gusto y lo supe, le regale un momento de orgullo en su pasión beisbolera, a pesar de mi nula destreza para ese o cualquier otro deporte.

Con ese recuerdo me quedo siempre, mil veces, pelando sus dientes a medias debajo de ese bigote revolucionario, sin perder el estilo. Hoy ya no lo tengo, hoy son ya trece años que se fue y todavía es hora que le hecho de menos como aquel chico de diez cuando esperaba con ansias su llegada por las tardes. Ya no le tocó ver mi trabajo como coach, que me quedo corto ante el, y me quede pendiente con mil partidos de béisbol que ver tanto en televisión como en vivo, mil quejas de las travesuras de los míos, mil preguntas para él relacionadas con mis tribulaciones, mil consejos en forma de silencios, mil abrazos.

Te extraño viejo, te quiero, te mando un abrazo, donde quiera que estés…

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07 diciembre 2010

El colero del recreo


Todos los recreos era lo mismo: ir a hacer fila a empujones para poder comprar cualquier chuchería en el puestecito de lamina (con anuncios de coca-cola) y eso si corrías con suerte de llegar a tiempo sin ser aplastado por los mas grandes, o en su defecto, llegar a tiempo para el armado de la cascarita del deporte en turno.

Y es aquí donde viene mi trauma mas grande, pues siempre era el ultimo, el colero, el que aunque llegara a tiempo, era escogido hasta el final, como premio de consolación o en el peor de los casos, me dejaban “para la otra” pues los equipos ya estaban en igual cantidad de jugadores y por lo tanto salía sobrando.

La sensación hervía la sangre en el momento pero, no se les podía culpar a los capitanes de tan drástica decisión, casi como cuando Menotti dejo a Maradona fuera del mundial del 78 por ser muy pibe; yo era una calamidad para cualquier actividad que exigiera la mas mínima destreza neuro-motora.

Todo deporte que intenté, el resultado fue un desastre. El típico jueguito de béisbol improvisado con una tabla o hasta una rama de árbol como bat y pelota de tenis; tan malo era que aun bateando con la mano me ponchaba, y si de “fildear” la bola se trataba, no cachaba ni fiado. El fútbol no era distinto, o abanicaba la pelota o le pegaba al piso, que no era mas que un llano de tierra, piedras y escombros estratégicamente desparramados para joder codos y rodillas y por ende romper pantalones y camisas y dejarlas en condiciones que aunque en mi caso fueran casi impecables, todavía merecían una buena puteada por parte de mi sacrosanta madre. El basket ni para que lo cuento, jamás de los jamases se me dio, nunca llegaba la pelota ni al tablero, mucho menos al aro, y eso sin contar con que si no era el enano en turno del salón, pues andaba dos o tres lugares arriba pero no dejaba de ser pequeño y enclenque.

Ni a las canicas le pegaba. Si un día me atrevía a llevar unas cuantas de mi corta colección, segurito me “lucaban”, como solían decir los ases del barrio para referirse a la limpia total de mis posesiones esféricas y cristalinas. Tan descoordinado era que, en una ocasión, quede fuera del proceso de selección de participantes para el clásico numero de baile para el Día de las Madres, porque nomás no me salía un mentado pasito que era como una mezcla entre el Moonwalk de Michael Jackson y un “zapatellele” del Piporro. Lo intenté durante lo que parecieron horas y después de varios resbalones, las coreógrafas (que no eran otras que las hijas adolescentes de la maestra de tercero) desistieron, así que para tristeza de mi jefecita, ese año solo participé tras bambalinas. Lo dicho por Ariel Rot, “los tipos duros no bailan, un tonto puede aprender”.

La alternativa natural a todas las calamidades antes expuestas era la de correr derechito al puesto de mugres para ver que golosina alcanzaba. Siempre luchando entre la multitud de gordos, niñas con trenzas y los gorilas de sexto año, que por cierto, siempre me dio la impresión de verlos demasiado grandes, algunos hasta con barba cerrada y cara de matones, y cuando yo llegue a sexto, no estaba ni demasiado grande, ni mataba una mosca y el único lugar donde tenia pelo era en la cabeza, todo arriba de las orejas, sin contar cejas ni pestañas. Pero hasta en el puesto era el último pues al llegar mi turno solo alcanzaba las sobras, un chicle “totito” mas duro que una piedra, o tostadas con chile trituradas, de las de “mero abajo”. Lo dicho, siempre fui el colero del recreo…
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17 julio 2010

De tíos de cariño


Cuantos de nosotros en algún momento de nuestras vidas, especialmente en nuestras niñez, hemos tenido un tío o tía “de cariño”; de esos que aunque no les una un lazo sanguíneo a nuestra familia, les una un enorme lazo, a veces mas grande, de amistad con nuestros padres. He aquí una carta para una de esas tías “de cariño” que yo tuve cuando era niño, una gran persona, una gran mujer, con un corazón enorme para dar y repartir. Hoy, con lágrimas en los ojos, mi corazón y mis letras van para ti, mi querida tía Bertha….

Hoy me acorde de ti, tía Bertha. Esa mujer grande, de tez blanca, ojos aceitunados y rasgos árabes, que venían de herencia familiar. Con un enorme corazón, tan grande que no te cabía en tu cuerpo, por eso se enfermaba… curioso, compartías ese rasgo con mi papa y ahora conmigo. Recuerdo perfectamente tu casa, en un barrio antiguo pero pasivo, de los que ya no hay en estos tiempos. Aquella sala con figuras de porcelana por todos lados, y esa foto clásica antigua de tus papas colgada en la pared; de ahí venían tus rasgos, ese senior “güero” con bigote pronunciado al mas puro estilo del “harbano Jalil”, y tantos recuerdos mas, rodando en ese piso de madera perfectamente ensamblado.

Me llamaba tanto la atención que a mi papa le decías “León”, yo preguntaba por que y nunca obtenía una respuesta concreta; no importaba, yo era feliz en tu casa, ahí me sentía querido, respetado, escuchado, amado. Como no me iba a sentir importante si era pues el hijo de ‘León”. Le brindaste una amistad incondicional a mi padre hasta tus últimos días, cuando por un accidente te perdimos de esta tierra, pero no de nuestros corazones, al menos no del mío, heme aquí. Creo que tu le comprendías mas que nosotros, como me hubiera servido eso ahora, para sentir que alguien me comprende de esa manera.

Recuerdo tus hijos, ya adultos pero siempre bromeando conmigo, con una sonrisa franca y amable, y esas reuniones, donde todo eran risas, camaradería, música, un ambiente inigualable. Tristemente, muchas veces fue mejor que el de mi propia familia pero bueno, la vida es así ¿no? Nada es perfecto, pero para mí, esos momentos si lo eran. Así como cuando pasábamos a tu casa antes del partido de béisbol para que mi papa dejara estacionado frente a tu casa el auto en turno, y así sentir mas seguridad, y caminar las tres o cuatro cuadras hacia el estadio sin pagar estacionamiento. Al final, si no era tarde, siempre había algo de cenar para los dos, algo “priceless”.

Los tiempos cambiaron, nosotros nos mudamos, luego te perdimos, y mira, ahora me acuerdo de todo esto, que me llenaba tanto, y me hacia sentir un niño feliz, que no necesitaba de mas familia que la tuya. Hoy las cosas no han cambiado mucho tía, pero me regocijo en el recuerdo de haber tenido ese cariño aunque fuera por un tiempito.

Hoy mi corazón, mis lagrimas y mi plegaria están contigo y con tu recuerdo, esperando que me sirva para evaluar lo que ahora tengo, y lo que esta en mi poder para enmendar y volver a ser feliz como lo fui muchas veces en el patio de tu casa.
Un abrazo y un beso tía Bertha, donde quiera que estés….
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18 mayo 2010

El elixir mañanero


Otra mañana de Lunes, y de Martes y del día que sea, pero que difícil se me esta haciendo la sencilla tarea de mantenerme despierto y parecer estar “vivo” en este mundo de muertos ambulantes. Pero como siempre, recurro al que ahora ya es remedio, compañero, pretexto para reuniones y buenas charlas, y acompañante solitario: el café.

Al tiempo que bebía de mi taza quise recordar el tiempo que lo llevo bebiendo, como fue que comenzó, quien fue el cómplice y demás etcéteras. Bien dicen que recordar es vivir, y esa introspección me llevo a tiempos lejanos; brincos atrás en el túnel del tiempo.

Creo que mi primer intento de “cafetear” fue en casa, con mi mama, cafetera de corazón, quien con el tiempo se tomaba tantas tazas, que mejor recurrió a un infalible remedio para dejar de contarlas: se las tomaba en tarro cervecero. El primer tarro fue algún regalito de esos que te traen de algún viaje o que se yo de donde. Mejor uso no le pudo encontrar mi madre, y asunto arreglado. Después con el tiempo, llegaron mas tarros, y ya en la actualidad, las mega tazas ahora si exclusivas para café tamaño familiar. El caso es que con ella comencé siendo yo un mocoso de tal vez ocho o nueve años: cafecito con leche, azúcar y acompañado de algún pan de dulce, mis preferidas conchas o con algunas galletas.

El vicio no hecho raíz en ese momento, era más de ganas así que se fue olvidando, hasta que llegaron las citas con mi viejo. Cuando cursaba yo mi nivel de enseñanza media, y necesitaba de algún material o libro, siempre me citaba en el centro de la ciudad, en el legendario Café La Nueva Central. Siempre llegaba puntual, antes que yo a la cita, y ya me esperaba con un “cortado”, aunque el si lo pedía en taza, porque una particularidad que tenia ese lugar (ignoro si todavía la tiene) era servir el café con leche ya mezclado en vasos de plástico largos, donde te arrimaban una canastilla de pan de dulce y pagabas lo que consumías. Era todo un folklore el tomar café en ese lugar, y ver a los filósofos de barrio hacer sus juntas ahí, así como personajes muy típicos de nuestra ciudad, de todo había; como extraño esos tiempos.

Después llegaron mis tiempos de estudiante universitario y había que “echar” el cafecito para mantenerse despierto si se trataba de sesiones de estudio o de elaboración de trabajos hasta altas horas de la noche; lo que fuera para mantenerse despierto, en veces era mas juego que estudio pero bueno, mientras no se mezclara con alcohol porque entonces si terminaba en fiesta y el estudio quedaba en el olvido junto a la taza de café.

En la actualidad, creo que valoro la tacita de café tanto por lo que me reaviva por las mañanas, como por el “adhesivo social” que este implica; siempre es el pretexto para compartir con mis amigos, el cafecito con historias de amor, desamor, noticias actuales, proyectos, anhelos, sueños, etc. Del café que sea, aunque tengo que confesar que si soy fan del transnacional de la sirenita verde, pero mientras sea café, creo que sienta bien para la platica. Así que aquí estamos a la espera de más historias que tejer entre el aroma a café y el ruido de las tazas conjuntado con el de las voces y el mundo urbano.
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18 agosto 2009

Brincando años

“Uy vieras que este niño es rete inteligente que ya sabe leer y escribir, no tiene caso que lo dejemos en este grado, lo vamos a pasar al siguiente para que así termine bien joven y se gradúe y .....”

¿Les suena familiar? En nuestra sociedad se vive una ambigüedad en el muy particular tema de la educación de los niños. Algunos están a favor de que, si el niño muestra las condiciones de aprovechamiento académico, se le deje avanzar a pasos agigantados, convirtiéndoles así en los famosos “niños prodigio”. Otros están a favor de que, tanto estos niños como cualquier otro, sigan su curso normal, vivan lo que tengan que vivir, y así hacerles un bien a futuro. Yo sinceramente estoy a favor de lo segundo.

Tal vez sea el afán de una madre que por ver sobresalir a su hijo le impulsa a que brinque los años, avance grados académicos con la rapidez del tren bala para que así termine pronto la escuela y sea un gran ejemplo. Pero ¿un gran ejemplo para quien? Se pasa la educación primaria como brincando charcos por las piedritas, la secundaria y la prepa cual vuelo del águila por el nido, luego llega a la universidad convertido en todo un Doogie Howser MD, objeto de miradas, columnas de diario y la portada de la revista Times, ¿y después que sigue?

Lo malo aquí es que nadie le pregunta su sentir al protagonista. ¿Será que el niño quiere todo eso? Tal vez a temprana edad, el niño te conteste que si, eso es lo que quiere, pero seria ya una respuesta contaminada después del adoctrinamiento (shampoo de cerebro) recibido en casa de que brincarse los años es la mejor opción, si no es que la única, la plus ultra.

Yo pienso que el niño debe de vivir cada etapa a su tiempo, porque tiene que disfrutar cada uno de esos años de escuela, por muy aburridos que parezcan, porque no todo son libros y estudio. Lo que complementa ese sabor de los años de escuela es la convivencia con los compañeros, maestros, padres de familia, los viajes, las aventuras, y todo esto se da con mas facilidad cuando se vive cada etapa en su respectivo tiempo. Pienso que el niño debe de ir madurando junto con los demás, para que así se puedan compartir las mismas cosas con el mismo gusto o curiosidad, sin espantos, sin sobresaltos, sin confusiones. Es verdad que no todos maduran igual, pero si aunado a esto le haces brincar los años, el proceso de adaptación puede resultar mucho más difícil, aunque en apariencia todo siga un curso normal.

Dejemos pues que los niños sigan su camino a su propio paso, y que ellos mismos nos dicten la dirección de acuerdo a sus facultades, tratando de resistir, como padres, nuestras ansias de gloria en el camino. Si llegaras a sentir que en realidad necesita brincar dos cuadritos en vez de uno, piénsalo dos veces antes de hacerlo, piensa a futuro, pero sobre todo piensa en tu niño(a), los triunfos son de ellos, no de nosotros, al fin y al cabo también ellos son prestados. Piénsalo, o míralos en este espejo...
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23 abril 2009

De mis pecados: ¡Yo fui arbitro!


Corría el año de mil novecientos ochenta y tantos, era yo un puberto de escasos trece años, cursaba el segundo año de la escuela secundaria y mi coordinación neuro-motora no terminaba de despertar, creo que a la fecha no ha terminado de hacerlo, no sé si resignarme o seguir de necio intentando.

Clásico de la secundaria “del parque” (y de casi todas las secundarias en todas partes) que los sábados son para las actividades extra-académicas, y ahí estábamos toda la bola de mocosillos haciéndole al “Sport Billy” para quedar bien con las niñas del salón. No contaba con que la madre naturaleza no me había provisto todavía con esos dotes de futbolista nato, ni de basketbolista ni de voleybolista, caray, ni de jugador de canicas y trompo, así que me tenia que conformar con ver los partidos desde la banca.

Una ocasión en la que había terminado de calentar banca, uno de mis mejores amigos de la secundaria, quien era parte del comité organizador de los juegos, llegó estrepitosamente conmigo pidiéndome de favor que lo ayudara, pues los chavos que normalmente le ayudaban le habían quedado mal y nadie quería ayudarle. Parece que fue ayer aquella conversación (gracias al alcohol también):

- Topo (así le decían a mi amigo): Magoo, hazme un paro, necesito un juez de línea.
- Magoo: ¿y yo que quieres que haga?
- Topo: ¿Sabes lo que es un “fuera de lugar”?
- Magoo: claro! Si ese es mi estado natural...
- Topo: Ya estas, nomás ponte trucha para marcar los saques de banda, fíjate quien la saca, le das la bola al otro equipo, ah y no se te olvide marcar con la bandera..
- Magoo: ¿cuál bandera? Como que va a estar medio cabrón bajar la bandera del asta...
- Topo: No guey, con esta...
- (me hace entrega oficial de la bandera amarilla)
- Magoo: sale, total, que puede salir mal....

Demás esta adivinar el resultado de aquel partido. Las mentadas estuvieron de a peso, algunos hasta me querían golpear, mi vista de por sí ya jodida por la herencia de la curvatura de las corneas de mis antepasados (aquí empezó mi apodo, pero esa es otra historia) no me permitían observar bien quien sacaba la bola fuera, total que la banderita amarilla ondeaba para todos lados menos para donde debía. Para colmo, no termine de entenderle al fuera de lugar, así que anule un par de goles y permití otros tantos.

Hasta aquí todo pareciera indicar que esto hubiese sido mi debut y despedida en la profesión de los “nazarenos” pero no, eso fue solo el principio. Por algún tiempo mas, empleé mis sábados matutinos en las canchas de mi gloriosa institución de enseñanza media, marcando fueras de lugar, saques de banda, faltas, sacando tarjetas amarillas y hasta rojas: finalmente me había graduado, pasando de juez de línea a ser arbitro central; ya quisieran Don Antonio R. Marquez, Codezal, el “Boni” y hasta el Brizio haber pitado los partidazos que yo pite en aquellas magnas canchas de tierra, piedras y demás escombro.

Quien iba a decir que me convertiría en arbitro puberto, aunque bueno, esto fue fugaz, como lo fueron tantas cosas en mi vida, pero me llevo mis buenos recuerdos, y hasta la sensación de sacar tarjeta roja nomás porque me mentaban la madre. Donde quedaron esas tarjetas ahora....
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20 marzo 2009

La primera cita

Durante toda la tarde no pude evitar estar nervioso por ese momento que se avecinaba. Las dudas de siempre, el miedo a su reacción, a mi propia reacción, que tenia que hacer y como. Creo que todos esos nervios eran normales, era nuestra primera cita juntos.

Por fin se llego la hora; pase por ella y cuando menos pensé ya estábamos haciendo fila para entrar al salón; le entregaron una rosa amarilla que había previamente seleccionado para ella y nos dieron el pase. Fuimos de los primeros en llegar, así que nos dio tiempo para seleccionar una buena mesa cerca de la pista de baile. Como para ir explorando el ambiente, decidimos ir por algunos bocadillos que ofrecían, galletas, carnes frías, “brownies” y el famoso ponche saliendo de un dispensario en forma de fuente, así como una fuente de chocolate derretido para aplicarlo a fresas o bombones. Regresamos a nuestra mesa y esperábamos el ambiente, a la expectativa de alguna cara conocida.

Aproveche el momento para conversar un poco con ella, decirle lo importante que era para mi esa cita, que no seria la ultima, y que siempre sintiera la confianza de contarme lo que quisiera, que mi corazón y mis oídos estarían ahí siempre para escucharla, y mi hombro para sostenerla, mis brazos para acurrucarla cuantas veces fuera necesario. Solo atino a sonreírme y a regalarme una mirada, un cálido abrazo y un beso en mi mejilla. La música comenzó a tocar y la maestra de ceremonias nos invitaba a pasar a la pista. Ni tardos ni perezosos brincamos al baile.

Supe con anticipación que seria prácticamente imposible retener toda su atención en mi, aunque la noche fuera para ambos, creo que era mas su momento que el mío. Bailamos, reímos, platicamos, comimos bocadillos, tomamos ponche, fue a platicar con sus amigas, estuvo con ellas un momento bailando, o platicando en otra mesa, después regreso conmigo y volvimos a bailar, un poco de todo, pero nada importaba, ni hacer el ridículo con mi poca coordinación y habilidades coreográficas. Desde “La Macarena”, pasando por YMCA y hasta “Pajaritos a Volar”. La cosa era divertirnos, y creo que lo logramos.

Casi al final del baile, rifaron algunos premios y con mucha suerte me toco uno de ellos: un perro de peluche que llevaba el clásico corazón rojo en sus manos. Obvio que mi regalo era para ella y así lo fue; el momento que corono la noche, lo pude ver en sus ojos tiernos, estaba feliz y me lo dijo “es la mejor noche de mi vida”. Todo estaba dicho, salimos victoriosos de aquella “primera” experiencia.

Así fue como transcurrió exitosamente mi primer baile de “Padres e Hijas” organizado por la escuela de mi chaparra. Dicen que no será el ultimo, así que ya estoy listo para los siguientes. Solo espero poder acompañarla a muchos mas, antes de ser sustituido por algún puberto-con frenos-pelos quietos dándoselas de galán. Dicen que la vida se pasa volando... ¿será?
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24 diciembre 2008

Retomando deseos de paz

Para mi estas fechas siempre han sido mas difíciles que fáciles, y las razones son muy pero muy variadas, como material para otro post pero de eso no vamos a hablar. Por otra parte, en algún momento de mi vida, estas fiestas representaron para mi la esperanza, una esperanza de que la paz y el amor puedan reinar siempre, en todos los corazones, que los sueños se pueden alcanzar, de que la sonrisa se puede contagiar y compartir.

Hoy, después de varios años, de sueños olvidados y perdidos, quiero retomar esos deseos, de amor, de paz, de armonía, de amistad, de sueños, de ilusiones y de poner todo lo que esta en nuestros corazones para lograrlo, en estos momentos en los que son tan necesarios.

Estas fechas, estas fiestas, de cualquier denominación que sean, representan eso, una luz de esperanza, un mensaje armonioso de amor y de paz, de que nada es imposible, de que todo se puede, de que el sacrificio y el amor son mucho más grandes que todos los problemas, pecados y aflicciones juntos.

Pidamos pues un deseo, hagamos una oración y contemplemos y adoptemos el verdadero mensaje de estas fiestas en nuestros corazones. Pidamos por la paz, pregonemos el amor y la esperanza, y demos buenos deseos para todos aquellos que nos rodean, nos alcanzan, nos leen y nos quieren. Son mis deseos de todo corazón.

Y en este mismo tono, no nos podíamos ir sin música, así que les dejo esta canción que habla del tema, y que es una excelente recopilación de músicos británicos (es un lujo ver a todos estos cuates juntos) y que nunca falta en las estaciones de radio por estas fechas.

Un abrazo para todos y felices fiestas!!!

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29 octubre 2008

En que momento...


- Voy tranquilamente caminando por la calle, de pronto pasa un auto, a toda velocidad y por la ventanilla arrojan una bolsa con basura.
- Me dispongo a tomar la fila (hacer línea) del puente internacional, de por sí ya larga, y veo el paso de numerosos autos que con desdén solo atinan a meterse en la fila para asegurarse un lugar mas adelante que los demás idiotas que si obedecemos las reglas.
- Camino por una calle la cual suelo recorrer con frecuencia. Dicha calle es ahora una importante parada de autobuses y al mirar al suelo, me doy cuenta que la banqueta se encuentra infestada de una incontable cantidad de gomas de mascar aplastadas y sucias, cuando antes la calle estaba impecablemente limpia.
- Llego al estacionamiento del supermercado y estaciono mi auto, cuando veo que alguien se estaciona en el lugar reservado para la gente discapacitada. Y la persona que se baja de dicho auto no se ve precisamente muy discapacitada a simple vista.

Ejemplos así hay miles tal vez, inclusive podríamos durar horas enumerando casos como los anteriormente mencionados, pero todo va a lo mismo.

¿En que momento perdimos la brújula, la dirección, la educación, la prudencia? Y hablo en plural porque creo que ninguno se salva; aquí nadie tira la primera piedra, absolutamente nadie, pero caray! hay unos que hacen de este descaro una vida eterna, un hobbie, un deporte y le juegan a ser campeones.

¿Por qué carajos la única manera de avanzar en la vida es aplastando al que esta enfrente? O en dicho caso, a cualquiera que se me ponga enfrente. Ya no es un chiste barato y aburrido de maestra de primaria, ya es una realidad que los jóvenes, no de ahora sino de un ayer no muy lejano, veían como un gran logro el poder llegar a ser pseudo agentes del orden o narcos, o cualquier cosa que se relacionara con lo ilegal, con la obtención de poder de la manera mas fácil, con la impunidad.

Para muestra de lo anterior, solo basta un botón: abrir las paginas de los diarios de cualquier ciudad, pero tristemente y en especial, de nuestra Ciudad Juárez y se comprueba lo dicho. Es de suponer que esa generación, esos niños de antes que a manera de chiste contestaban que querían ser narco, sicario, ratero o similar, pues ya crecieron, ya se graduaron y ya están “ejerciendo” sus respectivas carreras hoy en día.

Cada quien tiene su historia, de lucha, de sacrificio o de trampas, un testimonio de vida. Recuerdo cuando éramos niños, mis amigos de la cuadra nos divertíamos con lo que fuera, la imaginación sobraba para divertirnos inclusive ya entrada la noche, sin correr ningún riesgo. Algunos años después, no olvido como uno de aquellos niños (ya no tan niño) del barrio, apareció de pronto en un auto ultimo modelo, con ropa muy a la moda, y con una sonrisa sarcástica, oscura y falsa, casi casi como si mostrara el típico diente de oro mientras los demás nos peleábamos por echar un vistazo adentro del auto aquel. Sabíamos que no era magia, sabíamos que algo hacia que no estaba bien, pero era la única manera que tenia para demostrar que si se podía, y claro, ninguno pudimos hacer nada mas que observar y callar.

Es verdad que cada quien tiene la libertad de elegir, pero ¿por qué carajos elegir joder a los demás? De nuevo repito esa gran frase del Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”; en esto se encierra todo, aquí esta la solución a los problemas.

La próxima vez, habrá que aguantarnos la prisa y disminuir la velocidad cuando se deba, respetar el cruce escolar, hacer la fila como se debe, pagar la multa en vez de dar mordida, guardarnos la basura y tirarla hasta que lleguemos a un contenedor, avisarle al de enfrente que se le cayo su cartera y dársela, denunciar la injusticia cometida con el vagabundo, el anciano, con la vecina golpeada, con la mujer acosada, de cualquier índole, de cualquier estrato social, de cualquier genero, de cualquier origen, porque en todos esos pequeños detalles, por simples que parezcan, esta la impunidad, esta lo ilegal, esta el horror, todo eso que tanto repudiamos. El famoso prójimo somos todos, hasta los pecadores (mis queridos hermanos conservadores, dije “todos” o ¿acaso Jesús excluía gente por su origen o filiación?) Esto desgraciadamente también incluye a los “malillas” que han volteado de cabeza nuestra sociedad.

Empecemos por barrer nuestra calle para después poder reclamarle al vecino que barra la suya o reclamarle al gobierno que traiga la barredora, si los que la ensuciamos todo el tiempo somos nosotros mismos... ¿no lo creen así?
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