27 septiembre 2010

De derrumbes y deslaves


Cuando la fuerza de la naturaleza pega con tanta intensidad, no hay “alma criada” (frase muy de mi mama, a su vez de mi abuela) que detenga su arrollador paso. Cuanto la tierra tiembla con fuerza, se pueden caer las estructuras mas altas, mas estéticas y mas fuertes en apariencia; todo queda reducido a escombros en cuestión de minutos. Tal movimiento trae consigo un sin fin de dolor, devastación, tristeza, desolación.

Cuando llueve, la naturaleza lo agradece y todo reverdece. Pero cuando llueve en exceso, la misma naturaleza cede y sigue un cause natural, y es cuando sobrevienen inundaciones, arroyos donde no lo estaban, agua, lodo en cantidades industriales, a una velocidad exorbitante y con una fuerza increíble, y se lleva todo a su paso, absolutamente todo. Como si el hecho no fuera suficiente, la lluvia en veces no para; sigue lloviendo sobre mojado. Tal desastre trae consigo inevitablemente mucho dolor, devastación, tristeza, desolación.

Cuando el movimiento telúrico viene de adentro, al interior del alma, de la persona, la sacudida es tan fuerte, que igual, sientes como todo se derrumba, por mas cimentado que pienses que estés. Y claro, después sobreviene ese dolor, esa devastación, esa tristeza y esa desolación. Casi junto con pegado, llega una tormenta que no para, para llover sobre mojado. El agua no deja de caer del interior y se forman esos arroyos extraños, y sientes como se llevan todo a su paso, simplemente arrasan. Y si, llegan acompañados de esa gama de sensaciones: dolor, devastación, tristeza, desolación.

Pero aquí sucede algo diferente a los desastres naturales, y muy similar a la vez. El ser humano, dentro de su fragilidad, tiene la manera de crear un sistema de cimentación mucho más fuerte y más estable que el de cualquier edificio hecho por él mismo. Tan es así que muchos pasan por tales desastres internos, y salen adelante con más fuerza, y continúan en la lucha, y vuelven a construir, y aprender a volver a vivir, a volver a volar.

Ahora, lo que nos semeja, es la reacción, precisamente humana, posterior a tales desastres: la solidaridad. Una solidaridad que se muestra en los momentos mas difíciles, cuando el que sufre mas lo necesita, y que se da espontánea, así nomás… dar es dar.

Así que, habrá que enfrentar los terremotos y las tormentas de esa manera, con fuerza, para que nuestro cimiento nos permita recoger esos pedazos de escombro que se quedan esparcidos por todos lados, y dejar que la tormenta pase para comenzar las tareas de limpieza y de reconstrucción. Y si pareciera que los temblores son continuos, pues a conseguir casco y aspiradora para recoger todos esos pedazos, un impermeable para la lluvia, una cuerda, una lámpara y a darle. Y recordar que esto, por mas duro que se sienta en el momento, esto también pasara.
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19 septiembre 2010

De crepúsculos y miradores


El subir la cuesta en una tarde. El crepúsculo que va quedando atrás, como una postal imborrable, preciosa y precisa. Los unos que se detienen a admirarlo, los otros que nos seguimos de largo. Adultos, niños, ancianos, parejas, un que otro solitario. Todo eso voy dejando a mi paso, por las ventanas y por el retrovisor. Mi auto se convierte en una capsula hermética que me aísla de lo que sucede por fuera. No logra su propósito del todo. La luz de la luna apenas naciente se cuela por el techo solar y me ilumina, y me recuerda de golpe que no estoy aislado, que vivo en un mundo, de personas, de emociones, de distracciones, de situaciones y de frustraciones.

Sigo mi camino y gracias a ese crepúsculo, sigue iluminado de un tono rojizo que baña las montañas cortadas como con un serrucho por la mano del hombre en aras del avance, para dar paso a los vehículos, para darme paso precisamente.

Y en ese preciso instante, donde mas aislado me quería sentir, se abre la puerta y una gran cantidad de recuerdos y sensaciones recorren mi ser, todo gracias a la postal que acabo de pasar de largo. Todo transcurre durante mi camino montañoso, y todas esas sensaciones me hablan, me invaden y curiosamente, me hacen sentir mas humano, con sus errores, defectos y costumbres, como buen ser humano.

La vida no es perfecta, y el momento se termina al llegar a la luz roja del semáforo que espera al final del camino. Vienen a mi mente otros pendientes, y lentamente siento como la puerta se cierra, y la tortuga vuelve a su caparazón. Miro hacia delante y espero la luz verde. Creo que mi vida tiene que ser así de ahora en adelante, mirar hacia enfrente, y esperar la luz verde… esa que llega en un minuto, o que si el semáforo esta descompuesto, nunca llega, solo el “alto” con precaución…
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20 agosto 2010

Rompecabezas


Alguna vez leí o escuche por ahí, algún juego de palabras o frases referente a que ante la adversidad, había que recoger los pedazos que quedan de uno y levantarse y seguir. Quien lo dijo no se equivoco (y también es grosso); es dificilísimo.

Es como un movimiento telúrico, y yo no estoy acostumbrado a los terremotos.
Es como un huracán y yo vivo en el desierto.
Es como un apagón largo y yo soy un tipo de ciudad, acostumbrado a la electricidad.
Es como estar en la zona cero de una bomba y yo no soy héroe ni bombero.
Es como las caricaturas de Juan Sin Miedo y yo soy una gallina de mierda.
Es como juntar mil piecezillas y yo siempre fui malo para los rompecabezas (rompepelotas)

Y dicen por ahí que siempre hay luz al final del túnel, a modo positivo tal vez, no se si refiriéndose a la tan mentada luz que dicen que ven los que no han vuelto. Nada es definitivo en esta vida, solo la muerte y esta última forma parte de la vida misma, un misterio sin resolver, un ciclo inexplicable.

Por lo pronto, aunque yo no vea la mía, se que por ahí me espera la luz del faro, solo que mi barca todavía esta en alta mar, en medio de la tormenta perfecta, horriblemente perfecta. Veamos en que condiciones encalla la barca, de que llega, llega. No se sabe ni el día ni la hora; así llegue una triste astilla, va a llegar.

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16 agosto 2010

Diario de un frustrado suicida, volumen IV

Estaba decidido. El agobio era mucho, los intentos varios y los resultados nulos. Y esta vez no seria poético; sin hacerse señalar el lugar exacto de su corazón para partirlo literalmente en dos, o tomando el veneno mas eficaz para una partida lenta, ni el salto de un edificio que terminaría en un contenedor de basura. Esta vez lo esperaba otro método de fabricación austriaca para lograr el tan anhelado cometido. La vieja Glock 17 le esperaba con el cargador repleto – por si las dudas – decía el frustrado suicida. Todo estaba preparado, todo estaba servido, y todo estaba listo. Previa nota preparada y corregida por cuarta ocasión (la cual todavía mostraba los borrones y tachaduras de tales enmiendas), lo demás era lo de menos, era la hora, que no era ninguna hora especifica, pues de nuevo, pensaba que sin cursilerías seria mucho mejor, pues cualquier elemento de planeación podría traerle sentimientos de arrepentimiento y esta vez estaba decidido a no fallar. Ya era personal. Y así, sin mas preámbulos, empuño la escuadrita, la apunto sobre la sien, y mientras comenzaban a pasar los retratos de su vida en milésimas de segundo, jalo del gatillo…. “click…..click….. click…..”. Es hora de volver a tachonear la nota…
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06 agosto 2010

On the road again, in two wheels


En ese momento pensé "es ahora o nunca". Y llego la tarde, y llego el momento, a desempolvar la "maquina perfecta", a revisar detalles, a inflar llantas, asegurar de llevar lo adecuado, a buscar la indumentaria apropiada que lucia arrumbada en un rincón de ultimo cajón de ropa. Y listo! la bicicleta me esperaba, el mundo exterior con sus nubes y su cielo, con sus caminos y sus olores y sus paisajes me esperaban.

Y que recibimiento me iban a dar; parecía que hubiese sido ayer la ultima vez que me subí en ella y fui a dar mi vuelta. Todo lucia como nunca, o como siempre. Los arbustos despidiendo ese olor, aunque después muera levemente de alergia. El camino de pendiente mas inclinada me esperaba igual, y me exigía esfuerzo, mas que el de costumbre por mi falta de perseverancia, directa o indirecta. La fauna urbana y desértica me observaba mientras trataba de hacer mas ligero mi paseo cambiando de engrane la cadena.

Intente hacer de esto un reencuentro documentado, con imagenes, algunas en mi mente, otras en una cámara. No pude captar todo, en momentos decidí dejar todo en mi mente y solo seguir el momento sobre ruedas, dejarlo fluir y recordar como era eso de pedalear. Y lo logre. Al final de cuentas mi "maquina perfecta" no estaba peleada conmigo, simplemente me esperaba fielmente, para seguir adelante en el kilometraje, para seguir con esas metas pendientes, esos logros, esos sueños, esas victorias compartidas, y ese oxigeno que alcanza para mas de uno, de paseos recreativos, y de rutas competitivas.

Y así sucedió, repentinamente. El doctor dijo "si" y por ahí me colé. Ni tiempo le di al titubeo, me lo tome como lo que era y el día se complemento perfecto. Gracias a mi maquina perfecta por todo lo que me regala. Gracias a la vida por otra oportunidad, esta y tantas que me sigue regalando. Es bueno sentirse así de nuevo, abrir los brazos y sentir el viento que recorre nuestro cuerpo, mientras miro al cielo y me siento libre, me siento vivo; ahora se que puede ser con ruedas o sin ruedas... aunque con ruedas adelanto la sensación.
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