21 enero 2011

Caminando


Caminando…
Cuesta abajo de aquel puente,
Por abajo los vagones y durmientes,
Por arriba remolinos de emociones.

Y el dolor,
En el pecho se confunde
Se amalgama, se mimetiza
En una sola palpitación.

¿Será acaso el sentimiento?
¿Será acaso cardiopatía?
No lo se a ciencia cierta
Duele igual, es lo que cuenta.

Cuando deje a mi corazón naufragar
En las aguas turbias del amor a derroche;
Cuando me perdía en tu luz de luna
Noche tras noche.

Úrgeme sacarlo al sol,
Que seque bien sus heridas
Y a embalsamar bien esas grietas
Que no se queden a la deriva…
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17 enero 2011

Bitácoras inconclusas ver 1.1


Hurgando por ahí en algunas hojas perdidas, me encontré un intento de bitácora de viaje, el cual pareciera no tener un orden, pero curiosamente el sentimiento esta plasmado, y lo entiendo como si fuera ayer:

Jueves - comienzo en desorden para no variar. Cansado hasta el cansancio mismo. Divertido, luego no tanto, pero contento al final. Jamás pensé que un musical de Finding Nemo estuviera tan espectacular y me conmoviera hasta las lágrimas… ¿Qué es lo que pasa conmigo? A veces reniego de ser así, pero bueno, debo de terminar por aceptarme.
La faena terminó temprano, un poco de descanso, luego mas caminar, buscar souvenirs, encontrar mas señales, mas caminar, mas regresar, mas dormir…

Y jamás regrese a terminarla. ¿Por qué? No lo se… simplemente no pude terminarla, pero creo que así esta mejor. El antes y el después lo dejo al aire, a la suerte, al tiempo, y ya veremos que pasa. Por ahí seguirán saliendo mas bitácoras inconclusas y las seguiremos analizando…
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08 enero 2011

Una chispa de corriente no tan común


Tema de filósofos, científicos y pensadores en un café: la energía eléctrica. Que como se transmite, que como se genera, que como se transforma, como viaja. Esa electricidad nos da mucho, nos da la vida moderna que hoy tenemos, nos da luz, nos da guía, nos da diversión, y por que no, también nos da alegrías.

Un foquito nos permite ver lo que escribimos, una corriente eléctrica le da vida al ordenador para escribir, dibujar, crear, y también para socializar, platicar a distancia, mandar señales de alma, vida, corazón y vísceras, de ida y vuelta.

Y cuando la energía se pone caprichosa, le da por manifestarse en esa chispa de electricidad que no se mide con agujas, ni se cobra cada mes, ni se conecta a la pared, ni prende licuadoras. Se manifiesta en ese cruce de miradas, en un primer estrechar de manos, en el primer abrazo, desde el primer beso hasta el cinco mil setecientos cuarenta y ocho. Siempre esta esa chispa presente, una corriente no tan común, o tal vez más de lo que pensamos; habrá que observar mas con detenimiento a nuestro alrededor.

Y habrá ocasiones en que, por mas caprichos de la naturaleza, ambas energías coincidan, por una serie de circunstancias estratégicamente acomodadas en el espacio – tiempo, permiten que el roce de dos cuerpos cargados estáticamente, produzcan esa chispa, al preciso momento de un abrazo, de un beso, de un saludo, de esa demostración de afecto. Aquí se da el “chispazo” por partida doble, y es cuando ambas corrientes convergen en un solo lugar, un solo fin: una energía que no se crea ni se destruye, solo se transforma, y se manifiesta de muchas maneras… así como esa chispa mágica.
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31 diciembre 2010

Y se acabo…

Y así como si nada se acabó este año 2010; una parte se fue lenta, otra se fue muy rápido, pero se acabó, en unas pocas horas mas en este lado del hemisferio, en este lado del Atlántico, y del Pacifico y de longitudes y latitudes, se nos acaba el año.
No soy muy dado a estas reflexiones, no soy muy dado estas celebraciones, no tengo recuerdos muy gratos o muy vividos, pues la celebración nunca fue muy arraigada en este individuo tristón de las orillas.

Como en el escrito anterior, razones las había de sobra para ser el “grinch” y renegar de lo que me trajo este año, pero alguien me ayudó a verlo en otra perspectiva, y en vez de renegar doy gracias, porque de lo malo he aprendido, tal vez no como debería, tal vez me falta mas por aprender, pero se me dio esa oportunidad de hacerlo con esos retos y esas fallas. Desde lesiones físicas hasta lesiones del alma, de todo hubo, como en botica.

Y de lo bueno, me quedo con muchas cosas, buenos momentos, buenos amigos, nuevos amigos, personas que se han cruzado en mi camino, unas llegan y se van, otras llegan para quedarse, otras que siempre están, y otras mas que se que siempre estarán; oportunidades para agradecer la naturaleza humana, tal cual es, sin mas ni menos.

Con esto me quedo, lo atesoro en mi corazón, y sigo adelante, porque esos momentos buenos, agradables, de sonrisas y risas, son los que hacen sentir que vale la pena vivir, con lo que se nos pone enfrente, con vicisitudes, con alegrías, con penas, con enfermedades y con momentos de plenitud, el camino es largo, y uno decide seguir caminándolo, y de uno depende con que cara se le enfrenta. También se aprende a tomar la mano de quien te la extiende de la manera mas sincera, para salir del atolladero y seguir el camino, pues ahí andamos todos.

Venga pues 2011, te espero como vengas, a sacar el capote y hacer dos tres verónicas, que la vida es más que eso, y sigue su marcha y la enfrentamos con la cara que nos queda pero la enfrentamos, compactitos, serenos, con paciencia y perseverancia.

¡Un abrazo a todos y Feliz Año Nuevo!

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22 diciembre 2010

Pequeños eslabones de luz tenue


Como todo un buen grinch de la época, me disponía a espetar toda clase de improperios en contra de los festejos, la música, las aglomeraciones en las tiendas y todo eso que adorna cuanto te rodea por estas fechas navideñas. Ideas sobraron y fueron plasmadas, mas no publicadas, tal vez no hoy, tal vez mas adelante, tal vez nunca. Pero algo sucedió en el camino que me hizo desistir y cambiar un poco la perspectiva; algo me hizo creer, algo me hizo llorar y me hizo intentar de nuevo.

No fue ninguna revelación milagrosa, fue un hecho simple y real: la sonrisa de un niño. Y en ese chiquillo me vi reflejado unos años atrás, cuando junto a mi hermana correteaba ilusiones y las buscaba bajo un árbol de navidad viejo y color plata, en aquella gran sala de pisos de madera, rechinando mientras paseábamos en nuestros triciclos ahí adentro, ante la mirada inquisidora de mi madre y la postura pasiva, permisiva y relajada de mi viejo en su sillón de siempre mientras leía “El Fronterizo”.

Y de ahí me voy siguiendo, lo que me dio por llamar “pequeños eslabones de luz tenue”, hacia aquellos momentos en los que fueron llegando otros chiquillos a casa e igual buscaban ilusiones debajo de un árbol ya mas frondoso y verde, y que compartía con ellos, aun que ya no me gustaran los juguetes: mis queridos sobrinos, mis ensayos de no-hermanitos menores o de los enanos propios por venir.

O aquellas Noches Buenas de adolescencia donde salía después de cenar a las casas de mis amigos, y hacíamos una especie de tour navideño, degustando de todo un poco a cada casa que íbamos, repartiendo abrazos, conociendo primas ajenas (a la prima se le arrima) pero siempre sintiéndonos bienvenidos en todos esos hogares. En esos momentos no exista el fuera de lugar ni en el fútbol. Y que decir de aquella pre-cena navideña un veintitrés en un Whataburger a las cuatro de la mañana, cargándonos un buen pedo después del tour de las luces y varios “seises” de cerveza barata y Mickey’s Malt Liquor. Tal vez no una lección de civismo y buenas costumbres pero fue bastante divertido.

Y así podría seguir enumerando ocasiones en las que reí a carcajadas en esas fechas y si, lo acepto, fui feliz cual pavo vivo después del Día de Acción de Gracias. Independientemente del valor religioso que cada quien le de a esta época (yo tengo uno), muy valido por cierto, es aquí cuando me llega ese pequeño hilo de luz al final de la cadena de eslabones y creo… si, dije “creo”, que el verdadero milagro de la Navidad es ese: el amor incondicional sin afán de demostrar, una amistad sincera, un abrazo en cada hogar, una sonrisa, una risa a carcajada abierta y en complicidad. Habrá que sacar cada quien mas historias de estas y reciclarlas a partir de ahora, en el presente, y haber que sale.

Listo, creo que después de todo no soy un grinch como pensaba.

¡Felices Fiestas a todos! Mis mejores deseos y, habrá que creer….
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