12 septiembre 2026

La única carrera a la que no me inscribí

 


Faltaba muy poco para la meta, lo sabía por las porras y los gritos de "sigue, sigue, ya mero".  Sentía esas miradas fijas en mi camino, en mi zancada, así que seguí corriendo.  Mas adelante vi una bocacalle y con ella la última vuelta para llegar a la meta.  Ya nomas eso y listo – me dije a mi mismo.  Al doblar la esquina ¡oh sorpresa!, no había nada.  Como en un mal sueño, todo estaba gris, solo había banquetas y paredes de concreto, nada de gente viendo o alentando, solo vacío.  Y supe que seguía en la carrera todavía porque las señalizaciones estaban ahí, solo que no había el bullicio de unos metros antesY así sin más, en ese momento decidí salirme de la carrera.  Tomé por una vereda y me fui a mi casa, sin voltear atrás ni por equivocación.  Fue en ese momento que me harté de esta pinche carrera de ratas, y me di cuenta de que era la única carrera a la que no me había inscrito voluntariamente.

Pero la sensación de hastío no llego al doblar la esquina, esa ya venía tomando fuerza de tiempo atrás.  La doblada de la esquina junto con la sensación de "ya mero llegas" fueron solo un acelerador de la decepción.  La vuelta y el vacío fueron el golpe en seco de realidad.  Varios años de las mismas juntas, los mismos jefes, los mismos compañeros, solo con diferentes caras, diferentes nombres, diferentes compañías.  Son siempre los mismos demonios disfrazados de gente decente; "en todos lados se cuecen habas".


La sensación posterior a cada junta era casi la misma e iba siempre en ascenso – que chingados hago aquí – y no por sentirme superior, me sentía genuinamente confundido.  Pero había que hacer lo que manda el manual, la sociedad, las buenas costumbres.  Y así, haciendo lo correcto pasan diez, veinte, cincuenta años, y en una de esas mañanas de café quemado y chisme de oficina, te das cuenta de que jamás vas a alcanzar la zanahoria que cuelga delante tuyo, y que no te has movido ni un centímetro en cualquier dirección.


Aquí entra la pregunta lógica: ¿Y ahora qué sigue?  Hay caminos diferentes, otras opciones, menos responsabilidades, medios tiempos, pero también menos sueldo.  El mundo actual así lo exige; necesitamos de una divisa para adquirir cosas, desde lo más básico hasta cualquier cosa como gustosviajes y diversión.  ¿Es acaso la idea actual de trabajo una forma disfrazada y moderna de esclavitud?  No soy filosofo ni sociólogo, la respuesta se la dejo a los eruditos mientras yo me acomodo el grillete porque ya me está doliendo un poco.


Mientras tanto habrá que seguir buscando esas opciones para mantener el equilibrio en dos pies, entre jodas y pagos, entre viajes y responsabilidades, entre días grises y sol de medianocheMantener ese equilibrio necesario para terminar de recorrer la cuerda floja, porque la hazana se recorre con los ojos vendados.  El desenlace lo tienes claro, el tiempo que dura es el incierto.


Por ahora, ya me di cuenta de que la zanahoria es inalcanzable, así que solo me queda reducir la fuerza de mis zancadas mientras encuentro la forma de desmantelar la maldita rueda...

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