30 enero 2008

Año nuevo, casa nueva

Y que mejor comienzo que con una buena limpieza del ático, de por si mis días internos son nublados, con la oscuridad del ático eran un poco mas pesados. Así que en un arranque de optimismo, y aprovechando un poco de luz de sol, y la ayuda en el diseño y ciertos aspectos técnicos de una gran amiga, le di su “manita de gato” a este lugar.

Un poco de orden, un poco de limpieza, ya lo había expresado antes – creo que era tiempo de limpiar el ático y poner en orden las cajas y los objetos que aquí hay en cada rincón – un poco de clasificación, aunque el caos no puede faltar, es parte esencial de este lugar, la locura del desorden de vez en cuando me sienta bien... (quizás de vez en siempre diría otra personita) pero ya empecé y ahora termino.

Al menos creo que es un poco más agradable a la vista, con mas luz, y en franca ventaja para el ojo humano a la hora de leer.

Aunque este lugar ya es viejo... de alguna manera... ¡Bienvenidos!

23 enero 2008

Aquella casa de la esquina


Me disponía por fin, a entrar al restaurante aquel de comida china tan mencionado por mis compañeros, montado en lo que era una casona vieja. Mientras subía los pequeños escalones del porche, y entraba al lugar, una sensación extraña de flashback recorría todo mi cuerpo, y mi mente se transportaba a un lugar especifico en tiempo y espacio. De todas las casas donde hemos habitado, siempre habrá una que se quede con muchos detalles en nuestra mente, y pasan los años y siguen ahí, por una u otra razón. Y esta casa en particular, me trajo infinidad de recuerdos de aquella casona de Calle Tlaxcala esquina con Colombia.

Una casona con un estilo que a mi en lo particular me agradaba bastante. Una reja con sus bases de ladrillo guardaban aquel jardín con rosales al frente y un pasto no muy bien cuidado a veces verde, a veces amarillo. Una puerta de hierro forjado que daba lugar a un pequeño camino de loseta, a su vez conducía a una pequeña escalinata que daba a un porche, donde teníamos una banca como de parque publico junto a la puerta principal de la casa. Ese porche como le recuerdo, me sirvió de arena de lucha libre aquel día en que mi viejo me llevo por fin mi tan añorada mascara de “Santo el enmascarado de plata”, losetas de cerámica color rojo, adornado por algunas macetas.

La casa estaba en esquina, así que el jardín frontal era grande en espacio, en forma de “L”, ese jardín que en una ocasión nos sirvió a mi y a mis amigos de infancia como foro de teatro experimental, representando a los personajes de “El Chavo del Ocho” mientras los transeúntes casuales servían de publico, y alguno que otro aplauso logramos arrancar del respetable.

El color de los muros exteriores no esta tan fresco en mi mente, solo recuerdo que era un blanco desgastado, y el techo de tejas color rojo, que resaltaban mucho mas en los días nublados desde la acera de enfrente a nuestro regreso de la escuela. Los marcos de las ventanas, esos típicos marcos anchos de madera que rara vez se abrían por miedo a que no se pudieran cerrar de nuevo; los placeres de vivir en una casona vieja. Su interior era inmenso, con un piso de madera original, el cual desprendía un olor muy particular a madera mojada cuando mi madre intentaba limpiarlo como cualquier otro piso, y ese rechinar inconfundible al caminar por el pasillo que daba a las recamaras. Esa gran sala iluminada por la luz del sol que entraba desde aquel gran ventanal, ahí donde mi hermana y yo jugábamos carreras de triciclos seguido de unos cuantos gritos de mi madre y algún que otro castigo.

Y como olvidar esa cocina, al fondo de la sala comedor, accesible por un angosto hueco con puertas cortas de esas de “cantina”, alargada, con una alacena al fondo. La cocina, ese lugar de reuniones, de recibir visitas de confianza, de platicas familiares mientras se cocía la olla de frijoles o se preparaba un pastel. Recuerdo también ese pequeño cuarto de lavandería al fondo de la cocina, junto a la puerta mitad de cristal, mitad de hierro que daba hacia otra pequeña escalinata que conducía al patio trasero, pequeño, con una gran barda tapizada por una enredadera, y los típicos tendederos de ropa.

Y así me podría seguir con cada rincón de esa casona vieja de Tlaxcala y Colombia, donde pase algunos años de mi vida, los más inocentes, los más fabulosos, de varios despertares, de alegrías y tristezas, pero de muchos recuerdos, recuerdos que todavía siguen grabados en mi mente y que se desempolvan del ático, con una simple visita a un restaurante.

¿Y tu, tienes recuerdos de tu casa favorita?

15 enero 2008

Malabareando la vida


A lo lejos veo cambiar la luz del semáforo a rojo – otra espera mas – alcanzo a murmurar con mal humor, inevitable ahora en estos tiempos de comida rápida, problemas rápidos, y eternos, y vida rápida, así aprisa y sin descanso.

Y clásico, durante la pausa pasan el que vende cigarrillos, el que vende semillas y dulces, el que limpia parabrisas, pero luego, veo uno que llama mi atención, un joven de escasos quince, maquillado de payaso, que malabarea tres antorchas de fuego encendidas. Vaya manera de llamar la atención, pero en esos minutos en que la luz dura en rojo, el vehículo en reposo y logrando que mi mente haga lo mismo, vuelo con cada una de las maniobras que el joven hace en ese cruce de caminos. La vida misma se pasa así, malabareando bolas de fuego, problemas familiares, problemas financieros, problemas personales, demonios internos que no nos dejan pegar ojo por las noches, pero que, al final del día, simplemente son eso, bolas de fuego malabareadas por un payaso, simplemente para sobrevivir.

Pero ¿en qué momento esas pelotitas se tornaron de fuego? ¿En que momento deje que esos problemas se hicieran más grandes? No cabe la menor duda que la vida de niño, la famosa “vida de antes” que tanto mencionamos y añoramos, era mucho más sencilla de lo que es en la actualidad. Los principales problemas eran decidir que deporte practicar, que golosina comprar en la tiendita de la escuela, y si la niña bonita de la clase cruzaría su mirada conmigo ese día.

El payaso terminó su espectáculo e hizo su ronda entre los autos. Y así pasando entre miradas perdidas, desprecios y olor a humo de escape, llegó exactamente a un lado mío, lo miré, pero no sé si le vi a él, o era mi propio reflejo en el cristal; sinceramente creo que fue lo segundo. Sin darme cuenta pero sin pensarlo también, saque rápido una moneda y se la di, mientras al mismo tiempo pasaban por mi mente todos esos recuerdos de infancia, algo raro y complicado para una persona que no puede realizar varias tareas a la vez como yo, pero así fue.

La luz verde del semáforo rompió con el hechizo hipnótico del malabarista y de mi mente retro. Creo que fue una de las meditaciones mas cortas – si no es que la única – pero de las mas profundas que he hecho en mi vida. Es verdad que no se debe de vivir del pasado, pero a veces se necesita volver a tener ese enfoque sencillo de la vida para no complicarla tanto, para no prenderle fuego a las pelotas cuando se esta malabareando en la vida. Creo que es hora de desempolvar el ático...

08 enero 2008

Lo que se fue, lo que sigue ahora...


Y así sin mas, se fue un año mas, lleno de muchas cosas, variadito, con penas, alegrías, logros, fracasos, pero ¿qué es la vida si no una enseñanza continua? Bien dicen que la vida es una escuela de la que nunca se termina de aprender cosas nuevas, y creo que este año que paso, fue una de las mejores clases que he tenido en mi vida.

Me llevo principalmente a muchos amigos y buenos recuerdos, re-encuentros con amigos de la juventud, proyectos de volver a juntarnos, desempolvar guitarras y “echar música”. Aprendí que todo en la vida tiene limites, sobre todo físicos, pero que nada ni nadie me puede detener de lograr mis objetivos, ni un tendón roto ni una cadena atorada de bicicleta, ni las criticas, nada, nada se interpone en el camino que hay hacia las metas.

Me llevo un poco de mas letras, mas libros, muchos mas de los que jamás pensé poder leer, para algunos otros pueden ser pocos, pero para mí, son muchos y por lo tal es un gran logro... como no descubrí a Benedetti antes, me pregunto... la cosa es que lo descubrí y listo. Pero además de los libros, me llevo muchas letras de amigos virtuales, tan lejanos como el cono sur, y tan cercanos como la misma cuadra que me vio crecer. También atesoro esas letras y espero seguir atesorándolas mucho tiempo.

Lo que sigue ahora, es un año con sus respectivos retos, algunos difíciles, otros más sencillos, pero la clave de lograr sobrepasarlos, esta en la planeación, en la visualización de esos sueños, tienen que ser claros para que puedan ser alcanzables. Pero sobre todo, la clave para lograrlos esta en el esfuerzo y el empeño que cada uno le pongamos a estos, y sé que se puede, así que este año me esperan otras carreras, previa rehabilitación de hombro, la cual ya va por muy buen camino. Y me esperan mis letras, esas que suelto como exorcizando a mis demonios, esas que me piden salir, que quieren ser plasmadas, y sobre todo compartidas, porque siempre, siempre se aprende de las vivencias compartidas.

Les deseo un año nuevo repleto de buenas cosas, de retos importantes, de logros, victorias, buenos deseos. Y si se atraviesan derrotas, momentos amargos, les deseo que no desistan, caer esta bien, pero levantarse es lo importante, y seguir caminando, que así es esto, la vida es un camino, cada quien toma uno diferente o parecido al de alguien mas, pero al fin y al cabo es camino, y se vive hasta que se camina, se pasa, se tropieza, se levanta y se vuelve a caminar...

¡Un abrazo y Feliz 2008!