13 julio 2017

El "por mientras"


Como que últimamente se esta volviendo mi costumbre el expresar un acalorado desprecio por las redes sociales.  Y a todo esto, ¿en que me baso? Pues mi justificación principal es que el vertiginoso ritmo de vida que llevamos (o al que nos han llevado, tema aparte) nos hace vivir el “multitasking” a tal grado que abusamos de el.  Trasladado esto al mundo de las redes, en infinidad de ocasiones pasamos a ser “el por mientras”, el o la persona en turno que es objeto de la platica o de la atención en la red social o medio de comunicación moderno, esto hasta que aburramos, demos flojerita o llegue el plato fuerte, la persona o tema que el interlocutor verdaderamente estaba esperando para verter todo su tiempo, tripas, corazón y dígitos a velocidades extremas.

Y hablo en plural, pecando de ingenuo, porque todo esto de las redes sociales, chats, etc. es un deporte de apreciación niños y niñas, siempre depende del cristal con que se mira, del humor o estado de animo que uno traiga en ese momento, y si esta combinación es mala, pues fregado esta el asunto… para el que se la cree.

Ser el “por mientras” es de lo mas jodido que pueda uno ser o sentir.  Apreciación aparte, el ser el “por mientras” te deja sentimientos de frustración enormes.  Y esto no es limitado al espacio cibernético, pues también ocurre en la interacción personal, aunque el 99.9% sea a causa de un dispositivo electrónico de comunicación, sea de la denominación que fuere.

No culpo a la tecnología, pues esta nos mantiene a la vanguardia y nos permite innovar y mejorar, solo que en algunos casos pareciera hacer lo contrario, pero creo que somos nosotros, los humanos, los principales causante de este tipo de situaciones; el “drama cibernético” esta a la orden del día.
                                            
El “por mientras” pasa a ser el invitado incomodo que les permite a esas personas “matar el tiempo” mientras llegan a su destino, o mientras alguien mas a quien si estaban esperando, llega y los saca del apuro.  La cosa es estar activo, “en línea”, sin aburrirte.  Hay que llenar los espacios con lo que sea, aunque después nos estemos arrepintiendo.  Y ahí seguimos, entre emojis, caritas felices, corazones y demás baile de ilusiones, hasta que se acaba el veinte, de golpe y porrazo.
Lo peor del caso, es que muchos de los que hemos estado en ese grupo de los “por mientras” lo seguimos haciendo, no queremos dejar ese gremio, y seguimos cayendo.  Somos tercos, no aprendemos.  Personalmente, poco a poco me he ido deshaciendo de algunos de esos medios, pero existen otros de los que no se puede uno escapar, porque en realidad si cumplen con su cometido principal, el de la comunicación. 

Sigamos pues siendo los “por mientras”, por mientras que llega otra red social u otro medio de comunicación que nos otorgue otra denominación a aquellos que en realidad valoramos la comunicación, sobre todo con los seres queridos.  Siempre habrá un roto para un descosido, siempre habrá un por mientras para un aburrido, aunque se juegue con los sentimientos, esos que están desvalorados cada vez mas…


26 junio 2017

Sin sentido

Esta es una carta sin sentido, donde solo quiero garabatear lo que siento, explotar y despotricar contra todo y contra todos, porque odio todo sin sentido, muy anárquico, a lo porro, porque me da la gana y punto.
Y es sin ningún sentido porque se que esto, aunque digan que es catártico y cura, lo pongo en tela de duda, a menos que sea porque gasto mi energía en pensar lo que voy a escribir y me deja con pocas ganas de seguir renegando.

¿De que carajos me sirve renegar? ¿Para que quejarme? si se que nada va a cambiar, nada se va a resolver, o me va a ir peor.  Pero como, ¡válgame dios! si usted es “Mister Magoo”, Don Magoo,  el que siempre tiene una sonrisa afable y un chiste a la mano y otro bajo de la manga, para hacer reír al mas rudo.

Siempre fui el bufón de la bolita en turno, era mi manera de entrar, de pertenecer, aunque no fuera un circulo de mi total agrado, la cosa era no quedarse fuera, ¿Que no es así? ¿Que no se trata de eso?  Siempre fui ese que hacia reír a los demás ridiculizándose a si mismo.
¿Y ahora? Ahora estoy solo rodeado de gente, la soledad en el tumulto, inexplicable pero tan cierto como lo latente del sentimiento desesperado de entrar por la puerta falsa en ese pasillo de puertas varias, supuestas opciones múltiples de este gran chiste llamado “vida”.  Y ahora, nadie es amigo, todos se han olvidado, ya no hay buena oferta humorística, me quede atrás, me volví obsoleto.  Ahora cada quien tiene la lana suficiente, gracias al producto de sus excelentes y productivas vidas de adulto, para pagar sus propios bufones de bolsillo en forma de mil gadgets o aplicaciones para su móvil, o terapias costosas y pseudo exitosas.  Pero lo otro, lo otro nunca fue real, fue pasajero, como la vida misma.  Y se queda uno vacío en el rincón, como juguete viejo en el ático, porque ya no hay lugar para el en la vida real, en la actualidad, el modernismo, en lo de ahora, lo “in”.  Como habría yo de pertenecer a ese mundo “in” si siempre me siento “orsai”, fuera de lugar.


Sigamos pues observando, procesando, digiriendo y vomitando todo esto, mientras se pueda, mientras alcance, aunque todo sea sin sentido…

01 junio 2017

Animal de costumbres


Dijo por ahí Charles Dickens que “los hombres somos animales de costumbres”.  Al menos eso dice Google; y yo le creo.  Hoy en día, la tecnología es el nuevo dogma de fe, y cada vez el método científico se impone sobre el mito, pero con todo y los avances tecnológicos, siguen siendo muchos los que dudan de la ciencia y siguen creyendo en su fe ciega, justa y creacionista, siempre y cuando sea miembro exclusivo del VIP divino de la religión oficial (inserte aquí su creencia favorita).  Ahora si que cada quien su santo… y esta frase no se quien la dijo pero como parte del folklore, es sabia y certera.

La mente cambia, el cerebro es plástico, aprendemos cosas nuevas, el aprendizaje es continuo, luego, después de tantos años de aprendizaje, métodos científicos y demás herejías, sigo incluyendo frases como “gracias a dios”, “con el favor de dios”, “primeramente dios” en ciertas interacciones cotidianas.  La costumbre me gana; o no se si es compasión, dependiendo del interlocutor,  o miedo, el famoso “temor de dios”, ese que tanto me inculcó mi madre, que si me leyera, me des nombra como su hijo y oficialmente pasaría a ser un “desmadre”,  pero bueno, esa es otra historia.

El caso es que ya no creo (o no me la creo), pero a la vez creo, o se me olvida que ya no creo, y frente a mi madre ¡Líbreme dios! si infiere que rompo sus moldes.  Creo que la vida de eso se trata, de ir descubriendo de que lado masca la tal iguana, e ir rompiendo pues con esos moldes que te enjaretan de niño, y sentirte a gusto con tu posición, tus ideas y tus creencias, esas que tu si elegiste, en las que tu si crees. 

A mis críos, les dejo esa libertad, porque creo que no los hace menos personas el no tener pues el mentado temor de dios.  Y ni el tiempo dirá si tuve o no razón, porque con el tiempo pasare a ser abono para el pastito y alimento para gusanos y hasta ahí llego la mecha, y el cuento ya le tocará continuarlo a alguien mas.

Y para no seguir disparatando mas con estas cosas, porque se supone que uno no habla de política ni de religión con sus amigos, los dejo pues y que diosito bendiga a sus mercedes de ustedes.


Atte:  el nuevo agnóstico… gracias a dios.