27 febrero 2011

Contra viento y más viento


Cuando la luz de tu sol no podía ser mas brillante e iluminara cada rincón de tu espacio, llegan las nubes, viento, polvo, tormenta. Un disparo de azul profundo mezclado con gris de nube invade el cielo y cubre la luz; todo es tinieblas de nuevo; como recordándote tu condición humana, haciéndote más humilde, doblándote de rodillas mientras miras a un cielo que no parece y te das cuenta de nuevo de tu debilidad, de tu condición imperfecta, de tu mortalidad.

¿Y ahora que? – pareciera ser el grito apagado en tu mente y en tu alma ante el cambio repentino de tu soleado jardín de rosas, donde el viento se lleva todo, menos el dolor, la tristeza profunda, la sensación de impotencia, de incompetencia… esas siguen ahí. El viento se las llevara eventualmente pero mientras tanto, es el trago a saborear, junto a la tierra y polvo que trae ese viento hasta tu boca, eso si, sin que tu lo hayas querido, porque de eso se trata la tormenta, de llegar en el momento menos esperado, por mas anunciado que haya sido por los expertos meteorólogos.

Sabes que mañana o pasado saldrá el sol, ya lo dijeron los que saben, pero ya no te la crees, así que, decides “disfrutar” (¡ja! si es que puedes) del azul oscuro con gris del cielo, del excesivo viento y de la oscuridad temprana. Que mas se puede hacer, total, ya saldrá el sol, ya se secara lo que se tenga que secar, mientras tanto, disfruta de las gotas en tu rostro sin lluvia, y de la persistencia del polvo inoportuno en tus orejas, en los rincones, en el ambiente, como recordándote de nuevo, que nada es perfecto, y que nada es para siempre, solo el ciclo de la vida, y ese, también incluye la muerte…

08 febrero 2011

Soñé que felpaba


Nunca jamás de sueños recurrentes, ni de sueños simples ni de sueño alguno, y este me vino a mover todo el esqueleto, casi literalmente. Soñé que felpaba, entregaba el equipo, salía con los tenis por delante, que me iba al último viaje… soñé que moría.

Ahí estaba, arrinconado en mi cama en posición fetal; me había quedado dormidito como la abuela, para muchos la mejor muerte: quedar en el sueño, pero muerte al fin y al cabo.

Sorprendidos todos ante el acontecimiento, me preparaban y me velaban “como Dios manda”. Y me rezaban rosarios, y desfiles de personajes ataviados de negro; los abrazos, el café, los chistes, porque no podían faltar los chistes, siempre fui un payaso, que mejor honor.

Y me entraba una sensación de escalofrió, mas calida que helada he de decir, y mientras el calorcito recorría todo mi cuerpo, el miedo se iba a apoderando de mi subconsciente poco a poco. Ni para donde correr, era el único espectador de aquella escena dantesca cual Mister Scrooge visitando al fantasma del futuro, o del presente, o una mezcla de todos. Y la escena me aterraba.

Pero después descubrí que el miedo no era a la muerte misma, sino a la infinidad de cosas que dejaba inconclusas: proyectos, canciones, voces, letras, yougurts, farras, abrazos, besos, holas y adioses, caminos sin recorrer… y eso me daba más miedo que cualquier otra cosa. No era el momento, no aun, tenia tantos pendientes…

Y el tiempo de la frase cambió cuando me desperté de golpe, agitado y entre gotas de sudor frío: no “es” el momento, “tengo” tantos pendientes….
No se que tanto me mueva o conmueva toda esta novela onírica, pero creo que es hora de acelerar el paso y seguir tachando cosas de esa lista de pendientes, antes de que salga por la puerta con los tenis por delante o sin tenis de lo repentino del momento, con sueño o sin sueño… mejor alcanzo los míos.