24 diciembre 2007

Cuando la noche es buena


Para Miguel, todo era preocupación y estrés. El haber trabajado la noche buena era algo no grato, y había que sumarle a eso la lista de pendientes que tenia por hacer, después de un día largo y normal de trabajo, tener que pasar al mercado a hacer compras de “ultima hora” entre aquel mar de gente. –Es increíble como este día es cuando la gente se pone mas mal – decía Miguel mientras recorría los pasillos entre empujones, miradas lascivas y murmullos ofensivos. Lo que le faltaba, el ultimo encargo, un azafrán para sazonar la cena, no podía ser encontrado en todo aquel supermercado – no puede ser posible que no encuentre un mugroso azafrán – se decía a si mismo cuando de pronto al darse la vuelta, un viejecito de mirada cansada pero muy noble, y con una sonrisa en su rostro le contesta – un azafrán precisamente como este, buen hombre – y le acerca con sus manos la cajita con la preciada especia. – Muchas gracias señor – entre murmullos fue lo único que Miguel pudo decir mientras se retiraba escuchando las ultimas palabras de aquel viejecito decir – que tenga una noche buena.

Aquella experiencia sin duda le había hecho reflexionar sobre la velocidad a la que siempre llevamos nuestras vidas, y los pequeños detalles que se pasan de largo por ir mas aprisa cada vez. Esa experiencia puso un cierto alivio en su alma, y mientras lo pensaba, le trajo una gran sonrisa a su cara y a su corazón, mientras iba ya camino a casa. Mientras esperaba la luz verde en un crucero, se acerco hasta su auto un niño vendiendo luces de bengala, de figura desprolija pero con una sonrisa sincera en su rostro. El pequeño le dice – señor ¿me podría comprar una bengala para sus hijos? Ayúdeme, no he vendido nada esta noche y tengo que llevar algo a mi casa para cenar. Aquellas palabras retumbaron en Miguel, solo unos minutos antes un personaje extraño le había mostrado la sencillez de la vida, y ahora este chiquillo le venia de nuevo a mostrar otra parte de la vida que se pierde en la rapidez de nuestras complicaciones. Después de una fracción de segundos de pensar, Miguel le dice al pequeño – Te diré algo, toma este billete, solo dame una bengala y quédate con el cambio – El rostro del niño se ilumino de tal manera, que era difícil no poder verlo de lejos. – Muchas gracias jefe – le dijo aquel niño, le entregó su bengala a Miguel y se fue corriendo, brincando de felicidad mientras decía – esta si que es una noche buena – y sin mas, se perdía entre la oscuridad.

En una colonia periférica de la ciudad, Pepe, aquel niño vendedor de luces de bengala, caminaba rumbo a su humilde casa, pero con una gran esperanza dentro de él, y un billete que le significaría una cierta alegría a toda su familia. Pero Pepe no quiso llegar a su casa sin antes dar gracias por ese milagro ocurrido en Noche Buena. En su camino, se detuvo en una iglesia, entro para dar gracias a Dios por que su familia tendría algo que cenar esa noche. Algunas de las personas que estaban ahí lo miraban con desprecio, otros con ternura, otros con curiosidad, mientras Pepe llegaba hasta el nacimiento, se hincaba a dar gracias al niño Jesús, y una voz en el sonido decía “... y paz a los hombres de buena voluntad”.

Tal vez fue algo que le sobraba a Miguel, tal vez fue el estar en el momento correcto. Mas bien, fue una cadena de hechos, todos estos provocados por una buena obra, por la buena voluntad de algunos, porque todo esto se contagia, la sonrisa y la felicidad se comparten. Les invito a compartir esta Navidad una sonrisa, un buen detalle, algo de paciencia, una caricia, un abrazo, un saludo, algo que trascienda mas allá de un simple regalo material, porque eso es lo que más se atesora en nuestros corazones.

Les dejo un fuerte abrazo, les deseo lo mejor para esta Navidad y para siempre, y sigamos continuando con esa cadena de buena voluntad ¿no creen?

19 diciembre 2007

Una taza de café, tres de azúcar, muchas de amargura


Y no me explico como no me supo amargo desde un principio, pero así es esto, la amargura va llegando de a poco, se confunde con ciertos sabores y de pronto, te la estas tomando lo que pareciera ser muy tranquilamente en una mañana fría y desolada.

Lo dejé pasar, me tuve que ir tragando esta amargura de taza en taza, sin siquiera decirte una pizca de lo que a mi juicio te tocaba. Me tuve que tragar todos los rechazos, las desatenciones, las culpas los reclamos injustos, entre taza y taza. Y yo que me desviví en atenciones, palabras dulces, poemas, locuras, historias y demás. Que difícil es toparse con pared, de que todo eso no tuvo recepción, no llego a su destino... es inevitable sentir esa amargura, entre taza y taza.

¡Carajo! Si le acabo de poner tres cubitos de azúcar y aun así me sigue sabiendo muy amargo... no hay remedio, así es esto, así me lo tengo que tomar, y no lo puedo dejar porque no hay mas, es la ultima jarra... o esto, o nada, aunque a veces pienso, que nada estaría mejor. ¿En que momento la amargura se coló en mi café? Debió ser en el momento en el que mi reclamo estuvo a punto de salir de la yema de mis dedos, a un centímetro del teclado, pero lo detuve; bendita tecnología – me decía a mí mismo - y a la vez maldita seas, porque de algún modo tu fuiste cómplice, y tú lo permitiste.

O tal vez pudo haber sido aquella mañana, que tus disculpas no valieron, y que gracias a una fuerza extraña, en el momento me contuve, y me trague todo eso que tenia en mi mente, ahí debió ser cuando toda esa amargura se fue a mi café, el que saboreo con gusto todas las mañanas, el último de mis gustos, que también, entre taza y taza, ahora se hunde en un extraño abismo de amargura.

Y mientras sigo buscando culpables – la taza metálica, la taza de porcelana tal vez, la cuchara, el azúcar – por fin llego a mi destino momentáneo, porque, seria muy bueno en estos momentos descubrir cual es mi verdadero destino. En la siguiente oportunidad probare con miel, tal vez sea mejor que el azúcar para encubrir la amargura.

PD: Hoy es el día cero, muchas gracias a todos por sus buenos deseos, espero estar de vuelta muy pronto, aunque sea escribiendo con una sola mano, mientras nos recuperamos. Abrazos a todos...

16 diciembre 2007

El lugar vacío en la mesa


Los días festivos así lo demandan: Diciembre, mes de fiestas, celebraciones familiares, con amigos, compañeros de trabajo; época de dar, época de recibir, época de analizar logros y añoranzas de un año que de a poco y en medio del bullicio se va, y al mismo tiempo de plantearse los famosos “propósitos”. Así se viven las famosas fechas Decembrinas, y nosotros no podíamos ser la excepción, solo que lo hacemos con una silla vacía en la mesa en turno.

Parece que fue ayer que todavía estabas por acá, compartiendo un vino tinto, una sonrisa seria y una película de Cantinflas mientras la cena estaba lista. Parece que fue ayer que preparabas los “calientitos” (el ponche de frutas) como solo tu sabias, la cantidad exacta de tal o cual fruta, la receta secreta de la familia. Parece que fue ayer que te di aquel abrazo en una tarde fría de invierno, sin saber que seria la ultima. Una ultima oportunidad que nos brindo la vida, y que creo la aproveche muy bien.

Son ya diez años de que te nos adelantaste, ¡caray! Que rápido pasa el tiempo, tan rápido que, como puedes ver, todavía parece que fue ayer que sucedieron todos estos recuerdos, y muchos mas que llevo por ahí guardados en las esquinas de mi ático. Hoy te recordamos con gran cariño, con una reunión, y con muchos recuerdos. De mi parte gracias por todo lo bueno que me diste, por todas las enseñanzas que en mi dejaste y por los pocos consejos, pocos pero valiosos, que me diste durante el tiempo que compartimos; creo que tu silencio me enseñó mas que cualquier sermón.

Apuesto que en esta ocasión no te pudo faltar un tango y la copita de vino para acompañar la velada, así lo veo, así lo imagino.

Un abrazo viejo, donde quiera que estés...

07 diciembre 2007

Las penas con música son menos.


Acontecimientos van, acontecimientos vienen, cosas irrelevantes, otras un poco más. De esto y muchas cosas más esta compuesta nuestra vida diaria ¿no creen? Ya decía yo que eran treinta y tantos años ganándole al bisturí, y pues se llego mi hora. Resulta que la lesión que tuve una semana antes de la carrera ciclista “Chupacabras”, resulto ser una rotura de tendón en el hombro y de la bursa (una bolsita que actúa como amortiguador en el hombro) El doctor piensa que la rotura es mas grave de lo que la resonancia magnética nos muestra, así que el resultado es oficial: artroscopia de hombro, una especie de microcirugía, donde van a meter camarita e instrumentos para ver y reparar el problema.

Le he estado dando vueltas al asunto, aparte del aspecto económico, pues el dinero no se da en árboles, tampoco la salud, y esto puede ser más importante. Como todo, siempre hay probabilidades, historias trágicas y opiniones pesimistas, pero creo que han sido mas las optimistas, así que, me he declarado listo para esta siguiente e interesante aventura. Prometo dar pormenores, y si se puede, hasta recuerdos fotográficos, siempre y cuando sean aptos.

Y pues para cerrar con broche de oro la semana, no podía faltar un recuerdo musical. Dicen que “las penas con pan son menos” pero yo le adaptaría a “las penas con música son menos”. ¿Alguien recuerda esta canción? Es de un grupo llamado GTR, el cual no sobrevivió mucho, pero llego a ser denominado como un ”super grupo”, porque era una mezcla de músicos muy talentosos, ex miembros de grupos como Genesis, Yes y Asia. En fin, el caso es que esta “rolita” me trae muchos pero muchos recuerdos de juventud, mis tiempos de últimos años de preparatoria, rumbo a la universidad, sin saber que quería hacer de mi vida, pero ¿a poco ya descubrí la respuesta a esa pregunta en la actualidad? Siempre tendremos algo que aprender, todos los días.



Bueno, espero les guste la canción. Ah y chequen el dato ¿a poco no el guitarrista que sale ahí en el video con unas medallas colgadas (Steve Hackett) le da un parecido a un joven Clint Eastwood? Ya me dirán ....

30 noviembre 2007

De nevadas...


La nevada que cayo la semana pasada por estas tierras me ha dejado con muchos recuerdos. Es un espectáculo que difícilmente se llega a ver por estos rumbos. Pienso para mis adentros “y todavía hay gente que no cree que el cambio climático sea una realidad”, pero lo es, esto seguro que mi viejo y mi abuelo estarían de acuerdo conmigo.

Al final de cuentas la nevada no estuvo copiosa, no vivimos en una región geográfica donde esto sea algo normal como en los bosques, pero al fin y al cabo era común, hace unos vente años, que nos cayera mínimo una nevadita cada año, cada invierno. No recuerdo cuando fue la ultima vez que nevó como este pasado sábado, pero me alegro el día, y me hizo recordar esas mañanas de nevadas en mi barrio, cuando era un chiquillo (también había chiquillas) y salíamos a la calle a jugar “guerritas de nieve” y hacíamos muñecos de nieve y nos divertíamos como enanos. Las clases se suspendían, las calles quedaban semivacías, todo estaba a nuestro favor... que tiempos aquellos.

Solo espero que no sea la ultima, porque me quede con las ganas de hacer un muñeco de nieve por la poca cantidad que cayo por mis rumbos, pero ya será la próxima. También espero que la nevada sea entre semana, y mejor en un viernes o un lunes para extender el fin de semana, perfecto para un café, o chocolate caliente, y un buen libro, claro, después de la requerida guerra de nieve.

21 noviembre 2007

Portadas Musicales I

Le doy un descanso a mi mente de tanto ajetreo diario y me refugio en los recovecos de mi ático, aquellos que tienen que ver con la música, es que me ha acompañado siempre y me detengo a observar mis discos viejos, aquellos discos de vinilo o acetato negro, grandes y ahora obsoletos, ah pero el arte de las portadas de esos discos, es transportarse a otro mundo, a otro tiempo.



Y la primera que viene que esta, la de este álbum de Van Halen titulado “1984”. Que rolas aquellas, horas y horas de escuchar “Jump” y “Panama”, pretendiendo ser Eddie Van Halen tocando la guitarra con esa maestría en los dedos, o tal vez armado de un par de palillos, golpeando paredes y todo lo que se tuviera al alcance, pretendiendo ser Alex Van Halen, con esa tan peculiar manera de tocar la batería; ese sonido constante de los platillos en todas las canciones, una sonido inconfundible hasta la fecha.

Época de rebeldía, época de independencia, época de muchas experiencias y de cambios. Es increíble cuantas cosas nos puede traer la música, porque siempre que llega en un recuerdo, viene acompañada de vivencias, y se sienten tan reales. Es por eso, que se dice que recordar es vivir, pero también se dice que la música es el alimento del alma... una frase tan sencilla y tan cierta.

14 noviembre 2007

El dolor de los locos

Dicen que a los locos
No les duele nada, nunca...
Que idea mas equivocada
Porque los locos sufrimos, lloramos, dolemos...

El dolor se confunde entre risas y llantos
Entre muecas, pasos en falso y brincos alborotados
Lo escondemos, lo enterramos, lo maquillamos
Pero al final del día, el dolor sigue ahí, intacto.

Pero ¿qué es el dolor para un loco?
No es mas que una forma de expresión
En su colección de arte privada
Esa que se guarda dentro, en el lado cuerdo.

Al loco le duele el mundo,
Sus guerras, sus ricos y sus pobres
Toda la injusticia es suficiente,
Prefiero mil veces, seguir siendo un loco
Sufriendo, llorando, doliendo...

El show debe continuar!

06 noviembre 2007

Un espectador solitario


A veces me siento como un simple espectador de la vida, un espectador solitario, que aun con el bullicio del ambiente que lo rodea, se siente solo, triste, abandonado, olvidado, aislado de todo y de todos.

La vida pasa tan deprisa frente al espectador, a veces tanto que en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo pasa más rápido de lo normal, y se pierde eventos interesantes, algunos muy importantes de lo que es o pareciera ser su vida, esa que a veces no tiene sentido.

El espectador, ríe, llora, sufre, se regocija y “casi” vive con todo lo que pasa frente a él, como en un teatro, como frente a un televisor, pero su soledad no le permite tener interacción alguna, la señal viaja en un solo sentido, y se entiende o no se entiende, se capta o no se capta, no hay segunda oportunidad, no hay “TiVo” que grabe su programa, es ahora o nunca. Se tiene la opción de ver lo que pasa frente a él, o voltear a un lado, parpadear y pedir al cielo que en ese parpadeo, pasen mil años, como cruelmente suele suceder en las ocasiones que si son importantes, pero la vida es caprichosa, y el control remoto no esta a la mano del espectador, esta en otra parte, alguien mas lleva los hilos.

¿Cuántas cosas no se ha perdido ese espectador, por el mismo hecho de estar como un espectador? Solitario, mudo, insensible y perdiendo la capacidad de asombro a cada rato, dejando pasar la película de su vida frente a sus ojos y sin hacer nada, sin participar, simplemente sin acción.

¿En que momento el espectador decidió eso, ser un espectador solitario? ¿En que momento salió del televisor, bajo del escenario hacia el sillón, hacia las butacas, para ser un simple espectador y no un actor? Este espectador debería de estar ahí arriba, ahí adentro, ahí, como el actor principal, el maestro de las marionetas, manejando los hilos de su propia historia como si no hubiera un mañana, pero la vida es una obra extraña, que nos hace pasar de actor a espectador y viceversa... ¿acaso a capricho del mismo espectador? ¿O a capricho de quien entonces? La pregunta de los sesenta y cuatro mil sin duda alguna.

Lo único que este espectador sabe, es que ese viceversa no ha llegado, porque sigue ahí sentado, solitario, simplemente expectante, dejando pasar momentos, olvidando sus cualidades histriónicas para pasar a ser el protagonista de esta obra llamada vida, su propia vida.

31 octubre 2007

De brujas, dulces y hospitales


Todo estaba listo, a mis escasos ocho años me disponía a salir de casa esa tarde, y junto con mis amigos participar de esa tradición prestada de los primos del norte (los gringos) de ir a pedir dulces casa por casa la noche de Halloween; el vivir en frontera hace casi imposible el aislarse de modismos, lenguaje y tradiciones gringas.

Armado de una simple mascara (a la fecha no recuerdo bien de que, pero de que era monstruo, lo era) y una bolsa de plástico, enfile junto con mis amigos hacia las calles de la colonia, a pedir dulces como ya lo había hecho otros años. Ese día, el clima había sido favorable, así que una playera de manga corta bastaba, aunque por la tarde el clima cambió bruscamente y empezó a soplar un viento fuerte y muy frió.

Vengan, acá están dando chocolates – nos gritaba un amigo, y corríamos todos hacia la mencionada casa, o – acá están dando dulces americanos – y para allá íbamos todos, siguiendo el grito de guerra. La noche transcurría normal, solo que yo comencé a sentir un poco mas el frió, y de pronto me vino una tos, cosa que no me detuvo en mi afanosa tarea de recolectar el mayor numero de dulces posible. El clima, aunado a mis alergias, causaría poco mas tarde una reacción muy interesante en mi esquelética figura.

Por fin termine mi recorrido, llegue a casa con el botín de dulces, pero mi salud muy mermada, la tos era tan persistente, que ni ganas me quedaron de saborear los dulces obtenidos esa noche. Horas mas tarde, me era casi imposible poder respirar, mi pecho se contraía demasiado al grado de provocar dolor el simple hecho de querer tomar una bocanada de aire; mis padres muy asustados decidieron llevarme de urgencia a un hospital.

La siguiente imagen que viene a mi mente es el estar en una cama de hospital, con suero, inyecciones y una cámara de oxigeno alrededor. Debido a mis alergias y el frió, había sufrido un ataque severo de asma, así que había que desinflamar y despejar mis bronquios lo mas rápido posible. Recuerdo muy bien la imagen de mi madre sumamente afligida a través del plástico de la cámara de oxigeno, se vivía en desatenciones por mí, y su cara de angustia me asustaba mucho, muchísimo. Esa noche fue una de las peores noches de mi vida, debido al malestar, suero, oxigeno y demás cosas; no pude pegar los ojos y descansar, a eso habría que sumar que mi madre, cada cinco minutos me preguntaba si me sentía bien. El siguiente día, que era sábado, lo pase un poco mejor, pues mi salud había mejorado notablemente. A medio día me retiraron la cámara de oxigeno y pude recibir visitas. Por ahí desfilaron familiares, y algunos amigos, mientras yo descansaba, dormitaba a ratos y cambiaba los canales de la televisión con ayuda de un control remoto alambrico; bendita tecnología me decía a mi mismo.

Esa noche, mi padre relevó a mi madre en las labores de velar mi sueño, alegando que ella debía descansar. El cambio fue bastante drástico y bueno. El ver la relajación de mi viejo me dio una cierta esperanza, una confianza de que las cosas estarían bien. Mi padre no perdió tiempo y comenzó a buscar un buen lugar para dormir, el sillón del cuarto era demasiado incomodo, así que quito los cojines y los acomodo en el suelo. Hubieran visto las caras de las enfermeras cuando entraban a revisar mis signos vitales durante la noche y veían a mi padre tendido en el suelo, y él, como si nada seguía durmiendo. La mañana del domingo, desperté con dos sorpresas, la primera, que la aguja del suero había sido removida por las enfermeras, era como haber recuperado mi libertad, podía moverme por el cuarto a placer. La segunda sorpresa, mi padre amaneció ahí a mi lado, me invadió la risa, me dijo que no podía aguantar el suelo y como la cama era muy grande, el se hizo un espacio ahí junto a mí, ¡Ja! Si supiera mi madre diría “este hombre solo piensa en comer y dormir”... pero bueno, creo que el ver ambas perspectivas me sirvió de mucho.

El día transcurrió rápidamente y esa misma tarde era dado de alta por el doctor, no lo podía creer, ya era hora de volver a casa, había recuperado mi salud, mi libertad, y había aprendido mi lección, muchas lecciones creo yo, unas relacionadas con la salud, y otras con el temple, el mantener la calma, el saber que siempre hay esperanza, siempre sale el sol, y que nuestros padres, de diferentes maneras, nos hacen saber que están ahí para ayudarnos siempre.

Trick or treat anyone?

23 octubre 2007

La vida, escoba en mano


El mundo podrá estar de fiesta y desvelado, podrá estar de luto y triste, o muy atareado y vertiginoso, pero ese mundo, siempre será el mismo para Don José.

Tal vez el destino le jugó “chueco” y lo trajo hasta acá, con su escoba en la mano, barriendo la basura, los desechos de los demás, basura que va y viene, que el ya conoce tan bien, que teje historias detrás de cada papel, de cada bote, de cada caja de desperdicio, porque la vida misma lo ha llevado por esa escuela, donde se aprende sin calificaciones ni premios, simplemente se aprende.

La indiferencia de los demás es el pan de cada día de Don José, quien puntualmente atiende su tarea, escoba en mano, siempre atento, siempre dispuesto a limpiar, barrer, recoger, arreglar de alguna forma la imagen, el mundo de los demás.

Que diera Don José por barrer almas además de calles, porque una buena barridita no nos vendría mal. El mundo, por así llamarlo, siempre lleno de preocupaciones y tareas, vive a un ritmo acelerado, que no le permite detenerse a contemplar las cosas más sencillas de la vida; Don José cree que es la basura del alma, la que no nos permite vivir la vida más sencilla, más tranquila, más humilde.

Hay que dar gracias a la vida, por todo lo que nos ha dado, y por cada Don José que veamos en la calle, en nuestra vida cotidiana, esos que pasan desapercibidos, pero que de alguna manera están ahí, para devolvernos a esta tierra, a la realidad, y a la sencillez que es la vida, esa que nosotros mismos nos complicamos con tecnicismos y ambiciones.

Habrá que salir de vez en cuando, escoba en mano, para limpiar las calles, empezando siempre por nuestra propia casa.

16 octubre 2007

Crónica de una salida, un percance técnico y una meta


Pues si, se llegaba mi “Día D”, el día de la carrera a la que me había inscrito voluntariamente, como un reto, como una terapia, como una prueba de muchas cosas. Me sentía listo, no había mas que aprender, no había mas que hacer a ultima hora, salvo un pequeño detalle: en mi afán de dejar todos los ejes súper limpios, desalineé la llanta y el freno trasero de mi bicicleta. Cundió el pánico por unos momentos, por unas horas diría yo, pero nada que un mecánico de verdad no pudiera arreglar, por unos cuantos dólares y lo más increíble, en escasos quince minutos. Problema resuelto, así que lo único que quedaba por hacer era esperar, relajarse y esperar.

La mañana siguiente, la de la carrera, pintaba para ser perfecta, cielo despejado, clima agradable, un poco fresco pero se esperaba que el sol tuviera sus efectos durante el día, y poco de viento, que después arreció y si llego a ser factor, aunque también agradecería ese viento porque me refrescaba cuando mas lo necesité.

La salida fue una locura, había mas de dos mil competidores, era un enjambre de bicicletas, entusiasmo y adrenalina a flor de piel, todas las edades representadas, un mar de gente. La cuenta regresiba en el megáfono 3, 2, 1... y se llegaba el disparo de salida. Poco a poco fui avanzando entre el mar de bicicletas, haciéndome espacio, y tratando de llevar un ritmo tranquilo, como el que se había planeado para poder llegar entero a la etapa de montaña. Subimos el bordo del rió y la ruta enfilaba hacia el oriente. El polvo era increíble, ahora entiendo porque un rato antes vi a varios competidores con tapa-bocas, esto respondió rápidamente a aquella pregunta planteada en mi mente momentos antes.

Algo que me entusiasmo bastante, fue ver a mucha gente a orillas del bordo del rió y durante casi todo el trayecto, animando con pancartas, con aplausos y gritos de “animo, animo, van muy bien” y todo eso. Gente que salía de sus casas para ver la carrera, gente que iba apoyando a algún familiar pero animaban parejo, sin discriminar, esto me hizo sentir especial, es algo difícil de explicar, pero es una sensación que percibí y viví en carne propia, y me llego, así que doy gracias por eso. El tramo de ida y vuelta por el bordo del rió estaba por acabar, hasta aquí todo bien, depuse, pasar por la zona de Anapra, seguir saludando gente, dando palmadas al pasar y con esto dibujar una sonrisa en el rostro de algún chiquillo que con mucho entusiasmo había salido de su humilde casa a ver la carrera tan famosa y que de alguna manera irrumpía la armonía de su Sábado común y corriente. Hubo un tramo donde unas chiquillas con papel y lápiz en mano pedían autógrafos, fue algo gracioso, pero como que eran cosas que el ser supremo me mandaba para que por un momento me sintiera de nuevo humano y regresaran los pies a la tierra, eran mis anclas, por las cuales doy gracias también.

Y esto lo digo, porque cuando más invencible me sentía, cuando traía mi mejor ritmo y mi mejor tiempo, a las dos horas y media de camino ¡crak! La cadena de mi bicicleta se salía de la estrella mas chica y se atoraba con tres vueltas en el eje. Rápidamente me baje, un amigo con el que venia haciendo equipo hizo lo mismo; tratamos en vano de zafarla, no se podía, era prácticamente imposible. Tuve mi momento de negación, luego de reclamo, maldije y estuve a punto de patear a mi pobre bicicleta que no tenía la culpa, luego me vino un rayo de iluminación y le dije a mi compañero – tu síguele, voy a caminar hasta el siguiente punto de abastecimiento y veré si alguien me puede ayudar – no quedaba mas que hacer. Mi amigo prosiguió y yo, a caminar, mientras creo que mis ideas se calmaban y se ponían en orden. Por fin llegue al check point y había bastante gente, nadie se ofrecía a ayudarme cuando de repente...

...milagrosamente veo una cara conocida, un joven que había estado entrenando con mis amigos y que a ultima hora decidió no participar en la carrera pero si como ayudante. Le explique el problema, pronto llamo a otro amigo suyo, hicieron la bici a un lado del camino y la voltearon, comenzaron a tratar de arreglarla. Pidieron herramienta y después de varios minutos y varios intentos, la cadena estaba de nuevo en su lugar. Creo que ya había perdido en total unos cuarenta y cinco minutos en todo esto, pero sin pensarlo dos veces, agradecí en el alma ese gran favor, y me dispuse a continuar. Me abastecí de agua, plátanos, lo que estuvieran dando y le di con todo, rebase gente a diestra y siniestra, pedía pista como todo un “pro” y así llegue al kilómetro 60 de recorrido, comenzaba lo bueno, el ascenso.

Debido al gasto anterior en mi afán por alcanzar a mis compañeros, deje mucha de mi energía en el camino, además de que la cadena no había quedado al cien por ciento y seguía cayendo, solo que ahora al primer ruido raro paraba de inmediato para evitar que se volviera a enroscar. Cuando el calor mas arreciaba, mi energía se acababa poco a poco, también los líquidos, pero eché mano de lo poco que traía de agua, los geles y barritas de cereal para tomar algo de energía. Pasábamos el ultimo punto de reabastecimiento antes de la famosa “Subida de la Asfixia”, me armaba de gatorade y de valor. Curiosamente el camino pasa por una pequeña capilla, un poco de agua bendita y a seguir el camino, y a unos metros de llegar a la falda de la subida, los calambres hicieron de las suyas y tuve que detenerme por un buen rato mientras recuperaba mis fuerzas. Después de un rato de descanso, un poco de gel y dos aspirinas, proseguí mi camino. La subida era criminal, yo lo sabia de antemano, ya la había pasado, pero esta vez traía mas kilómetros recorridos.

Dure subiendo lo que sentí una eternidad y cuando llegue a la cima, sentí como llegaba una extraña fuerza, que me impedía detenerme, así que sin descansar seguí por la “Bajada del Diablo” entre caminando y en la bicicleta, porque a las bajadas les tengo mucho respeto, dicen que no es miedo, que es precaución, como sea, extreme precaución y baje lo mas rápido que pude. El sol comenzaba a despedirse, y de regreso al Cristo Negro (donde se me había caído la cadena originalmente) me dije – de aquí en adelante nada ni nadie me detiene – y di mi resto, con todo lo que me quedaba comencé a pedalear, rebase a varios competidores que ya iban quedando rezagados al igual que yo, pero no sé de donde saque tanta energía que pedaleé como si me viniera persiguiendo la migra, no pare hasta llegar a la meta, levante mis brazos en alto para la foto y por fin, estaba en la meta; todo había terminado.



Me tomo nueve horas y cuarenta y cinco minutos terminar esta odisea. Es verdad que pude hacer menos tiempo, es verdad que el incidente de la cadena me pudo haber detenido, pero mi voluntad fue mas que eso, y que la debilidad física y la falta de sales y electrolitos. Estaba en la meta y era lo más importante, pidieron mi numero de competidor, dijeron mi nombre, respondí afirmativamente y me entregaron mi medalla de participación. No pregunté en que lugar llegue, la verdad no importaba, lo que importaba es que lo logré, y estoy en una pieza, recuperándome y plasmando lo que vi, viví y sentí esa jornada de Sábado, de los cien kilómetros de la carrera Chupacabras. Ahora a descansar, ya habrá tiempo de sobra para planear la estrategia para el siguiente año.

11 octubre 2007

Se llegó el momento...


No hay plazo que no se cumpla...

El hombro parece que sanó, al menos a tiempo, al menos a un 80%, esperando que sea casi el 100% para el sábado.

Los nervios se quieren empezar a apoderar de mí, pero no lo lograran, no esta vez. Afronto el reto con respeto, con filosofía, con alegría, esto será completamente recreativo, al fin y al cabo se trata de retos y de miedos ¿no?

Espero terminar en una pieza y tener pronto una reseña del evento.

Saludos a todos y desde ahora, espero que tengan un magnifico fin de semana, yo lo tendré, cargadito de adrenalina....

08 octubre 2007

Crónica de una lesión inesperada


El día pintaba excelente, soleado, una leve brisa, temperatura idónea, poco fresco pero agradable. Pareciera que todo el equipo se puso de acuerdo para llegar tarde, dormir de mas por el desvelo anterior de preparar todo lo necesario para la practica de ese Sábado. Pero hasta eso sirvió para coordinar esfuerzos y sincronizar a todos pese a los pendientes de ultima hora. Todo estaba puesto, la mesa servida para una mañana excelente y triunfante.

Comenzaba el recorrido por el bordo del Rió Bravo, mucha gente practicando, el movimiento sabatino normal de la ciudad y de los mojados esperando cruzar en busca del sueño americano. El ritmo y la cadencia excelentes durante los primeros 10 kilómetros, hasta llegar a Puerto Anapra y comenzar el camino que nos alejaría de la civilización. Para este momento todo era rutinario, excepto la subida fenomenal e inclinada terminando el camino de piedra hasta la cementera. Las piernas comenzaban a sentir el esfuerzo pero siempre con espacios de recuperación y el clima seguía siendo perfecto para este propósito. Kilómetro 20, el Cristo Negro, punto de referencia, mas gente todavía practicando, unos subían, otros ya bajaban del recorrido, caras frescas, caras de agotamiento, caras felices, entusiasmo reflejado.

Los siguientes 15 kilómetros representaban un reto personal, ese de vencer los miedos, pues era el tramo de mis caídas más espectaculares, hasta el momento. Kilómetro 30, una bajada algo rápida, luego la vuelta a la izquierda muy pronunciada y el arroyo seco, aquel que me hiciera casi desmayar del dolor de la caída, lo tome con respeto, baja velocidad, control en la curva, peso hacia atrás, bici hacia delante, !voila!, primer obstáculo librado, había vencido al ínfimo arroyo seco, libre de caídas, pero todavía no lograba nada, seguían mas. Kilometro 35, escalada pronunciada después de una elevación gradual, esta vez, de nuevo vencí la subida sin caídas, volví a utilizar la formula del respeto / disminución de velocidad, peso hacia atrás, señal de la cruz, etc. Volví a salir librado, tal fue la sensación que levante mi puño derecho en alto en señal de triunfo; había llegado al Puerto Castrellón sin ningún accidente y en un tiempo excelente para mi nivel de novato. De aquí al final de la practica, todo era pan comido, al menos eso pensaba ya mi mentecita adelantada, demasiado temprano, esto no se acaba hasta que se acaba.

Antes del kilómetro 40 llegamos al cruce de caminos y luego nuestro regreso, un descenso algo rápido, pero en esta ocasión tomaríamos la ruta correcta, una vereda nueva que será utilizada en la carrera, al menos nueva para mi. En esta ocasión, la adrenalina y mi sensación de triunfo me hicieron perder el respeto a esa nueva vereda o single track y por ende, el miedo comenzó a llenarme. De pronto, casi al terminar dicha vereda, llega una bajada pronunciada y una vuelta cerrada, hasta ahí todo bien, solo que no disminuí la velocidad lo suficiente y ¡sorpresa, un puente de madera! Mi mente no iba preparada, así que el instinto me hizo frenar, deteniendo mi bicicleta, no así la inercia de mi cuerpo. Caí duramente en el suelo, hasta hice “patitos” como piedra landaza horizontalmente al agua, solo que en una vereda de piedras. El que toco primero el suelo fue mi hombro izquierdo, llevándose la peor parte, sin raspones pero el total de la fuerza del golpe. Lo demás, raspones en el codo y antebrazo izquierdo, y hasta mi jersey lleva ahora las huellas de dicha caída. La adrenalina no me dejo detenerme aunque en mi mente pensaba “carajo, no me podía ir en blanco ¿cómo me fui a caer?” Ese era él último de mis problemas.

Kilómetro 40 y yo venia como si nada, en bajada y casi en automático, ya queriendo llegar de nuevo al bordo, sentir que el recorrido terminaba para mí. Por fin se llegó el final, aproximadamente 50 kilómetros de recorrido, y yo solo sentía los raspones, pero la adrenalina y el calor no me permitirían sentir la gravedad del asunto hasta unas horas después. Hasta aquí, todo parecía triunfante excepto la caída, pero siempre se aprende algo nuevo. El orgullo se sana fácilmente, no así un hombro lesionado.

Hasta hoy, no puedo levantar mi brazo izquierdo mas de cuarenta y cinco grados sin sentir el dolor en el hombro, un movimiento vital para controlar la bicicleta, y más necesario aun si se quiere competir en la carrera del próximo 13 de Octubre. Diagnostico oficial no lo hay, solo espero mejorar y recuperar movimiento para el Sábado. Creo que voy de gane, hoy pude mover mas de los 45 grados, así que vamos mejorando.

La lección aprendida: Jamás hay que dar por ganado algo que todavía no tienes, la confianza mato al gato, o lo que más quieras agregar. Lo que sí es que, se necesita mas de una caída para vencer la voluntad, así que el día de la carrera ahí estaré, si no compitiendo, como voluntario ayudando y asistiendo a mis amigos de la manera que mas pueda, así sea acompañado de un cabestrillo inmovilizando mi hombro, no así mi voluntad.

01 octubre 2007

La eterna lucha de dominar los miedos


Mucha gente asiste a terapia, y después de algún tiempo, frustrados y sin encontrar respuestas, recurren a otro camino, tal vez un poco mas armados, con valor y con decisión, allá van, al camino espinoso, en penumbra, lleno de obstáculos, a buscar respuestas, a vencer los miedos... yo, como cualquier mortal, soy uno de ellos.

Y después de vejez, viruela, reza un dicho muy nuestro, y pues se me ha puesto vencerlo de una manera muy extraña, que parecería nada seguro, pero ahí estriba todo, ahí esta el punto, porque se trata de vencer los miedos ¿que no? Y que mejor que vencer el miedo más inminente, el físico, el que se palpa, se ve y se siente.

De niño siempre fui el menos dotado de capacidades físicas para desarrollar algún deporte, pero amaba y sigo amando el fútbol, aun siendo el ultimo de la lista para jugar, nunca cese en mi lucha y en mi pasión. Ahora de mas viejo, me doy cuenta primero que, los años no pasan el vano, y segundo, que la perseverancia si paga. Claro, no estoy para nada en un nivel de profesional, mucho menos de amateur de liga dominguera, pero el placer que se produce al hacer un que otro túnel (caño) o un sombrerito, un pase filtrado y esas cosas, no me lo quitan en mil años, me lo llevo siempre.

Creo que por esa misma debilidad crecí algo inseguro, con esos miedos, sobre todo a las alturas y a caerme. A este apartado en particular le estoy aplicando la terapia de la bicicleta de montaña. Allá en el cerro me he encontrado gente, compañeros de la época de escuela secundaria, que se sorprenden de verme por allá. Llevo mis caídas, nada de peligro, pero eso si, a que buenos golpazos se pone uno, pero es parte de la terapia, es parte del proceso de sanacion. Este pasado Domingo vencí varios miedos, y vencí a la montaña, claro que me llevo varios recuerdos, entre ellos un pinchazo en mi boca y en mi frente con un nopal, al cual debido a la fuerza de la gravedad decidí visitar y ver mas de cerca.

Puede ser que la famosa carrera que se avecina sea debut y despedida para mí, pero al menos lo probare, al menos me prepare, al menos estoy haciendo un esfuerzo y creo que voy bien encaminado, a vencer mis miedos. Cualquiera que sean los miedos, siempre se podrán vencer, pero no hay de otra mas que enfrentarlos y luchar a veces en su mismo terreno.

¿Alguna terapia usada en estos casos que me quieran compartir? Soy todo ojos... (cuatro, dos de poli carbonato y los otros dos si son míos)

21 septiembre 2007

Sueños de nada


El despertar de aquella mañana fue un gran alivio para mí, aunque en el transcurso de volver a la realidad y darme cuenta donde estaba, la angustia llegó a ser asfixiante. Me di cuenta que todo era un sueño, un mal sueño, algo que quise denominar como sueños de nada.

Es curioso, siempre me he considerado un soñador, de hecho sueño despierto muchas veces, imagino, me veo en tal o cual situación. El problema tal vez estriba en pasar de contemplar esos sueños, a ir con todo tras ellos, perseguirlos hasta lograrlos, o morir en el intento. Pero volviendo a lo que es estrictamente onírico, de un buen tiempo a la fecha, no puedo recordar absolutamente nada de lo que en mis sueños pasa. Por la mañana solo sé que el sueño fue intenso por mi manera estrepitosa de despertar, sé que hubo sentimientos, miedos, alegrías, muchas cosas involucradas, pero no recuerdo ni jota, ni un detalla general, mucho menos un rostro, un color, una descripción, y eso, eso me disturba sobre manera, es como si se me hubiera ido un extraño poder “mágico”, algo que no se puede explicar.

La ausencia no podía durar mucho, pero la experiencia no seria tan agradable del todo. Creo que todo fue simbólico, porque son solo breves momentos, como “flashasos” lo que recuerdo de mi ahora recobrado sueño. El detalle más simbólico y más claro, fue el recordar una especie de cuarto oscuro, de madera, piso de madera antiguo, una pequeña ventana por la que entraba algo de luz, un techo de dos aguas, algo deteriorado pero sin acabados, madera a todo mi alrededor, y podía percibir ese olor a humedad combinado con dicha madera, pero curiosamente, no percibí ni una pizca de polvo. El lugar estaba inmaculadamente limpio. Pero lo sorprendente no era la limpieza en cuanto a la higiene se refiere, sino también a la ocupación del lugar, pues éste se encontraba completamente vació, no había nada, ni una silla, ni un banquito, vamos, ni siquiera la clásica trampita de ratón en la esquina... no había nada.

Lo angustiante en este caso era que la sensación de vació me golpeaba duro, porque yo sentía que estaba en ese lugar en busca de algo (¿o de alguien tal vez?) pero sin saber exactamente qué, solo se que estaba en ese lugar buscando algo que sentía con mucha seguridad iba a encontrar, y aquí la angustia de ver el lugar completamente vació, envidiablemente limpio, cosa que en otra ocasión hubiese sido agradable para mi, pero no en ese momento. Podía escuchar el crujir de la madera mientras daba unos pasos hacia acá, hacia allá, de pared a pared, hasta tener que agachar mi cuerpo un poco para llegar a un extremo debido a la inclinación del techo. No había nada, ni siquiera una astilla en el suelo, nada.

Al recobrar la conciencia después de tan peculiar sueño, pude aclarar o reconocer algo: el lugar era un ático, tal vez mi propio ático ¿una simbología tal vez? Creo que si, creo que el lugar si era mi ático, pero todavía no puedo identificar aquello que buscaba con ansiedad, como bien dije, puede ser algo o alguien, o tal vez mi angustia fue por ver perdido todo lo que guardo ahí, como si mi memoria se secara y todo se fuera por el caño. ¿Será que mi vida es mejor en caos, en “desmadre organizado” pero llena de recuerdos y cosas? Solo sé que ese vacío me dio un escalofrió terrible, y que ejercitare mi memoria al máximo, pues no soy nada sin mis recuerdos, sin mi nostalgia.

14 septiembre 2007

Hoy la vi...

Depuse de vagar por varios blogs, por varias historias, pequeños cuentos, pero sobre todo memorias, vienen a mí como en cascada, los recuerdos de amores pasados, de esas personas que en su momento llegaron a ser tan importantes en nuestras vidas, que nos hacen destilar miel por todos lados, se convierten en nuestras musas, pero también en nuestros dolores de cabeza, en nuestro dolor de corazón.

Que maravillosa y que extraña es a la vez nuestra naturaleza humana, que nos permite llenarnos de gozo y amar con tal intensidad, como si no hubiera un mañana, pero a la vez, nos hace llorar de dolor, nos hace pasar noches en vela, días sin comer, por el desamor. Somos y no somos, giros de ciento ochenta grados, cambios drásticos, acciones precipitadas, sin pensar, y que de algunas de esas nos habremos arrepentido, y quien sabe, tal vez todavía nos estemos arrepintiendo; son cuentas sin saldar, círculos sin cerrar, extraño que es el mundo de los sentimientos.

Y cuando guardamos prueba de ello, es todavía mas la “revolución sentimental” que nos causa el ver todas esas expresiones hechas materia, poemas en pequeñas hojas de cuadernillo, dibujos en servilletas de un café, objetos tan insignificantes como una piedra, un vaso, una flor prensada, que se yo, pero llenos de sentimientos y recuerdos. Se cree que los hombres somos más reacios a este tipo de almacenamiento sentimental, pero ¿quien no se guardó algo por ahí? Inevitable es en veces hacerle al “fuerte”, pero bueno, son cosas culturales.

Pero más aun, cuando en vez de abrir el baúl de los recuerdos y revisar cosas materiales, vemos a aquella persona en vivo y a todo color, aquella que nos hizo andar arrastrando la cobija, cacheteando las banquetas... ¿Qué sensación nos da? Es extraño, por mas que se haya cerrado el ciclo, siempre es un extraño sentimiento, pero es lógico, fueron personas importantes en la vida, y como tal, dejaron una localidad de sentimiento en nuestro corazón, tal vez por eso este salta un poco o un mucho, pero de que salta, salta. Y los sentimientos pueden ser de todo tipo, de rabia o resentimiento cuando lo sucedido nunca se supero, de gusto cuando las cosas terminaron bien, o de maripositas cuando aunque terminado todo, siempre se quedo algo ahí sin terminar, infinidad de casos, infinidad de sensaciones... ¿Será porque es Viernes?

Aunado a todas estas pequeñas cositas encontradas en el ático, estaba esta canción, que en mis tiempos mozos, me ayudaban a refugiar mis derrotas, mis rechazos, que se yo, infinidad de cosas. Los dejo pues con esto que me encontré, y espero que los recuerdos vengan también a sus memorias y a sus corazones, porque de todo, absolutamente de todo se aprende algo, hay que sacar siempre el mejor provecho de la lección aprendida.

10 septiembre 2007

De rebeldes y rockeros

No creo que exista mortal alguno, que en cierta etapa de su vida, especialmente durante la adolescencia, le haya brotado el clásico síndrome del “rebelde sin causa”. ¿Será que simplemente el adolescente, le duele no saber en donde esta parado, hacia donde ir? Por ahí se dice que es problema de identidad, pero bueno, el problema no es ese, sino que en algunas ocasiones, esa búsqueda de identidad nos ha llevado a refugiarnos en diferentes compañías, actitudes, vestimentas y sobre todo, música.

¿A que viene todo esto? Pues que soy una verdadera momia en cuando a música se refiere, pues me quede estancado en mis ochentas. Poca música contemporánea llama mi atención, pero bueno, hay que expandir las mentes y escuchar de todo para tener de donde criticar, o comparar y así apreciar mejor. La cosa es que hurgando entre mis cachivaches en el ático me encontré con ciertos discos de música que me hizo recordar mis tiempos de adolescente inadaptado, o buscando “ser parte de” algo que ni siquiera yo sabia.

Así es, me refiero al “Heavy Metal”, genero de rock progresivo, algunos lo llamaron rock pesado” y algunos otros hasta lo tacharon de “música del demonio” por las letras de las canciones o los temas usados tanto en vestimenta y conducta de algunos de los exponentes del genero. El consenso general si creo que fue de rebeldía pura, no tan anárquico como el “punk” pero si surgido de esa base.

Obviamente que todo esto lo digo, desde una perspectiva “escondida”, ya que la membresía de la liga de la moral y buenas costumbres de mi madre, no me permitían expresarme abiertamente con este genero, pero si pude adquirir, de contrabando, algunos discos que me hicieron fan de grupos y exponentes como Iron Maiden, Judas Priest, Ozzy Osbourne (con y sin Black Sabbath) Después vendrían las famosas “hair bands” (llamadas así por su particular y enfático estilo de cabellos teñidos y maquillaje en sus caras) de las cuales, muchas fueron y vinieron, pero, me sigo quedando con los chicos malos de Mötley Crüe . Y bueno, la fiebre se pasó, los años continuaron su andar y la música y los estilos cambiaron, y creo, que poco a poco se va encontrando uno consigo mismo, pero la partecita de “rocker rebelde” no se me olvida, ahí esta guardadita en el ático.

Y de aquí viene pues el video que ahora les invito y comparto (gracias a la magia de Youtube) el cual, creo que fue de los primeros videos que vi, y tuve la fortuna de verlo en casa de un amigo, con su mega televisor de no se cuantas pulgadas que parecía cine, así que ahí nos tenían rockeando y moviendo la cabeza como loquitos aunque no tuviéramos la cabellera larga al ritmo de “Too young to fall in love”, pero al fin y al cabo son recuerdos.

¿Alguien mas que quiera compartir su rebeldía?

PD. Cualquier semejanza con los fantoches de “Moderato” es... mera coincidencia? No creo, es vil imitación, y barata, pero bueno, en gustos se rompen géneros.

05 septiembre 2007

Día de Perros – La cuarta y desenlace


Matías llegó a pensar que los latidos apresurados de su corazón eran tan evidentes que la demás gente en la fila los podía escuchar. Pensó que la temblorina de sus manos le llegaría a causar un accidente, una acción desorbitada, pero más desorbitado estaba su corazón, que sentía que se salía de su pecho. Una ansiedad, un pánico, todo esto en una fracción de segundos, mientras la misma pregunta seguía ahí en su mente –¿ acaso será posible?

Centenares de imágenes comenzaron a pasar por la mente de Matías, pero a una velocidad inimaginable, era como ver una película de su vida en un fast-forward y aun más rápido, y curiosamente, captando todas y cada una de las imágenes proyectadas, no se iba ni el más mínimo detalle; lo que había que palpar lo palpaba, lo que había que sentir lo sentía, lo que había que vivir, lo vivía de nuevo, ahí, en la fila del café, sin idea del tiempo ni del espacio, como estando sin estar, viviendo sin vivir.

Y así sin darse cuenta del tiempo, solo atinó a escuchar una voz dentro de él que le decía – es ahora o nunca viejo, búscala – y Matías eso hizo, como hipnotizado simplemente se abalanzó torpemente hacia esa silueta de mujer que tres turnos adelante, terminaba ahora de pagar y se disponía a buscar una mesa desocupada, con una charola y desayuno ligth en sus manos. La escena se repetía, Matías en su ímpetu tropezaba, e iba a dar exactamente hacia la charola del desayuno ligth, esparciéndolo, junto con él, por el piso de la cafetería. Un poco de risas y miradas críticas acompañaron en esta ocasión el momento. Matías desesperado levantaba lo que podía y quedaba de aquel café y panecillos con una pena enorme, y solo decía –discúlpame por favor, soy un torpe, es que no pensé que... – su disculpa fue interrumpida por una voz, la voz de aquella mujer de la silueta exquisita, una voz extraña para él – no hay problema, pero por favor a la siguiente ponga mas cuidado en lo que hace, ¡torpe! – y así, Matías comprobaba lo que su corazón ya venia sintiendo un par de segundo atrás: no era Sofía, su Sofía, no era aquella de mirada dulce, de grandes ojos ámbar, la que seguramente le perdonaría aquella torpeza con un poco de su sonrisa media.

Al menos la sensación de ansiedad había terminado para Matías, mientras la joven mujer levantaba lo poco que quedaba de su desayuno, y se retiraba deprisa, ante la mirada atónita de él, quien seguía como detenido en el tiempo. ¿Acaso era esta alguna señal? ¿Había algo que interpretar de todo esto? Si que lo era, pues mientras Matías veía alejarse rápidamente a aquella silueta de mujer, veía también alejarse aquel fantasma que lo perseguía de hacia tiempo atrás, era como una extraña sensación de liberación, de cerrar un ciclo – tal vez era esto lo que me hacia falta – decía Matías todavía parado en la fila – tal vez tenia razón y la oportunidad era para mi y para Sofía, pero de soltarnos, de dejarnos ir el uno al otro, no se puede ansiar lo que no se tiene.

De pronto, una mano en su hombro le hace volver a la realidad, era una mujer, la que hacia fila detrás de él – disculpa, creo que se te cayo esto – al tiempo que le entregaba su billetera, que seguramente había salido volando minutos antes en aquella cómica y repetitiva escena. Matías levantaba su mirada al tiempo que agradecía el gesto, cuando sus miradas se cruzaron y él no pudo hacer otra cosa mas que admirarla: morocha, cabello lacio, oscuro, de abrigo negro como él, y unos labios rojos en un rostro serio de mirada profunda, a la vez esbozando un intento de sonrisa noble.


Por primera vez en mucho tiempo, Matías volvía a sentir como un rayo de luz entraba en su alma, una especie de ilusión perdida que regresaba y le daba una cierta esperanza, ¿De qué? Que importaba ahora si era de algo o de nada, lo importante era la esperanza en sí misma. Servida su orden de late se fue a una mesa solitaria, y desde ahí veía como esta intrigante mujer de negro y labios rojos ordenaba algo y buscaba una mesa, no muy lejos de la suya.

Con esa nueva esperanza y como queriendo estrenarla, Matías se levanto y camino hasta la mesa de la enigmática chica – Hola, solo te quería agradecer por lo de la billetera y disculparme por el mal rato de mi torpeza ahí en la fila, me llamo Matías ¿puedo acompañarte? – La sonrisa de la mística mujer se volvió completa, pero solo por unos instantes – No tienes nada que agradecer Matías, mucho gusto, yo soy Alicia, pero ¿sabes? estoy esperando a alguien, de todas maneras, gracias por tu ofrecimiento.

Era como un Déjà Vu ¿acaso seria el karma? – bueno, gracias a ti, mucho gusto Alicia, espero que tengas un lindo día – fue lo único que atinó a decir, mientras se retiraba de nuevo a su solitaria mesa. Pero las cosas ahora eran diferentes, el sentimiento no era el mismo, ya no le importaba, ahora se sentía renovado, como si le hubiesen quitado un peso de encima, aun a pesar de aquel rechazo y de aquel papelón, aun a pesar de la mañana nublada, Matías ya no iba a permitirse tener otro día de perros, así que decidió seguir saboreando su late en la soledad de su mesa, y de su mente, dejando de pensar en lo que vendría y en segundas oportunidades y planeando su vida un día a la vez.

Terminado el café, se levanto de su mesa, salió del lugar mientras pensaba – Con suerte si me apresuro, todavía alcanzo a llegar a la cascarita de fútbol con mis amigos.

Un día a la vez, un paso a la vez, una oportunidad a la vez, si viene bien, si no ¿qué mas da?

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De nuevo, para todos aquellos que quieran leer esta historia desde su principio, dejo las ligas a los anteriores capítulos en orden cronológico:

-Un Día de Perros
-Día de Perros Uno y Medio
-Día de Perros, Part Deux
-Día de Perros – Tripas

29 agosto 2007

Día de Perros - Tripas


Habían pasado ya algunos días, el tobillo había sanado por completo, mas no así su corazón, y Matías seguía sumido en un estado casi catatónico, que le causaba realizar las tareas cotidianas más sencillas como si se tratase de un “piloto automático”, como por simple inercia.

Ciertas cosas habían cambiado en su vida, o en los pedazos que de ésta quedaban; sus hábitos eran algo diferentes, el departamento lucía en un mejor estado, casi todo en orden, algo que él gustaba llamar un “desmadre organizado” – la necesidad es la madre de todas las virtudes – se repetía Matías mientras limpiaba, sacudía y barría los rincones de su departamento, al compás de “Adiós Nonino” y otras piezas de Piazzolla. Era un buen comienzo, tal vez demasiado tarde, pero era un buen comienzo al fin y al cabo. Esto le daba una cierta satisfacción, como queriendo llenar el espacio vació que le dejaba la ausencia de ella; porque en el lugar ahora se respiraba limpieza, pinol, cloro, un cierto orden, pero faltaba su aroma, su esencia, su perfume natural, simplemente faltaba ella.

Sus recorridos por la ciudad eran cotidianos como los de mucha gente, aunque Matías ahora los deambulaba ausente de ese mundo aglomerado y vertiginoso que lo rodeaba. Tomar el autobús para ir al trabajo, buscar la taza de café, el escritorio, la oficina, la compu, el cigarrillo, las cinco en punto y de regreso a casa, mientras su mente se hallaba como detenida en el tiempo. La pregunta era recurrente en su ya gastada mente ¿Se puede arreglar lo dañado? ¿Se puede componer lo destrozado? O mejor aun ¿llegaría la tan ansiada “segunda oportunidad” alguna vez a su vida?

Ni el mismo lo sabia, ni quería saberlo, porque una segunda oportunidad implicaba la posibilidad de encontrarse con alguien mas que no fuera ella, su Sofía, la que llenaba sus mañanas, sus tardes, sus noches, su cama, su espacio, su vida entera; su Sofía, la que admiraba por su carácter fuerte, la que le llevaba las finanzas mejor que nadie, la que fungía como critica literaria para sus trabajos, la que siempre tenia una sonrisa después de una discusión, aquella sonrisa media que él amaba, esa sonrisa que lo curaba todo.

Esa noche, como casi todas en los últimos meses, la pasó completamente en vela, escuchando música, tratando de escribir entre el cantar de los grillos, pero esas preguntas y esa ausencia no lo dejaban en paz. Y se llegó por fin el amanecer, los primeros rayos de sol por la ventana, el aroma, el aire fresco, el trinar de algunos pájaros, el anuncio de un nuevo Domingo, otro Domingo de fútbol, de televisión, de ausencias.

Esta vez Matías no iba a permitir dejarse vencer por el pesado Domingo, así que decidió salir de casa e ir a su cafetería favorita, la cual abría sus puertas a temprana hora, y disfrutar de un buen late – será la mejor manera de comenzar este nuevo Domingo – y así fue como tomó su abrigo y emprendió el camino. Al llegar, el lugar estaba mas concurrido de lo normal – como que todos tuvieron la misma idea, algo bueno debe de haber en todo esto – se decía Matías mientras hacia fila, y esta vez se aseguraba de traer su billetera, la cual si traía, y llevaba apenas lo suficiente para el tan ansiado late y tal vez un pastelillo además.

De pronto, su ritmo cardiaco se aceleró mientras lo invadía un cierto escalofrió, un curioso cosquilleo en las manos... era esa silueta de mujer que se hallaba tres turnos mas adelante de él, esa silueta delgada y garbosa, cabello castaño recogido en cola de caballo, y sintió percibir ese aroma tan particular, ese que estaba ausente en su departamento, en sus mañanas, en su vida. - ¿Acaso será posible... ?

23 agosto 2007

Capsulita Musical

Estos últimos días han sido bastante pesados, una montaña rusa de emociones, pero siempre hay que seguir adelante... Show must go on, como dijera la rola de Queen.

Y pues ahí me tienen que esculcando entre los cachivaches del ático, y me encontré esta rola (ochentera para variar) que me gustaba mucho. Por cierto, me entere que el entonces vocalista del grupo Survivor (Jimi Jamison), fue después el interprete y coautor de la canción del tema de la serie de televisión “Baywatch” (Guardianes de la Bahía) llamado “I’m Always Here”. Pónganle atención a la voz y verán que es cierto, en fin, babosadas de las que se entera uno.



Aquí los dejo pues con esta rola que me gustaba mucho en mis tiempos mozos (el video también esta padre), esperando que tengan todos un fabuloso fin de semana.

17 agosto 2007

Hace un año...


Comencé esta aventura llamada blog, sin saber que me esperaba. Hoy, a la vuelta de estos trescientos sesenta y cinco días, muchas cosas vienen a mi mente, la mayoría son recuerdos, si, recuerdos polvorientos, semi-abandonados, retros, antiguos, la mayoría buenos recuerdos, cual juguetes viejos y queridos en un ático, como guardados en una cápsula de tiempo.

Con alegría puedo ver que no soy el único soñador acá afuera en este mundo de realidades crudas, de contrastes pero a la vez de esperanza. Con gusto he compartido y seguiré compartiendo estos recuerdos, que placenteramente a otras almas contagian, haciendo eco en otros áticos, trayendo consigo tal vez una sonrisa, una carcajada, una ilusión, una lagrima de alegría, de nostalgia, de buenos recuerdos... dicen que recordar es vivir, creo que me gusta mucho volver a vivir ciertas etapas de mi vida.

No sé, simplemente no quise dejar pasar desapercibida esta fecha, y pues aquí están estas letras a manera de festejo, pero al mismo tiempo, es a manera de agradecimiento para todas las personas que por aquí han pasado, y todas han dejado huella, inclusive aquellos que no han dejado comentario, porque con su colaboración, con su visita, siguen alimentando la memoria y el alma de un loco que vive de sus recuerdos, que gusta de ir por ellos, subir al Ático, desempolvar, y volver a vivir.

PD. Se aceptan pasteles, refrescos, tragos, licor, música (que sea 80’s de preferencia), gorritos y serpentinas en caso de que la bohemia nos agarre y hagamos un brindis. ¡Salud!

14 agosto 2007

Perspectivas diferentes de una ciudad


La cita era muy temprano para el Sábado a las 7:00 AM abajo del “puente libre”. La ruta sería nueva, así que debíamos ir preparados con bastante agua, Gatorade o cualquier otra bebida re-hidratante. Esa mañana me levanté tarde, olvidé prender mi despertador, así que mi corazón ya venia más acelerado que de costumbre. Tarde pero con el tiempo suficiente para llegar cinco minutos después de lo acordado.

Estando todos los citados en el lugar estipulado de encuentro, emprendimos nuestra travesía sobre dos ruedas rumbo al poniente, por todo el bordo del Rió Bravo. Aquí comenzaba mi primera aclaración del día; vi como a esa hora ya había gente agazapada entre matorrales o simplemente a la orilla del rió, unos inclusive hasta con teléfonos celulares, como esperando la hora precisa para cruzar al otro lado y buscar el sueño americano, otros tantos tal vez esperando “clientes” para cruzarlos o para aprovecharse de su inocencia, en fin.

Después de un buen rato y de varias bajadas por piedras, matorrales y estrechos pasos, la ruta enfiló hacia el boulevard Norzagaray, hacia los rumbos de la zona de Anapra. Aquí utilizamos únicamente dos calles pavimentadas, y el ambiente era ya de bullicio, gente abriendo sus negocios, barriendo banquetas, autobuses pasando, música grupera de fondo, etc. Después dimos vuelta por otra calle que nos llevaría a la ruta de terrecería, pero en esta calle había un tianguis, una especie de mercado de pulgas. Aquí los olores a barbacoa y pan recién hecho se mezclaban con el del agua estancada y desechos de basura, “así es mi tierra” me dije a mí mismo en silencio; una zona de la ciudad muy humilde, una zona que ya había visitado tiempo atrás junto con mi padre, una zona que en mi mente existe pero que de un tiempo a la fecha esta como negada... los prejuicios de la sociedad, esta era otra “vista” de la ciudad, una que muchos nos negamos a reconocer, simplemente con nuestra indiferencia.

Terminada esa calle, la continuación era subir pequeños cerros desérticos, salir de la mancha urbana, pasar por una planta demoledora de piedra, y poco a poco alejarse de la ciudad. La travesía tuvo de todo, hasta el cruce de un boulevard utilizando un túnel de desagüe, esta parte estuvo de película. Luego pasar una cerca de alambre de púas, y seguir la ruta hasta el antiguo Cristo Negro (ahora llamado “Cristo de Curiel” por capricho del dueño del predio, que cosas) En ese momento la perspectiva era otra: hacia el norte a lo lejos los edificios, la mancha urbana, las ultimas casas y el imponente boulevard vacío; hacia el sur poniente, las faldas de la Sierra de Juárez y la nada, solo desierto, cerros y algunas que otras casitas que parecieran estar abandonadas, aun sin embargo, ahí en medio de la nada, tenían sus habitantes.

Pasando el antiguo Cristo Negro, a unos kilómetros mas adentro, llegamos a un cruce de caminos, y en la cima de un cerrito estaba una pequeña casa de adobe con unas gallinas revoloteando por ahí, y un gran guajolote (pavo) que a punto estuvo de atacarnos, si no fuera por la intervención de Cristian, un niño habitante de esa casa, de escasos nueve años, cabello rubio, ojos claros, su aspecto sucio y desprolijo, pero que contrastaban con su gran sonrisa y una curiosidad característica en un chico de su edad, siempre reflejadas en sus ojos.

Cristian no sabia nada de los puntos de referencia de la ruta, ni los nombres que los “expertos” le han dado a ciertas cumbres, cerros y caminos. Él con picardía, solo ofrecía agua embotellada y los “Gatos” (los Gatorades) a quince pesos. Fue ahí donde vi las diferentes perspectivas de la ciudad: una, aquella que llevábamos nosotros cual conquistadores, con nuestras bicicletas y equipo de cientos o tal vez miles de dólares, sintiéndonos dueños de la situación, y la otra, la de Cristian, la de estar en la parte mas alejada de la ciudad, que tal vez ni parte de la ciudad forma, pero la de vivir con alegría los fines de semana, sabedor de que la clientela será abundante, la de su alegría de ver bicicletas ir y venir y de sentirse en el momento y el lugar correctos.

Que tan fácil nos puede ganar la soberbia en veces, que teniéndolo todo, queremos y ansiamos todavía mas y hasta podemos llegar a sentirnos desdichados por no tener esto o aquello de moda, mientras la vida puede ser tan sencilla, y ofrecernos tanto, sin tanta complicación, sin tanto costo, como la que se ve a través de los ojos de Cristian, aquel niño del cerrito, que con esa mirada me ha dejado una de las enseñanzas mas importantes de la vida.

02 agosto 2007

Lunes Patrióticos en Ciudad Juárez.


De los recuerdos del Juárez de antaño, tengo presente mis años de escuela secundaria y aquellos Lunes patrióticos de honores a la bandera.

Fue una época en la cual, además de los ya mencionados honores a la bandera en la escuela, también rendíamos los honores por las tardes en la Plaza de Armas de mi querido juaritos, todo esto creo que era gracias a la amistad entre nuestro maestro de la banda con algunos miembros de la administración municipal en aquel entonces.

En veces a producto de ave, emplumada y pico-corva (para los que no le entendieron quise decir “a huevo”, “a fuerzas”), y en veces por convicción propia, ahí estábamos los miembros de la banda, listos al pie del cañón para esas ceremonias dobles, pues por las tardes había que estar listo en la plaza de armas antes de las seis de la tarde, muy peinaditos y arregladitos, uniforme kaki (muy odiado por estudiantes, amado por las madres) y corbata, instrumentos limpios, ah y también la corneta, todo en orden.

Lo bonito de esa época, aparte del folklore que nos tocaba ver en el centro de la ciudad, era la cultura cívica y social que nos inculcaron nuestros padres y maestros. De esta época recuerdo muy bien a mi maestro de Ciencias Sociales, que a su vez era el maestro de la Banda de Guerra, creo que aparte de mi padre, fue la persona que más nos inculco un poco a querer y a apreciar a nuestra ciudad, usando trabajos de investigación mas enfocados a nuestra comunidad, a nuestra ciudad, a personajes locales, etc, etc.

Es así como con mucha gallardía, tocábamos las marchas de honor mientras la bandera era arriada por la escolta de la escuela, todo esto entre el sonido de las bocinas de los autos, la muchedumbre curiosa, el borrachito de la esquina, el “guero mustang”, la señora de las semillas, los boleros de enfrente de la plaza, el señor de las paletas, los pedigüeños de enfrente de la catedral, los merolicos y predicadores de la plaza, y muchos de ellos, saludando respetuosamente a la bandera y las que nunca podían faltar, las palomas alrededor del asta bandera, siempre presentes, en parvada, aleteando, haciendo su peculiar ruido.

No recuerdo con exactitud por cuanto tiempo hice esto, pero ahora lo recuerdo con gusto, con ilusión – eran otros tiempos – me dice mucha gente, y si, tal vez tengan razón, éramos unos chamaquitos de escasos doce o trece años de edad, pero lo que me da mas gusto es que desde esa edad ya teníamos ese espíritu de equipo, ese espíritu patriótico, y ese espíritu de servicio. Gracias a nuestros padres, gracias a nuestros maestros, gracias a la Banda de Guerra, gracias a mi Ciudad Juárez por permitirme estas experiencias, de ver con ojos propios la realidad del centro de la ciudad, pero a la vez también su lado patriótico, su lado cívico.

26 julio 2007

Cuento de la vida cotidiana

El día comenzaba mas temprano que de costumbre, había que hacerlo, había que enfrentar lo inevitable por lo cual había que estar preparado con tiempo y ganas. Dando de tumbos, como pudo se dirigió a la regadera, tomo una ducha, sin pensarlo mucho (nunca solía hacerlo) se vistió como mejor pensó que podía hacerlo para esa ocasión.

Para cuando terminó de afeitarse, se dio cuenta de que el tiempo había transcurrido rápidamente... otra mañana mas sin desayunar, al menos no en casa. Bajó a la cocina, tomo una bolsa de papel de las llamadas “brown bags“, y ahí puso un yogurt, un par de barritas de granola y una manzana, y claro, una cuchara desechable para el yogurt y una servilleta, para cuando tuviera tiempo de desayunárselos.

A las carreras, subió al auto, y se da cuenta, sin ser esto una sorpresa, que el indicador del tanque de gasolina esta en la “E” de “échale gasolina wey”. No había tiempo, había que llegar a la cita inevitable, además de que el indicador todavía marcaba que el tanque tenia algo de la reserva – me la juego, no hay de otra – y siguió su camino.

Por fin llegaba a su destino inevitable de esa mañana, muy puntual por cierto. Después de los tramites de costumbre, es conducido hasta una especie de sala de espera, donde también se encontraba otra persona, esperando su turno por supuesto y con un nerviosismo evidente. Para pasar el tiempo de espera, el iba armado con su libro de Benedetti (Despistes y Franquezas)

No sabe exactamente cuanto tiempo había pasado cuando por fin escucho su nombre – pase usted por aquí por favor – y era conducido hasta una silla con amplios descansa-brazos. Una señorita amablemente le pregunta que si prefería el izquierdo o el derecho – el izquierdo, por si cualquier cosa, todavía me quedo con el diestro – y sin decir mas, apretó su puño, volteo su vista hacia cualquier otro lado que no fuera ese y... ¡zas!... la aguja hace su entrada triunfal en la vena para extraer una muestra de su sangre, cual vampiro extrayendo el líquido vital de sus víctimas...


¿Esta demás decir que me chocan las agujas y los análisis de sangre?... es la tercera ocasión en menos de cuatro meses, espero que sea la ultima en mucho, mucho tiempo.

19 julio 2007

¿Sera Flashback Musical?

¿Será flashback musical o un estado de animo actual? No sé, pero esta canción se convirtió en un himno para mí por allá en los ochentas, porque su letra se adaptaba perfectamente a mis estados de animo y a mis noches sin dormir, en fin.

La cosa es que la canción curiosamente ha regresado, y creo que la razón por la que volvió es ¿la misma? No lo se, pero creo que ahora la entiendo mejor, solo que mis fantasmas aparecen, se van y vuelven pero cada vez son menos, entonces eso ya es un progreso, al menos eso creo.

Los dejo pues aquí con este “rolon” de Men At Work , la canción se llama Overkill de su álbum Cargo. Si, ya sé que esto pasó tal vez mucho antes de que algunos de ustedes nacieran, pero siempre se puede tener apreciación por lo antiguo ¿no creen? Así que ahí les va, a ver quien se identifica con el mood.



PD: Hay versión acústica (por cierto muy buena), para el que le interese...

13 julio 2007

Día de Perros, Part Deux


Después de tomar la doble dosis de analgésico en esta ocasión, Matías volvía a la realidad, a su triste realidad, que lejos de la lesión del tobillo, era su soledad lo que más le aquejaba, y las preguntas, los clásicos “por ques” invadían ahora su espacio mental.

¿En que momento fue que la magia comenzó a desaparecer? Porque era obvio que esto no había sucedido de la noche a la mañana. ¿Quién tenia mas la culpa, ella o él? Aunque el asunto de buscar culpables no resolvería nada, lo hecho, hecho estaba, Sofía le había dejado aquella notita con su inconfundible letra sobre la desastrosa mesa que fungía como comedor. Por un instante volvió a leer esa nota y en esta ocasión fijo su mirada y su mente en la letra, para admirarla por lo que podría ser la ultima vez. Aquella letra que a Matías siempre le había parecido hermosa, comparada con sus “patas de araña” de intentos de letras.

Esa letra que además de comunicar lo escrito comunicaba ternura, dedicación, orden, amor y mil cosas mas, en sus “O’s” demasiado redondas, en sus “q” y sus “z” cruzadas, que siempre hacían su lectura más amena, como una marca, como un mensaje escondido diciéndole “de mi para ti con todo mi amor”. Siempre lo había sentido así, pero Matías por alguna razón u otra, nunca se lo dijo a Sofía... ¿habría esto ayudado un poco para que la historia no terminara como hoy?

Tal vez – pensó Matías - si hubiera cuidado un poco mas la relación, desde los pequeños detalles, como poner en orden este desastre por ejemplo. Matías sentía hundirse en la búsqueda de las respuestas a esos “por ques”, mientras el dolor del tobillo poco a poco sucumbía ante la dosis de analgésico – vaya, después de todo tal vez no sea una tarde tan mala – se decía Matías a sí mismo, engañándose, porque aunque el dolor del tobillo se fuera, su dolor más grande seguía ahí. En esos momentos, decide dar un pequeño paso para un cambio, un paso que tal vez llegaba demasiado tarde, pero en su desesperación le daba una pequeña ilusión. Como pudo se puso de pie, y comenzó a ordenar el desastre de la mesa, ese que parecía eterno, parte fija de la escenografia. Con la mayoría de los platos y vasos sucios en el lavabo se dijo – hoy lavare los platos, no se como pero los lavare, si tan solo Sofía me viera –pero no lo estaba viendo, ella se había ido. Y cuando se disponía a abrir la llave del grifo, otra sorpresa mas – ¡Demonios, No hay agua!!!

¿Seria esta la manera que tenia el destino de informarle que su intento llegaba demasiado tarde, y regresarlo a la realidad? De entrada, pareciera que ni el intento mismo era el adecuado; Matías buscaba soluciones donde no había problemas, al menos no el verdadero problema.

04 julio 2007

Cuando quería ser como mi papá


Recuerdo que con emoción esperaba los sábados aquellos en que mi papa tenia algún proyecto de fin de semana, porque sabia que yo estaría incluido como asistente. ¿Quién nunca llego a pensar o deseó hacer lo mismo que su papa cuando fuera grande?

Llegaban pues aquellos sábados, donde me ofrecía de asistente, cargador, guía, lo que fuera, la cosa era salir a la aventura y aprender. Recuerdo que a duras penas podía cargar yo el estuche del teodolito, aquel aparatejo topográfico para medir distancias y elevaciones, que mi papa usaba constantemente para medir terrenos y posteriormente elaborar planos catastrales. Eran días largos, dependiendo del proyecto, pero ahí estaba yo al pie del cañón con toda mi disposición para ayudar a mi padre, queriendo ser como él, aunque solo ayudara a cargar las estacas, los medidores, a detener la señal, etc.

Después, en la noche, venia la hora de hacer los planos, y ahí estaba yo también, junto a él, con todo y mi mini restirador de segunda (era el único niño de mi cuadra con restirador propio) trazando y tratando de igualar el trabajo de mi padre. Recuerdo aquellos bloques de hojas pre-impresas con recuadros y títulos, en los que debía de ir el dibujo del plano, de los cuales llegue a gastar miles tal vez, pero ahora admiro la paciencia que mi papa me llego a tener, al no regañarme por gastarlos.

Y al final de la jornada, el sueño me vencía primero, pero no a mi papa, él seguía y terminaba su proyecto, mientras yo soñaba con ser ingeniero civil, para hacer lo mismo que mi papá. Mis sueños no se hicieron realidad, el tiempo inevitablemente pasó, y yo crecí, y comencé a cambiar de opinión, tome otras decisiones, otros rumbos, otra carrera, otra vocación, pero ¿saben? recuerdo con tanto gusto aquellos días en los que con vehemencia, trataba yo de ser como mi papá. Ahora entiendo que no solo se trata igualar la vocación profesional, sino de igualar la vocación de padre en si, de tratar de ser un ejemplo, un modelo a seguir, y un guía incondicional.

¿Quién pues, no soñó con ser como su papá?

22 junio 2007

Día de Perros Uno y Medio


Un tobillo envuelto entre vendas y una bolsa de hielo adornaban la mesa de centro, junto a otro desastre de vasos sucios, un cenicero y varios libros y revistas. Matías mataba el tiempo de ese medio día haciendo el clásico zapping con el control remoto del televisor, sin encontrar nada que le interesara lo suficiente como para detener su marcha. El hielo y un poco de analgésico calmaban en ese momento el dolor del tobillo, pero ¿y el otro dolor? Ese no se iba tan fácilmente, ese le daba vueltas y más vueltas en su cabeza. Es así como Matías comienza su viaje mental a través del tiempo, entre canal y canal del televisor, regresando al primer momento en que conoció a Sofía.

Hacía trece años atrás, y su mente recuerda perfectamente aquel momento, un cigarrillo y un café en la cafetería de la facultad, con la compañía de algún libro de Benedetti seguramente. Fue entonces que la vio entrar por la puerta, iba sola, con sus libros pegados a su pecho. De esbelta figura, cabello castaño recogido en cola de caballo con unos cuantos cabellos estorbando sus ojos, esos ojos color ámbar, y esa sonrisa tierna, dulce, sonrisa media, que no rayaba en la exageración de comercial de pasta dental, ni en la ausencia de la Mona Lisa, simplemente una sonrisa media, perfecta.

Matías pensó que no podía dejar pasar la oportunidad de conocer a esa chica, que tenia un “no se que” que le atrajo desde ese primer instante. Algo tenia que hacer, y lo planeaba mientras sorbía el ultimo trago de café de su taza mientras ella se formaba en la fila para ordenar algo. Matías fumaba su cigarrillo mientras Sofía ordenaba algo, apenas lo recuerda, un pan de canela con un café o algo así. Y mientras él seguía pensando la mejor manera de hacer casualidad su encuentro, Sofía tomo la charola con sus cosas, puso ahí sus libros, que eran bastantes y por ende hacían algo difícil la encomienda, y se dirigió rumbo a las mesas, buscando una disponible.

Fue entonces en ese preciso momento que Matías pensó – tengo que ir a ayudarla, apenas puede con esa charola, es la excusa perfecta – y sin pensárselo dos veces, se abalanzó tan rápido como pudo hacia Sofía. Su frenesí fue tal, que dio tremendo resbalón, cayendo exactamente frente a ella, no sin antes de un manotazo tirarle la charola, esparciendo café, pan y conocimientos por la cafetería. Las risas fueron totales y unísonas, y la vergüenza de ambos no se pudo ocultar tras esos rostros enrojecidos como dos tomates. Fue ahí, en ese momento en que ambos trataban de levantar aquel desastre, que sus miradas se cruzaron y se dio esa chispa, ese “clic” que no se explica, que simplemente se siente. Los ojos grandes color ámbar de Sofía mirando aquellos ojos negros y tímidos de Matías – Caray que bruto que soy, por favor discúlpame – no tengas cuidado – le respondió ella que sorpresivamente no mostraba enojo alguno, sino que también pareciera estar en la misma sintonía de aquel embrujo que sentía Matías al verla y tenerla tan cerca – Hola, me llamo Matías – mientas extendía su mano para saludarle – Yo me llamo Sofía, ¿podría decir que encantada de conocerte? – Y después de unos microsegundos de silencio, los dos soltaron una gran carcajada, como en complicidad con el momento, mientras se levantaban, recogían lo que quedaba de aquel tiradero y se dirigían a la mesa que Matías ya tenia ocupada desde hacia rato.

El momento era mágico, electrizante, sin explicación alguna, pero era como si ambos se hubieran encontrado por fin, después de un largo tiempo de búsqueda. ¿Existen las casualidades? ¿O acaso el destino les tenia programado este tan peculiar encuentro? ¿Seria posible que dos personas viviendo en frecuencias similares pero paralelas a la vez se pudiesen encontrar? Y es precisamente en esos instantes que el momento mágico y el recuerdo dulce se disipaban al mismo tiempo que el dolor del tobillo, y el del corazón, volvía a hacer presa de Matías – Carajo, creo que el efecto de la Tylenol se esta pasando muy rápido, esta vez tomare dos – ¿Seria que una era para el tobillo y la otra, tal vez en un intento desesperado, para curar el alma?

18 junio 2007

Sucumbir ante el juego del MEME

Meme, el juego, las cosas que no saben de ti, en fin, se le ha llamado de mil maneras, y pues heme aquí sucumbiendo ante tal juego. Ya he sido invitado por varios de mis compañeros y me han mandado las reglas del famoso juego pero ¿saben? Yo soy bien democrático, así que no quiero obligar a nadie a jugar, además de que la gran mayoría de mis compañeros bloggers ya jugaron al famoso juego, así que dejo a su elección a quien lo quiera continuar y postearlo en su blog, o si gustan, aviéntenmelos en forma de comentario.

Dicho pues lo anterior, corre y se va corriendo... las ocho cosas que saben o no saben de mí.

1. Como muchos ya se habran dado cuenta, soy un nostálgico incurable, me encantan las cosas retro y todo aquello que me haga recordar tiempos buenos, mis tiempos de estudiante, de maripositas en el estomago, de amigos y de momentos divertidos. Así soy, medio cursi pero hay algo en el pasado que me ayuda a ver el futuro de otra manera.

2. Me encantan las películas animadas y caricaturas, tal vez porque ahora tengo niños pequeños en casa, pero la verdad, soy yo el que las disfruta mas que ellos, me río y las vuelvo a ver mil veces junto a ellos sin molestarme.

3. Me encanta todo lo relacionado con doblaje de voces y radio-locución. Debí de haber optado por alguna carrera en comunicación masiva pero no fue así, pero no pierdo la esperanza de algún día hacerlo. Por lo pronto, experimento con un software para mezclar voces y música y me divierto experimentando con jingles y pseudo doblajes.

4. Por lo mismo de lo anterior, o al revés, desde muy joven me ha gustado imitar voces, es mi pasatiempo favorito, me gusta escuchar una voz de caricatura o de cierto personaje publico y me doy a la tarea de igualarlo, y no me toma mucho tiempo, pero se que si me dedicara a esto, tendría que dedicarle varias horas y entrenamiento de voz y esas cosas, pero bueno, ya será, ya será.

5. Soy tan sensible a los ruidos por las noches, que desde hace 7 años duermo con tapones en mis oídos. No sé si me pueda traer repercusiones, pero los tapones ahí están, y el día que no están, ¡oh Dios! Me pongo como loquito y obvio que no duermo bien, pero bueno, ya superare ese traumita un año de estos.

6. De joven aun en la preparatoria, quise ser sacerdote, y por cosas del destino (divino o no) pues no le entré y san se acabó. A veces me llegan como viento los sentimientos de “what if” pero pues sigo creyendo que tome la decisión correcta. Dios encontrara mas soldados, tal vez en alguno de mis hijos, nadie sabe.

7. También de muy joven (les digo pues, lo de lo retro no se me quita) tuve mis intentos de ser DJ y tuve un amigo que tenia su propio equipo móvil. Los Domingos después de misa iba a su casa y me dejaba practicar mis “mezclas”. El estar en las torna-mesas, con el audífono y la mezcladora manual era otro rollo para mi, un reto y una especie de relajación extraña, me emocionaba, me la creía, me sentía el DJ scribble o alguno de esos. Todo quedo en eso, en intentos, pero las mezcladas nadie me las quita.

8. Cómo muchos ya sabrán, me gustan los deportes pero muy en particular, el fútbol, que para mi gusto es el deporte mas hermoso sobre la tierra ¿y saben por que? Porque une países, quita fronteras y se juega en todo el mundo. Yo lo juego casi todos los domingos de manera informal, de cascarita, picadito, en el parque, potrerito, y ahí somos mis amigos y yo, los genios de la cancha, pero esa sensación de poder patear la pelota de manera mas formal, es como un levantón natural, una droga extraña que me transporta a otra dimensión, al menos por un par de horas y me hace olvidar de todo problema, mi alma se recarga de energía y cuando vuelvo de ese extraño trance, veo las cosas con un poco de mas positivismo y listo para las actividades que siguen en la semana.

He aquí pues mis ocho cosas, como dije, la democracia justa y divina, me hace no invitar a nadie, sino al que quiera hacerlo, ya sea en su blog o aquí mero como comentario.
Se aceptan criticas, análisis, soluciones, sugerencias, etc.

11 junio 2007

Un Día de Perros


Matías sorbía un poco de su café, tratando de comenzar el día de una mejor manera, al menos tratando de mantenerse despierto, y se daba cuenta que el sabor estaba mas amargo que de costumbre. “Rayos, le puse sal en vez de azúcar”. El azúcar se había acabado hacia ya un par de días pero con el trajinar diario se había olvidado por completo de reabastecer si quiera lo mas mínimo de la despensa.

“Esto de no dormir no deja nada bueno” se decía a sí mismo mientras vertía el contenido de su taza en el lavabo y buscaba un poco de agua, para al menos curar la resequedad de su garganta y de alguna manera, estar listo para las actividades que le deparaban su jornada. Al menos esto era un aliciente, como una oportunidad de enderezar rumbo, después del día anterior, que había sido verdaderamente un día de perros.

Si algo mantenía a Matías vivo, era su pasión por el fútbol, una vieja cuenta pendiente al no haber podido jugar como profesional, pero eso fue un sueño de niño, como cualquier otro niño del barrio, que juega en el potrero y sueña con ser el mas grande. La cosa fue que con todo y que se había puesto su jersey de la suerte, su juego no fue precisamente el mejor ese Domingo. “Por Dios Matías que hoy no anotas ni fiado” le dijeron sus compañeros y para colmo, en una jugada para evitar pisar a uno de sus compañeros, se doblo un tobillo. La lesión fue leve, no de consideración, pero con inflamación y dolorosa al fin, recordatorio de que los años siempre pasan su factura.

Después, al llegar a casa, se encontraría con un silencio sepulcral, algo extraño pero curiosamente algo previsible para él. Ahí en medio de la mesa de la cocina estaba una pequeña nota, era la letra de ella, y él, minutos antes mientras jugaba lo presentía, era algo extraño de explicar, un sentimiento hecho nudo en el estomago. El anuncio estaba ahí junto al salero y algunos vasos sucios, ella lo dejaba definitivamente, habían sido ya muchas confusiones, muchos juegos de palabras, muchas estupideces por parte de Matías que habían ido sembrando una desconfianza irreversible en Sofía. A veces las estupideces de uno son las trivialidades de otros, y esto termina por romper la cuerda por la parte más delgada, y esta no fue la excepción. Ambos dolores le hicieron la tarde algo miserable a Matías, no era para menos, pero se la tenia que aguantar, no quedaba otra salida, todo había sido su culpa. Las culpas, siempre las malditas culpas, el demonio mayor en la legión que existía en su psique.

Aun después de todo, Matías estaba dispuesto a comenzar con el pie derecho su Lunes, queriendo tomar este como una segunda oportunidad a pesar del insistente mal comienzo. En el camino a la oficina se detuvo en su cafetería favorita, “hoy no me quedo sin café, y lo mejor de todo, es que me daré el gusto de saborear una de las mejores tazas de espresso que existen”. “Que maravilla” se decía Matías, mientras le sonreía a cuanto extraño le cruzaba la mirada; todo esto para que por fin llegara su turno, ordenar, y darse cuenta que había olvidado su billetera en el departamento... “otro día será” le susurro la suerte al oído, o ¿acaso seria otro nuevo demonio? Otro mas a tu lista... anótalo.

06 junio 2007

Del rechazo y otras payasadas


Erase una vez un joven inquieto, al cual siempre le había gustado la comicidad, el humor, el hacer reír a los demás, los reflectores tal vez, pero con un don natural para contar chistes, hacer de cualquier situación algo gracioso y de imitar personajes y voces con una gran facilidad.

Todo comenzó en su transición de escuela secundaria a la preparatoria. Ahí descubrió que podía imitar perfectamente a los profesores, prefectos, director, y después se fue mas allá, siguiendo con reporteros de radio, televisión, personajes de fútbol, de caricaturas, esto aunado a una bendita herencia por el lado materno, de contar chistes con cierta gracia, e intentar hacer el deleite de reuniones y fiestas.

Luego vinieron los festivales de iglesia y las famosas pastorelas, en esos en que se reclutaba a todo tipo de persona “talentosa” para ser parte del show. No podía faltar nuestro joven inquieto en estos menesteres, y claro, siempre terminaba con una buena sonrisa y un buen aplauso por su habilidad con las voces y la improvisación graciosa, pero sobre todo con la satisfacción de poner esa sonrisa en los rostros de todos aquellos que de alguna manera le regalaban su aplauso sincero.

Hubo gran cantidad de gente durante ese tiempo y durante el paso de los años que le mencionaban la misma frase “tu deberías hacer esto de manera profesional”. Inclusive una persona, después de uno de aquellos festivales de iglesia, se le acerco con propósitos de reclutarlo, le hablo de llevarlo a la televisión, le quiso vender la fama ahí mismo, cosa que nuestro inquieto joven rechazo con una simple frase “yo esto lo hago por hobbie, pero gracias de cualquier manera”. Y siguió por la vida haciendo lo que tenia que hacer (o lo que la sociedad marcaba que tenia que hacer), sin dejar de practicar su ya tan querido hobbie.

Llegaron de pronto tiempos difíciles, se dio cuenta que debía de tomar una decisión en el rumbo de su vida, pero no sabía bien qué o cómo. Hubo por esos tiempos una invitación a formar parte de un festival a beneficio, y nuestro inquieto joven, junto a su hermano, idearon una barra cómica, con sketches e imitaciones. Se prepararon lo que pudieron, no fue mucho el tiempo, pero consiguieron algo de ropa para personificarse y practicaron diálogos y canciones.

El show comenzó, y todo parecía ser un gran éxito, de hecho lo fue, pero ya casi al final, en la ultima participación de nuestro inquieto joven aspirante a cómico, sucedió algo, una persona del publico, ya algo pasado de copas, se levantó de su asiento y recriminó su participación argumentando que esperaba mas calidad por su dinero, todo esto de una manera altanera y burlona. El resto del publico no estuvo de acuerdo y la ovación fue tan grande que se opaco aquel aislado incidente.

Como verán, este pequeño incidente pareciera ser muy insignificante, pero no fue así para nuestro inquieto amigo, él sintió que su vida cambió en ese momento. En esos tiempos llegó a considerar por fin, aquella recomendación o frase que muchas personas le habían hecho durante su camino, la de dedicarse a la comedia de manera profesional. Pero ese aislado incidente fue demasiado para él y decidió que jamás se subiría a un escenario, jamás volvería a intentar una interpretación, una imitación frente a un foro, a un publico. Pero ¿porque desquebrajarse por tan insignificante suceso? Creo que la clave aquí estuvo en la manera de manejar el rechazo, digamos que a nuestro joven inquieto le falto mas fibra, y un poco de mas experiencia para saber que la vida no era solo aplausos y noches de éxito, sino también vendrían tiempos difíciles y criticas destructivas. Estos insignificantes sucesos, estos tropiezos son los que hacen la vida más interesante y lo hacen a uno mas fuerte, lo hacen seguir adelante intentando ser mejor, día con día.

Esperemos que nuestro inquieto joven aspirante a cómico (en aquel tiempo) haya aprendido su lección, porque la vida es así, y si nadie se lo había dicho, creo que ahora ya lo sabe.