02 junio 2009

Viñetas del llano y de la vida


La levantada temprano me costó un trabajo enorme, aun sin resaca de por medio. Los Domingos para muchos son sagrados, día de guardar, día religioso, día familiar, para muchos el único día de descanso neto. Mis despertadores de carne y hueso son más precisos que un reloj suizo y no dan tregua, incluido el Domingo. Una mezcla de gusto y sacrificio me ayudan a incorporarme y prepararme para la faena dominguera, que ya se ha hecho costumbre de unos años a la fecha... no les puedo quedar mal, no me puedo quedar mal.

Me preparo como si fuera un niño explorador: bloqueador de sol, un poco de “bengay” en las corvas por aquello de la edad, el atuendo, lentes extras, un poco de agua para el entretiempo y otra tanta en la cara para terminar de despertar y listo. Y los arreos, benditos arreos: dos mini porterías desarmables, tres balones y varias “casacas” de ínter escuadras para evitar confusiones de equipos. ¿Cuánto tiempo llevo con este ritual? ¿Quién me heredo el costal de los arreos? No lo recuerdo con precisión pero los guardo con un celo cual cancerbero, son lo que nos permite realizar el ritual dominical, son el pretexto perfecto; tal vez no sean el pegamento pero si forman parte de esa cohesión, de esa conjunción, de ese hacer equipo.

El calor pega mas duro que de costumbre, como presagiando un verano aun más intenso. El sol se siente en la espalda como una loza que obliga andar a gatas, mas sin embargo nada nos detiene, ni la edad, ni las responsabilidades, ni los problemas cotidianos. Durante la semana somos maestros, ingenieros, doctores, arquitectos, empleados y empresarios, pero el Domingo somos los gladiadores del potrero, los maestros del llano, los filósofos de la cancha, los locos de la cascarita.

Que difíciles son las cosas de la vida – me lo pienso en un minuto mental que podría equivaler a horas en el mundo real. Y la realidad es que los problemas no desaparecen, pero por el momento me preocupo mas por realizar la siguiente jugada.

Comenzamos un contragolpe, quedo yo mas en punta y recibo un pase flotado con ventaja. El balón esta a punto de pasarme, así que decido arriesgar el físico para poder controlarlo. Cabe aclarar que a mis casi cuarenta, cualquier ejercicio muscular que requiera un movimiento rápido de mas de cincuenta centímetros ya es considerado un riesgo, por eso es valido decir que arriesgamos el físico. Estiro y elevo mi pierna izquierda hasta donde el cuerpo me lo permite y con la punta del zapato alcanzo a tocar el balón para darle un efecto muerto y dejarlo en ventaja frente a mis pies. Amago de zurda, engancho a la derecha, amago un disparo y desparramo al defensa, punteo levemente el balón con ventaja al perfil derecho, acomodo mi cuerpo y disparo con la poca fuerza y precisión que me quedan. La pelota pasa a escasos centímetros del poste de la portería, pero es la jugada de no-gol mas celebrada del partido.

Con esto, para mí, ya desquito el boleto. La levantada y todo lo demás valieron la pena. Es así como el momento se vuelve mágico, la cascarita dominguera deriva en una especie de catarsis a todo lo malo de la semana. Aquí purgo mis penas, expío mis pecados, y aunque no desaparecen, por momentos los dejo desparramados como a los contrarios en dos o tres toques en media cancha, aunque no terminen en gol, pues no todas las cosas de la vida terminan a nuestro favor, pero como buenos profesionales, sabremos aceptar el resultado y esperar el siguiente partido con todas las ganas de salir a dar lo mejor de nosotros mismos para enfrentarlos.

Veamos que nos trae la siguiente cascarita de fútbol y su respectiva semana previa de tribulaciones y retos.