29 octubre 2008

En que momento...


- Voy tranquilamente caminando por la calle, de pronto pasa un auto, a toda velocidad y por la ventanilla arrojan una bolsa con basura.
- Me dispongo a tomar la fila (hacer línea) del puente internacional, de por sí ya larga, y veo el paso de numerosos autos que con desdén solo atinan a meterse en la fila para asegurarse un lugar mas adelante que los demás idiotas que si obedecemos las reglas.
- Camino por una calle la cual suelo recorrer con frecuencia. Dicha calle es ahora una importante parada de autobuses y al mirar al suelo, me doy cuenta que la banqueta se encuentra infestada de una incontable cantidad de gomas de mascar aplastadas y sucias, cuando antes la calle estaba impecablemente limpia.
- Llego al estacionamiento del supermercado y estaciono mi auto, cuando veo que alguien se estaciona en el lugar reservado para la gente discapacitada. Y la persona que se baja de dicho auto no se ve precisamente muy discapacitada a simple vista.

Ejemplos así hay miles tal vez, inclusive podríamos durar horas enumerando casos como los anteriormente mencionados, pero todo va a lo mismo.

¿En que momento perdimos la brújula, la dirección, la educación, la prudencia? Y hablo en plural porque creo que ninguno se salva; aquí nadie tira la primera piedra, absolutamente nadie, pero caray! hay unos que hacen de este descaro una vida eterna, un hobbie, un deporte y le juegan a ser campeones.

¿Por qué carajos la única manera de avanzar en la vida es aplastando al que esta enfrente? O en dicho caso, a cualquiera que se me ponga enfrente. Ya no es un chiste barato y aburrido de maestra de primaria, ya es una realidad que los jóvenes, no de ahora sino de un ayer no muy lejano, veían como un gran logro el poder llegar a ser pseudo agentes del orden o narcos, o cualquier cosa que se relacionara con lo ilegal, con la obtención de poder de la manera mas fácil, con la impunidad.

Para muestra de lo anterior, solo basta un botón: abrir las paginas de los diarios de cualquier ciudad, pero tristemente y en especial, de nuestra Ciudad Juárez y se comprueba lo dicho. Es de suponer que esa generación, esos niños de antes que a manera de chiste contestaban que querían ser narco, sicario, ratero o similar, pues ya crecieron, ya se graduaron y ya están “ejerciendo” sus respectivas carreras hoy en día.

Cada quien tiene su historia, de lucha, de sacrificio o de trampas, un testimonio de vida. Recuerdo cuando éramos niños, mis amigos de la cuadra nos divertíamos con lo que fuera, la imaginación sobraba para divertirnos inclusive ya entrada la noche, sin correr ningún riesgo. Algunos años después, no olvido como uno de aquellos niños (ya no tan niño) del barrio, apareció de pronto en un auto ultimo modelo, con ropa muy a la moda, y con una sonrisa sarcástica, oscura y falsa, casi casi como si mostrara el típico diente de oro mientras los demás nos peleábamos por echar un vistazo adentro del auto aquel. Sabíamos que no era magia, sabíamos que algo hacia que no estaba bien, pero era la única manera que tenia para demostrar que si se podía, y claro, ninguno pudimos hacer nada mas que observar y callar.

Es verdad que cada quien tiene la libertad de elegir, pero ¿por qué carajos elegir joder a los demás? De nuevo repito esa gran frase del Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”; en esto se encierra todo, aquí esta la solución a los problemas.

La próxima vez, habrá que aguantarnos la prisa y disminuir la velocidad cuando se deba, respetar el cruce escolar, hacer la fila como se debe, pagar la multa en vez de dar mordida, guardarnos la basura y tirarla hasta que lleguemos a un contenedor, avisarle al de enfrente que se le cayo su cartera y dársela, denunciar la injusticia cometida con el vagabundo, el anciano, con la vecina golpeada, con la mujer acosada, de cualquier índole, de cualquier estrato social, de cualquier genero, de cualquier origen, porque en todos esos pequeños detalles, por simples que parezcan, esta la impunidad, esta lo ilegal, esta el horror, todo eso que tanto repudiamos. El famoso prójimo somos todos, hasta los pecadores (mis queridos hermanos conservadores, dije “todos” o ¿acaso Jesús excluía gente por su origen o filiación?) Esto desgraciadamente también incluye a los “malillas” que han volteado de cabeza nuestra sociedad.

Empecemos por barrer nuestra calle para después poder reclamarle al vecino que barra la suya o reclamarle al gobierno que traiga la barredora, si los que la ensuciamos todo el tiempo somos nosotros mismos... ¿no lo creen así?

22 octubre 2008

Si no hago yo las olas...

Como se habrán dado cuenta, hubo cambio de casa y también hubo “separación de bienes” por así decirlo. Decidimos que Radio Retro es ahora una especie de “spin off” o derivado satelital de un programa original que merecía ya su propio espacio, y pues se lo dimos. Por todos lados en el blog podrán ver links a lo que ahora es Radio Retro, y en donde se publican los famosos “podcasts” de los otrora Viernes Musicales, que no precisan en viernes, sino en cualquier día que la inspiración llega o la ocasión lo permite.

Pronto inauguraremos una sección para peticiones, aca tipo “long distance dedication” al estilo de Casey Kasem, y ya les informare a su tiempo para que manden su petición vía correo electrónico, en fin.

Por lo pronto, y por si no se habían dado cuenta, Octubre ya lleva dos podcasts en los cuales andamos ahora con la temática del Heavy Metal, pero pues, a manera de despedida de los podcast adjuntos, les dejo aquí la “barrita verde” para que lo escuchen, también el link o les invito a visitar Radio Retro y dejar un comentario allá, o acá, o en ambos, como gusten.

Y para los que por alguna razón no pueden escuchar el podcast, o les tienen restringido el “live stream” de audio o que se yo, pues les dejo aquí el video de la rola que hoy presentamos, recordando viejos tiempos y mucha energía metalera.
Espero lo disfruten.

14 octubre 2008

Como pez fuera del agua


La noche caía y con ella mis energías, mas no así mis ánimos después de haber pasado un sábado de varias actividades que dejaban un grato sabor a objetivos logrados. El trance onírico me llamaba como el ultimo tiraje de un “comic” a un fanático de “hueso colorado” rayando en lo “geek”. Pero la noche del sábado tenia reservada para mi una tarea muy distinta, una que de nuevo experimentaría con mi ser, para comprobar de qué esta fabricado mi núcleo.

Poco antes de dormir sentí esos síntomas inequívocos de que la noche tal vez no pintaba tan bien para mi cansada humanidad. Como para asegurarme de que al menos pudiese dormir unas horas, tome un par de dosis del inhalador de salmeterol. Mis cálculos no estaban tan errados: pude dormir al menos un par de horas, tal vez tres, las siguientes dos fueron de dar vueltas como caracol en agua salada. El Asma hacia su aparición de nuevo, y esta vez venia a cobrarse varias cuentas pendientes. Ese viejo conocido mío, que hace acto de presencia en esporádicas temporadas, como cometa que no sigue un patrón, llegaba con fuerza tocando a mi puerta, o mas bien a mis pulmones.

La sensación es conocida, pero no así deja de ser horrible: algo me roba el aire, la respiración se acorta tanto, que hasta duele el esternón del esfuerzo para tomar aire. Me imagino que es algo parecido a lo que siente un pez fuera del agua, y sin lluvia o con el agua lejos. Trate de conservar la calma, pues es así como en otras ocasiones había logrado dominarlo, claro, era eso y una inyección de cortisona, pero lo segundo no estaba a la mano, así que había que esperar de cualquier manera.

Haciendo caso omiso de las instrucciones del inhalador (no exceder cuatro dosis en un periodo menor a veinticuatro horas), tome una quinta dosis para que al menos pudiera descansar otras cuantas horas mas mientras se llegaba el día y tomaba el plan B (que dicho sea de paso, el plan estaba completamente en blanco)

El sol por fin se asomaba, y junto con esos primeros rayos de sol, una esperanza: los síntomas parecían haber cedido, no del todo pero lo bueno vendría después. Era domingo de cascarita de fútbol, y a pesar de todo, no les podía fallar a mis compañeros, al menos haría acto de presencia, además de llevar los balones, si no luego no juegan. Ya estando ahí, y al ver el quórum para el juego, me vi en la penosa necesidad de entrar al quite y jugar, no sin antes haberlo consultado con uno de mis compañeros que resulto ser medico, el cual a su vez sufre de algo parecido y siempre lleva consigo una especie de esteroide en inhalador para desinflamar bronquios. Menos mal que esto no era la FIFA ni hacen examen antidoping, que si no, me botan de las canchas de por vida como al Diego. Es por demás mencionar que el resto de ese domingo, entre voluntad y medicamentos, volví al camino de la normalidad respiratoria.

Y es así a grandes rasgos que de nuevo vencí a mi vieja Némesis, esa que no me dejaba practicar actividades al aire libre, esa que causara que mi madre deseara que hubiera sido “el niño dentro de la burbuja” o que hubiera vivido en la Biosfera II. Vencí de nuevo, ya no llevo la cuenta pues no tiene caso, es mejor la sensación de victoria, pero aun así, por si las dudas, al día siguiente fui a ponerme mi respectiva inyección. Mas vale prevenir que lamentar...