30 noviembre 2006

Un camino diferente, un destino diferente

Nuevamente me entro la nostalgia, y me puse a hurgar en un viejo baúl, en mi querido ático, y esto fue lo que me encontré:

Era una noche de verano, de por ahí del mes de Agosto, recuerdo que era Viernes, era de noche, el silencio reinaba, solo la luz de una vela a lo lejos alumbraba ese lugar de techos altísimos, de ecos profundos, de delgados y altos vitrales de colores y de un ambiente de solemnidad que en ningún otro lugar he podido encontrar.

Apenas si se podían distinguir los rostros, las figuras, las siluetas, en parte debido a la oscuridad, pero en gran parte debido a la concentración, al momento de retiro que yo vivía en ese momento, creo que los demás ahí presentes también, unos a mayor o menor escala, pero al fin y al cabo todos ahí con el mismo propósito, con un mismo objetivo, con una gran decisión en mente y corazón, para algunos la decisión mas grande de sus vidas, aquella que nos marcaría el camino a seguir.

No sé con exactitud cuantas horas dure ahí, tal vez mas de tres, sentado, hincado, postrado, parado, siempre meditando, pensando, imaginando, orando y planteándome diferentes cosas, todas relacionadas con el mismo fin, todas encaminadas a una decisión, y a una respuesta. Como todo mortal, confieso que dude mucho, llegue a plantearme la pregunta ¿Que es lo que estoy haciendo aquí?, ¿Estoy haciendo lo correcto?, pero en aquellos días, y en aquel momento, mi mente y mi ser estaban tranquilos y yo estaba muy seguro de la respuesta que ya tenia en mente; eran otros tiempos, eran otras situaciones, era otra mi vida, creo que mucho mas sencilla, sin tantas complicaciones, tal vez llena de ilusiones y de idealismos. En una hoja sencilla escribí mi respuesta, en una simple hoja de cuaderno, arrancada así sin quitarle esos pequeños sobrantes que deja el arrancarla del espiral, ahí estaba plasmada mi respuesta, la definición de mi camino, de una responsabilidad que según yo, estaba a punto de comenzar.

Ya cuando el cansancio comenzó a vencerme, me retire a la que durante aquel tiempo fue mi habitación temporal, una habitación muy sencilla, de paredes de ladrillo sin terminar, un piso de loseta blanca, un cuarto pequeño en dimensiones, oscuro pero muy acogedor, para mí era lo máximo, era todo lo que necesitaba: una cama, un pequeño ropero, una silla, una mesa y una lámpara, y algunos de mis libros y ese silencio y esa quietud que describí anteriormente, una quietud que se ansia, que se disfruta y que es necesaria de vez en cuando, de esos en que solo se escucha el trinar de los pájaros durante el día o el cantar de los grillos durante la noche y el ruido de algunos coches muy a lo lejos. Mi ya famosa respuesta quedo guardada debajo de mi almohada esa noche, como vigilando mi sueño, un sueño que no pude conciliar por muchas horas.

A la mañana siguiente la rutina de siempre, el baño, la oración comunitaria, luego el desayuno, lavar la “loza” (palabra nueva para mí en ese tiempo), y después alistarnos para la ceremonia especial. Ahí estaba yo de regreso en ese lugar, en el que duré varias horas meditando mi respuesta. Ahí mismo fue cuando me di cuenta que muchas veces uno se puede trazar un camino, pero el destino, por obra divina o por azar, nos tiene preparado otro camino, un destino diferente al planeado. El obispo acepto con gratitud nuestras respuestas, ahí, en la capilla del seminario regional, pero nos dio la noticia de que a partir de ese ciclo escolar por así llamarlo, no se aceptarían candidatos a seminaristas que no hubiesen terminado la preparatoria, yo como algunos otros me encontraba en esa situación, y si para este momento no lo habían adivinado, mi respuesta en esa hoja de cuaderno común y corriente, era afirmativa, un “si” sin dudar, o al menos eso es lo que creía. Pero los designios de Dios, o el destino o como quieran llamarlos, eran otros para mí, lo tome con calma, lo deje de pensar por un buen tiempo, después lo volví a tomar, esta vez como una señal, y así fue como seguí otros caminos, otros destinos.

¿Cuantas veces nuestro camino en la vida no se torna en dos o más senderos, y se toma uno u otro por decisión propia o en ocasiones hasta por presiones ajenas? Que curioso es esto del destino ¿no creen? Curiosa es la manera de cambiar de camino de un lado para otro, como lo seria para mí, de nuevo, poco tiempo después.

27 noviembre 2006

De peluqueros y moralejas

El otro día, un sábado para ser preciso, me dispuse como casi cada mes a acudir a la peluquería (o barbería) para mi corte de pelo. Así es, yo soy uno de esos especimenes raros que todavía se corta el cabello en peluquería de esas antigüitas, con el símbolo de colores azul, rojo y blanco en forma de caramelo, y con las sillas de esas hidráulicas que suben y bajan y que tienen un cintillo de piel a un lado, con el que afilan la navaja para retocar patillas y algunos lados.

De esas tan clásicas que casi todos los peluqueros son ya viejitos, exceptuando a algunos, de hecho, el peluquero con el que me corto el cabello la mayoría de las veces es mas o menos de mi edad, él es el dueño del lugar, el cual heredo de su padre, quien se dedicó al mismo oficio, y a quien yo tuve el placer de conocer, una finísima persona, de esas con las que platicas a gusto, largo y tendido, que le puedes platicar de todo, que veía la vida con animo, de manera positiva, pero que ya no esta con nosotros, el cáncer le gano la batalla hace ya algunos años.

Mis temas en común con el peluquero son de todo un poco, desde los tiempos de antes, el Juárez de antes, hasta llegar al mero “mole”, el fútbol. Supe por alguna platica que él jugaba en una liga con sus antiguos amigos de la infancia de por ahí de la colonia Hidalgo, que jugaban en los famosos “hoyos” de tierra (paréntesis: los hoyos de tierra son residuos del antiguo cause que tenia el Rió Bravo, y que quedaron del lado mexicano después de la devolución de El Chamizal de Estados Unidos a México) y en veces en campos empastados junto al estadio Benito Juárez. Yo alguna vez jugué en esos campos así que la platica se ponía buena, que si las Chivas, que si el América, que si el Cruz Azul, que hoy hace mas calor que en otros años, que ya hace bastante tiempo que no nieva como antes ¿se acuerda? ... en fin, de todo un poco.

Hace como dos semanas, como mencione anteriormente, llegue pues a mi cita sin programar con el peluquero. Tuve suerte, no había espera y mi peluquero estaba disponible, así que llegue, saludé y me senté, comenzó el corte y comenzó la platica, fue ahí cuando me entere que ya no jugaba fútbol, al preguntar el porque, la respuesta me dejo algo helado: por cuestiones de salud, esta enfermo de cáncer. Yo no supe ni que contestar, me dijo que lo tomaba con calma, que estaba ya en tratamiento, que todavía no se le había caído el cabello, pero que iba un paso a la vez, me dijo que esperaba regresar a las canchas si todo salía bien y que no me sintiera mal, que le echara ganas, porque “ya ve que nadie tenemos la vida comprada”.

Me quede pensando mucho, como les dije, es una persona muy joven todavía, con esposa e hijos, pensé lo difícil que pudiera ser para su familia el llevar una situación así. Pero también pensé que como bien dijo él “nadie tenemos la vida comprada” y por lo mismo tenemos que disfrutar de ella, forjar metas y alcanzarlas, hasta las más insignificantes, ese curso de italiano o de francés que siempre quisiste, hazlo, o esa reparación que siempre has querido, órale, dale, hazlo, o ese viaje que has querido realizar pero no has podido por falta de tiempo, órale, sin pensarla, hazlo. Sé que existen detalles y situaciones, trabajo, responsabilidades que pueden detenernos, pero todo se puede ordenar para que las cosas vayan saliendo. Mientras estemos en este mundo, tratemos pues de vivir la vida, de disfrutarla y de seguir adelante, hasta que nos toque rendir cuentas y hacer el viaje, porque uno nunca sabe el día y la hora en la que nos den ese boleto de “one way”. Espero que tengan una buena semana, y recuerden, a darnos tiempo de disfrutar de la vida, aunque sea un poco.

15 noviembre 2006

Memorias de un Cafe

Lugar de reuniones, lugar de discusiones, lugar de citas, lugar de recuerdos, añoranzas, alegrías, tristezas, o simplemente de disfrutar de una buena taza de americano, expreso o capuchino en la mejor compañía, la de alguien mas, ese ser querido, o la de uno mismo.

Recuerdo que el café “La Nueva Central” en Ciudad Juárez, fue varias veces punto de reunión familiar, pero sobre todo con mi padre; que el niño necesitaba zapatos nuevos, “nos vemos en el café a las tales horas y de ahí vamos a la tal zapatería” (que por cierto casi todas se encontraban a los alrededores de la catedral, ¿que onda con eso?), que necesito un libro tal o una monografía (también llamadas “planillas”) de tal, y de nuevo era “nos vemos en el café a las tales horas y de ahí nos vamos a las librerías de por la Avenida Lerdo y 16 de Septiembre”; total que el café era el punto de reunión, porque a veces la aventura comenzaba y terminaba en ese mismo lugar.

Ahí en ese café se juntaban los personajes más representativos, coloridos y variados de nuestra Ciudad Juárez. Era común toparse por ahí desde el profesor Armando B. Chávez, ilustre maestro y cronista de la ciudad por varios años, el licenciado Terrazas, al licenciado Cuellar (el verdadero fundador de la Carrera Internacional de la Amistad) algún ex alcalde, diputado o senador, ahí discutiendo de política, economía y de otros temas comunes con gente como el voceador de la esquina, el vendedor de lotería, el bolero de enfrente a catedral y el relojero que tenia su oficina junto al despacho de mi papa en el edificio Sauer (16 de Septiembre esquina con Avenida Juárez), e inclusive algunas veces, hasta mi papa tomaba parte en esas discusiones. Ahí todos eran un poco de filósofos, políticos y economistas, pero todos amalgamados en una sola especie, ahí nadie sobresalía, todo punto de vista era tomado de la misma manera y con el mismo respeto. Me imagino que así habrá sido en la época de los grandes pensadores en la antigua Grecia, en fin.

Con estas y algunas otras escenas recuerdo a este lugar, con una nostalgia, como con un cierto cariño y respeto, pero creo que esto se debe mas a la gente que ahí se reunía. Desde que mi viejo se adelanto en el viaje de ida sin vuelta, no había vuelto a poner pie en ese lugar hasta hace un par de años, una mañana de feriado que de la nada decidí volver a ese lugar. Por fin llegue, entre y me senté en la barra, el lugar tiene una especie de “isla” en medio, donde se sirve el café, tiene pan de dulce, refrescos y te toman la orden, porque también tienen cocina la cual se encuentra al fondo del lugar tras un par de clásicas puertas de cocina con una ventana circular cada una. La barra tiene asientos circulares, de esos típicos de un “dinner” americano. Pedí un café normalito, negro, sin nada, yo mismo lo endulce con media cucharadita de azúcar, no mas por el momento.

Mientras meneaba el café con la cuchara mi mente divagaba, creo que retrocedía en el tiempo, y como de película, me veía yo por ahí en una de esas mesas con mi papa, yo desesperado y él tomando tranquilamente su café y leyendo el diario. Mi semblante cambia, una sonrisa invade mi rostro mientras vienen a mi todos esos recuerdos. De pronto veo entrar al relojero, así es, el mismo del que obtuve mi primer reloj de pulso en mi vida, un reloj de verdad, sin carátula, sin marca, solo tenia la pantallita de los dígitos, pero funcionaba al fin y al cabo, y yo, era feliz con mi reloj marca “patito”, era un regalo de mi padre, era lo máximo.

Asi llegaron y se fueron esos recuerdos con el ultimo sorbete de mi taza de café, fue un momento pequeño, pero fue un buen momento, en tiempo real duro poco pero en mi mente duro bastante, lo suficiente como para reflexionar y regresar a mi vida diaria con un poco mas de energía. Esa fue la ultima vez que visite el café, pero no creo que sea la ultima, se que me espera otra sesión de café con pan dulce y recuerdos, de respirar profundo, con calma, de imaginar y de recordar, de cargar las pilas.

Es curioso como un solo lugar puede traernos tantos recuerdos de infancia, de juventud o simplemente buenos recuerdos. Tal vez existan mas personas que recuerden este café, o algún otro café, o cualquier otro lugar, edificio, etc, cada quien tendrá ese lugar de referencia, un puente entre esta dimensión y la otra, entre el mundo actual, supuestamente real y el ático de los recuerdos. Es simplemente la nostalgia que nos invade en ocasiones y nos hace regresar a nuestro pasado, y a veces funciona aquello que dice “nunca hay que olvidar de donde vienes, para saber a donde vas”.

07 noviembre 2006

Juegos de Palabras

Cuando era niño, tendría alrededor de diez años, me enferme de hepatitis y tuve que pasar todo un mes del verano postrado en una cama sin hacer movimientos bruscos, debido a la inflamación de mi hígado. Ahí estaba yo tirado, todo amarillo como pintado con azafrán, en mi cama y viendo la televisión. Solo escuchaba los gritos de mis amigos de la cuadra cuando jugaban en el terreno baldío de atrás de mi casa, la cascarita de fútbol o el famoso “weniner” (del ingles one-inning) de béisbol o a lo que fuera y a mi me partía el alma estarme perdiendo toda esa acción.

Para no hacer mis tardes tan aburridas y para no pasar tanto tiempo viendo la caja idiota, mi hermana y yo ideamos un juego, una especie de juego de palabras, ella elegía un tomo de la enciclopedia que teníamos en casa y desde su recamara, que estaba al lado de la mía, me decía una palabra y me daba tres o mas significados, yo tenia que escoger el que pensaba era el significado correcto de la palabra primero mencionada. Cuando llegaba a atinar, pasaba a ser mi turno, ella literalmente me aventaba el tomo de enciclopedia a mí recamara siempre apuntando a la cama, no quería ni por equivocación ser infectada con el virus de la enfermedad, cambiábamos los papeles y yo mencionaba una palabra y diferentes significados y a ella le tocaba adivinar.

Era un juego tal vez muy absurdo pero a mí me parecía buenísimo, nos divertíamos por horas haciendo renegar al otro con las palabras mas complicadas y jamás antes escuchadas, pero era bueno el juego, y ahora me doy cuenta que fueron de las mejores horas que haya pasado con mi hermana, en una enfermedad muy dura, ella pudo haberse ido por ahí con sus amigas, pero igual se quedaba y me seguía la corriente y me acompañaba en aquel momento.

También jugábamos con el directorio telefónico, alguien escogía uno de los anuncios en la sección amarilla, sin mencionar el nombre o el giro del negocio y decíamos en voz alta algún slogan o frase que el anuncio tuviera, tomábamos nota y le pasábamos el directorio al otro, para que este adivinara el negocio y la pagina donde estaba dicho anuncio, en fin. Ah pa’ jueguitos han de pensar, pero creo que todos cuando niños, poseímos esa bendita imaginación que nos hacia viajar a galaxias lejanas o transportarnos a otras dimensiones en un abrir y cerrar de ojos, sin visas ni aduanas, sin preocupaciones ni limites.

Poco tiempo después, en algunas reuniones con amigos, implementábamos otro juego de palabras, le llamábamos El Diccionario”. En este juego, alguien fungía como monitor, escogía una palabra del diccionario, y la mencionaba a los presentes, después cada uno anotaba en un papelito lo que creía o lo que sonara mas convincente a ser el significado de la palabra, y el monitor anotaba también en un papelito el significado real de la palabra, se reunían todos los papelitos, se leían en voz alta y se ponía a votación cual era el significado mas convincente. Aquí ganaba el que tenia mas votos, y no siempre era el diccionario, cabe mencionar que me hice muy buen en este juego de “geeks” por mi experiencia previa con los juegos de la enciclopedia antes mencionados. Este juego es bueno pero solo para unas cuantas rondas, después se puede tornar aburrido, pero es interesante ver la sazón que le ponen algunos a los pseudo-significados con tal de convencer, es divertido hasta cierto punto.


Con que facilidad pues se podía uno divertir, la cosa era improvisar y vaya que lo lográbamos. Mi pregunta es si algunos de los lectores me pudiesen compartir algunos de sus juegos inventados ya sean de palabras o de números o de lo que sea, la cosa es ponernos nostálgicos juntos, recordar es vivir, y en algunos momentos es bueno volver a vivirlo, para los que se nos ha ido un poco la imaginación, recordar que si la tuvimos y de que manera. Espero compartan sus experiencias.

01 noviembre 2006

Aqui espantan !

Con motivo de las fiestas de Halloween y de Día de Muertos, la reflexión de hoy me lleva a esa parte de nuestra cultura que tiene que ver con lo paranormal, con esas telarañas mentales que nos llevan a estados de miedo, y todas esas cosas como vampiros, monstruos, fantasmas y demás almas en pena que dizque andan por ahí deambulando y asustando a los vivos.

Sobre este tema se han hecho escritos, novelas pero sobre todo películas. Algunos tendrán su película favorita, otros su "coco" o esa película que hasta la fecha los espanta. Mi repertorio de estas películas incluye en primer lugar un clásico: El Exorcista, esta película le eriza los pelos hasta al más valiente, y es fecha que todavía la veo y me deja un poco “nerviosito” por decirlo de alguna manera. Pero una serie de películas que me dejaban varios días sin dormir eran las de La Profecía o The Omen. Igualmente a la fecha, veo cualquiera de estas y tengo pesadillas a la noche siguiente, y con todo y que no pruebo bocado. En fin, cada quien tiene sus “cocos”, los míos son esas películas, porque creo que después de esas, ninguna otra me ha dejado espantado, las demás nuevas son de puros efectos, sangre y hacer pedacitos a las victimas, pero en gustos se rompen géneros.

Todo lo anterior me lleva a recordar una historia que me sucedió hace ya algunos años durante unas vacaciones de verano en Guadalajara; mi hermano mayor estudiaba Psicología en aquella ciudad, y se hospedaba en una casona grande y vieja en una zona de las mas antiguas de la ciudad, muy céntrica. La casa era de las típicas casas antiguas, con un portón grande a la entrada, inmediatamente un pasillo que llevaba a un patio, las recamaras, sala y estancia se encontraban en fila en una orilla de la casa, y el baño y la cocina estaba afuera, separadas de las recamaras, cruzando el patio al otro extremo.

Una tarde poco antes de oscurecer, cuenta mi mama que mientras mi hermana y yo estábamos por ahí viendo la televisión en la estancia, ella se encontraba lavando los platos de la comida, cuando de pronto, sintió como un jalón en sus piernas, esa tarde ella vestía pantalón, así que la sensación fue como si algo o alguien le estuviera jalando los pantalones por atrás, a la altura de las corvas. Por un momento ignoro aquella sensación y siguió en su tarea cuando de pronto lo volvió a sentir con mayor intensidad, en ese momento pensó – esta casa es muy antigua, entonces, puede ser un fantasma el que me esta jalando, alomejor me quiere hablar – y empezó a entrarle un miedo terrible, por lo que no quería voltear a ver quien o que era lo que le jalaba el pantalón. Se puso a rezar para tomar valor para voltear a ver, cuando de pronto la sensación aquella volvió pero ahora mas arriba, como si algo recorriera las piernas, y en ese momento, volteo, no vio nada, y su instinto la hizo golpear con sus pies fuertemente el suelo, como zapateando.

En ese momento, mientras mi hermana y yo nos encontrábamos en la estancia viendo la televisión, solo recuerdo haber escuchado un grito desgarrador –¡ayyyyyyyyyyyy mamacitaaaaaaaaaaa! – yo rápidamente corrí hacia la cocina y ahí me encontré con aquella escena, ahí estaba el muerto tirado en medio de la cocina... se trataba de un ratón, asi es, un pequeño ratón casero, pero no era uno, sino eran dos, dos ratones que no se como diablos se habían metido al pantalón de mi mama y como subieron despacio y eran pequeños, mi mama no los sintió, solo sentía aquellos “jalones” que pensaba que eran obra de alguna “alma en pena”. Cuando dio los zapatazos en el suelo, ambos ratones cayeron al suelo, y mi mama alcanzo a patear a uno y darle mate. El otro había corrido despavorido y se había alojado en un tubo de desagüe que corría por debajo de la cocina e iba a parar al patio, yo corrí rápidamente, tome una escoba y espere al ratón por el otro lado de aquel desagüe. No tardo mucho en salir pero yo ya estaba listo, asi que en cuanto lo vi, sin pensarlo dos veces, le di un escobazo que lo mando al otro lado del patio, corrí a verlo y si, ya había dejado de existir.

Si ya se, la historia esta mas cómica que de terror o misterio, pero la moraleja es, cuando sientas pasos en la azotea, no es un fantasma, de seguro es un ratón o algún otro bicho jugándote una broma, jajajjajaja.

Y tu? Tienes historias de espantos, películas de terror o espíritus chocarreros? Desembúchalos por acá ...