21 septiembre 2007

Sueños de nada


El despertar de aquella mañana fue un gran alivio para mí, aunque en el transcurso de volver a la realidad y darme cuenta donde estaba, la angustia llegó a ser asfixiante. Me di cuenta que todo era un sueño, un mal sueño, algo que quise denominar como sueños de nada.

Es curioso, siempre me he considerado un soñador, de hecho sueño despierto muchas veces, imagino, me veo en tal o cual situación. El problema tal vez estriba en pasar de contemplar esos sueños, a ir con todo tras ellos, perseguirlos hasta lograrlos, o morir en el intento. Pero volviendo a lo que es estrictamente onírico, de un buen tiempo a la fecha, no puedo recordar absolutamente nada de lo que en mis sueños pasa. Por la mañana solo sé que el sueño fue intenso por mi manera estrepitosa de despertar, sé que hubo sentimientos, miedos, alegrías, muchas cosas involucradas, pero no recuerdo ni jota, ni un detalla general, mucho menos un rostro, un color, una descripción, y eso, eso me disturba sobre manera, es como si se me hubiera ido un extraño poder “mágico”, algo que no se puede explicar.

La ausencia no podía durar mucho, pero la experiencia no seria tan agradable del todo. Creo que todo fue simbólico, porque son solo breves momentos, como “flashasos” lo que recuerdo de mi ahora recobrado sueño. El detalle más simbólico y más claro, fue el recordar una especie de cuarto oscuro, de madera, piso de madera antiguo, una pequeña ventana por la que entraba algo de luz, un techo de dos aguas, algo deteriorado pero sin acabados, madera a todo mi alrededor, y podía percibir ese olor a humedad combinado con dicha madera, pero curiosamente, no percibí ni una pizca de polvo. El lugar estaba inmaculadamente limpio. Pero lo sorprendente no era la limpieza en cuanto a la higiene se refiere, sino también a la ocupación del lugar, pues éste se encontraba completamente vació, no había nada, ni una silla, ni un banquito, vamos, ni siquiera la clásica trampita de ratón en la esquina... no había nada.

Lo angustiante en este caso era que la sensación de vació me golpeaba duro, porque yo sentía que estaba en ese lugar en busca de algo (¿o de alguien tal vez?) pero sin saber exactamente qué, solo se que estaba en ese lugar buscando algo que sentía con mucha seguridad iba a encontrar, y aquí la angustia de ver el lugar completamente vació, envidiablemente limpio, cosa que en otra ocasión hubiese sido agradable para mi, pero no en ese momento. Podía escuchar el crujir de la madera mientras daba unos pasos hacia acá, hacia allá, de pared a pared, hasta tener que agachar mi cuerpo un poco para llegar a un extremo debido a la inclinación del techo. No había nada, ni siquiera una astilla en el suelo, nada.

Al recobrar la conciencia después de tan peculiar sueño, pude aclarar o reconocer algo: el lugar era un ático, tal vez mi propio ático ¿una simbología tal vez? Creo que si, creo que el lugar si era mi ático, pero todavía no puedo identificar aquello que buscaba con ansiedad, como bien dije, puede ser algo o alguien, o tal vez mi angustia fue por ver perdido todo lo que guardo ahí, como si mi memoria se secara y todo se fuera por el caño. ¿Será que mi vida es mejor en caos, en “desmadre organizado” pero llena de recuerdos y cosas? Solo sé que ese vacío me dio un escalofrió terrible, y que ejercitare mi memoria al máximo, pues no soy nada sin mis recuerdos, sin mi nostalgia.

14 septiembre 2007

Hoy la vi...

Depuse de vagar por varios blogs, por varias historias, pequeños cuentos, pero sobre todo memorias, vienen a mí como en cascada, los recuerdos de amores pasados, de esas personas que en su momento llegaron a ser tan importantes en nuestras vidas, que nos hacen destilar miel por todos lados, se convierten en nuestras musas, pero también en nuestros dolores de cabeza, en nuestro dolor de corazón.

Que maravillosa y que extraña es a la vez nuestra naturaleza humana, que nos permite llenarnos de gozo y amar con tal intensidad, como si no hubiera un mañana, pero a la vez, nos hace llorar de dolor, nos hace pasar noches en vela, días sin comer, por el desamor. Somos y no somos, giros de ciento ochenta grados, cambios drásticos, acciones precipitadas, sin pensar, y que de algunas de esas nos habremos arrepentido, y quien sabe, tal vez todavía nos estemos arrepintiendo; son cuentas sin saldar, círculos sin cerrar, extraño que es el mundo de los sentimientos.

Y cuando guardamos prueba de ello, es todavía mas la “revolución sentimental” que nos causa el ver todas esas expresiones hechas materia, poemas en pequeñas hojas de cuadernillo, dibujos en servilletas de un café, objetos tan insignificantes como una piedra, un vaso, una flor prensada, que se yo, pero llenos de sentimientos y recuerdos. Se cree que los hombres somos más reacios a este tipo de almacenamiento sentimental, pero ¿quien no se guardó algo por ahí? Inevitable es en veces hacerle al “fuerte”, pero bueno, son cosas culturales.

Pero más aun, cuando en vez de abrir el baúl de los recuerdos y revisar cosas materiales, vemos a aquella persona en vivo y a todo color, aquella que nos hizo andar arrastrando la cobija, cacheteando las banquetas... ¿Qué sensación nos da? Es extraño, por mas que se haya cerrado el ciclo, siempre es un extraño sentimiento, pero es lógico, fueron personas importantes en la vida, y como tal, dejaron una localidad de sentimiento en nuestro corazón, tal vez por eso este salta un poco o un mucho, pero de que salta, salta. Y los sentimientos pueden ser de todo tipo, de rabia o resentimiento cuando lo sucedido nunca se supero, de gusto cuando las cosas terminaron bien, o de maripositas cuando aunque terminado todo, siempre se quedo algo ahí sin terminar, infinidad de casos, infinidad de sensaciones... ¿Será porque es Viernes?

Aunado a todas estas pequeñas cositas encontradas en el ático, estaba esta canción, que en mis tiempos mozos, me ayudaban a refugiar mis derrotas, mis rechazos, que se yo, infinidad de cosas. Los dejo pues con esto que me encontré, y espero que los recuerdos vengan también a sus memorias y a sus corazones, porque de todo, absolutamente de todo se aprende algo, hay que sacar siempre el mejor provecho de la lección aprendida.

10 septiembre 2007

De rebeldes y rockeros

No creo que exista mortal alguno, que en cierta etapa de su vida, especialmente durante la adolescencia, le haya brotado el clásico síndrome del “rebelde sin causa”. ¿Será que simplemente el adolescente, le duele no saber en donde esta parado, hacia donde ir? Por ahí se dice que es problema de identidad, pero bueno, el problema no es ese, sino que en algunas ocasiones, esa búsqueda de identidad nos ha llevado a refugiarnos en diferentes compañías, actitudes, vestimentas y sobre todo, música.

¿A que viene todo esto? Pues que soy una verdadera momia en cuando a música se refiere, pues me quede estancado en mis ochentas. Poca música contemporánea llama mi atención, pero bueno, hay que expandir las mentes y escuchar de todo para tener de donde criticar, o comparar y así apreciar mejor. La cosa es que hurgando entre mis cachivaches en el ático me encontré con ciertos discos de música que me hizo recordar mis tiempos de adolescente inadaptado, o buscando “ser parte de” algo que ni siquiera yo sabia.

Así es, me refiero al “Heavy Metal”, genero de rock progresivo, algunos lo llamaron rock pesado” y algunos otros hasta lo tacharon de “música del demonio” por las letras de las canciones o los temas usados tanto en vestimenta y conducta de algunos de los exponentes del genero. El consenso general si creo que fue de rebeldía pura, no tan anárquico como el “punk” pero si surgido de esa base.

Obviamente que todo esto lo digo, desde una perspectiva “escondida”, ya que la membresía de la liga de la moral y buenas costumbres de mi madre, no me permitían expresarme abiertamente con este genero, pero si pude adquirir, de contrabando, algunos discos que me hicieron fan de grupos y exponentes como Iron Maiden, Judas Priest, Ozzy Osbourne (con y sin Black Sabbath) Después vendrían las famosas “hair bands” (llamadas así por su particular y enfático estilo de cabellos teñidos y maquillaje en sus caras) de las cuales, muchas fueron y vinieron, pero, me sigo quedando con los chicos malos de Mötley Crüe . Y bueno, la fiebre se pasó, los años continuaron su andar y la música y los estilos cambiaron, y creo, que poco a poco se va encontrando uno consigo mismo, pero la partecita de “rocker rebelde” no se me olvida, ahí esta guardadita en el ático.

Y de aquí viene pues el video que ahora les invito y comparto (gracias a la magia de Youtube) el cual, creo que fue de los primeros videos que vi, y tuve la fortuna de verlo en casa de un amigo, con su mega televisor de no se cuantas pulgadas que parecía cine, así que ahí nos tenían rockeando y moviendo la cabeza como loquitos aunque no tuviéramos la cabellera larga al ritmo de “Too young to fall in love”, pero al fin y al cabo son recuerdos.

¿Alguien mas que quiera compartir su rebeldía?

PD. Cualquier semejanza con los fantoches de “Moderato” es... mera coincidencia? No creo, es vil imitación, y barata, pero bueno, en gustos se rompen géneros.

05 septiembre 2007

Día de Perros – La cuarta y desenlace


Matías llegó a pensar que los latidos apresurados de su corazón eran tan evidentes que la demás gente en la fila los podía escuchar. Pensó que la temblorina de sus manos le llegaría a causar un accidente, una acción desorbitada, pero más desorbitado estaba su corazón, que sentía que se salía de su pecho. Una ansiedad, un pánico, todo esto en una fracción de segundos, mientras la misma pregunta seguía ahí en su mente –¿ acaso será posible?

Centenares de imágenes comenzaron a pasar por la mente de Matías, pero a una velocidad inimaginable, era como ver una película de su vida en un fast-forward y aun más rápido, y curiosamente, captando todas y cada una de las imágenes proyectadas, no se iba ni el más mínimo detalle; lo que había que palpar lo palpaba, lo que había que sentir lo sentía, lo que había que vivir, lo vivía de nuevo, ahí, en la fila del café, sin idea del tiempo ni del espacio, como estando sin estar, viviendo sin vivir.

Y así sin darse cuenta del tiempo, solo atinó a escuchar una voz dentro de él que le decía – es ahora o nunca viejo, búscala – y Matías eso hizo, como hipnotizado simplemente se abalanzó torpemente hacia esa silueta de mujer que tres turnos adelante, terminaba ahora de pagar y se disponía a buscar una mesa desocupada, con una charola y desayuno ligth en sus manos. La escena se repetía, Matías en su ímpetu tropezaba, e iba a dar exactamente hacia la charola del desayuno ligth, esparciéndolo, junto con él, por el piso de la cafetería. Un poco de risas y miradas críticas acompañaron en esta ocasión el momento. Matías desesperado levantaba lo que podía y quedaba de aquel café y panecillos con una pena enorme, y solo decía –discúlpame por favor, soy un torpe, es que no pensé que... – su disculpa fue interrumpida por una voz, la voz de aquella mujer de la silueta exquisita, una voz extraña para él – no hay problema, pero por favor a la siguiente ponga mas cuidado en lo que hace, ¡torpe! – y así, Matías comprobaba lo que su corazón ya venia sintiendo un par de segundo atrás: no era Sofía, su Sofía, no era aquella de mirada dulce, de grandes ojos ámbar, la que seguramente le perdonaría aquella torpeza con un poco de su sonrisa media.

Al menos la sensación de ansiedad había terminado para Matías, mientras la joven mujer levantaba lo poco que quedaba de su desayuno, y se retiraba deprisa, ante la mirada atónita de él, quien seguía como detenido en el tiempo. ¿Acaso era esta alguna señal? ¿Había algo que interpretar de todo esto? Si que lo era, pues mientras Matías veía alejarse rápidamente a aquella silueta de mujer, veía también alejarse aquel fantasma que lo perseguía de hacia tiempo atrás, era como una extraña sensación de liberación, de cerrar un ciclo – tal vez era esto lo que me hacia falta – decía Matías todavía parado en la fila – tal vez tenia razón y la oportunidad era para mi y para Sofía, pero de soltarnos, de dejarnos ir el uno al otro, no se puede ansiar lo que no se tiene.

De pronto, una mano en su hombro le hace volver a la realidad, era una mujer, la que hacia fila detrás de él – disculpa, creo que se te cayo esto – al tiempo que le entregaba su billetera, que seguramente había salido volando minutos antes en aquella cómica y repetitiva escena. Matías levantaba su mirada al tiempo que agradecía el gesto, cuando sus miradas se cruzaron y él no pudo hacer otra cosa mas que admirarla: morocha, cabello lacio, oscuro, de abrigo negro como él, y unos labios rojos en un rostro serio de mirada profunda, a la vez esbozando un intento de sonrisa noble.


Por primera vez en mucho tiempo, Matías volvía a sentir como un rayo de luz entraba en su alma, una especie de ilusión perdida que regresaba y le daba una cierta esperanza, ¿De qué? Que importaba ahora si era de algo o de nada, lo importante era la esperanza en sí misma. Servida su orden de late se fue a una mesa solitaria, y desde ahí veía como esta intrigante mujer de negro y labios rojos ordenaba algo y buscaba una mesa, no muy lejos de la suya.

Con esa nueva esperanza y como queriendo estrenarla, Matías se levanto y camino hasta la mesa de la enigmática chica – Hola, solo te quería agradecer por lo de la billetera y disculparme por el mal rato de mi torpeza ahí en la fila, me llamo Matías ¿puedo acompañarte? – La sonrisa de la mística mujer se volvió completa, pero solo por unos instantes – No tienes nada que agradecer Matías, mucho gusto, yo soy Alicia, pero ¿sabes? estoy esperando a alguien, de todas maneras, gracias por tu ofrecimiento.

Era como un Déjà Vu ¿acaso seria el karma? – bueno, gracias a ti, mucho gusto Alicia, espero que tengas un lindo día – fue lo único que atinó a decir, mientras se retiraba de nuevo a su solitaria mesa. Pero las cosas ahora eran diferentes, el sentimiento no era el mismo, ya no le importaba, ahora se sentía renovado, como si le hubiesen quitado un peso de encima, aun a pesar de aquel rechazo y de aquel papelón, aun a pesar de la mañana nublada, Matías ya no iba a permitirse tener otro día de perros, así que decidió seguir saboreando su late en la soledad de su mesa, y de su mente, dejando de pensar en lo que vendría y en segundas oportunidades y planeando su vida un día a la vez.

Terminado el café, se levanto de su mesa, salió del lugar mientras pensaba – Con suerte si me apresuro, todavía alcanzo a llegar a la cascarita de fútbol con mis amigos.

Un día a la vez, un paso a la vez, una oportunidad a la vez, si viene bien, si no ¿qué mas da?

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De nuevo, para todos aquellos que quieran leer esta historia desde su principio, dejo las ligas a los anteriores capítulos en orden cronológico:

-Un Día de Perros
-Día de Perros Uno y Medio
-Día de Perros, Part Deux
-Día de Perros – Tripas