28 noviembre 2010

De ruedas y ferias


No suelo hablar de cosas personales en este espacio, pero siempre existe esa necesidad. Todo son historias, prosa, reflexiones, cuentos, cartas… todo parte de un punto imaginario, y a veces la realidad y la fantasía caminan por una delgada línea divisoria, que se llega a dudar cual es cual. Lo sigo dejando a la imaginación, pues no importa al final de cuentas cual es la situación real. El espacio da para esto y más.

La famosa y trillada analogía que se hace de la vida como una rueda de la fortuna resuena hoy más fuerte que nunca. A veces pareciera que a esa rueda se le haya descompuesto algún engrane y no se mueva, y el vagoncito donde voy viajando se quedo abajo siempre, y se zangolotea, se mueve y en veces parece caer, pero sigue abajo. Al menos pienso “del suelo no paso”.

Estoy esperando al mecánico que venga a arreglar la rueda para que por fin pueda subir, y estar un momento arriba, disfrutar del viaje pues el tiempo se acaba y corro el riesgo de que me saquen del juego sin poder haber vuelto a la parte más alta. No se si la analogía permita modificar la historia para ver si se es posible bajarse de esa rueda y subirse a otra que te permita de nuevo subir y bajar, pero sin estancarse, que siga corriendo, arriba y abajo, con seguridad habrá esas dos alternativas, pero las habría, es mucho mejor que estancarse.

El problema es que me esculco los bolsillos del pantalón y no encuentro otro boleto, así que habrá que ver si me puedo escabullir a otra rueda que si funcione, o que me dejen entrar con mi boleto alegando que la otra no sirve, o esperar a que en la que estoy, decida moverse.

Ahora entiendo porque dicen que “cada quien habla como le va en la feria”…

17 noviembre 2010

Corriendo corriendito


Ahí vamos apresurados por las calles, todos esos que nos diferenciamos de las demás especies animales por ser “pensantes”, los homo sapiens; y sin pensarlo, vamos atropellando cuanto sapiens y no-sapiens se atraviesa en nuestro camino.

Y es que no hay tiempo, todo es “ya” o inclusive era para ayer - Te gano dos pasos, te rebaso en el siguiente semáforo y si no al menos te llevas un souvenir (golpe, mentada, señal dactilar) de mi parte - Hasta los semáforos peatonales parecieran estar en este ritmo intrínseco, pues siempre a la mitad de la calle se cambia la señal que pareciera decirnos “córrele porque si no… te llamabas”.

Que si él llego primero, que ahora es mi turno, que si te distraes me meto, “el que se fue a la villa, perdió su silla”, pero todo porque tengo que llegar primero, tengo que estar a tiempo… ¿Primero en que? ¿A tiempo de que?

Ya no es sorprendente entonces ver ese tráfico vehicular en las calles a “vuelta de rueda” y con la sinfonía del sonido estruendoso de los cláxones, ah porque entre mas lo hagamos sonar, más rápido se moverá el tráfico, si ese truco todo mundo lo sabe. Y en las banquetas la historia no es tan diferente; hay que cuidar los codos, brazos y todo el cuerpo porque son presa de cada empellón. Y el “usted disculpe” quedo muy atrás en el pasado, en el olvido, como si la cortesía tuviera fecha de caducidad.

Ni como negarlo, soy un nadador asiduo de esas aguas turbulentas, por necesidad; pretexto trillado de la gran mayoría tal vez. Pero hoy me detuve a observar a esa fauna pensante y evitando empellones, pude llegar a mi santuario meridiano de nuevo, y meditar de todo y nada, buscando algo tal vez imposible de encontrar, pero muriendo en el intento.

Al fin me regale unos minutos de locura antes de volver al mundo de los cuerdos, de ir corriendo por calles y banquetas, para no llegar tarde a una cita inevitable, donde no tienen reloj pero si mucha indiferencia.