22 mayo 2007

La inseguridad, esa debilidad de un ser humano


El cúmulo de sentimientos es tanto que el pecho no da para mas, de alguna manera sientes que todo ese kaleidoscopio de emociones tiene que salir, pero no sabes como, no existe una formula mágica, aunque si la hubiera, tu serias el ultimo en descubrirla.

¿La debilidad lleva a la inseguridad o viceversa? Lo que sí es que cualquiera de estas lleva a la estupidez y esa, te lleva a cometer un sin fin de errores, y estos junto con tu cobardía te carcomen el alma y lo hacen en vida, en horas que parecen eternas y esto es para ti, lo más doloroso.

¿Pero que dolerá mas? ¿El dudar en aceptar haber cometido un error, el no poder enmendarlo? Tu penitencia la llevas ya, creo yo, en los daños a terceros, el daño inconsciente, porque siempre hay victimas inocentes de la estupidez humana, esos que no la deben ni la temen, pero, entre mas cercanos están a ti, mas es el dolor causado.

Se podría decir que son muchas las razones para dejar de creer, en algo, en alguien, en lo que sea, pero dentro de ti esa premisa no se cumple nunca. Eres un iluso, un soñador, y crees que no eres el único (si, suena a canción, a la de Lennon específicamente) Tal vez tengas razón, pero con esa filosofía debes de asumir también las consecuencias que esto te puede traer, y estas pueden ser grandes sorpresas, golpes muy duros, y así pues, debes de estar preparado, porque no se puede ir a una guerra sin fusil, debes de llevar siempre una armadura, como un callo que con el tiempo y después de varios caminos recorridos, se va haciendo mas duro. Pero no puedes, no te es posible, ¿será que tu estructura no esta hecha para eso?

La inseguridad estuvo presente, la debilidad llevo a la estupidez, tu confiaste y... que más da, el daño esta hecho. Lo peor es el daño a los que de verdad te demostraron sinceridad, a tus cercanos, a tus incondicionales, a los que te merecen ese cariño, ese respeto, compartir esos sueños, a los que no pedían nada a cambio, a los que con sinceridad y desinteresadamente te extendieron la mano; Que ironías de la vida ¿no crees?.

Y dime, en esta ocasión, ¿fuiste a la guerra con fusil, con escudo? No lo creo, porque si así lo hubiera sido, no estuvieses tirado en esa trinchera, avasallado, mientras recorres en un segundo varias etapas de tu vida, con la cara al suelo, la tormenta encima, la lluvia sobre tu cabeza, fría y gris, viendo como tu alma se escapa en ese ultimo aliento de vida.

Espero que a la próxima, si es que la hay, el karma se apiade y venga a darte otra oportunidad y no a arrebatártela; por tu bien, y por el de los demás locos, ilusos, soñadores que quisieron compartir algo contigo. Así sea.