16 diciembre 2010

De nostalgia y viejos beisboleros


Era una tarde de verano que esperaba con uñas y dientes. Siempre las esperas de mis tíos y primos provenientes de Los Angeles eran así, por la expectativa que generaba lo que nos pudieran traer del “otro lado” pero sobre todo por el tan ansiado y clásico juego de béisbol. Para mi era especial, porque era de los pocos momentos en los que podía compartir mucho tiempo con mi papá practicando uno de sus deportes favoritos y esperando darle aunque fuera una satisfacción en aquella tarde del rey de los deportes: el béisbol.

Tengo grabado en el olfato de mi memoria aquel aroma de los guantes y pelotas viejas dentro de aquel maltrecho y viejo costal militar. El cargarlo era un orgullo y en aquella tarde mezclé su contenido con el olor a guantes nuevos y pelotas recién sacadas de la caja que mis primos traían para aportar al juego de pelota “mexican style”.

Se hicieron rápidamente dos equipos entre todos aquellos chiquillos, primos, familiares y vecinos del barrio. Cada uno de los equipos contaba con manejadores de lujo. A mi me toco en el equipo de mi tío Armando, hombre de pocas palabras pero de mucha pasión por el béisbol, como el abuelo, me dejaba fluir, no se gastaba en recomendaciones. El otro era dirigido por mi tío Juan, mas platicador y dicharachero, de cierto modo mas regañón en sus indicaciones – de la que me salve – me decía para mis adentros mientras tomaba mi guante viejo y me dirigía a una posición que no desconocía: el “fielder” o jardinero derecho.

Y en el centro del diamante, en la lomita de los disparos, estaba flamante nuestro pitcher estrella, el que según mis tías había sido el “Sports Billy” de la familia. Con un dejo de seriedad en su bigote tupido y cabello entrecano, todavía en un pantalón de vestir y camisa de rayas arremangada, gorra recién adquirida que mostraba las silgas entrelazadas “LA”, ahí estaba mi viejo – yo les “pitcho” a todos para no cambiar posición – nos advirtió para así hacer la rotación mas sencilla.

Y el viejo a sus cincuenta y tantos aguantó estoico las casi nueve entradas lanzando a “Doña Blanca” a una velocidad moderada pero constante y a pelota controlada para favorecer a los bateadores. Tengo tan grabada esa imagen en mi memoria, pues como el ave fénix, el viejo surgía de entre sus cenizas para volver a florecer y ocupar el pedestal permanente en el que un chico de escasos nueve o diez años tiene siempre a su padre, a pesar de sus errores y vicisitudes.

Y me llegaba el turno al bat, y sentía como el viejo me zumbaba la pelota más que a los demás, me exigía de manera indirecta… y lo logre. En un turno de dos-nada, me lanzo una recta brava y no se como pero le mande la bola “caselachingada”, me volé una barda imaginaria pues le di la vuelta a las bases a paso lento. Y mientras los contrarios aventaban sus guantes al suelo, el viejo soltó una sonrisa a medias como para despistarla, le dio gusto y lo supe, le regale un momento de orgullo en su pasión beisbolera, a pesar de mi nula destreza para ese o cualquier otro deporte.

Con ese recuerdo me quedo siempre, mil veces, pelando sus dientes a medias debajo de ese bigote revolucionario, sin perder el estilo. Hoy ya no lo tengo, hoy son ya trece años que se fue y todavía es hora que le hecho de menos como aquel chico de diez cuando esperaba con ansias su llegada por las tardes. Ya no le tocó ver mi trabajo como coach, que me quedo corto ante el, y me quede pendiente con mil partidos de béisbol que ver tanto en televisión como en vivo, mil quejas de las travesuras de los míos, mil preguntas para él relacionadas con mis tribulaciones, mil consejos en forma de silencios, mil abrazos.

Te extraño viejo, te quiero, te mando un abrazo, donde quiera que estés…

6 comentarios:

Mr. Magoo... dijo...

Viejo, si pudieras, meterme esquina con el jefe para ver si me logro una "guitarrita" Martin como la que se carga el Rot no? Ya se, ya se, es mucho pedir, con seguir teniendo manos y ganas para tocar la que tengo me conformo viejo. Te quiero...

M a r u dijo...

Es tan hermoso siempre cada vez que escribies de tu padre,llegas profundo a las fibras sensibles de cualquiera.
Ahora que escribies de beisbol tambien me haces recordar a mi padre, sentado viendo beisbol con a luz apagada y comiendo semillas, aunk ami nunca me gusto el beisbol, aun tengo presente la escena, que recuerdos
saludos magoo, siempre k entro a tu blog respiro recuerdos, bellos recuerdos...gracias magoo

Anónimo dijo...

No puedo escribir,las lágrimas no me dejan !

Victoria dijo...

es una historia preciosa
que bueno que tengas tan vivido el recuerdo de tu padre

majana dijo...

Hermosa historia!! me encanto, como todo lo que escribes... Un abrazo!

Mr. Magoo... dijo...

Maru: Mil gracias por lo que me dices, no se cuanto pero la intencion si es esa, que cada quien que entre aca, de alguna manera se lleve algo bueno, algo que le llegue, no se, el tocar esas fibras es la intencion pero en el mas noble de los propositos.
Oye, y que seria de un juego de beisbol sin comer semillas, esas son de ley jejeje.
Un abrazo.

Anonimo: No siempre hacen falta las palabras para entender lo que a uno llega. Un abrazo.

Victoria: Ultimamente he jugado mucho con mi memoria, y llegan a mi flashazos como este. Gracias por tus palabras. Un abrazo.

Majana: Gracias, que bueno que te gusto, y gracias por tus palabras, yo no creo ser bueno en esto, pero trato de compartir y llegar a quien quiera entrar y compartir de este atico.
Un abrazo.